Problemas y perspectivas del Turismo Comunitario en Panamá

 

Desarrollo turístico y retos ambientales en la Comarca Kuna Yala

La clave del problema: el acceso a las areas protegidas

 

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La comarca Kuna Yala localizada al noreste de la República de Panamá, la conforman unas 49 comunidades distribuidas en una extensión costera de más de 200 kilómetros en línea recta; cuenta aproximadamente con más de 35 mil habitantes.  Es considerada como “Reserva Indígena”, según la ley 20 de 1957. De las 49 comunidades ubicadas en pequeñas islas coralinas, 13 se encuentran localizadas en las costas o riberas del mar.   Debido a su posición geográfica, es considerado lugar de difícil acceso y hace poco los medios de comunicación tecnológico eran casi inexistentes.  Los medios de transporte que se utilizan para llegar a la comarca son:  la vía aérea, marítima y terrestre (por carretera en el verano).

Posee un sistema político tradicional - cultural cuyos ejes principales son los Congresos Generales: uno es de carácter político y administrativo (Congreso General Kuna - C.G.K.), mientras que otro es de carácter cultural, que consiste en cantos y ritos ceremoniales y culturales (Congreso General de la Cultura). Cada comunidad cuenta con un "Congreso Local" que se encarga de tomar las decisiones de las distintas actividades.

Posee un sistema político tradicional - cultural cuyos ejes principales son los Congresos Generales: uno es de carácter político y administrativo (Congreso General Kuna - C.G.K.), mientras que otro es de carácter cultural, que consiste en cantos y ritos ceremoniales y culturales (Congreso General de la Cultura). Cada comunidad cuenta con un "Congreso Local" que se encarga de tomar las decisiones de las distintas actividades.

La Comarca Kuna Yala es reconocido mundialmente, a través de la venta de su artesanía conocido como las “Molas”, (que son elaboradas a mano con vistosos telas a colores); sus figuras representan las creencias y tradiciones.Comarca Kuna Yala es reconocido mundialmente, a través de la venta de su artesanía conocido como las “Molas”, (que son elaboradas a mano con vistosos telas a colores); sus figuras representan las creencias y tradiciones.

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 La región se caracteriza por una inmensa riqueza de recursos naturales y culturales; y sus habitantes han practicado tradicionalmente la pesca y la agricultura de subsistencia. En los últimos años se ha desarrollado el turismo, dedicándose muchos de sus moradores a proporcionar hospedaje en pequeñas Cabañas.  Existe también un fuerte intercambio comercial con la compra y venta de langostas y otros productos del mar, y la venta de artesanías. El coco es utilizado como moneda de cambio para la compra de productos básicos. La región se comunica a través de líneas aéreas. Internamente los kunas utilizan cayucos con velas y motores fuera de bordo.
 
La comunidad kuna y sus autoridades locales han sido sumamente restrictivos con relación al desarrollo de inversiones en la actividad turística, por el impacto potencialmente negativo en la cultura y sociedad. En los últimos años inversionistas extranjeros han sido obligados a abandonar la comarca luego de realizar importantes inversiones en infraestructura hotelera, debido a estas aprehensiones. Posiblemente, el establecimiento de un programa de certificación turística que incluya no solo aspectos ambientales sino elementos socioculturales, puede contribuir a darle respuestas a estas legítimas preocupaciones.

 Las islas de San Blas se caracterizan por un entorno ecológico sumamente frágil, con recursos limitados y por lo tanto caros (agua, electricidad, por ejemplo). Un uso más eficiente de estos recursos puede disminuir de manera significativa el impacto ambiental y al mismo tiempo mejorar la rentabilidad de los negocios. El programa de certificación que se propone también contribuiría a este propósito.

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Los yates y veleros de turistas recorren continuamente las islas de la Comarca

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La Red de Ecoturismo con Participación Comunitaria deberá contribuir a enfrentar un serio problema que puede afectar el futuro de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá y, a largo plazo, las operaciones del Canal e incluso su gobernabilidad:

“La creación de áreas protegidas en la Cuenca del Canal ha afectado a muchas familias humildes que viven dentro o aledañas a estas zonas selváticas y de las cuales dependen para su subsistencia. Muchos de los residentes de la Cuenca no saben que viven dentro de ella, ni por qué es importante conservarla. Para ellos la Cuenca solamente son los parques nacionales, hacia los cuales se ha dirigido la atención de las instituciones encargadas de su conservación.

Su protección debe tomar en cuenta las necesidades de las comunidades para que ellas sean actores centrales en su desarrollo.

La filosofía de las áreas protegidas, fundamentada en la prohibición del uso de los recursos naturales, se refleja en los letreros utilizados en los límites de estos parques, que estipulan una larga lista de prohibiciones  a las comunidades: no pescar, ni cazar, no talar ni extraer. Ello está generando una preocupante espiral de confrontación basada en la fiscalización por las autoridades y en la evasión por los moradores. Esta espiral debe romperse, modificando las normas sobre el uso y protección de los recursos naturales, sustentadas en investigaciones científicas sobre las características, potenciales y limitaciones de los recursos biológicos, consenso al que debe llegarse en común acuerdo  entre  las comunidades, las municipalidades y la  ANAM”.

El escaso compromiso de los moradores de la Cuenca, asociado a formas productivas insostenibles, contribuye a empeorar un panorama caracterizado por:

El agotamiento de las fuentes tradicionales de sustento. La ganadería extensiva, agricultura tradicional de roza y quema, tala de árboles, cacería indiscriminada, están provocando  la destrucción del entorno natural inmediato.

La existencia de las áreas silvestres protegidas, declaradas después de los procesos de colonización de nuevas tierras, frenó el proceso de expansión del espacio ecuménico, pero al mismo tiempo contrajo los espacios económicos de producción, generando un conflicto entre el residente y su entorno.

Los bajos niveles de formación profesional  obligan a los residentes a incorporarse a la economía informal, en condiciones de subempleados o de trabajadores estacionales y en múltiples casos, se suman a las filas de los desempleados; esta realidad es la causa de una actitud desaprensiva hacia los recursos naturales de la Cuenca y la proliferación de los actos delictivos.

La ausencia de sistemas adecuados para el manejo de los desechos sólidos y líquidos acelera los procesos de contaminación de los cuerpos de agua superficiales y subterráneos, el daño irreversible de la capa productiva de los suelos y la reducción del hábitat natural de especies animales y vegetales.

El alto grado de variedad cultural existente en los poblados dificulta las labores de integración de las comunidades en torno a una agenda común.

Muchos lugares de difícil acceso, con alta potencialidad productiva, tienen dificultades insalvables para su acceso a los servicios públicos, de energía eléctrica y de comunicaciones, por lo cual viven en condiciones de aislamiento y desarticulación de todo tipo, hecho que resulta inconcebible, ya que se encuentran a pocas horas de la capital del país.

El área es una de las de mayor biodiversidad del país y del mundo, en materia de vida  animal y vegetal; sin embargo, la falta de conocimiento, de tecnología y de recursos económicos le impide a los residentes el aprovechamiento de éstos para incrementar su  calidad de vida.

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Situación general del desarrollo turístico panameño

Los panameños de todos lo sectores sociales y políticos, alientan grandes esperanzas con respecto a la potencial contribución del turismo, en la generación de empleo y la reactivación económica del país. Sin embargo, si no se introducen cambios significativos en el accionar de todos los actores involucrados, el turismo se puede convertir en una oportunidad perdida.
 
Durante 1999, el turismo creció a escala mundial en un 4.3 %. Se contabilizaron  666 millones de viajeros, los cuales produjeron un gasto global de 456.000 millones de dólares. Sin ir más lejos, en ese año Costa Rica recibió poco más de un millón de visitantes que dejaron cerca de 1.000 millones de dólares; el turismo creció en un 14%, más de 3 veces que el promedio mundial. Desdichadamente las noticias de Panamá no son tan halagüeñas. Los empresarios han informado que la oferta está creciendo mucho más que la demanda: los hoteles se encuentran semi vacíos.
 
Diversas interpretaciones se han ofrecido para explicar esta situación, pero existe total coincidencia en que el problema no se debe a la falta de atractivos. Para seguir mencionando a Costa Rica, el 70 por ciento de los turistas llegaron a ese país en 1999 en busca de playa y mar, y cerca de la mitad de los vacacionistas realizó caminatas por senderos o practicó la observación de flora y fauna, y otras actividades de ecoturismo. ¿Quién puede dudar que Panamá dispone de mejores playas y de más abundante y diversa riqueza natural?. La diferencia entre ambos países se encuentra en tres aspectos esenciales: el papel del Estado, la diversificación del producto y la amplia base empresarial con fuerte arraigo en las comunidades.
 
El estado panameño, en términos generales, no ha logrado cumplir con su función de apoyar y facilitar la actividad de los empresarios. Parte importante de los recursos que debería llegar a las arcas del IPAT, se están utilizando en financiar otras actividades públicas; además, el presupuesto de la institución solo invierte una pequeña parte de su presupuesto a las actividades de promoción. Mientras que en Costa Rica el instituto de turismo dedica cerca del 50% de su presupuesto para la promoción turística internacional, los panameños destinan únicamente el 20%.  Obviamente, quien no promociona, no vende.
 
El rol del Estado, por lo tanto, debe ser reevaluado a profundidad. Es necesario "recuperar" recursos para el IPAT y reestructurar el presupuesto de la institución para orientarlos prioritariamente a la promoción del país como destino turístico; se requiere, además, una mayor participación de los empresarios en la toma decisiones gubernamentales relacionadas con las políticas y acciones relacionadas con el desarrollo del sector turismo.
 
Otro problema, igualmente importante es la impostergable necesidad de ajustar la oferta turística a las nuevas tendencias mundiales. Panamá logró un importante nivel de especialización turismo de negocios y eventos, pero este producto ya no es suficiente para mantener el ritmo de crecimiento. Un esfuerzo especial debe realizarse para desarrollar el producto "ecoturístico" como complemento de los productos tradicionales en lo que los panameños son fuertes (obsérvese que el producto principal de los costarricenses es el tradicional "sol y playa", pero complementado con productos culturales y naturales).
 
La diversificación de la oferta solo es posible si se apoya en una amplia base empresarial, de pequeña y gran escala. La complementaridad entre la pequeña, mediana y gran empresa es una de las claves del éxito costarricense. El 44% de los turistas que llegan al país vecino se hospeda en hoteles de cuatro y cinco estrellas; pero más de la mitad hace uso de "bed and breakfast", hostales y casas de familia acondicionadas para tal efecto. Ellos disponen de una oferta variada y al alcance de todos los bolsillos (el instituto de turismo costarricense posee un programa específico de apoyo a la pequeña empresa).
 
Finalmente, el desarrollo turístico es realmente sostenible en la medida que exista una participación activa de las comunidades. Si los turistas que visitaron Costa Rica en la temporada alta calificaron al país con nota superior a ocho, en una escala del 1 al 10, se debió al "trato hospitalario" de sus habitantes. Pero esta actitud hacia el turista solo puede forjarse si las poblaciones perciben un beneficio directo del desarrollo turístico. No se trata solo de una cuestión "cultural".
 
El sector empresarial y algunas organizaciones de la sociedad civil están procurando por promover estos cambios. Por ejemplo, es meritorio el esfuerzo que realiza la Organización No Gubernamental APRONAD en organizar y capacitar a las comunidades de Santa Rosa y Guayabalito, localizadas en las riberas del Río Chagres, para que puedan ofrecer paquetes ecoturísticos. Estas y otras tantas iniciativas deben recibir el apoyo directo y expedito del estado.
 
Todo esto requiere de un cambio de estructuras, pero principalmente de mentalidad. Un cambio para el cual su tiempo ha llegado. El momento es ahora.
Para mayor información: Francisco Rivas, e-mail empresas_gatun@yahoo.com . Tel. (507) 264-2940, Fax (507) 264-4612. Apartado Postal: 87-3242, Zona 7, Panamá. URL:La Pagina de Francisco Rivas
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