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RESPETABLE LOGIA SIMBOLICA "ARCO IRIS" N° 38
LA HUMILDAD
Las primeras lecturas de investigación respecto al tema, presentan distintas interpretaciones conceptuales no fáciles de aceptar, durante el proceso se pretende encontrar respuestas a divergencias conceptuales e ideológicas, de manera tal que, las conclusiones permitan la mayor aceptación posible.
Significado de la palabra humildad. El griego y el latín clásico no conocen la noción de humildad: tapeinos y humilis tienen el significado de pequeño, bajo, servil. Evidentemente no es posible aceptar esta primera definición; de autocompasión, sometimiento, humillación o resignación. Se trata de buscar un concepto de humildad como fuerza moral positiva. La bibliografía sobre Teología Moral consultada desarrolla las siguientes consideraciones.
"Ninguna virtud ha sido tan discutida en la historia del cristianismo como la humildad. Las mayores dificultades surgieron en el periodo de la reforma, y a principios del siglo pasado por parte de los maestros de la sospecha ( K. Marx, F. Nietzsche, F. Freud ). Hoy es muy difícil comprender y vivir esta virtud en un mundo en que el hombre tiene una estima exagerada de sí, en una búsqueda continua de autoafirmación. El anhelo atávico de la autosuficiencia y de la autonomía personal, favorecidos hoy por la técnica, ha llevado a muchos a adoptar una actitud de independencia de todo y de todos, incluso de Dios, y a excluir del propio horizonte la virtud de la humildad. La negación de la humildad no se da solo en el individualismo existencialista, sino también en ideologías donde la persona no es considerada más que como parte de un todo. La reflexión sobre la humildad moral es referirse al hombre (antropológico), sobre Dios (teológico) y sobre su relación. El hombre de hoy se pregunta por qué debe someterse como sus antepasados, por qué debe ser humilde con el prójimo si no es inferior a él en dignidad, y que significa en definitiva ser humilde.
Algunas consideraciones históricas.- La moral de los griegos, desde Sócrates en adelante se basa en el principio "Conócete a ti mismo". En la interpretación Délfica, quiere decir "Recuerda que eres mortal y no un Dios", la interpretación Socrática le otorga un carácter moral: Conciencia del propio ser nada ético. Para Aristóteles, el hombre tiene una función en el mundo según sus dotes; si en virtud a ellas tiende a las cosas grandes, es magnánimo; si a la pequeñas, es modesto. Platón al exigir del hombre que se conformara a las leyes de la justicia o al orden preexistente de la razón, en cierto modo enseñaba la humildad.
En la Sagrada Escritura, el Antiguo Testamento no habla de humildad de Dios, sólo de la humildad del hombre, y se la ve en el comportamiento obediente y sumiso a Dios y a los jefes del pueblo. En el Nuevo Testamento la humildad posee ya las condiciones de una virtud moral, la humildad de Jesús como modelo es conocida a través de sus palabras y de su vida. Se presenta a sí mismo como " Manso y humilde de corazón ". Su sumisión obediente a la voluntad del padre es fruto de su amor, es la humildad del que ha venido a servir y no a ser servido, es expresión sublime del espíritu de servicio.
Orígenes, respondiendo a las criticas de Celso, según el cual los cristianos habían hecho indigna del hombre la humildad enseñada por Platón, afirma que ella es la raíz de la salvación y de las virtudes, así como la soberbia lo es de los vicios. Juan Crisóstomo llama a la humildad madre, raíz y fundamento de todas las virtudes. San Agustín resume toda la vida cristiana en la antítesis soberbia - humildad, acentuando su carácter específicamente cristiano. Santo Tomás en el esquema de las virtudes de la Summa Teológica, coloca a la humildad entre las virtudes anexas a la templanza, la consecución de los bienes, tanto morales como espirituales, exige dos virtudes; una para frenar y moderar las aspiraciones exageradas del hombre, y es la humildad, y la otra para preservar al hombre del abatimiento y estimularlo a la conquista de las cosas grandes, y es la magnanimidad. En el pensamiento de Santo Tomás la humildad tiene tres puntos de referencia: Hacia sí mismo: ateniéndose a las reglas de la recta razón, la humildad le aclara al hombre la estima exacta de las dotes propias; Hacia los demás: la humildad que regula las relaciones con Dios, influye también en las relativas al prójimo; Hacia Dios: la actitud de humildad nada tiene que ver con la humillación: " El hombre se eleva tanto más cuanto más se somete a Dios con humildad.
La humildad en los modernos.- En la teología de la reforma Lutero rechaza la concepción de la humildad como de la gracia y del mérito para la vida eterna, considera la humildad como efecto de la justificación por medio de la fe en Jesucristo. Calvino ve en la humildad la síntesis de la vida cristiana. Para Kant es conciencia y sentimiento de la nulidad del propio valor moral frente a la ley; solo la ley es termino de comparación, y no otro hombre.
En la teología católica. M. Scheler, en su obra de revalorización de las virtudes, tiene en su mente las objeciones formuladas por F. Nietzsche contra la virtud en general, y en contra de la humildad en particular. Para quien la humildad es expresión del resentimiento moral de los débiles, un ideal peligroso y calumnioso para ocultar el miedo mezquino de afrontar la vida con decisión y fuerza. Scheler, realizando un análisis fenomenológico de las virtudes, presenta la humildad como la más delicada, la más misteriosa y la más hermosa de las virtudes cristianas, e incluso como la virtud cristiana por excelencia."
La humildad es una virtud moral Aristóteles se refiere a dos clases de virtud, las virtudes intelectuales que se adquieren por experiencia y tiempo y las morales que requieren o nacen del hábito, no se adquieren si no se las practica, no es posible ser justo sin practicar la justicia, de esta manera la cualidad de la virtud moral proviene necesariamente de la repetición del mismo acto, en consecuencia requiere de un acto de voluntad. El hombre en su interior posee tres elementos: las pasiones o afecciones, las cualidades y las cualidades adquiridas o hábitos, la virtud moral; al ser una repetición del mismo acto es un habito, en griego la palabra que significa habito es casi idéntica a la significación de moral.
La historia, la antropología, y la sociología histórica de la moral muestran que todos los pueblos han tenido y tienen un código o conjunto de normas que rigen la conducta. Las virtudes y actitudes morales se han desarrollado según las diversas ideas del hombre y de la búsqueda de su perfección Para el diccionario de espiritualidad, la humildad es una virtud moral que frena al alma para que no tienda con movimiento inmoderado a lo que esta por encima de ella: es decir la humildad es la virtud que frena el deseo desordenado de la propia grandeza. Aristóteles al respecto considera la virtud como el medio entre dos vicios, regulados por la justa razón y la templanza.
La naturaleza de la humildad puede ser encontrada a partir de la moderación del orgullo, que es una desviación de dos tendencias legítimas de la naturaleza humana: por una parte la auto estimación, como base de la dignidad personal y por otro el deseo de estimación de los demás, como fundamento de la sociabilidad. Ambas inclinaciones están sujetas a fáciles desviaciones, la humildad es la búsqueda del equilibrio y el orden oponiéndose a las posibles desviaciones. Por tanto es verdad y justicia, entendiéndose la justicia en el sentido amplio, en cuanto designa la disposición virtuosa que asegura a cada cosa en el lugar que se merece. Los paganos de la humildad sólo conocieron la modestia, y porque la conocieron la practicaron muy imperfectamente. Santo Tomás, en cambio muestra que la humildad no se opone ni siquiera a una virtud que parecería estar en los antípodas: la magnanimidad vinculándola a la virtud de la templanza, la cual tiene por objeto la moderación y represión del ímpetu de las pasiones. Y puesto que la humildad no es más que un freno del espíritu humano en su ansia continua de orgullo, entra en esa virtud más general.
La humildad, la soberbia, la templanza.-. El hombre, por instinto natural, procura hallar el logro de sí mismo, es la tendencia a sobresalir, el demostrar superioridad, categoría y preeminencia. La virtud de la templanza, aplicada a este instinto para someterlo a los dictados de la justa razón, se llama humildad. Esta consiste en que el hombre se tenga por lo que realmente es. Santo Tomás no da señales durante sus reflexiones y tratados sobre la humildad, de pensar que esta virtud moral tenga que ver con una actitud de depreciación del propio ser, o de su origen de significación (tapeinós y humilis: pequeño, bajo, servil) como situación de inferioridad. Para comprender de mejor manera que es realmente la humildad, vale la pena hablar de la magnanimidad: como una virtud similar. En los dos casos estas virtudes son el medio de vicios como la soberbia y la pusilanimidad. Magnanimidad puede comprenderse como el compromiso espiritual de lograr lo sublime, magnánimo es el individuo capaz de aspirar a lo extraordinario, pero además se hace digno de ello. No se distrae por las interferencias superficiales y se concentra en lo grande, esta dotado de gran sensibilidad respecto al honor porque su búsqueda esta en las cosas que proporcionan la máxima honra. En la summa teológica se dice "El que despreciare la honra hasta el punto que no se preocupa de hacer aquello que honra merece, es de vituperar".
El magnánimo no se inmuta por una deshonra injusta, no es digna de su atención, mira con desprecio a los seres de ánimo mezquino. Santo Tomás al referirse al justo que muestra este sano desprecio de lo humano le dedica la siguiente frase " A sus ojos es nada el hombre malvado". El magnánimo se caracteriza por la sinceridad, honradez, evita y desprecia la adulación y las falsas posturas retorcidas, no calla la verdad y menos por miedo, no se queja porque su fortaleza no permite la agresión externa. La magnanimidad es confianza y esperanza, es la calma perfecta de un corazón sin miedo, no se doblega ante el destino, ni se esclaviza ante nadie. Es así como la summa teológica va construyendo la imagen de la magnanimidad, estas definiciones permiten comprender a Santo Tomás cuando al referirse a la humildad afirma que no se contrapone a la magnanimidad.
La soberbia no es una forma de portarse con los demás, soberbia ante todo es una negación de la existencia de alguien superior de quien nuestra existencia humana depende, el soberbio niega esta dependencia. La humildad como la soberbia tampoco es en primer termino una forma de relacionarse con los demás, es ante todo la única forma de relacionarse con el creador divino, aceptando el carácter creacional del hombre como realidad primaria y definitiva. La humildad es una forma de ser por dentro, nace de una decisión libre y conciente de la voluntad, y es la aceptación sin reservas de aquello que por divina creación es lo real, consiste en someterse concientemente al hecho de que la humanidad ni el hombre son Dios, ni están tampoco creados de naturaleza divina.
En síntesis: la humildad y la magnanimidad cuando acompañan a otras virtudes actúan sobre estas como un factor multiplicador ( El poder con magnanimidad es mucho más grande que el poder con soberbia). En consecuencia son virtudes que deben ser cuidadosamente trabajadas en la piedra bruta: la Magnanimidad para nuestro desempeño en el ámbito de las relaciones humanas, y la humildad como la virtud moral de relacionarse con un ser superior a quien debemos el "milagro" de la vida y la creación.
H:.A:. J.C.M.
Bibliografía: Diccionario de teológia moral. Leandro Rossi... Ediciones Paulinas 3° edición.
Diccionario de teología moral. F. Compagnoni....Ediciones Paulinas
Diccionario de Espiritualidad. Tomo II Editorial Herder La Ley de Cristo. Bernhard Editorial Herder
Ética. José Luis Aranguren Revista de Occidente 6° edición.
Las virtudes fundamentales. Pieper Josef. 6° edición.
Curso de Filosofía Tomista. R. Simón Editorial Herder 3° edición.
Diálogos: Platón
Moral: Aristóteles