Lic. Amable A. Tapias C.
Ponencia presentada el 27 de
noviembre de 2001, por el Lic. Amable A. Tapias C., Cronista Oficial de
la Ciudad de Michelena, en la Sociedad Bolivariana de Táriba, con motivo de la
reunión mensual de Cronistas Oficiales del Táchira.
Gracias por su consulta. Usted es el visitante Nº:
Ante todo quiero expresar los sinceros agradecimientos primeramente a DIOS Todopoderoso y a la Santísima Virgen de la Consolación por brindarnos la Salud y un nuevo motivo para congregamos en pro del cronismo regional y a Ustedes, apreciados Colegas, por la importante oportunidad que me conceden para tratar el presente Tema inédito, MICHELENA, Tras sus Huellas Aborígenes, el cual forma parte de la labor investigativa y divulgativa que se está adelantado con el propósito de estructurar los distintos eslabones históricos de nuestra Patria Chica.
En este sentido, comenzamos señalando que el único propósito que nos
anima, al presentar a vuestra consideración esta Ponencia, no es otro sino el
de darles a conocer significativos detalles y aspectos relacionados con la
presencia de parcialidades indígenas propias que puedan motivar la revisión
clasificatoria de las tribus tachirenses, las cuales aludiré en el presente
trabajo. En virtud de que nuestro Municipio no aparece en el honorífico Mapa
que nos señale nuestros ancestros, a pesar de contar aún con los vestigios,
que el tiempo no ha borrado de las manifestaciones
culturales propias y acordes con esa reconocida laboriosidad indígena,
representada, entre otras, por los petroglifos, armas y utensilios caseros,
caminos empedrados, cimientos de
piedra, lagunas encantadas, rocas con su vértice orientado hacia el sol, etc.,
los cuales constituyen pruebas evidentes de su presencia en el territorio
Michelenense
Aunado, a lo anterior, está el valioso aporte histórico y iécnico que
nos conceden las apreciables producciones bibliográficas y hemerográficas de
acuciosos y destacados Historiadores versados en la materia, para facilitar el
trabajo y de esta manera responder
a las inquietudes de quienes
hacemos vida en el MUNICIPIO
MICHELENA, y que tienen que ver indirectamente con la procedencia el nombre de
los primeros habitantes y sus principales aspectos vívenciales tanto
internamente como en su relación con los vecinos.
Por supuesto que, entendemos, la tarea no es fácil y la principal
dificultad estriba en el hecho de carecerse de escritura, agregándose a ello
los testimonios mediatizados e injustos, en la mayoría de los casos, aportados
por los españoles. De igual manera, como lo apunta el talentoso historiador
emeritense Don Tulio Febres Cordero, “...se observa en los Andes venezolanos y
lo mismo en casi toda la América, que los indios que hallaron los españoles
fueron precedidos por otros más civilizados, lo que puede explicarse con toda
probabilidad por degeneración o aniquilamiento de las razas autóctonas a causa
de invasiones de otras razas conquistadoras".
Sin embargo, se debe seguir adelante en procura de nuevas luces que nos
lleven al esclarecimiento de estas incógnitas, las cuales sirven de base para
enfrentar con propiedad el presente y proyectar el futuro. Pues, también comprendemos que los pueblos que no se
preocupan por conocer las huellas de su pasado, terminan siendo victimas de su
propia indiferencia; por carecer de identidad y valores solidarios.
Los estudios realizados por destacados investigadores acerca del origen y
poblamiento de los aborígenes tachirenses coinciden en afirmar que sus raíces
no son autóctonas sino que, por el contrario, provienen de diferentes
corrientes migratorias, las cuales ocurrieron mediante oleadas sucesivas y
penetraron por la ruta que les ofrecían las variedades topográficas de la región.
Esta hipótesis es sustentada, entre otros Autores, por el Sr. Alfredo
Jahn quien afirma que ".. los indígenas que habitaron el Estado eran de
diversa procedencia (Caribes, Aruacos, Betoy y Timotes) ya que la entrada se
favorecía por las características del relieve tachirense."
Comparte también esta opinión el Sr. Arturo Cardozo quien agrega que
"...en la región de Trujillo y Mérida y parte del Táchira estaban
asentados grupos étnicos que se denominan Timoto-Cuicas (considerados
descendientes de los Muiscas y a mayor distancia de los Mayas).
Rodeando a estas comunidades, en una especie de cerco, se hallaban grupos
Aborígenes de diverso origen, asentados en las llanuras circundantes de la
cordillera: entre ellos los Jiraharas, que habían penetrado un amplio sector
del Táchira
A esta última observación se refiere don Tulio Febres Cordero luego de
deducir que los primitivos habitantes pudieron venir de América Central y
extenderse por las llanuras hasta la Cordillera, poblando los Andes granadinos y
venezolanos. Así se explicaría la semejanza entre las tribus andinas de ambos
países. Dice don Tulio que Caquetíos y Jiraharas vivieron en las alturas de la
Cordillera de Mérida y Táchira, formando la población dominante del tiempo de
la Conquista. Habrían subido por el flanco meridional de la cordillera
venezolana hasta las altas cumbres, entrando por los valles de los ríos de
Trujillo, Mérida y Táchira."
Por su parte, la Lic. Reyna Durán, Directora del Museo Tachirense, quien
cumple una extraordinaria labor Arqueológica en esta entidad Federal, expresa
lo siguiente; "La presunta descendencia Chibcha de todos los Aborígenes
andinos no se ajusta a lo expuesto y así como los grupos mencionados: Caribes,
Aruacos, Betoy y Timotes fueron los
grupos principales que poblaron el territorio venezolano igual sucedió en el Táchira,
facilitándolo sus propias características geográficas, las cuales
constituyeron un escenario natural propicio para la convergencia de grupos étnicos
de distinta extracción natural."
El territorio que actualmente ocupa el Municipio Michelena también sirvió
de asiento a nuestros antepasados aborígenes. Las vías de acceso que conforman
su variada topografía y la privilegiada situación geográfica del territorio
en el contexto Regional facilitaron su ingreso. Los vestigios hallados en su
suelo (petroglifos, armas, utensilios caseros, cimientos, caminos empedrados,
hornos, rocas con el vértice apuntando al sol, tradiciones, etc.) y los
testimonios documentales aportados por insignes historiadores, así lo
demuestran.
Entre las pruebas materiales que corroboran la anterior aseveración, se
encuentran las siguientes:
PETROGLIFOS: Las Peñas, ubicado en la Aldea El Uvito. El Peñón, Aldea
Machado. Piedra Rota, Aldea Machado. Piedra de los Apóstoles, en la intersección
de vías a San Juan de Colón, Seboruco y Michelena Aldea Vegones. La Piedra de
las 100 serpientes, Aldea El Molino, entre los Municipios Lobatera y Michelena.
ARMAS Y UTENSILIOS CASEROS: Localizados en varias Aldeas del Municipio,
entre ellas, Platanales, Machado, Los Hornos, El Uvito.
CIMIENTOS
EMPEDRADOS: diseminados por el territorio.
CAMINOS
EMPEDRADOS: de manera especial, en
las Aldeas Las Quebradas, La Borrera, Platanales, Vegones, El Uvito.
PIEDRAS
CON EL VERTICE ORIENTADO HACIA EL SOL: En las Aldeas Las Quebradas, Machado, Los
Hornos, El Uvito.
LOS
HORNOS: para distintos usos, localizados en la Aldea del mismo nombre.
LAGUNAS
ENCANTADAS: Boca de Monte, Maporal y Laguna Real.
Una de las primeras avanzadas indígenas procedentes de los grupos de
filiación Timote, incursionan por la ruta de la Montaña hasta aposentarse por
los lados del páramo El Almorzadero y tas actuales Aldeas Montegrande y Los
Hornos, en la región sur-oriental del Municipio Michelena.
La estratégica y visionaria determinación de fijar su asentamiento en
este lugar, al pie de El Picacho, les permitirá con el tiempo ser uno de los
puntos intermedios de la ruta comprendida entre la ciudad de Pamplona y tas
codiciadas Sierras Nevadas (Mérida).
Y, va a suceder que en el año 1558, el Capitán de la capa roja Juan
Rodríguez Suárez, en su ruta hacia las Sierras Nevadas decide alojarse en este
Pueblo indígena al que llamó del ARCABUCO, cuyo vocablo significa: "Monte
muy espeso y cerrado", identificando de esta manera las características
geográficas del lugar visitado.
El relato, al respecto, nos lo ofrece el Dr. Lucas Guillermo Castillo
Lara en su Obra
RAÍCES
POBLADORAS DEL TACHIRA: TARIBA, GUASIMOS (PALMIRA), CAPACHO, cuya trascripción
textual es la siguiente: "Pocos años después, en 1558, el empuje pamplonés
enviaba en misión descubridora al Capitán Juan Rodríguez Suárez, en busca de
las míticas Sierras Nevadas. Desde la Loma del Viento columbró el Valle, que
los naturales nombraban Zorca y él llamó de Santiago, y unos pueblos indios
que había en las chapas fronteras y altos Al avanzar más adelante pudo ver a Táriba.
Después de discurrir por todo el Valle con sus correrías, Rodríguez Suárez
"se vino a alojar a un pueblo que llamó del Arcabuco1 y después fue
llamado de los Corrales, que es el último para subir al páramo de San Bartolomé."
Una vez allí, mandó por caudillo a Juan Esteban, en busca de minas y ríos
que en su corriente llevaran el preciado metal.
Los soldados y el caudillo fueron sorprendidos en un pequeño bosque
cubierto por la maleza, salieron por varias partes gran cantidad de indígenas
que los atacaron muy fuertemente, hirieron a tres soldados, matando a Cisneros a
quien los soldados enterraron posteriormente en la montaña para que los aborígenes
no supieran de su muerte. Según confesión dada por el propio Juan Esteban:
"...dixo que es verdad que abiendo salido este confesante con gente a
descubrir camino desde el pueblo del ARCABUCO, llegaron este confesante y la
dicha gente a un pueblo de indios, los cuales salieron a los cristianos y
mataron al dicho Bartolomé de Cisneros e hirieron a este confesante en una
pierna e sin entrar en el dicho pueblo se volvieron luego."
El entierro de Cisneros en secreto tenía la finalidad que los aborígenes
no supieran que los españoles eran mortales. Sabemos que en toda América tanto
jinetes como caballos eran percibidos al principio por los indígenas como seres
invulnerables. Para proteger sus vidas de los ataques indígenas, se escondían
bajo el rumor de su supuesta inmortalidad
Ya
había enviado Juan Esteban a los soldados Alonso González, Pedro de Castro y
Martín Gaviria, para que dieran a conocer a Juan Rodríguez Suárez lo ocurrido
en El Cobre.
Llegaron al lugar donde había quedado Juan Rodríguez, al que
notificaron lo sucedido, quien enfadado y ligeramente preocupado los envió de
vuelta con más soldados para que socorrieran y trajeran a Juan Esteban a donde
se encontraba él con el resto de las tropas, como en efecto lo hicieron.
Rodríguez Suárez siguió luego en su ruta descubridora, en busca de las
Sierras Nevadas, dejándole a perpetuidad su mención toponímica a este sitio.
El pueblo del Arcabuco, geográficamente, está ubicado al este de
Michelena y en la actualidad une, por la zona Sur-Norte, a las Aldeas
Montegrande y Los Hornos, respectivamente de este Municipio.
Con el paso del capitán Juan Rodríguez Suárez, por territorio
Michelenense, en 1558, el asentamiento aborigen identificado como LOBATERA sale
de su anonimato para compartir los nombres de ARCABUCOS y LOS CORRALES.
El propio Rodríguez Suárez al llegar a La Grita hizo reparto de indios,
y en ellos incluyó, entre otros, "al pueblo de Los Corrales con todas sus
tierras a ellos pertenecientes..."
De igual manera, en el primer documento sobre Encomiendas en tierras
tachirenses que se conoce, se expresa lo siguiente: "Depositó en vos el
dicho Alonso Durán, los indios que tenía depositados Juan de Amores en los términos
de Pamplona y jurisdicci6n de esta Villa en compañía de Pedro Sánchez, en LOS
CORRALES y Valle de La Grita...", fechado el 15
de diciembre de 1561 y otorgado por el Capitán Juan Maldonado a escasos
meses de la Fundación de San Cristóbal.
En abril de 1562, Durán tomaba posesión de su Encomienda ante el
Magnifico Señor Miguel Lorenzo, Alcalde Ordinario de la Villa, y en presencia
del Escribano Juan Camacho. Para
ello trajo un indio, que interrogado por intermedio de Alonsillo, indio ladino
cristiano del dicho Alcalde que sirvió de lengua, dijo: "que es del pueblo
llamado Lobatera que los españoles llaman el pueblo de los Corrales, y que se
llama Periure."
Años mas tarde, el 28 de abril de 1565 era otorgada una Encomienda al
español Alonso Alvarez de Zamora, en el pueblo de ARCABUCO."
El Encomendero Dionisio Velasco expresaba, en 1571, los términos de sus
tierras eran; "dende la Lagunilla de Táriba el camino en la mano y hasta
los Corrales, sobre mano derecha en aquella caldera, donde dichos indios estaban
poblados y tienen sus labranzas."
El 16 de septiembre de 1597 le fue concedida una Estancia de Ganado Mayor
en Lobatera el Capitán Felipe de Aguüro "...medida desde donde al
presente la tenéis poblada con unas ovejas, por aquella parte mil y quinientos
pasos, y midiendo el largo que son tres mil pasos a lo alto, hacia donde tenía
un corral de vacas,~. "
En 1627 el Visitador Lic. Saavedra concentraba a estos indígenas junto
con otras parcialidades en el pueblo de Guásimos.
Y, entre 1627 y 1634 se hacían las primeras adjudicaciones en el actual
Valle de
Lobatera:
Al Capitán Isidro Jaimes, vecino de San Cristóbal, persona benemérita, cuatro
estancias de ganado mayor en el Valle de Lobatera, en lo que hubiere yacos de
los resguardos viejos de los indios Oriquenas y de los Cucunabecas de Lorenzo
Salomón, naturales que fúeron sacados de allí a varios lugares distantes de
tres leguas, lindando también con estancias de Felipe de Agüero.
Al Capitán Francisco Chacón, teniente de Gobernador y Regidor Perpetuo
de La Grita, yerno de Pedro Torres Vera, de los primeros fundadores de Lobatera,
dos estancias de ganado mayor, subiendo por la quebrada de Calvagría, que por
otro nombre llamaban el Salado, hasta su nacimiento, desde unos
corrales,.."
La existencia de Petroglifos, lagunas, cimientos y caminos empedrados y
utensilios propios de los indígenas en tas Peñas (Aldea El Uvito), El Peñón
y Piedra Rota de la Aldea Mechada, nos inducen a
compartir la teoría del Dr. Lucas Guillermo Castillo Lara, de que la
descripción expresada en la Encomienda otorgada, el 24 de octubre de 1577, a
Hernando Lorenzo Salomón hijo, con el título de Conequea, se refiere a la
parcialidad indígena de los CACONABECAS, habitantes de los lugares señalados
anteriormente, y que abarcaba "otro barrio que se dice Loraca descendiendo
a las vertientes del río de Lobatera abajo, todo el dicho río abajo a mano
derecha, como el dicho vuestro padre los tenía y poseía."
Y, la misma se rubrica con la visita que hacía a esa encomienda Don
Antonio Beltrán de Guevara, Corregidor y Justicia Mayor de Tunja, quien había
sido enviado por la Audiencia de Santa Fe a revistar los naturales de esos
Partidos En la Visita a esa Encomienda, llamada en ese entonces CACONABECA, mandó
a Salomón contribuyera a la construcción de Iglesia de comunidad, que ubicó
en un lugar llamado "Bigara", que es donde tenía una estancia Pedro
de Anguieta". Y los indios se situarían en un sitio y pedazo de sabana,
junta a una quebrada y par debajo de la montaña, el cual sitio se llamaba
"Jenacacua" y la quebrada "Unarire".
Con la Visita del Licenciado Saavedra al pueblo de Temuco, los indígenas
de la Encomienda de Anguieta, le solicitaban que se les poblase junto con los
indios de Caconabeca y Aborotá, porque, decían, todos hablaban una lengua y
eran parientes.
El año 1627, le fue otorgada una estancia de ganado mayor en tierras de
Lobatera, en la loma que va a Cucunabeca, a Andrés de Araque de Liévano, Cura
y Vicario de la Villa de San Cristóbal.
En el contenido de la Encomienda otorgada, el año 1633, al Capitán
Isidro Jaimes en la que"... le conceden 4 estancias dé ganado mayor en el
valle de Lobatera, en lo que hubiere de vacos de los resguardos viejos de los
indios Oriquenas y de los Cucunabecas de Lorenzo Salomón, naturales que fueron
sacados de allí a varios lugares, distantes más de tres leguas, ...",
estaría la explicación de su traslado al actual sitio conocido como Salomón y
su relación con los indios Caconabecas clasificados en este lugar del Municipio
Andrés Bello.
Autor:
Lic. Amable Tapias C.
Cronista Oficial de Michelena
Está página está siendo administrada por:
Geog. José de la Cruz García Mora
Cronista Oficial de Pregonero
Comentarios personales a José de la Cruz García Mora:
Su opinión es importante. Por favor déjenos su comentario público:
Firmar Libro de Visitas