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</head><TITLE>Resumen e Historia de Asiria y Babilonia
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Historia de Los Imperios de la Edad Antigua y Moderna
Historia de los Imperios de la Edad Antigua y moderna

El Imperio Asirio y Babilónico
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Asiria y Babilonia





Asiria Antigua región del N de Mesopotamia, que constituyó uno de los

más poderosos imperios del Próximo Oriente en la Antigüedad. Hizo su

aparición entre los Estados asiáticos hacia el s. XIX a.J.C., ya

fusionados los estratos primitivos de población con inmigrantes

semitas. La ciudad de Assur, que al rayar el segundo milenio a. J.C

se había independizado de Ur, fue el germen del futuro Estado asirio.

Desplegó en un principio un verdadero imperialismo comercial en el

tráfico entre el Asia Menor hitita y Mesopotamia hasta la ocupación

de Assur por otra potencia mesopotámica, la ciudad de Eshnunna (1830

a.J.C.). Las turbulencias políticas finalizaron cuando Samsi-Adat I (

c. 1813-1781) se proclamó rey de Assur; considerado el fundador del

Imperio Antiguo (1800 a.J.C. a mediados del s. XV a.J.C.), conquistó

prácticamente toda la Alta Mesopotamia, pero su expansión fue

detenida hacia el Mediterráneo por Alepo y en el E por Eshnunna; bajo

este monarca el ejército asirio ya había recurrido al uso sistemático

de las máquinas de guerra (como los carros) que le harían tan temido

durante muchas centurias. La decadencia del Imperio Antiguo entre

profundos desórdenes interiores puso a Asiria bajo la dependencia de

Mitanni, que, sentida con desigual intensidad según las épocas,

redujo la base territorial a su núcleo inicial de Assur e influyó

fuertemente en algunos elementos de su sociedad. El poderío asirio

resurgió con el Imperio Medio (ss. XIV-XIII a.J.C.); afirmado por

Assur Uballit I (c. 1363-1328) y Tukulti-Ninurta I (1248 a 1208

a.J.C.), conquistó ahora parte del territorio de sus antiguos

dominadores, controló el peligro de los pueblos nómadas procedentes

de los montes Zagros e impuso en Babilonia un rey de ascendencia

asiria. La incesante actividad bélica se combinó con una política de

terror, abundando en las ejecuciones colectivas y las deportaciones

en masa. Además de la vieja Assur, las ciudades más importantes eran

Kalash y Nínive. La máxima expansión territorial durante este período

se produjo bajo Teglatfalasar (c. 1112-1074), que amplió las

fronteras asirias desde las costas del Mediterráneo hasta las

montañas de Armenia y por el N llegó hasta el mar Negro. Las

invasiones arameas y las guerras con Babilonia precipitaron un nuevo

período de decadencia y de repliegue en las montañas. Al remitir las

migraciones arameas y el enorme torbellino político en que habían

sumido a Mesopotamia se formó el Imperio Nuevo (883-612): a

diferencia de los anteriores, buscaba una presencia definitiva en los

territorios del Asia Anterior, estableciendo guarniciones

estratégicas con objeto de asegurar su control. Los dos artífices de

la nueva situación fueron Assur-Nasirpal II (883-859) y Salmanasar

III (858-824). El primero creó un imperio tan extenso como el de

Teglatfalasar I, dominó Babilonia y efectuó continuas expediciones

punitivas contra los pueblos vecinos utilizando un cuerpo militar que

aparece por vez primera: la caballería. La dominación de la capital

aramea (Damasco) se consiguió bajo Adad-Nirari III (810-782), que

redujo al vasallaje a Fenicia, Israel y Edom. Sobrevino luego un

período de crisis pasajera coincidente con el ascenso del reino de

Urartu, que finalmente fue derrotado por Teglatfalasar III (745-727);

Asiria culminaría entonces su máxima expansión territorial con

Senaquerib (705-680 a.J.C.), vencedor de los fenicios y palestinos,

Asaradón (680-669 a.J.C.) y su hijo y sucesor Assurbanipal (669-631),

que llegaron a apoderarse de Egipto. A partir de este momento el

ejército asirio debió enfrentarse a otros de fuerza y técnicas

similares a las suyas, y sus dificultades se vieron agravadas por

problemas internos. Finalmente una gran alianza de diferentes

pueblos, encabezada por Babilonia y una nueva potencia ascendente,

Media, puso fin a la misma existencia de Asiria a comienzos del s. VII

a.J.C, irremediablemente sellada con la caída de Nínive (612). En

adelante, constituyó una provincia cada vez más marginal de los

Imperios persa y helenísticos.



ARTE. El arte asirio apareció tras la invasión hitita (I milenio)

con la construcción de obras hidráulicas y de palacios, situados

sobre plataformas elevadas y cuya estructura irregular formaba un

gran patio central rodeado de dependencias. El templo constituía una

parte del palacio-fortaleza, en el que destacaba el zigurat, que

influiría en el arte musulmán de los ss. VIII y IX. Los relieves,

aplicados en los muros de ladrillo de los palacios como frisos

continuos, exaltaban al rey o describían escenas de caza

(bajorrelieves del palacio de Nínive). La escultura de bulto redondo,

es escasa e impersonal (sobresalen las estatuas de reyes, de dioses y

de toros alados con cabeza humana). El ladrillo esmaltado y la pintura

decoraban los edificios con motivos religiosos. La orfebrería y la

artesanía eboraria alcanzaron gran desarrollo.

Babilonia



Babilonia Antigua ciudad mesopotámica a orillas del Éufrates. Hasta

la caída de Ur (2003 a.J.C.), fue una ciudad de menor importancia

cuya historia se había iniciado en la época de Acad (s. XXIII

a.J.C.). El jefe amorrita Sumu-Abum fundaría en ella un reino (1894

a.J.C.), lo que permitiría a Babilonia convertirse durante la I

dinastía en una gran ciudad. Hammurabi (1793-1750 a.J.C.), el sexto

de sus monarcas, hizo de ella la capital de un vasto imperio. En el

s. XVIII, Babilonia se convertiría en el primer centro cultural de

Oriente. Aunque el imperio no sobrevivió mucho tiempo, Babilonia

continuaría siendo durante más de un milenio la capital de un amplio

territorio. Después de ser devastada por los hititas (c. 1595

a.J.C.), fue ocupada durante cuatro siglos por los acadios, hasta la

toma de la ciudad por los asirios. Bajo el reinado de Nabucodonosor I

(1129-1106 a.J.C.), que mantuvo a raya a los asirios, Babilonia

conocería un nuevo período de esplendor. Arrasada por el rey asirio

Senaquerib y reconstruida por Asaradón, permaneció bajo dominación

asiria hasta la muerte de Assurbanipal (626 a.J.C.), cuando

Nabopolasar fundó el Imperio neobabilónico. La ciudad fue restaurada

en su antiguo esplendor por su hijo Nabucodonosor II (605-562

a.J.C.). Conquistada por el persa Ciro (539 a.J.C.), fue convertida

en residencia de invierno de los soberanos persas, que habían asumido

el título de reyes de Babilonia. Alejandro Magno (331-323 a.J.C.)

hizo de ella la capital de su imperio. Con los seléucidas, herederos

de Alejandro, comenzó su decadencia, mientras sus círculos dirigentes

se helenizaban.

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