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gRECIA Historia de Los Imperios de la Edad Antigua y Moderna
Historia de los Imperios de la Edad Antigua y moderna

El Imperio Griego
Roma Grecia

Asiria Persia

Rusia Egipto EE.UU.

Edad Media

Primer Guerra Mundial

Segunda Guerra Mundial

Tercer Guerra Mundial



Roma

Arte

Historia

Guerra

.





Grecia.

Edad Media
Asiria Persia

.

Egipto

.

Imperio Islamico Segunda Guerra Mundial Tercer Guerra Mundial
EE.UU. Rusia Primer Guerra Mundial



Grecia



HIST. Prehistoria. El territorio heleno ya estuvo poblado por el

hombre de Neanderthal en el Paleolítico Medio, población que fue

sustituida o se mestizó en el Paleolítico Superior con el hombre de

Cro-Magnon. El Neolítico inició su penetración en Grecia en el VII

milenio a.J.C. Este temprano desarrollo de la revolución neolítica se

explica por su cercanía al Próximo Oriente, lugar donde se inició

esta nueva era. La configuración geográfica del territorio, con

abundantes islas y bahías, favoreció el rápido auge del comercio

marítimo que ha sido una de las constantes históricas de este país.

El desarrollo de la agricultura, dificultada por la escasez de suelos

llanos y de una ganadería poco exigente en pastos frescos, permitió

un importante aumento demográfico. Entre los yacimientos de este

período destaca el de Sesclo, en Tesalia. El período del bronce se

inició hacia el 2800 a.J.C. por influencia del Cercano Oriente, y

floreció en la cultura cicládica. El máximo apogeo del período se dio

en la isla de Creta, poblada desde el Neolítico; su situación

geográfica había permitido la llegada de influencias procedentes de

Egipto y Siria y el auge del comercio marítimo. La civilización

cretense o minoica se desarrolló en el III milenio a.J.C. y tuvo su

máximo auge en el II a.J.C., cuando se construyeron los palacios de

Cnossos y Faistos, cuyos restos han llegado hasta nosotros. Esta

civilización sufrió los ataques de los aqueos y la definitiva

conquista de los dorios alrededor del 1200 a.J.C. Hacia el 2200

a.J.C. penetraron en Grecia los aqueos, que procedían del N e

introdujeron el indoeuropeo. Este pueblo se fue extendiendo

lentamente, desplazando o sometiendo a los pelasgos, nombre genérico

que reciben los anteriores habitantes del lugar, y hacia el s. XV

a.J.C. alcanzó Creta. Los aqueos desarrollaron la civilización

micénica, muy influida por la cretense, pero con elementos

originales, fortificaron sus ciudades con murallas ciclópeas y

construyeron enterramientos de corredor y falsa cúpula para sus

reyes. La Ilíada, de Homero, pretende narrar la conquista de Troya en

el s. XIII a.J.C. por parte de los aqueos, lo que se puede considerar

su última gran acción de conquista. Entre los ss. XII y IX a.J.C.

llegaron los invasores dorios, también indoeuropeos y emparentados

con los aqueos, que destruyeron la civilización micénica y provocaron

numerosas emigraciones de griegos a las costas de Asia Menor. Los

nuevos invasores portaban armas de hierro, lo que les daba una

notable ventaja sobre los micénicos, pues aunque el hierro ya se

conocía en Creta, las armas eran de bronce. Durante este período

oscuro de la historia de Grecia proliferaron las emigraciones que

fundaron numerosas colonias a lo largo de las costas del

Mediterráneo, aunque este proceso ya parece haberse iniciado durante

el período micénico. Las ciudades se convirtieron en la unidad

política por excelencia y a su cabeza se encontraba un rey que con

frecuencia no era más que el máximo terrateniente. Estas ciudades-

estado estaban dominadas por la nobleza terrateniente que formaba

parte del Consejo; los campesinos y artesanos formaban parte del ágora

, asamblea consultiva, mientras los numerosos esclavos estaban

excluidos de la vida pública. La unidad de Grecia era cultural,

religiosa y lingüística, pero ello bastaba para conferirle un

sentimiento unitario que les llevó a defenderse conjuntamente contra

los enemigos exteriores.La época arcaica (s. VIII a los inicios del

s. V a.J.C.). Las monarquías fueron desapareciendo para dar paso a

regímenes aristocráticos, dirigidos por eupátridas. La sobrepoblación

y la explotación por parte de los terratenientes llevaron a la

fundación de numerosas colonias por parte de los emigrados y al

desarrollo de una importante actividad comercial entre la metrópoli y

las colonias. La nueva clase social de comerciantes, enriquecida con

la actividad mercantil, exigió derechos políticos e hizo entrar en

crisis a los sistemas oligárquicos. Esta pugna produjo la toma del

poder por parte de tiranos, personajes carismáticos que detentaron

todo el poder apoyados por las clases medias y populares, frente a la

antigua aristocracia. Sin embargo, las tiranías fueron regímenes poco

duraderos, pues basados en las cualidades personales de alguno de

ellos, no resistieron la ascensión de personajes menos dotados, ni

su falta de tradición política. Los tiranos llevaron a cabo

importantes reformas de carácter social, en apoyo de los

menesterosos, destacando en esta labor los Pisistrátidas en Atenas,

pero fueron dejando paso a los regímenes democráticos. En Atenas,

Clístenes llevó a cabo, en los años 508 y 507 a.J.C., una reforma que

convirtió la asamblea en la administradora del poder. Atenas se

considera que ha sido la cuna de la democracia, pero esta afirmación

debe ser muy matizada. El sistema ateniense se basaba en la

existencia de un importante número de esclavos, privados de todo

derecho, que muchos autores consideran que superaría el de los

hombres libres. Frente al auge del sistema democrático, Esparta

continuó con su tradicional sistema de dos reyes y una organización

militarista cuya regulación se atribuía a Licurgo. En el 546 a.J.C.,

el Imperio persa conquistó el reino de Lidia y las ciudades griegas

del Asia Menor. La rebelión de estas ciudades con ayuda de Atenas

(499 a.J.C.) provocó el inicio de las guerras médicas. El 490 a.J.C.,

los hoplitas atenienses (soldados de infantería ligera) detuvieron la

primera invasión persa en la llanura de Maratón. Pero en 480 a.J.C.

los persas invadieron Macedonia, derrotaron a un grupo de espartanos

en el paso de las Termópilas y saquearon la ciudad de Atenas, pero

fueron derrotados en la batalla naval de Salamina. El 479 a.J.C., la

escuadra persa fue vencida nuevamente en Platea, con lo que la

independencia griega quedaba asegurada. La época clásica. El 478

a.J.C. se formó la liga de Delos, que tenía como fin teórico expulsar

a los persas de las ciudades griegas de Asia Menor. La dirección de

las operaciones y la guarda del tesoro quedaron encargados a Atenas,

que de este modo consagraba el predominio ateniense en la alianza. La

paz de Calias (449 a.J.C.) dio la independencia a las ciudades

griegas del Egeo, acentuó el predominio ateniense e indujo a esta

ciudad a intentar extender su predominio a toda Grecia. Esparta

encabezó la oposición a este predominio y a partir del 446 a.J.C. el

país quedó dividido en dos zonas de influencia. Entre este año y el

431 a.J.C. Pericles embelleció Atenas, extendió el comercio y

perfeccionó el sistema democrático, pero no logró unificar Grecia. La

guerra del Peloponeso (431 a.J.C.-404 a.J.C.) enfrentó a las dos

potencias griegas por el predominio en el país. Atenas saqueó las

costas del Peloponeso, mientras Esparta lo hacía con los campos del

Ática. El 430 a.J.C., la peste se propagó en Atenas y Pericles fue

destituido, aunque se le volvió a llamar el 429 a.J.C., año en que

murió. La paz de Nicias (421 a.J.C.) pretendió establecer una paz sin

vencedores ni vencidos, pero la lucha continuó. El 405 a.J.C., la

flota ateniense fue hundida en Egospótamos y el 404 a.J.C. Atenas

aceptó una alianza con Esparta y la presencia de tropas espartanas en

la ciudad. Esparta se convirtió en la única potencia griega, pero

cedió ante Persia, a la que por la Paz de Antálcidas hubo de entregar

(386 a.J.C.) las ciudades griegas de Asia Menor. Atenas se acercó a

Tebas y la victoria del general tebano Epaminondas en Leuctra el 371

a.J.C. inició su predominio, que fue breve; Atenas y Esparta se

aliaron y, a pesar de la victoria tebana de Mantinea en 363 a.J.C.,

se estableció un equilibrio entre las tres ciudades.El Imperio

macedónico y el helenismo. Macedonia era un Estado situado al N de

Grecia que, aunque profundamente helenizado, los griegos consideraban

como bárbaro. Su rey Filipo II impuso su autoridad, reformó el

ejército, creó la falange macedónica e intervino en los conflictos

griegos. El 338 a.J.C., la batalla de Queronea hizo que las ciudades

perdieran su independencia y tuvieran que entrar en la liga de

Corinto dirigida por el rey macedonio. Planeó la conquista del

Imperio persa, pero el 336 a.J.C. murió. Su hijo Alejandro Magno (336

a.J.C.-323 a.J.C.) conquistó el Imperio persa y a su muerte sus

generales se repartieron el Imperio. La cultura griega se difundió

por lo que había sido el Imperio persa y se mezcló con influencias

indígenas para dar lugar al helenismo. Durante el s. III a.J.C. las

ciudades griegas lograron una cierta independencia bajo la tutela de

Macedonia. Filipo V de Macedonia apoyó a Aníbal durante la segunda

guerra púnica y Roma obtuvo la alianza de las ligas Etolia y Aquea.

La victoria romana de Cinoscéfalos el 197 a.J.C. devolvió la

independencia a las ciudades griegas, aunque bajo predominio romano.

El 148 a.J.C. Macedonia se convirtió en una provincia de Roma y el

146 a.J.C. toda Grecia quedó incorporada a Roma. Entre el 88 y 84

a.J.C., muchas ciudades griegas apoyaron a Mitrídates, rey del Ponto,

enfrentado a Roma en un deseo de independencia, pero su derrota trajo

consigo el saqueo de Atenas. Grecia perdió importancia política,

económica o militar, pero no cultural. En Roma se admiraba la cultura

griega, los hombres cultos conocían su lengua y leían a los clásicos.

Se imitaban las obras literarias o históricas de la época clásica y

un viaje a este país era el complemento indispensable de la formación

de la clase dirigente romana. Los juegos deportivos seguían atrayendo

a numerosos visitantes y diversos emperadores actuaron como mecenas

en favor de su cultura y arte.La época bizantina. En 395, el

emperador Teodosio dividió el Imperio en dos partes: la oriental, en

la que se integró Grecia, y la occidental. La herencia griega

impregnó la cultura de este Imperio romano oriental, donde Teodosio

II autorizó que los juicios se celebrasen en griego (425) y

Justiniano escribió su obra jurídica básicamente en griego. En el s.

VI ya se le puede llamar Imperio bizantino hasta tal punto que cuando

conquistaron Roma, en esta ciudad se les tuvo por extranjeros. En 630

Heraclio convirtió el griego en la lengua oficial de la

administración y el ejército. Este Imperio bizantino tuvo que hacer

frente a los bárbaros, que acabaron con el Imperio occidental en 476.

Los ostrogodos saquearon Macedonia en 479, los hunos llegaron hasta

Corinto en 540, los eslavos fueron penetrando lentamente en los

Balcanes y a mediados del s. VI llegaron a Tesalónica. La población

griega se asentaba en las ciudades y la costa, mientras el interior

era colonizado por eslavos. Los musulmanes ocuparon Creta en 826 y la

retuvieron hasta el 961. Los búlgaros llegaron hasta el paso de las

Termópilas, pero fueron vencidos por Basilio II en el 996. Los

normandos desembarcaron en el Epiro en el 996 y Roger II de Sicilia

saqueó la isla de Eubea en el 1147. Esta inseguridad condujo a la

feudalización del Imperio, las concesiones a Venecia (a la que se

pedía ayuda) y a la progresiva decadencia del Imperio. La Iglesia

llevó a cabo una intensa labor evangelizadora entre estos pueblos

bárbaros que se instalaban en el Imperio y difundió entre ellos la

lengua y la cultura helénica. La religión también fue fundamental a

la hora de definir sus diferencias con Roma y desarrollar un espíritu

nacional propio, todo lo cual produjo numerosos conflictos. Entre el

726 y el 843 se desarrolló la querella iconoclasta y en 1054 se

produjo la ruptura definitiva, un cisma que separó la Iglesia

ortodoxa de la católica. La cuarta cruzada permitió a Venecia ocupar

Constantinopla y el suelo griego quedó dividido en diversos Estados,

algunos occidentales y otros griegos. Miguel VIII Paleólogo

reconquistó Constantinopla en el 1261 y restauró el Imperio griego,

pero no dominó todo el territorio. Bizancio se vio en la necesidad de

contratar diversas bandas de mercenarios y entre ellos a los

almogávares que dominaron durante buena parte del s. XIV los ducados

de Atenas y Neopatria. Génova ayudó a Bizancio en su lucha contra

francos y catalanes y recibieron por este apoyo las islas de Quíos

(1304) y Lesbos (1355). Esteban Dushan (1331-1355) tomó el título de

zar de los serbios y de los griegos y ocupó buena parte de Grecia,

pero a su muerte el Estado se dividió. En 1360, los turcos

conquistaron Tracia y en 1389 derrotaron a los serbios y se

apoderaron de buena parte de sus dominios. En el s. XV continuó la

decadencia bizantina y los turcos continuaron la conquista del país.

En 1543 cayó la capital y con ello la suerte del Imperio estaba

decidida. En 1546 Atenas fue ocupada y sólo pequeños territorios

resistieron largamente a los otomanos. Venecia conservó Modon hasta

1500, Nauplia y Monemvasia hasta 1540 y Naxos y Creta hasta 1566 y

1669 respectivamente. Génova perdió Quíos en 1566 y así se podrían

enumerar otros enclaves de interés comercial o estratégico, pero el

país estuvo ocupado hasta el s. XIX. La ocupación turca. Parte de las

tierras fueron entregadas al clero musulmán o a los que aceptaron la

nueva religión, pero se respetaron las propiedades de los monasterios

y de los terratenientes que se les sometieron. La Iglesia se

convirtió en la encargada de mantener el sentimiento nacional. Las

luchas de las potencias occidentales contra la Sublime Puerta

reforzaron las posibilidades de rebelión de los griegos. En 1571 la

escuadra turca fue derrotada en la batalla de Lepanto, junto al golfo

de Corinto. La escuadra vencedora, aunque mandada por el español don

Juan de Austria, estaba compuesta por buques españoles, venecianos,

pontificios y numerosos voluntarios griegos. En 1645 Creta fue

invadida y Venecia respondió saqueando las costas de la península del

Peloponeso. En la Paz de Carlowitz, en 1699, Venecia se apoderó del

Peloponeso, pero tuvo que cederlo por la Paz de Passarovitz (1718).

Catalina II de Rusia promovió una sublevación griega y una escuadra

desembarcó en el Peloponeso en 1770. El Tratado de Kucuk-Kainarazha

(1874) permitió a los navíos griegos navegar bajo pabellón ruso.

Rusia se iba convirtiendo en el defensor de los derechos de los

ortodoxos de los Balcanes frente a Turquía, con la cual pugnaba por

el dominio de esta península. En el congreso de Viena de 1815 se

estableció la independencia de la República de las islas Jónicas,

bajo protectorado, de hecho, de Gran Bretaña. Los griegos habían

desarrollado el comercio y numerosos emigrados se habían establecido

en distintos lugares de Europa. Entre estos emigrantes se difundieron

las ideas liberales y nacionalistas y se formaron las primeras

hetarias, sociedades clandestinas que tenían como objetivo liberar a

su país. Los bandidos de las montañas y la Iglesia ortodoxa fueron

otros dos firmes bastiones del independentismo. La Europa de la

restauración era contraria a cualquier revolución de carácter liberal

o nacionalista y la Santa Alianza era la organización militar

destinada a sofocar este tipo de sublevaciones, pero, pese a ello, la

rebelión griega triunfó en la década de 1820. En 1821 estalló una

sublevación y en 1822 el congreso de Epidauro proclamó la

independencia. La dura represión turca sofocó la revuelta, pero

matanzas como la de la isla de Quíos en 1822 fueron contrarias a los

intereses de Turquía. En 1827 la escuadra francobritánica destrozó a

la turcoegipcia en Navarino, y en el tratado de Adrianópolis (1829)

se reconoció la autonomía griega y en el de Londres (1830) la

independencia. El territorio independiente abarcaba menos de la mitad

del territorio actual y excluía Creta y la zona N y parte del centro

del país. El decidido apoyo de Francia e Inglaterra se explica por el

prestigio de la cultura clásica, el horror de las matanzas turcas, la

defensa del cristianismo y el deseo de cerrar el paso a la expansión

rusa. Rusia apoyó la independencia como un medio de debilitar a

Turquía y extender su influencia hacia el Mediterráneo. Grecia

contemporánea. Otón de Baviera se convirtió en el primer rey (1833-

1862) y siguió una política filorrusa hasta su derrocamiento. En 1863

subió al trono, gracias al apoyo británico, Jorge I de Dinamarca

(1863-1913), que en 1864 dio una constitución de carácter liberal e

intentó ampliar el territorio de su país consiguiendo que Gran

Bretaña cediera las islas Jónicas en 1864. En 1866 apoyó un

levantamiento ocurrido en Creta, que fracasó al no obtener apoyo

exterior. En 1877-1878 se desarrolló la guerra rusoturca, en la que

Grecia apoyó a los zares y obtuvo por la paz de Constantinopla

cesiones territoriales en el Epiro y Tesalia. En 1897 voluntarios

griegos desembarcaron en Creta, para apoyar la rebelión surgida en la

isla el año anterior; la intervención de las potencias llevó al

tratado de Constantinopla (1897) y la isla se convirtió en autónoma

bajo la autoridad de Jorge de Grecia. Entre 1906 y 1914, los Balcanes

fueron uno de los grandes centros de tensiones internacionales y el

lugar donde estalló la chispa que condujo a la I Guerra Mundial.

Turquía estaba en franca decadencia, la población estaba muy mezclada

y los diversos nacionalismos cobraban fuerza. Además Austria, Italia

y Rusia tenían intereses directos y Alemania, Francia y Gran Bretaña,

indirectos. En 1908 Creta se integró en Grecia y en 1912 se creó la

primera liga balcánica formada por Serbia, Bulgaria, Montenegro y

Grecia, que declaró la guerra a Turquía (primera guerra balcánica) y

la derrotó. El tratado de Londres (1913) permitió a Grecia ampliar su

territorio, incorporando el Epiro, Salónica, el S de Macedonia y

algunas islas del Egeo. La paz no satisfizo a todos y en 1913 se

inició la segunda guerra balcánica, en la que Bulgaria fue derrotada

por una coalición formada por Serbia, Rumania, Montenegro, Turquía y

Grecia. En 1914 empezó la I Guerra Mundial, pero Grecia permaneció

neutral hasta 1917, en que el rey Constantino (1913-1917 y 1920-

1922), partidario de los alemanes, abdicó en su hijo Alejandro y el

primer ministro Venizelos, aliadófilo, formó un nuevo gobierno. Los

tratados de Neuilly (1919) y Sèvres (1920) dieron a Grecia Tracia y

un territorio en Asia Menor alrededor de Esmirna. La nueva Turquía de

Kemal no aceptó esta situación y, tras su victoria militar, obtuvo

por la paz de Lausana (1923) los territorios griegos de Asia Menor y

Tracia oriental. La derrota y la crisis económica, agudizada por el

intercambio de minorías poblacionales, llevaron a la República en

1924. El nuevo régimen llegó a acuerdos con sus vecinos, con lo que

renunció de hecho a reivindicaciones territoriales, pero no logró el

auge económico y en 1935 se restableció la monarquía en la persona de

Jorge II (1922-1923 y 1935-1944). Se instauró una dictadura, de

carácter fascista, presidida por el general Metaxas (19351941). En

1940 Italia invadió el N de Grecia, desde Albania, pero su ofensiva

fue detenida y sus tropas sufrieron serios reveses. En 1941, Alemania

intervino y ocupó rápidamente el país; para apoderarse de Creta

realizó el primer gran desembarco aerotransportado de la II Guerra

Mundial. Durante la ocupación alemana, en las zonas más escarpadas se

formaron dos movimientos guerrilleros antifascistas: la ELAS, de

tendencia comunista, y la EDES, de orientación monárquica. En 1944,

las tropas alemanas abandonaron el país y se inició la pugna entre

las dos tendencias antifascistas señaladas. En 1946, un plebiscito

restauró la monarquía en la persona de Jorge II y los comunistas

volvieron a tomar las armas; en los tratados de Yalta, el país había

quedado dentro del área de influencia occidental y ello decidió la

derrota de las guerrillas comunistas merced al apoyo de Gran Bretaña

y posteriormente de EE UU(1948). El Dodecaneso pasó a formar parte

del país por el acuerdo de París (1947) y en 1952 el país se integró

en la OTAN. Jorge II murió en 1947 y le sucedió Pablo I (1947-1964) y

a éste Constantino II (1964-1974). El jefe de gobierno Papandreu, de

centro izquierda, se enfrentó con el rey y en 1967 un golpe de estado

apoyado por EE UU, impuso una dictadura conservadora que el monarca

aceptó. El mismo año 1967 Constantino intentó dar otro golpe, pero

fracasó y se exilió a Roma. La subsiguiente dictadura de los

coroneles George Papadopoulos y Stylianos Patakos prohibió los

partidos políticos, encarceló a los opositores, amordazó la prensa e

impuso un régimen autoritario que llegó a extremos de intolerancia

social. En 1973, el hombre fuerte del régimen, el ya general

Papadopoulos, abortó un golpe de estado monárquico y proclamó la

República. El nacionalismo de los coroneles y su intento de acallar a

la oposición interior mediante triunfos en el exterior les llevó a

provocar la caída del líder grecochipriota arzobispo Makarios. El

rotundo fracaso de esa intervención que perseguía la incorporación de

la isla, el estancamiento económico y el descontento popular

obligaron a que el ejército cediera el poder al político conservador

Karamanlis, que restableció la Constitución de 1952 y acabó con la

dictadura. En 1975 se aprobó una nueva Constitución y un plebiscito

rechazó la monarquía. Karamanlis reintegró a su país en el Consejo de

Europa e inició negociaciones con la CEE que condujeron a la firma de

su adhesión en 1979. En 1981 se integró en la CEE y el partido

socialista griego PASOK, dirigido por A. Papandreu, alcanzó el poder,

paralizó la reincorporación a la OTAN y gobernó hasta 1989. En las

elecciones de 1990, el partido conservador Nueva Democracia llevó al

poder a su líder Mitsotakis como primer ministro y a Karamanlis como

jefe del Estado. En las elecciones de octubre de 1993, el PASOK,

liderado por Andreas Papandreu, obtenía la mayoría absoluta en el

Parlamento. Tras la muerte de Papandreu en 1996 el PASOK volvió a

ganar las elecciones generales y Costas Simitis, que había sustituido

a Papandreu antes de su fallecimiento, fue elegido primer ministro.



ARTE. La primera arquitectura griega fue un fiel reflejo del arte

cretomicénico. La estructura definitiva del templo se definió durante

el s. VII a.J.C. La disposición urbanística de los edificios públicos

y religiosos, en torno al ágora, se realizó sin un plan preestablecido

; su unidad residía en el empleo de un sistema arquitrabado de

cubiertas, en la reiteración de aparejos sentados en seco mediante

grapas metálicas o de madera y en la tendencia a ocultar con

elementos decorativos (frontones, frisos, triglifos, metopas,

molduras) el funcionalismo de los miembros arquitectónicos. El

constructor griego empleaba de forma habitual diversos tipos de

piedras calizas, menos costosas que los mármoles rosados o blancos de

la isla de Paros y de las canteras áticas, piedras que solían

estucarse y pintarse con discretas policromías. Para los trabajos de

carpintería se utilizaron maderas de cedro y de castaño, y para la

ornamentación se recurrió al bronce, al oro y al marfil. Los

santuarios constituyen grandes conjuntos monumentales (Olimpia,

Delfos, etc.), que agrupan edificaciones muy diversas: pórticos,

fuentes, puertas colosales, bibliotecas, gimnasios, teatros, salas

hipóstilas y obras de fortificación. Los esquemas urbanísticos

griegos pueden apreciarse en varias ciudades: Corinto, Delos, Cirene,

Mileto, Pérgamo y Éfeso. La arquitectura funeraria está representada

en construcciones monumentales (mausoleo de Halicarnaso) y en

importantes conjuntos (Xanthos, en Licia, con la tumba de las Arpías

y el monumento de las Nereidas; el Cerámico, en Atenas). La escultura

no adquirió carácter propio hasta el s. VII a.J.C. Sus primeras obras

fueron de tipo religioso y pretendían representar a los dioses con

apariencia antropomórfica. Desde la época arcaica, el artista de

sarrolló sus dotes de observación sobre los modelos reales que le

ofrecía la naturaleza y la escultura, en bronce o en pie dra, se

racionalizó de modo paulatino. Tras el período «dedálico», los

escultores de Jonia, de las islas, del Peloponeso y de Creta

realizaron diversas experiencias estéticas; el Ática se mantuvo al

margen de ellas, mientras que en las colonias de la Magna Grecia se

fundieron influjos artísticos de procedencias muy dispares. El

constante esfuerzo por precisar la anatomía masculina dio lugar al

perfeccionamiento de la forma (kuroi), perceptible también en las

figuras femeninas vestidas (coré). En la segunda mitad del s. VI, se

logró el máximo verismo y expresividad en la ordenación de escenas

compuestas por varios personajes, en la decoración de vasos cerámicos

y en las representaciones zoomórficas. La escultura arcaica

manifiesta en todas sus tendencias una energía espiritual que se

traduce en la expresión sonriente (sonrisa arcaica). Hacia 500 a.J.C.

se inició un período de moderación expresiva, cuya culminación fue el

«estilo severo»; a esta época pertenecen los frontones de los templos

de Egina y de Olimpia, el Zeus del Artemisión, el Auriga de Delfos,

las esculturas de Mirón (el Discóbolo, Atenea y Marsias) y abundantes

obras anónimas, en las que se manifiesta un interés por el estudio de

la vida humana en sus diversas edades, por el análisis del movimiento

violento y por la plasmación de los rasgos faciales del individuo

(inicio del retrato realista). A partir de 450, Atenas congregó a un

grupo de artistas, cuya figura principal fue Fidias, quien

personificaba el ideal cívico de una polis que pretendía su propia

glorificación y la de sus dioses (esculturas del Partenón y del

Erecteion, Atenea Niké, relieve de Eleusis); por los mismos años,

Policleto de Argos creaba una obra presidida por el equilibrio, el

canon del cuerpo humano en reposo, y Peonio de Mende (Niké de Olimpia

) trataba de representar la difícil inestabilidad del movimiento

impetuoso. Los continuadores de este arte le dieron, durante el s. IV

, un sentido expresionista y patético; de forma paulatina, se

afirmaron en él los elementos alegóricos y, por influencia de la danza

y el teatro, la tendencia a la exaltación de la belleza del desnudo

(Praxíteles, Escopas, Silanión, Leocares, Timoteo). El retratista

oficial de Alejandro, Lisipo, autor de las nueve estatuas de Exvoto

de los tesalios de Delfos, prosiguió la tradición del Peloponeso, sin

dejar por ello de preparar el arte helenístico; en su época se

siguieron cultivando los géneros del retrato de hombres célebres y

del relieve funerario, que produjo obras notables en los ss. VI-V

a.J.C. El arte helenístico, lleno de inquietud religiosa e

intensamente influido por Oriente, tiene a la vez un carácter

barroquizante. Tendencias muy diversas confluyen en las obras de esta

época tan compleja: expresionismo, naturalismo, patetismo y gusto por

lo exótico, por la plasmación del dolor, de la risa, de la embriaguez

y del éxtasis dionisíacos, por el pintoresquismo y por las escenas de

género. Sus principales escuelas estuvieron radicadas en Pérgamo,

Rodas y Alejandría. Grandes creaciones conocidas de esta época son la

Victoria de Samotracia, la Venus de Milo y el Laocoonte.La pintura

griega puede apreciarse en los vasos decorados, en las placas

pintadas en los sarcófagos y en las estelas funerarias. La obra de

los grandes pintores sólo se conoce por medio de las descripciones

literarias de sus temas y por el reflejo que éstos tuvieron en la

musivaria helenística. El dibujo, por el contrario, puede estudiarse

con precisión en la cerámica pintada. Tras el estilo geométrico, en

el s. VII se produjo la eclosión de un estilo expresionista (arte

protoático, protocorintio, estilo orientalizante y vasos de Melos, de

Rodas y de las Cícladas), caracterizado por la composición de frisos

con figuras zoomórficas y de escenas mitológicas o realistas, en las

que se concedía gran importancia a la figura humana. Durante el s. VI

alcanzó la perfección en la plasmación de temas épicos, de género y

mitológicos. Ni las técnicas ni los convencionalismos lograron coartar

la inspiración de los artistas, cuyo estilo personal puede

identificarse en infinidad de casos, sobre todo en el período

comprendido entre 550 y 480 aproximadamente. La pintura de vasos

estuvo en constante paralelismo e interacción con la gran pintura y

con la escultura. Durante el s. V, el dibujo, de trazo hábil, produjo

obras de pequeño tamaño y de gran fuerza expresiva. Después de un

estilo «florido» (Midias) y recargado, se produjo una rápida

decadencia: el dibujo perdió entidad y se industrializó, hasta que

desapareció en el s. III d.J.C. Las joyas se elaboraron por lo

general con oro fundido, repujado o recortado, con filigranas o con

granulaciones y, en ocasiones, con discreta policromía (pasta de

vidrio, esmalte). Se conservan bellísimos ejemplares producidos desde

la época cretomicénica y desde los tiempos más antiguos hasta la

época helenística. Sobresalen las piedras grabadas, las más bellas de

las cuales son cretomicénicas y helenísticas. El marfil fue empleado

para la estatuaria (Éfeso, Esparta, Atenas) o para el mobiliario y la

ornamentación. El interés de la orfebrería y de los pequeños objetos

de bronce reside en la belleza de su sencilla ornamentación, paralela

a la de la arquitectura; los temas figurados reproducen y completan

los de la arquitectura y la pintura. El mobiliario propiamente dicho

es relativamente escaso; lo conocemos por las representaciones en

relieves o en vasos y por algunas piezas halladas en excavaciones

arqueológicas (Olinto, Delos): de líneas sencillas y armoniosas,

presenta por lo general una decoración simple y estilizada.

Sobresalen, por último, entre las artes menores, las estatuillas de

terracota; las más célebres proceden de Mirina y de Tanagra. Las

artes del tejido son poco conocidas. El arte griego de la Edad Media

es una prolongación del bizantino; sin embargo, en arquitectura y en

decoración mural ofrece ciertas peculiaridades locales. La ciudad

feudal de Mistra, próxima a la antigua Esparta, se ha conservado

intacta hasta la actualidad a causa de su aislamiento; sus

construcciones, de dimensiones modestas, no carecen de elegancia ni

de gracia; Atenas ha conservado varias edificaciones de este tipo:

las iglesias de la Pequeña Metrópolis, de Kapnikarea y de los dos

Santos Teodoros. En cuanto a su decoración, predomina la decoración

musivaria (ss. VI al XII), que más adelante fue sustituida por el

fresco (s. XIV). Los monasterios del monte Athos y los de las

iglesias de Mistra son preciosos exponentes de este último tipo de

decoración. Durante la ocupación turca, el arte griego permaneció

estacionario. Tras la liberación de 1821, se produjo un renacimiento

presidido por el influjo de Occidente, en especial de Alemania. La

arquitectura adoptó modelos neoclásicos y la arquitectura y la

escultura se caracterizan por su academicismo (N. Lytras, C.

Volanakis, N. Gysis). Con posterioridad, las nuevas tendencias, en

las que se aprecia ya la influencia de París, se orientaron hacia el

impresionismo (C. Maleas, O. Fokas, C. Parthenis) y la vanguardia (G.

Buzianis, S. Papaloukas, N. Ghikas, N. Engonopoulos); en

arquitectura, sobresale D. Pikionis. De forma paralela al arte

renovador, prosiguió una tendencia tradicionalista, inspirada en

fuentes históricas bizantinas y populares (son de destacar los

pintores S. Vassiliou, G. Tsaroukhis y D. Dhiamandopoulos). Tras la

II Guerra Mundial, la revitalización de lo autóctono tuvo sus máximos

exponentes en los pintores N. Nikolaou, G. Moralis y G. Sikeliotis y

la búsqueda de lo contemporáneo alcanzó sus mejores frutos en las

obras de los pintores A. Kondopoulos y G. Spyropoulos y de los

escultores G. Loukopoulos y A. Aperghis. En las últimas tendencias,

cada vez más homogeneizadas con el arte europeo, es apreciable una

renovación figurativa tanto en pintura (G. Vakirtzis y G. Ghaitis)

como en escultura (G. Parmakelis y G. Gheorghiadis).



LIT. Los orígenes de la literatura griega se sitúan en Jonia. Del

período prehomérico sólo se conservan algunos nombres: Orfeo, Lino,

Anfión, Museo, Eumolpo, entre los poetas líricos; Orfeo, Museo,

Melisandro, Sísifo, entre los épicos. La Ilíada y la Odisea, de

Homero, son las primeras obras conocidas. Pronto aparecieron nuevos

géneros: la poesía didáctica, con Hesíodo, y los diferentes géneros

de la lírica, relacionados con la danza y con la música, que

florecieron en Jonia y en las islas del mar Egeo. La elegía podía

expresar temas patrióticos y guerreros (Calino, Tirteo),

sentimentales y eróticos (Mimnermo), políticos (Solón) o morales

(Teognis, Focílides). La poesía mélica, cantada al son de

instrumentos de cuerda, comprendía las odas (Alceo, Safo, Anacreonte)

y la lírica coral, que, iniciada con Taletas, Alcmán y Arión,

progresó con Estesícoro e Ibicos y llegó a su perfección con

Simónides de Ceos, Baquílides y, sobre todo, Píndaro. En esta época,

el imperio de la poesía era completo e incluso filósofos como

Parménides y Empédocles componían sus obras en este medio. Hacia el

s. VI surgió la prosa filosófica con Anaximandro de Mileto y

Heráclito de Éfeso y con el primer historiador griego, Hecateo de

Mileto. Los ss. V y IV a.J.C. fueron la edad clásica de la

civilización griega. En Atenas se forjaron nuevos géneros: tragedia,

comedia, historia, elocuencia y diálogo filosófico. La tragedia,

nacida del ditirambo en manos de Tespis, alcanzó plenitud formal

gracias a la fuerza de Esquilo, el equilibrio de Sófocles y la

exploración psicológica de Eurípides. La comedia surgió en Megara con

Susarión y en Sicilia con Epicarno, y adquirió forma en Atenas hacia

el 470. En su primera época, fue sobre todo satírica (Cratino,

Éupolis, Frínico y Aristófanes). En el s. IV, los autores (Antífanes,

Alexis) crearon los tipos que luego adoptó la comedia romana. En

historia, son notables las investigaciones de Herodoto, las

observaciones veraces de Tucídides y el talante filosófico y

sociológico de la obra de Jenofonte. La oratoria ática conoció una

evolución que la llevó de las rigideces de Antifón a la claridad de

Andócides y a la naturalidad de Lisias. Isócrates, imitado por

Licurgo, llevó la oratoria a su perfección y Demóstenes, el orador

más grande de Grecia, dejó en ella la sinceridad de su impronta. En

filosofía, los sofistas ejercieron una gran influencia. Protágoras

abordó la gramática y Gorgias fue muy importante para la historia

estilística del griego y del latín. A través de la figura de su

maestro Sócrates, Platón elaboró a fondo el método de la mayéutica.

Aristóteles, considerado como el filósofo más relevante de la

Antigüedad, tiene menos mérito literario, pero son esenciales sus

aportaciones en el campo de la poética. La tercera etapa en la

evolución de la comedia griega (Menandro) se da en el período

helenístico (desde Alejandro hasta Augusto). Las conquistas

macedónicas contribuyeron a la difusión de la lengua y de la cultura

griegas; en especial, en Alejandría, en la corte de los Tolomeos, se

dieron cita pensadores y escritores, con acceso a una biblioteca de

700.000 volúmenes. Es, sin embargo, un período de literatura

artificiosa y poco innovadora. El principal representante de la

poesía dramática es Licofrón; la épica revivió con Apolonio de Rodas

y la didáctica con Arato y Nicandro. La lírica estuvo representada

por Calímaco y por Euforión, pero fueron el mimo y el idilio los

terrenos más fértiles, gracias a Bión, Mosco, Herondas y, sobre todo,

Teócrito. La crítica literaria nació como disciplina con Zenodoto,

Aristófanes de Bizancio y Aristarco. Entre los historiadores,

destacan Beroso, Manetón y el retórico Timeo. La descripción

geográfica progresó con Nearco y Piteas, pero fue Eratóstenes el

primero en conjugar las matemáticas y la astronomía con esta

disciplina. La filosofía brilló en los tres períodos de la Academia

platónica: antiguo (Espeusipo, Jenócrates, Crates, Crantor), medio

(Arcesilao) y nuevo (Carneades). Los seguidores de Aristóteles o

peripatéticos (Eudemo, Aristoxeno, Dicearco, Estratón y Teofrasto)

continuaron la labor del maestro. Las doctrinas morales proliferaron

con los cínicos (Diógenes, Menipo), los estoicos (Zenón, Cleanto,

Crisipo), los epicúreos (Epicuro, Metrodoro) y los escépticos

(Pirrón, Timón). En los últimos años de este período, sólo destaca la

figura del historiador Polibio. Durante el período romano y

bizantino, a pesar del ascendiente político de Roma y de la expansión

del latín como lengua de cultura, el griego se siguió hablando en la

cuenca del Mediterráneo y, desde el s. II d.J.C., se produjo un

renacimiento del espíritu helénico. La historia contó con numerosos

expositores: Dionisio de Halicarnaso, Estrabón, Flavio Josefo,

Arriano, Dión Casio, Apiano, Pausanias, Herodiano, Diógenes Laercio y

Plutarco. La geografía fue cultivada por Estrabón y por Pausanias. En

filosofía, la nueva Academia platónica renació en el s. I (Filón de

Alejandría) y se desarrolló hasta el s. III (Plotino, Porfirio,

Jámblico). El estoicismo, cultivado por los romanos, fue expuesto por

Posidonio, Epicteto y el emperador Marco Aurelio. Entre los

epicúreos, destaca Filodemo y, entre los escépticos, Sexto Empírico.

La sofística floreció de nuevo (Dión Crisóstomo) y la sátira moral

fue practicada con maestría por Luciano. La literatura cristiana en

lengua griega se desarrolló, en los ss. I y II, con san Bernabé, san

Clemente, san Ignacio y san Policarpo; en los ss. II y III, con san

Justino, Taciano, Atenágoras, Teófilo de Antioquía, Hermias, san

Ireneo, san Hipólito, Clemente de Alejandría y Orígenes, y, en el s.

IV, con san Atanasio, san Gregorio Nacianceno, san Basilio, san

Gregorio de Nisa y san Juan Crisóstomo. Tras la caída de Bizancio, la

literatura griega moderna puede dividirse en tres grandes períodos:

1453-1820, 1820-1920 y desde 1920 hasta la actualidad. El primer

período presenta dos características: la existencia de un organismo

insular y de un regionalismo constantinopolitano. El primero aparece

en cinco centros: Rodas (cantos populares, poemas de Georgillás),

Quíos (actividad poética bajo el dominio genovés), Chipre (precursora

del petrarquismo y de la prosa popular), las islas Jónicas (poemas

didácticos o históricos) y, sobre todo, Creta. En cambio, en

Constantinopla, el helenismo se replegó sobre sí mismo y la

literatura fue más erudita que creadora. El segundo período,

denominado período nacional, está ligado al movimiento de la

independencia helénica y supuso una doble revolución de la poesía y

de la prosa. La obra de Solomós es la primera expresión filosófica de

una poesía inspirada en fuentes populares. Otro jonio, Calvos, se

sumó al grupo que creó la escuela jónica, gracias a la cual la poesía

neogriega alcanzó niveles europeos. Hacia fines del s. XIX, la poesía

y la prosa se liberaron de la tradición culta y Atenas se puso a la

cabeza de las letras griegas. La primera obra extensa de prosa

literaria demótica es Mi viaje, de Psikhari. Los principales

novelistas de este período son Eftaliotis, Xenopoulos y Theotokis. De

forma paralela, la poesía renovó temas y técnicas en las obras de

Drosinis, Skipis, Porfiras y, sobre todo, Palamás. Pero, sin duda, el

poeta más notable de este período es el alejandrino Cavafis. Los

esfuerzos del teatro cobraron cuerpo con la creación, por

Jristomanos, de la «Nueva escena». En el período actual, destaca la

mayor especialización de los géneros. A la primera generación de

prosistas, pertenecen Politis, Venezis y Terzakis. En el terreno de

la poesía, a la figura de Cavafis se suman Seferis, Embiríkos y

Engonópoulos. A raíz de la II Guerra Mundial, surgieron poetas de la

talla de Elytis y de Sotirjos. El teatro se ha renovado vigorosamente

y la crítica se ha organizado en todas sus formas.

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