Martin Heidegger (en foto)
La selva oscura
Si el yo es una determinación del Dasein, entonces debe ser interpretada existencialmente: Martin Heidegger
A mitad del camino de la vida,
hallé la erranza, selva oscura.
Una que pudo ser un monte de palabras,
una casa en el soluto de temporizaciones.
Bajé al desfiladero creyéndome
un viajero de Florencia y poco menos que dios.
En algún instante santo y pío,
soldado mortificado por las muchas miserias.
El lobo que en la estepa aúlla
e imagina su Ultratumba por capricho.
Añora el cielo purificador
y las danzas con Beatriz,
la ninfa del estero.
En algún paraíso la quise hallar,
añorándola también como los viejos zorros.
¿Dónde fui por quererla con incrédulas palabras?
Allá, donde aún se lamenta y se adeuda certidumbre,
donde el clamor se vuelve salvación y rito.
2.
A mitad del camino de mi vida,
te hallé y eras el ritmo de mi propio corazón
y eras el movimiento y afán por desarrollo necesario.
Eras mi noche en la pupila y tú, que pegas en mis ojos,
Beatriz, y yo yendo, avanzando, resuelto
con soberbia; así te ví y supe lo que existe.
«Baja al charco donde no hay ambición desmesurada»,
me dijíste, «que tu cabeza sea como un pez
nervioso, manso, huidizo de ese Yo
despótico y dogmático».
Cada encuentro con el encanto misterioso e inefable,
que vuelva a comprenderse desde las aguas
del puro movimiento y no sea sangre
ni empeño de dominio.
Entonces no sería un pez
en el fondo del pantano.
*
La danza de Beatriz
Beatriz siguió danzando.
Esta vez estuvo fuera de los pozos.
¡Tan feliz me sentí que pensé, ¡ay dichoso yo!
mi ser de azogue, encantado en plenitud, tan vivaracho!
Entonces, vino la fiera de la Envidia
para atormentar esa alegría.
Con puñales me cercaron.
Y quise ser un soldado nuevamente.
¡Es que la Cura se manifiesta en el Besorgen!,
me dijo. Los cuidados necesarios
mientan a los otros: Eres, al fin y al cabo,
ser-en, ente con tratos
con lo que son-ahí-también.
¡No estamos solos! Somos lo emergente.
2.
El miedo de perderte fue
la amenaza latente de los otros, Beatriz,
me hizo imaginarte arrebatada nuevamente.
Ida, tragada en nueve cielos móviles
de Maya, y dije: ¡Te he pedido,
finalmente, para siempre!
Te hundíste en el Empíreo inmóvil
donde ya no se puede codiciarte.
«Esta es la fiera impura; no te engañes.
Que no creas que te amo si te amo.
No me codicies más, házme libre.
Voy a estar en tus voces, no en tus egos.
No vivo en las selvas del capricho.
Vivo en la sustancia de tus necesidades».
6-12-78
*
Baila, hombre triste
Baila, hombre triste,
sobre los pastizales del día postrero,
entre ninfas ovulares de gravitones
y luces que se rinden en la cama.
Hay dioses sin tambores de señales fatuas.
Aprende que, absurdamente como la vida es,
la muerte es la libertad en plenitud.
Esta te hará crear lo que te falta.
Ya no habrá quien te diga que te zanjes
en fijeza de opresión,
en boca seca de discursos.
Tráela aquí cuando te canses
de la tierra ajena e invítala desde hoy
si abiertos están tus ojos en carne de mañana.
No los cierres sobre el tibio lecho.
Que duerna a tu lado
y te haga Dios con magia de su abrazo
y se desdoble como el Verbo
en segunda mitad de tu esperanza.
Come las estrellas
que están en sus besos.
Chupa el musgo de sus senos suaves,
su púbis húmedo como charca de Urano.
Rima en su carne el lodo de creaciones.
Amasa su fortuna, hedoneé,
con manos de ladrón. Seduce su angustia
con tus cinco sentidos,
punta de mazzal...
Si no es su cuerpo tu deleite,
¿habrá sustancia extensa, eros divino?
Hurta para ella el paisaje alternativo.
Absurdamente como la vida es,
ella es la dicha en tí y tú ,
la dicha en ella...
*
Tedium vitae
El día que voy al bar,
noche en que bebo y lito,
el tabernero procura que no falte
del líquido ambarino, santas uvas.
Sabe que invoco tras cada sorbo,
como en el templo.
La misa se inicia con la copa de vino
y puede que Dios entienda que dialogo
con ángeles caídos y tinieblas.
El paladar a las neuronas dice
que somos hombres, tristes algunas veces,
prudentemente socializados
por un desafío común de soledad.
En la cautividad de la rutina,
uno es quien clama, reinventor del ritual.
Alzo pues mi codo, abro mis labios
por horas más felices que el día
del chasco y desaliento.
Bebo de los viejos y nuevos gozos
junto a los borrachos pensamientos
*
Voy a mirarte dos veces
Ninfa de curvas marejadas y ondulantes pechos,
mujer de islas, ojos y labios míos,
como hambriento se te añoran, Eurídice,
apasionada hondura de mi canto,
adorable danzante de mis olas.
Una vez, en luz de ausencia,
voy a mirarte dos veces.
Deja pues que en Luna Llena
la memoria de tu tacto desborde,
con dulzura vibrante.
Tu sensualidad oceánica se escurre.
Mi valor enflaquece si no estás presente.
Pero voy a mirarte otra vez.
Humedécete sobre mi cuerpo,
viaja en mis riesgos,
no en lóbregas selvas.
1-6-94
*
El desvío
Equivoqué una gran porción de mi presencia,
con pretextos, hablándole a usted como a mí mismo
con lenguaje que desoye y se pierde,
que sigue las pisadas oscurecidas por la noche,
vencida por la luz antes del alba originaria.
Por eso estuve solo en instantes sin ventanas,
en madrugadas sin pie ni cimiento.
Creí que daba compañía o generaba instantes
cimeros, voces más públicas y solidarias
que mi puño y mi página.
Creí que inventaba mi ser y mis círculos
en plexos de geografía verbal, fecunda;
pero tercamente pervivía; el sentimiento
es más profundo que este hallazgo.
Este lenguaje es un afán inútil de hacer humano
lo privadamente susurrado por mi boca
o públicamente desdibujado por mis dedos.
*
Ten cuidado / Fürsorgen
Contra lo amenazante, lo posible,
Ante el pasar sin hacer caso y el no irle
por (uno) tener los ojos ciegos
y ser demasiados los que llaman a un no ver
que dice ver, sin ir al grano, tén cuidado.
Los mentirosos viven a medias
Y dejaron de preguntar por cualidades.
Uno es la neutra sombra para otros,
uno es alguien que no recibe el don
de saberse mirado cara a cara
y querido en el examen riguroso.
Vas al grano y la cura te atormenta.
Indagas por cimientos y estructuras
y es cuando asomas a los ojos
en el amanecer de otros,
al ser-acompañante
en pro que persiste
a pesar de sufrir con tratos deficientes.
7-2-1996
*
La orientación objetiva
Donde estás... ahí, esclarecida,
orientación objetiva de cosa dada,
tu puesto originario, ahí donde te ves,
es que existes.
Nada, nadie que te deduzcas permitas.
Dáte pura, desnuda, mostrada,
inconceptualizada.
Aparécete tal como eres
para que te distingas de lo imaginado
y lo admitido inapropiadamente.
No todo objeto es real
ni es un ver en general, positivista
que coincide con el objeto aquí o allá,
ahí donde te encuentras, tu ahí
Eidética mujer, intúyete
y que nadie te confunda.
Avanza sobre tí misma cada vez más fina
que la arena de los sequedales
y que nadie te vista con el abrigo
que no te pertenece por tan sólo
accidentalidad del deseo
o el sueño posesor de los platónicos.
*
La posibilidad
Siempre habrá una posibilidad conmovedora,
caminos que pueden ser eficientes,
calles para ver muchas cosas
con ojos llenos de fuego, asombros
para subir por ellos como si fueran la escalera,
andanzas en lo desconocido.
También hay un extremo pasadizo,
el término del que huímos
como si hubiésemos asesinado
la dicha que más vecina fue
de nuestras manos,
la niña que asomaba a las pupilas
sin hacerse una canción a los oídos.
Ese cadáver que nos pesa
en algún rincón de la dicha,
en la sombra, en el letargo.
*
Orientación
... guided fantasy are useful shortcuts
to intuitive knowledge that is usually unconscious
or ignored: Phyllis R. Koch-Sheras, Ph. D.
Por los rastros del zorro,
visualizo el alarido,
su temor que estremece.
Lo hallo en las palabras de la bruma
y enciendo mis ojos como llamas.
Sé la dirección por la que llega,
su avance-resuelto y mi paso
en vela se cuida de otros pasos.
La interpretación de lo visto
se pondera como un como
y divisa lo necesitado,
no a la mano.
13-419-75
La caída
En el mundo espaciado, cuento horas
y el giro circundante me recoge. Es mi caída
en la detención de sus fenómenos y entes.
Y en el trajín de cargar con la caída,
con los muertos dejados en los ojos,
con la orilla que pisamos, semi-vivos,
uno hace tratos-con la gana de esquivar
el recuerdo, o su clamor,
o su no sé ni por qué...
¡matamos el ser más trascendente!
Y la llama cotidiana arde
queriendo entrar
sin quemarse en este abrirse,
llevar al acaecer su luz entre penumbras,
y la lluvia, el viento o la piedra son
como importunos tenderales
que dan sombra al lugar que no quieres.
El cadáver nos sigue, dentro y fuera.
*
Como una pedrada
Una pedrada que viene de la nada
y aturde la frente,
objetiva o significativamente,
es a la mano,
para que sigas agresoramente
matando cosas en el camino
y descubriendo
en cuanto tal lo que no quieres
en la unidad de lo múltiple
Una pedrada viene y tú no sabes
desde dónde o cuando atacará tu frente
o cuando se pretenderá óntica
u ontológicamente manifiesta
precisándose en los conceptos previos,
ya existentes. Te queda sólo formular
que te ha pegado. Vas al suelo.
Lo que ha sido basado en precedentes
diferenciando las nuevas condiciones
con esta angustia puede que te brinde
deseos de levantarle o que otro venga
y aprieta tu pescuezo.
Ciertamente, tendrás que destruir
los dogmas de lo arcaico
para que el juicio se renueve
y no vivas más de pútridos aromas.
La estructura de ese acaecer
es historcidad.
3-8-1992
*
La dicha ardua
Sé feliz, no por ellos,
sé jovial por tus ojos y roba
de la belleza de lo externo
hasta que permanezca cada niña en tu pupila.
Desnúdalas y ámalas que son la alegría
de lo creado, melodías pendulares,
tañidos. Danzan címbalos de infinito.
Que nada las oscurezca hasta que sean tuyas
en tus noches, totalmente tuyas como orgasmo.
Después que mueras, ayudarás
a liberarlas con libertad sideral;
serás ángel taquiónico. Llévalas contigo.
Que dancen en negros agujeros del cosmos.
Mira que has de bailar hasta el fin de tus días
Ella enseñó este gozo del deseo
antes que las metieras a tus ojos,a tu alma.
*
El ladrón más poderoso
Aprende que, absurdamente
como la vida es, muchas veces
la dicha abre la sonrisa.
Los ojos gozan tan pública
y privadamente con las cosas
que nadie te clausura la alegría.
No por decreto y por siempre
en el cotidiano rodar del afán.
¿Quién quitará tus labios y ojos fieros?
¿Quién destajará tus dos manos, corazón,
sin ser un asesino, quién agredirá
tu juventud de flor abierta, quién dejará
de sembrarla y obtendrá honra para sí?
Ninguno y nadie
porque el ladrón más poderoso
también asesina con silencio que culpa
y extirpa a sus verdugos de su esfera.
Está bajo la piel, una alegría
y el rasero, es el escudo admitido
que paradójicamente, cuida de tí,
al menos, uno de tus cantos para el tiempo.
*
Los días tristes
Este día, triste como es,
tiene ojos grises de aparición,
rostro más real que una molécula
y un resplandor que sus perros
ajota a soles fugitivos.
¡Cuántos ojos grandes como ésos
habré dejado de ver sin poder sonreir
desde mí mismo porque existen
en la raíz de la tarde
y son testigos de lo inverificado!
En este día, mitad perdida en otras voces,
¡soy feliz a pesar de mi irresolución
y mi angustia vacía!
Tan fácil, en apariencia, que sería
ir corriendo a tí y abrazarte y darte gracias
por tus ojos grises y profundos.
Tu mirada es un milagro de la noche.
*
Los incomunicables
Being-in-the-world has always dispersed itself or even split itself up into definite ways of Being-in: having to do with something, producing something, attending to something and looking after it, making use of something, giving something up and letting it go, undertaking, accomplishing, evincing, interrogating, considering, discussing, determining: Martin Heidegger
¿Son escenarios invisibles? No. Sólo
mis ríos mentales, epinefrina. Salgo a la calle
para hallar voces en común que comuniquen.
Descubro que para nada han servido
los textos de extravío cuando, entre tumbos,
salí para encontrarles. Con verdades sicológicas
y útiles a la mano, ni carpinteros nos supimos.
Cuando más cautivo estuve
en este cavilar sin fruto, mi porción
se halló en tus manos, Beula.
No la dijíste tuya ni la dijíste mía.
No la cantaste ni a tus hijos.
Ni a mis vecinos. Ni a los tuyos.
No añadirás mi voz a tus horas muertas,
al asueto consolante con que piensas y sufres.
Es tu hemisferio ulterior, tu geografía
en la rutina del ahí, nos desconocimos;
por más que dije:
Háblame. Yo me oigo en tí.
*
Los asesinos
No se olvide el asesino
del inmediato mundo circundante,
el que empuña remisión, tirando piedras
y escondiendo la mano, no se olvide...
... quien reinventó el puñal por jure bellis,
la espada para el hurto y la opresión,
premeditador del ser-acompañado y el ser-acompañante,
no se olvide que con el útil del cohecho
también se coencuentran a la mano
los quienes victimados, otros
para quienes la traición y el golpe bajo se destinan.
A las mutilaciones, con su aviso,
cobarde, vaporoso, seguirá la pregunta:
¿quién es el que amenaza,el que hiere o asesina?
¿Quién, con mañas de lobo, es quién se esconde
y usó el arma y atormenta y reincide, canallesco?
No se olvide que hay quien quita el yo
y se huye del destino y son los proveedores.
A expensas de la muerte, en secreto organizados,
ejecutan la amenaza, pero fundan sus escondites.
No escaparán impunes, no,
aunque sólo trafiquen en las sombras
con portadores de la muerte innecesaria.
18-4-1980
*
El animal castrense
Alegan que el progreso es
desarrollo necesario, sólo que se lo alquilan
al alguacil de hoz de los caminos.
Y éste, ¡ay carajo! es el peor de los mortales.
Se alimenta del conocimiento perceptivo,
con menos de la tolerancia que ninguno
y el sentido común que sirve a su dominio.
Es animal castrense: movido
¡por puro afán de condicionalismo!
¡Dótalo de salario y te saca los ojos;
no la pagues y será tu enemigo!
Pero usted y él, lockeano del atempere,
son iguales; doman entes, verdades
se adjudican ya con predefiniciones,
arrastran pies y conciencia, si la tienen,
por no abrir espacios al Ser que los contempla.
Nunca pensarán la referencia al fin,
al destino, a lo que pueda ser llamado
sí mismo y esperanza; son nihilistas
en trafique escatológico,
animales de bellota,
pero siquitrillados.
3-5-1978
*
Los genocidas
... son Hitler, Mussolini, Ceausescu. Milosevic,
Honecker, García Meza, Noriega, Galtieri, ad infinitum
Criminales hay que jalan el gatillo,
pero hay los peores: chingaqueditos,
genocidas intelectuales. Estos autorizan la hecatombe.
Con sueldos de las arcas gubernamentales,
sufragan el crimen. Con justificación verbal,
lo enaltecen... mas no se olvidará su delito, no.
Ni al cómplice en la sombra, tan lobuno.
En el útil se sobreentiende el para qué
y el asesino, por igual, se precomprende
por remisión del productor a portadores.
En olfato va obsequiada la pista de la burla
y los zorros del desfiladero,
desenmascaradores, va catando huellas.
18-4-1980
*
Los prohibidores
Para que no les quiten los que ellos arrebataron
unos hombres, burros en batilongos,
sueltos, largos, burros cargados de letras
y levitas y uniformes, se inventaron
las verjas y los muros.
Invocaron la Razón y sus prejuicios,
fronteras, castas, límites marinos,
espacios vacíos, zonas rosas y tugurios.
¡Qué mentirosa su contrainsurgencia!
Es gente del allá, prohibidora, excluyente.
Vive donde no hay soles y la luz
se despedaza sobre robles y encinos.
Los relámpagos se disuelven en bruma.
Quienes ofertan su Hoder y su amenaza,
su guerra con la luz, ¡qué mentirosos!
*
Los amantes de Nanna
Con metafísica de razón crearon al yo,
con la intencionalidad más vil y primitiva:
la que proclama el NO y el sí sin avanzar
y resolverse con instinto, necesario.
No se evidencia un dulce progreso de los años
ni la basteza animal del vigor bueno.
Mas invocan, como hienas, los solutos.
Amargos, estrictos, rígidos amantes de Nanna,
hurtaron el higo bicariño de sus besos;
me dejaron en la uva y el muérdago, fallecido.
Muengas están las orejas de estos burros,
verjeros que vigilan y husmean empalizadas.
Buscan muertos en vida con ojos puestos
en bayoya y escarnio, tan bisojos.
Sonríen con doblez. Aman la Nanna.
Escindieron la igualdad con ley.
moral y sacerdocio y, aún así, se pelean
por las migajas que sobran a su mundo.
¡Aún quedan barrujos, pordioseros!
huesos duros de roer, ahí y acá,
más fecundos que el yo, derivado del Ser,
que se inventaron, más señeros
que la hojarasca seca de sus vecindades.
6-11-1973
*
La lucha en el desierto
No quise yo
las manos sucias
y el dolor estaba allí, pidiéndolas,
cayéndose de las uñas con su canción amarga
de ríos rojos y un fusil,
No iba el corazón a la alborada,
no iba con vuelo sobre la arena
del rostro del desierto, aornis.
Era una brigada aguerrida
de gusanos de Jacob,
shabat de lunas y lobos y tormentos.
No quise la estrella, no fue un mazzal,
sino fuego odiosamente humano
y temeridad y medianía de consenso.
Sin aquel báculo biológico
que separó la sangre y la caída,
¿quién dirá soy rey, o se hará amar
por los soles más altos
en la mañana de Sión?
La señal nació al pelear con el ángel,
Peniel en la mirada, Peniel recóndito
en la carne; pero está descoyuntada
la cadera y el dolor sigue ahí,
chamuscado, frío en la ceniza de los años,
quieto en la noria, insurrecto.
No quise yo, girar así, ni aún naciéndome
en la herida de mi pueblo,
ni aún viendo mis manos sucias
mi paso, heroico y rengo.
*