Breves antologías poéticas: /
de Carlos López Dzur / Heideggerianas / 6
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La selva oscura

Si el yo es una determinación del Dasein, entonces debe ser interpretada existencialmente: Martin Heidegger

A mitad del camino de la vida,
hallé la erranza, selva oscura.
Una que pudo ser un monte de palabras,
una casa en el soluto de temporizaciones.

Bajé al desfiladero creyéndome
un viajero de Florencia y poco menos que dios.
En algún instante santo y pío,
soldado mortificado por las muchas miserias.

El lobo que en la estepa aúlla
e imagina su Ultratumba por capricho.
Añora el cielo purificador
y las danzas con Beatriz,
la ninfa del estero.

En algún paraíso la quise hallar,
añorándola también como los viejos zorros.
¿Dónde fui por quererla con incrédulas palabras?
Allá, donde aún se lamenta y se adeuda certidumbre,
donde el clamor se vuelve salvación y rito.

2.

A mitad del camino de mi vida,
te hallé y eras el ritmo de mi propio corazón
y eras el movimiento y afán por desarrollo necesario.

Eras mi noche en la pupila y tú, que pegas en mis ojos,
Beatriz, y yo yendo, avanzando, resuelto
con soberbia; así te ví y supe lo que existe.

«Baja al charco donde no hay ambición desmesurada»,
me dijíste, «que tu cabeza sea como un pez
nervioso, manso, huidizo de ese Yo
despótico y dogmático».

Cada encuentro con el encanto misterioso e inefable,
que vuelva a comprenderse desde las aguas
del puro movimiento y no sea sangre
ni empeño de dominio.
Entonces no sería un pez
en el fondo del pantano.

*

2.

El miedo de perderte fue
la amenaza latente de los otros, Beatriz,
me hizo imaginarte arrebatada nuevamente.
Ida, tragada en nueve cielos móviles
de Maya, y dije: ¡Te he pedido,
finalmente, para siempre!

Te hundíste en el Empíreo inmóvil
donde ya no se puede codiciarte.
«Esta es la fiera impura; no te engañes.
Que no creas que te amo si te amo.

No me codicies más, házme libre.
Voy a estar en tus voces, no en tus egos.
No vivo en las selvas del capricho.
Vivo en la sustancia de tus necesidades».

6-12-78

*

La echada

Logía, sacar al ente de lo oculto

Mi ser-ahí casa tiene

Rompiéndonos el corazón en los peldaños

El preguntante

Intemerata

Arma del delito

La habitualidad agresora

En la cura de lo mío me suplantan

Las simplificaciones

Cuaternidad

Lenguaje y palabra La palabra más sutil

La pubertad de la palabra El zorro intuitivo

Clínica epidemia de ciegas medidas

Desvío

El extravío de un eterno memorioso

Transpropiación del Acontecer / Ereignis

Percepción óntica A Britney Spears

La echada y el primer amor

Lourdes

Schickung / Destinación

Verfallen / El Decaer

Los fanáticos

Convocatoria al Decir inicial

La caída

Angustia

La salteadora

La nada que me angustia

Soledad en el hallarse

Urgencia que acosa

El ultraje

Putarraquería del habla

Más allá del uso

Los valores engañosos El ultraje de lo bello o la hermana otredad

Nosotros, los impuros

El suplantador de tu bien y tu cura El zorro, filósofo de la sospecha

Zorrillos del ancestro

Comprender mis zorreras es mi necesidad

Tu lugar verdadero

Tén cuidado / Fürsorgen

Descobijado en la otredad pese al jolgorio

Un-zunhause / No-en-su-casa

Muérete, rival / Geschreibe

La selva oscura

No seas un pez en el fondo del pantano

Te hundíste en el Empíreo inmóvil

La danza de ser con otros

El impulso salvaje que traemos

Soy el zorro viejo y malo

Posesión de las zorra

Las vulpejas

Materialidad / Sachheit

Zu-sein / Habérselas

Vive el presente

Uno es un zorro viejo

Poemas zorrunos

¿Qué puede ese zorro?

El invocador

El invocador es tan sólo un adeudado

El alma abandonada

Láctame

No es el tiempo de sustratos neuronales

Pertinencia

El zorro y la hiena

El Inestante, el Alguacil

La existencia es libertad

La palabra mágica y poética

Las palabras

La palabra malvestida

Bailarín del ritmo

El gorgojo vibrátil

A los hijos de Amitai

Don Nadie no quiere morir

Homicidas y cómplices

El padrote

El culto al terror

Estoicismo verdadero

La libertad doliente

Ya no sé qué es amor

Los sofistas

Los peces y la novelería

Este amor fue higuera

Mi ser-ahí casa tiene

La pubertad de la palabra

La palabra malvestida

¿Qué es el ser?

Meditación del ser

Das Momentum

Como si el espacio se llenara de mentiras

Dichas predefinidas

Descobijado en la otredad pese al jolgorio

De algo a algo

Baila, hombre triste

Baila, hombre triste,
sobre los pastizales del día postrero,
entre ninfas ovulares de gravitones
y luces que se rinden en la cama.

Hay dioses sin tambores de señales fatuas.
Aprende que, absurdamente como la vida es,
la muerte es la libertad en plenitud.
Esta te hará crear lo que te falta.

Ya no habrá quien te diga que te zanjes
en fijeza de opresión,
en boca seca de discursos.

Tráela aquí cuando te canses
de la tierra ajena e invítala desde hoy
si abiertos están tus ojos en carne de mañana.

No los cierres sobre el tibio lecho.
Que duerna a tu lado
y te haga Dios con magia de su abrazo
y se desdoble como el Verbo
en segunda mitad de tu esperanza.

Come las estrellas
que están en sus besos.

Chupa el musgo de sus senos suaves,
su púbis húmedo como charca de Urano.

Rima en su carne el lodo de creaciones.
Amasa su fortuna, hedoneé,
con manos de ladrón. Seduce su angustia
con tus cinco sentidos,
punta de mazzal...

Si no es su cuerpo tu deleite,
¿habrá sustancia extensa, eros divino?
Hurta para ella el paisaje alternativo.

Absurdamente como la vida es,
ella es la dicha en tí y tú ,
la dicha en ella...

*

Tedium vitae

El día que voy al bar,
noche en que bebo y lito,
el tabernero procura que no falte
del líquido ambarino, santas uvas.
Sabe que invoco tras cada sorbo,
como en el templo.

La misa se inicia con la copa de vino
y puede que Dios entienda que dialogo
con ángeles caídos y tinieblas.

El paladar a las neuronas dice
que somos hombres, tristes algunas veces,
prudentemente socializados
por un desafío común de soledad.

En la cautividad de la rutina,
uno es quien clama, reinventor del ritual.
Alzo pues mi codo, abro mis labios
por horas más felices que el día
del chasco y desaliento.

Bebo de los viejos y nuevos gozos
junto a los borrachos pensamientos

*

Voy a mirarte dos veces

Ninfa de curvas marejadas y ondulantes pechos,
mujer de islas, ojos y labios míos,
como hambriento se te añoran, Eurídice,
apasionada hondura de mi canto,
adorable danzante de mis olas.

Una vez, en luz de ausencia,
voy a mirarte dos veces.

Deja pues que en Luna Llena
la memoria de tu tacto desborde,
con dulzura vibrante.

Tu sensualidad oceánica se escurre.
Mi valor enflaquece si no estás presente.
Pero voy a mirarte otra vez.

Humedécete sobre mi cuerpo,
viaja en mis riesgos,
no en lóbregas selvas.

1-6-94

Ten cuidado / Fürsorgen

Contra lo amenazante, lo posible,
Ante el pasar sin hacer caso y el no irle
por (uno) tener los ojos ciegos
y ser demasiados los que llaman a un no ver
que dice ver, sin ir al grano, tén cuidado.

Los mentirosos viven a medias
Y dejaron de preguntar por cualidades.

Uno es la neutra sombra para otros,
uno es alguien que no recibe el don
de saberse mirado cara a cara
y querido en el examen riguroso.

Vas al grano y la cura te atormenta.
Indagas por cimientos y estructuras
y es cuando asomas a los ojos
en el amanecer de otros,
al ser-acompañante
en pro que persiste
a pesar de sufrir con tratos deficientes.

7-2-1996

*

La orientación objetiva

Donde estás... ahí, esclarecida,
orientación objetiva de cosa dada,
tu puesto originario, ahí donde te ves,
es que existes.

Nada, nadie que te deduzcas permitas.
Dáte pura, desnuda, mostrada,
inconceptualizada.

Aparécete tal como eres
para que te distingas de lo imaginado
y lo admitido inapropiadamente.

No todo objeto es real
ni es un ver en general, positivista
que coincide con el objeto aquí o allá,
ahí donde te encuentras, tu ahí
Eidética mujer, intúyete
y que nadie te confunda.

Avanza sobre tí misma cada vez más fina
que la arena de los sequedales
y que nadie te vista con el abrigo
que no te pertenece por tan sólo
accidentalidad del deseo
o el sueño posesor de los platónicos.

*

La posibilidad

Siempre habrá una posibilidad conmovedora,
caminos que pueden ser eficientes,
calles para ver muchas cosas
con ojos llenos de fuego, asombros
para subir por ellos como si fueran la escalera,
andanzas en lo desconocido.

También hay un extremo pasadizo,
el término del que huímos
como si hubiésemos asesinado
la dicha que más vecina fue
de nuestras manos,
la niña que asomaba a las pupilas
sin hacerse una canción a los oídos.

Ese cadáver que nos pesa
en algún rincón de la dicha,
en la sombra, en el letargo.

*

La caída

En el mundo espaciado, cuento horas
y el giro circundante me recoge. Es mi caída
en la detención de sus fenómenos y entes.

Y en el trajín de cargar con la caída,
con los muertos dejados en los ojos,
con la orilla que pisamos, semi-vivos,
uno hace tratos-con la gana de esquivar
el recuerdo, o su clamor,
o su no sé ni por qué...
¡matamos el ser más trascendente!

Y la llama cotidiana arde
queriendo entrar
sin quemarse en este abrirse,
llevar al acaecer su luz entre penumbras,
y la lluvia, el viento o la piedra son
como importunos tenderales
que dan sombra al lugar que no quieres.
El cadáver nos sigue, dentro y fuera.

*

Como una pedrada

Una pedrada que viene de la nada
y aturde la frente,
objetiva o significativamente,
es a la mano,
para que sigas agresoramente
matando cosas en el camino
y descubriendo
en cuanto tal lo que no quieres
en la unidad de lo múltiple

Una pedrada viene y tú no sabes
desde dónde o cuando atacará tu frente
o cuando se pretenderá óntica
u ontológicamente manifiesta
precisándose en los conceptos previos,
ya existentes. Te queda sólo formular
que te ha pegado. Vas al suelo.

Lo que ha sido basado en precedentes
diferenciando las nuevas condiciones
con esta angustia puede que te brinde
deseos de levantarle o que otro venga
y aprieta tu pescuezo.

Ciertamente, tendrás que destruir
los dogmas de lo arcaico
para que el juicio se renueve
y no vivas más de pútridos aromas.
La estructura de ese acaecer
es historcidad.

3-8-1992

*

La dicha ardua

Sé feliz, no por ellos,
sé jovial por tus ojos y roba
de la belleza de lo externo
hasta que permanezca cada niña en tu pupila.

Desnúdalas y ámalas que son la alegría
de lo creado, melodías pendulares,
tañidos. Danzan címbalos de infinito.

Que nada las oscurezca hasta que sean tuyas
en tus noches, totalmente tuyas como orgasmo.

Después que mueras, ayudarás
a liberarlas con libertad sideral;
serás ángel taquiónico. Llévalas contigo.
Que dancen en negros agujeros del cosmos.

Mira que has de bailar hasta el fin de tus días
Ella enseñó este gozo del deseo
antes que las metieras a tus ojos,a tu alma.

*

El ladrón más poderoso

Aprende que, absurdamente
como la vida es, muchas veces
la dicha abre la sonrisa.

Los ojos gozan tan pública
y privadamente con las cosas
que nadie te clausura la alegría.

No por decreto y por siempre
en el cotidiano rodar del afán.

¿Quién quitará tus labios y ojos fieros?
¿Quién destajará tus dos manos, corazón,
sin ser un asesino, quién agredirá
tu juventud de flor abierta, quién dejará
de sembrarla y obtendrá honra para sí?

Ninguno y nadie
porque el ladrón más poderoso
también asesina con silencio que culpa
y extirpa a sus verdugos de su esfera.

Está bajo la piel, una alegría
y el rasero, es el escudo admitido
que paradójicamente, cuida de tí,
al menos, uno de tus cantos para el tiempo.

*

Los días tristes

Este día, triste como es,
tiene ojos grises de aparición,
rostro más real que una molécula
y un resplandor que sus perros
ajota a soles fugitivos.

¡Cuántos ojos grandes como ésos
habré dejado de ver sin poder sonreir
desde mí mismo porque existen
en la raíz de la tarde
y son testigos de lo inverificado!

En este día, mitad perdida en otras voces,
¡soy feliz a pesar de mi irresolución
y mi angustia vacía!

Tan fácil, en apariencia, que sería
ir corriendo a tí y abrazarte y darte gracias
por tus ojos grises y profundos.
Tu mirada es un milagro de la noche.

*

*

Los genocidas

... son Hitler, Mussolini, Ceausescu. Milosevic, Honecker, García Meza, Noriega, Galtieri, ad infinitum

Criminales hay que jalan el gatillo,
pero hay los peores: chingaqueditos,
genocidas intelectuales. Estos autorizan la hecatombe.

Con sueldos de las arcas gubernamentales,
sufragan el crimen. Con justificación verbal,
lo enaltecen... mas no se olvidará su delito, no.

Ni al cómplice en la sombra, tan lobuno.

En el útil se sobreentiende el para qué
y el asesino, por igual, se precomprende
por remisión del productor a portadores.

En olfato va obsequiada la pista de la burla
y los zorros del desfiladero,
desenmascaradores, va catando huellas.

18-4-1980

*

Los prohibidores

Para que no les quiten los que ellos arrebataron
unos hombres, burros en batilongos,
sueltos, largos, burros cargados de letras
y levitas y uniformes, se inventaron
las verjas y los muros.

Invocaron la Razón y sus prejuicios,
fronteras, castas, límites marinos,
espacios vacíos, zonas rosas y tugurios.

¡Qué mentirosa su contrainsurgencia!
Es gente del allá, prohibidora, excluyente.
Vive donde no hay soles y la luz
se despedaza sobre robles y encinos.

Los relámpagos se disuelven en bruma.
Quienes ofertan su Hoder y su amenaza,
su guerra con la luz, ¡qué mentirosos!

*

Los amantes de Nanna

Con metafísica de razón crearon al yo,
con la intencionalidad más vil y primitiva:
la que proclama el NO y el sí sin avanzar
y resolverse con instinto, necesario.

No se evidencia un dulce progreso de los años
ni la basteza animal del vigor bueno.
Mas invocan, como hienas, los solutos.

Amargos, estrictos, rígidos amantes de Nanna,
hurtaron el higo bicariño de sus besos;
me dejaron en la uva y el muérdago, fallecido.

Muengas están las orejas de estos burros,
verjeros que vigilan y husmean empalizadas.
Buscan muertos en vida con ojos puestos
en bayoya y escarnio, tan bisojos.

Sonríen con doblez. Aman la Nanna.
Escindieron la igualdad con ley.
moral y sacerdocio y, aún así, se pelean
por las migajas que sobran a su mundo.

¡Aún quedan barrujos, pordioseros!
huesos duros de roer, ahí y acá,
más fecundos que el yo, derivado del Ser,
que se inventaron, más señeros
que la hojarasca seca de sus vecindades.

6-11-1973

*

La lucha en el desierto

No quise yo
las manos sucias
y el dolor estaba allí, pidiéndolas,
cayéndose de las uñas con su canción amarga
de ríos rojos y un fusil,
No iba el corazón a la alborada,
no iba con vuelo sobre la arena
del rostro del desierto, aornis.

Era una brigada aguerrida
de gusanos de Jacob,
shabat de lunas y lobos y tormentos.
No quise la estrella, no fue un mazzal,
sino fuego odiosamente humano
y temeridad y medianía de consenso.

Sin aquel báculo biológico
que separó la sangre y la caída,
¿quién dirá soy rey, o se hará amar
por los soles más altos
en la mañana de Sión?

La señal nació al pelear con el ángel,
Peniel en la mirada, Peniel recóndito
en la carne; pero está descoyuntada
la cadera y el dolor sigue ahí,
chamuscado, frío en la ceniza de los años,
quieto en la noria, insurrecto.

No quise yo, girar así, ni aún naciéndome
en la herida de mi pueblo,
ni aún viendo mis manos sucias
mi paso, heroico y rengo.

*

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