Las (in)capacidades del lenguaje poético en Flotaciones de

Blanca Castellón

 

 

 

 

Por José María Mantero

La escritora Blanca Castellón pertenece a una generación de poetas nicaragüenses pos-sandinistas cuya producción poética supone un redescubrimiento de las posibilidades expresivas de la metáfora y una profundización en la voz interior individual. Escribe Gioconda Belli que las poetas de esta generación de los 80 "expresan su rebeldía a partir de una visión más íntima que, sin renunciar a las aspiraciones sociales, toma conciencia de las propias limitaciones y se sitúa, con menos romanticismo y más ambigüedad, frente a una historia que quiere ver desde su individualidad; desde la particularidad de su circunstancia personal" (vi).  En el análisis, demostraremos que los poemas que aparecen en Flotaciones (1998) encajan plenamente en la poesía actual pos-sandinista al utilizar la palabra como punto de partida temático y usar un lenguaje metafórico para poner en evidencia las capacidades y las incapacidades expresivas del lenguaje.

Escrita a partir de 1990, la poesía pos-sandinista es una reacción a la poesía exteriorista y a la producción de los talleres de poesía del Ministerio de Cultura de Ernesto Cardenal, sin desvincularse de su influencia. Representa una extensión de los elementos exterioristas, pero se redescubre el potencial de la metáfora, se redobla la voz poética y la interioridad personal se vuelve el punto poético de referencia.

El mundo exterior al escritor sigue presente a través del diálogo, la acción y la descripción (Sobalvarro 25), aunque se utiliza como un vehículo en lugar de ser un fin aparentemente autónomo de la interioridad psicológica. Pedro Xavier Solís ha denominado esta época iniciada en 1990 como un "período pos-utópico" que se plantea los sueños de la época sandinista: "Caracteriza a este período post-utópico la evaporación de dos mitos: el mito de la Revolución y, consecuentemente, el mito de una quimérica edad de oro al final del tiempo lineal" (35). Como sostiene el crítico Serdán Zelaya,

La generación de poetas de 1990 se diferencia del resto, porque en ella el distanciamiento con otras generaciones literarias es más firme y sostenido. Esto es debido posiblemente a la postura de apoyo incondicional, a favor de la Revolución y de justificar la guerra en la que miles de jóvenes perecían, que asumieron la gran mayoría de los intelectuales y artistas, promoviendo la grandeza del heroísmo, rindiendo culto desmesurado a una cultura de martirio y de muerte. Toda esta propaganda literaria funcionó como un shock cultural a esa generación. (1)

La poesía que comenzó a escribirse y a publicarse a finales de la década de los ochentay , particularmente, a partir de la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1990empieza a manifestar las características de una poesía pos-sandinista: una poesía que no siente la necesidad ni la urgencia de comprometerse políticamente, que no pasa por la organización colectiva, que no está apriorísticamente comprometida con una responsabilidad cívica.

Hoy día, escritores como Erick Aguirre, Carola Brantome, Blanca Castellón, Marianela Corriols, Marta Leonor González, Silvio Paez, Juan Sobalvarro, Pedro Xavier Solís, Milagros Terán, Yaoska Tijerino y Nicasio Urbina  demuestran esta pluralidad de voces que empieza a emerger y a elaborar una poesía pos-sandinista. Al resucitar la metáfora y partir principalmente de su propia interioridad psicológica, estos poetas ayudan a desmitificar la poética utilitaria nicaragüense de los ochenta.

Ama del espíritu (1995), la primera colección de poemas de Castellón, ya refleja este cambio de óptica y representa la redirección de las letras nicaragüenses al indagar en las posibilidades metafóricas del lenguaje y dejar atrás paulatinamente el exteriorismo cardenaliano.

Su segundo libro, Flotaciones, y su tercer libro, Orilla opuesta (2000), encajan plenamente en una poesía pos-sandinista al usar la metáfora como herramienta principal para profundizar en la expresión léxica y semántica, para explorar las posibilidades creativas/destructivas de la palabra y para entrar en la dinámica metatextual de un lenguaje que forma parte microcósmica de cada individuo y, a la vez, se amplía y se ensancha a partir de esta particularidad.

Octavio Paz personalizó este fenómeno en un fragmento de su cuento/poema en prosa "El ramo azul:" "Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice?" (28).

Según Paz, el ser humano individual forma parte de un metalenguaje que hace posible la comunicación y la identificación con nuestro entorno. Castellón entra en el diálogo al emplear la palabra para representar el potencial comunicativo del lenguaje y, a la vez, reconocer tácitamente que el lenguaje corre el peligro de permanecer (imp)lícitamente ambiguo frente a las palpables realidades plásticas y materiales.

En el breve poema "VIII," por ejemplo, la escritora proclama el vacío que puede dejar el lenguaje hablado/escrito y participa en la afirmación de Paz:

En qué idioma me tocas cuántas sílabas tiene tu fuego ¿cómo digo AMANECE sin ser injusta? (139)

El poema entero es una sutil metaforización de las posibilidades y, a la vez, de las frustraciones inherentes de cualquier sistema de signos: ¿Hasta qué punto es posible representar fielmente nuestro entorno? ¿Supondrá siempre la expresión escrita un alejamiento inédito del sujeto/objeto? ¿Reconoceremos la duplicidad del lenguaje?

Los primeros dos versos del poema logran sintetizar estas inquietudes al yuxtaponer lo físico con lo metafórico "tocar" e "idioma," "fuego" y "sílabas" y al indagar en la naturaleza de la relación entre la expresión y lo expresado.

Metafóricamente, todo es lenguaje; pero el lenguaje hablado y escrito no podrá serlo todo debido a los vacíos,  a los silencios, a lo que no se podrá decir ni escribir.

La llama, por ejemplo, contiene un sistema de signos y de códigos en potencial que se convierte en lenguaje al ofrecer otra posibilidad, otro texto desde el cual interpretar nuestro entorno. Y de ahí emerge la frustración del verso final: jamás se podrán reproducir fielmente estos textos alternativos.

El lenguaje escrito o hablado logrará re-presentarlos, podrá reflejarlos, pero este reflejo será una distorsión sagrada del original si es que existe porque éste ha adquirido otra forma, ha pasado por un proceso de transubstanciación lingüística. Como alude Castellón en el último verso, decir "amanecer" es ser injusto con el "AMANECER." Pero al articularlo, el vocablo adquiere una legitimidad dinámica que participa en la comunicación lingüística.

Otros poemas de Castellón logran subrayar las incapacidades del lenguaje cuando llega el momento de reconstruir fielmente un acontecimiento o cuando se desea retratar un objeto.

En "Cabeza que habla en piedra," los dos versos del poema declaran cuán artificial puede ser el intento de representar un instante a través de las palabras: "El lenguaje del cincel / invalida mis palabras" (152). Cada verso contiene una afirmación separada que sintetiza las dos vías de expresión: una, el terreno habitado por un sistema de signos auditivos supra-semánticos ("el lenguaje del cincel") que, a su manera, participa en el acto de comunicación; otra, el reconocimiento por parte de la escritora de la impotencia del lenguaje escrito al percibir que el sonido del cincel en la piedra será indisolublemente más verosímil que el lenguaje escrito del poema.

El cincel es labor, construcción, contacto físico y directo con un proyecto de trabajo que adquiere verosimilitud por sí solo, sin tener que traducirlo a través de un lenguaje escrito o hablado; la palabra es, por naturaleza, alejamiento, re-construcción léxica de lo ya construido. Y de ahí parte una de las incapacidades del escritor: de reconocer que el objeto en sí generalmente comunicará más que la palabra por el objeto. Como escribe Castellón en "Combinaciones," "[H]ay palabras de sobra enmarañadas en la pulpa de melón" (173).

El instante compartido con otro ser humano el momento vivido y la multiplicidad de las sensaciones también se resiste a ser representado por un léxico cuya intención es habitar los espacios y los silencios de los actos de comunicación. Escribe Castellón en el poema "I":

No escribiré traducir tu mano sobre mi brazo imposible el español no lo tiene en sus registros glosolalia: altérame la conciencia o tendré que atravesar la lengua sobre el instante y morirá intraducido. (132)

Curiosamente, la escritora comienza el poema con una reconocida contradicción: afirma que "no escribiré," pero sigue adelante y emplea la palabra escrita para expresar dos temas distintos y paralelos: el instante compartido y la futilidad del lenguaje al expresar este instante compartido.

A partir del primer verso, Castellón se niega entrar en el ilusorio juego de suponer que el lenguaje escrito es una fiel representación de un acontecimiento. Por otra parte, reconoce la capacidad expresiva que puede tener ese mismo lenguaje escrito.

La poeta rechaza censurarse, y el poema resulta ser un baile entre el detalle poético y las (in)capacidades del lenguaje. De los primeros cuatro versos, tres contienen una afirmación negativa que pone en tela de juicio cualquier posibilidad comunicativa: "No escribiré," "imposible" y "el español no lo tiene en sus registros." Pero el centro lírico del poema resulta ser el segundo verso, ya que el poema entero es una meditación acerca de cómo representar ese momento cuando una mano se posó sobre un brazo.

A partir de la pauta establecida por el verso "glosolalia," el poema adquiere otro tono expresivo al concretar el sentido de sus negaciones. Aunque se puede suponer que la exhortación "altérame la conciencia" va dirigida a la persona que desliza la mano sobre el brazo, el verso igual puede significar un intento de entrar en ese espacio habitado por el silencio y pedir al lenguaje que le "altere la conciencia" o, también, exigir lo mismo a quien lee el poema.

Ambas posibilidades requieren una conciencia del instrumento de comunicación y, también, del receptor de tal comunicación: poesía y público, simbiosis perpetuamente en construcción. Hacia el final del poema, la poeta reconoce que la escritura es la lucha continua por traducir el momento, y que existe la posibilidad de que todo momento desaparezca efímeramente sin repercutir más allá de su tiempo.

El lenguaje escrito y hablado forma parte del territorio humano de expresión y representa el movimiento progresivamente cíclico de la comunicación humana.

Sin ser una línea recta, la evolución de esta comunicación a través de la historia se puede representar por un péndulo que oscila de un extremo a otro según las circunstancias políticas, sociales y culturales, que supone ser una serie de micro-avances y retrocesos, pero que no deja de abrir caminos de expresión distintos y desconocidos. En el poema "Espejismo," Castellón logra subrayar esta capacidad cíclica de la lengua:

 

Desentúmece el rostro impuesto por la dictadura del idioma.

Se desliza a sabiendas de que será recogido por cualquiera que necesite usarlo en el desierto consciente de que será colgado en el primer cactus que aparezca. (51)

 

Aparte de reconocer abiertamente los mandamientos del lenguaje, la primera estrofa también resalta cómo estos mandamientos se extienden: "la dictadura del idioma" impone un rostro, una manera de ser y de estar en nuestro mundo (sin ser ésta la única). Pero tal imposición lleva en sí la posibilidad de facilitar la comunicación, ya que la dictadura del lenguaje resulta ser un sistema de signos comprendido por un determinado grupo sociolingüístico.

Alude Castellón que el lenguaje es como el agua: líquido, fluido, energía que no desaparece sino que se transforma y se adapta al momento. Pero el lenguaje es objeto y necesita de un sujeto que lo infunda de vida y que lo comparta con otros en los espacios públicos y privados. El lenguaje es vehículo de expresión y, si quiere formar parte de la comunicación, no un fin aparentemente autóctono. De ahí radica su utilidad dentro de las fronteras del lenguaje y su condición cíclica: se utiliza, se canjea y se suelta para que el individuo y su comunidad lo recojan y lo reciclen.

Este vaivén de la lengua también permite profundizar en las relaciones interpersonales y desarrollar un lenguaje propio para el momento y para las condiciones de comunicación. En varios poemas, Castellón resalta las capacidades constructivas de la lengua al encontrarse el verbo íntima e inseparablemente ligado al ser humano. El poema "Franqueza" lo resume de la siguiente manera:

 

No presumo de conocer

el sentido de humor de los átomos

 

Ni la colonia predilecta

de los glóbulos rojos

 

Pero puedo asegurar

que siempre me he llevado bien con tu verbo ser. (39)

 

A partir de una sutil desconstrucción del verbo "conocer," Castellón resalta lo que no conoce "el humor de los átomos," la agrupación de la sangre, presencias (in)visibles de su entorno para subrayar lo que le es conocido: el verbo "ser" del lector o de otro individuo desconocido al lector.

No sólo conoce el verbo, sino que "se lleva bien" con el verbo, hecho que supone una personalización íntegra de la lengua y un acercamiento instantáneo al individuo.

En el idioma español, el verbo ser  representa las características descriptivas de una persona que están ligadas al entorno sociocultural de una manera más profunda que otros vocablos. Ser ingeniero, ser de Buenos Aires, ser anciano representan una serie de categorías que ayudan a identificar y, por ende, a entrar en diálogo con un individuo. El "llevarse bien" con la palabra "ser" refleja la capacidad que tiene la lengua de formar parte de la comunicación humana, sea ésta escrita, hablada o a base de otros sistemas de signos.

El poema "I" también logra profundizar en las capacidades del lenguaje al yuxtaponer la existencia fisiológica con la necesidad de integrarse en otro a través de ese lenguaje:

 

El ritmo de mi respiración

no tiene importancia alguna

 

ni el recorrido del aire

a través de mis pulmones

 

lo básico para vivir

es lograr internarme en tu palabra. (175)

 

Desde un comienzo, Castellón logra proyectar su existencia a otro nivel al poner en tela de juicio la importancia de la mecánica del cuerpo y establecer lo que auténticamente requiere para vivir.

Curiosamente, estas dudas parten del aire y de la necesidad respiratoria del cuerpo: "mi respiración," "el recorrido del aire" y "mis pulmones" encaminan el poema y llegarán a negarse porque hay algo más básico para vivir que, la respiración: la palabra, "tu palabra" (énfasis mío). Pero el conocimiento de lo necesario para vivir no viene de una simple identificación del hecho; tiene que proceder de "internarme en tu palabra," de poblar el espacio comunicativo y ahondar en las posibilidades que ofrece el lenguaje.

La construcción viene a cabo paulatinamente: primero se reconoce lo que se deja atrás el arraigo de lo fisiológico para después entrar de pleno en la palabra, fragmento de lenguaje, reflejo de la persona. "Lo básico para vivir" no es la respiración de los pulmones ni la agrupación de los glóbulos rojos: "lo básico para vivir" es la compenetración humana, la comunicación (meta)lingüística entre individuos y sociedades que comparten un espacio geo-histórico y que buscan estimular la ampliación de nuestros horizontes.

Las indagaciones en el lenguaje/persona forman parte de ese movimiento, de ese péndulo que baila y que se mueve entre las capacidades y las incapacidades del lenguaje sin dejar jamás de oscilar.

Como se habrá podido percibir, la poesía de Blanca Castellón encaja plenamente en la poesía contemporánea nicaragüense al partir de una voz propia e interior y usar de la metáfora como herramienta semántica de expresión poética. Según la escritora Carola Brantome,

En líneas generales, podemos señalar que la poesía escrita por mujeres en estas dos últimas y azarosas décadas en Nicaragua conserva además de la fuerza y el particular sello de calidad de la generación que las precedió, una marcada tendencia a la profundización en el yo personal y un intenso escudriñar del sentido y la significación de la palabra. (1)

La obra de Castellón logra unir estas dos vertientes del mismo río: la poesía nicaragüense escrita por mujeres, y los poemas elaborados a partir de la derrota electoral sandinista en 1990.

En la poesía pos-sandinista, la vuelta de la metáfora representa no sólo una reacción a la poesía exteriorista, sino también la desmitificación de una poesía que sólo puede estar en función de la patria o que sólo debe dar voz a las masas revolucionarias.

La evaporación del mito de la Revolución y, consecuentemente, de "una edad de oro al final del tiempo lineal" (Solís 35) han exigido una reaproximación a la realidad nacional por parte de los poetas. Al emplear la metáfora, los escritores de esta época pos-sandinista exigen una lectura más detenida de sus poemas: de sus símbolos y de sus referencias, de su léxico connotativo y de sus juegos de palabras.

Elaborados durante la década de los noventa, los poemas de Flotaciones forman parte de la poesía pos-sandinista al explorar las capacidades y las incapacidades del lenguaje sin declarar la necesidad de ser partidarios de una u otra interpretación acerca de la utilidad individual/social de la lengua.

Como parte de la mas reciente generación de poetas, Castellón pone de relieve la constante competición entre las posibilidades comunicativas del idioma y participa activamente en la construcción de la identidad poética actual nicaragüense.

 

 

 

 

H

1