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Vogelman nos ha dicho que
el I Ching, “como libro-herramienta, se considera que es
al mismo tiempo un libro puramente sapiencial y un libro de
práctica adivinatoria u oracular. (...)”Entre los
dos aspectos del libro no hay escisión alguna: es como
si la faz sapiencial del libro correspondiera a su energía
yang, espiritual y la oracular a su energía yin, terrenal.
Ambas se complementan formando una indisoluble unidad. ”Como
libro oracular provee un instrumento auxiliar para hallar esta
posible armonía: una brújula virtualmente infalible
para la orientación correcta.” (*)
(*)
I Ching, El Libro de las Mutaciones. Versión del
chino al alemán con comentarios de Richard Wilhelm. Traducción
al español, con presentación y notas por D. J.
Vogelman. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1979.
Consultar al I Ching es
adentrarse en uno de los libros sagrados más antiguos
de la humanidad. Desde hace más de 6.000 años
sustenta toda la filosofía china del Yin y del Yang. Fue
traído a Occidente de la mano de los jesuitas, quienes
aprendieron su uso de los monjes taoístas. Desde entonces
sorprendió y cautivó a los matemáticos,
los físicos y a cuanto investigador serio de cualquier
ciencia se trate. Cambió posiblemente el camino del Psicoanálisis
cuando Carl G. Jung introdujo la teoría de la Sincronicidad
para explicar su funcionamiento. Nada en la consulta del
I Ching tiene que ver con el esoterismo mercantilista que vulgariza
y bastardea tanto el conocimiento como la tecnología
poniéndola al servicio de “tragamonedas” o de falsos
gurúes o intérpretes de la desesperación...
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