Colaboraciones
Continuando con nuestra sección, tenemos ahora un relato enviado
por Carlos Bancayán Llontop, nacido en Chiclayo en 1943. Poeta, narrador y cronista, esperamos que no sea su última colaboración.
EL CAMELLO
por Carlos Bancayán
En los Estados Unidos,
un sabio industrial, al notar que su más hábil científico
se tornaba cada vez más tozudo y competitivo, quiso probar su capacidad,
así que un día lo llamó y le dijo:
- Vea, Wilson. Me estoy
poniendo viejo ya, y como soy rico, temo no poder ingresar al Reino de los
Cielos cuando me muera, pues la condición que para ello puso Jesús
fue que primero pasara un camello por el ojo de una aguja. Precisamente
un amigo que tengo en Arabia me ha regalado un hermoso camello que he puesto
en un lugar preferente de mi zoológico particular. Y como usted es
talentoso, deseo encargarle llevar a cabo la tarea, desde luego por medios
científicos. Disponga de todo el dinero, laboratorios y técnicos
que necesite y abóquese a tiempo completo a hacer pasar el camello
por el ojo de la aguja. Cuando lo logre, le regalaré a usted mi
posesión más preciada, como recompensa.
A Wilson aquello le pareció
una chifladura, pero conociendo que su jefe era excéntrico, y como
él precisamente se hallaba estudiando la disgregación de la
materia con ayuda de rayos biónicos, aceptó pensando: "Sin
duda quiere probarme para saber si doy digno de que me dé sus laboratorios,
instalaciones y plantas para la investigación de la antimateria.
Deben constituir su posesión más preciada".
Y se abocó a la
tarea.
Al cabo de tres años
de ardua labor e incontables experimentaciones, comunicó al ya muy
viejo hombre de industria:
- Todo está listo,
señor. Haga traer el camello, lo colocaremos en esta cámara
y al presionar usted este botón, el cuerpo del animal se desintegrará
y, convertido en energía luminosa, pasará como un finísimo
haz por el ojo de ésta aguja, recomponiéndose después
gracias a un reflector parabólico que volviéndolo a concentrar,
lo reproducirá sin que sufra ningún daño.
Se hizo así, luego
de lo cual el viejo dijo:
- Lo felicito Wilson, por
su talento. Ahora le daré mi posesión más preciada:
este hermoso camello.
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