El Dinero, fuente de riqueza... ¿para todos?

 

GAMBETTA Khoury, Alberto

Estudiante de 5to ciclo Derecho, Universidad de Lima, Perú

 

La riqueza muchas veces es mal definida como ¿cuánto es lo que tienes?, pero en realidad la pregunta a hacerse es: ¿cuánto produce lo que tienes? o ¿cuánto ha crecido lo que tienes?, porque como muy acertadamente dice la expresión: “dinero que no crece, desaparece”. La medición de ella equivale a la ecuación de cuánto tiempo puede estar su poseedor sin trabajar.

 

Es muy común también escuchar “este sueldo no me alcanza”, “me pagan muy poco” o “creo que debo pedir un aumento”;  pues lo que realmente sucede en estos casos no es que el sueldo sea relativamente alto o bajo, sino, que como resultado del bombardeo constante de los medios de comunicación de publicidad consumista, el deseo casi inagotable de las personas de aparentar o demostrar ante los demás opulencia y bienestar; y, esto sumado a las ansiedades humanas de inseguridad, temor, éxito, popularidad y el instinto común de autogratificarse anticipadamente, es que los empleados; los más de las personas económicamente activas, entran en una espiral de gastos durante toda su vida, incrementando incansablemente su cuenta de pasivos y colocándolos desde jóvenes y para toda su vida en la categoría de empleados y con el único y precario anhelo de conseguir un aumento o un “trabajo mejor”.

 

Al respecto, lo que debe hacer una persona y como claramente lo señala Kiyosaki[1]¹ es salir de “la carrera de ratas”, esto es, romper la espiral de gastos, y direccionar estos a la cuenta de activos productivos o rentables, invirtiendo dinero o tiempo en capacitación para crear recursos que generen recursos.

 

En otras palabras, el común de la gente tiene como aspiración, sueño o ideal de vida ser muy buenos profesionales y haberse recibido con honores, conseguir grandes y decorosos títulos que embellezcan escritorios u oficinas; como los grados de master, magíster P&D en reemplazo de los otrora títulos nobiliarios de conde, duque, marqués, etc., todo esto con la finalidad de ser contratado y recibir un “gran sueldo”, tener una hermosa familia con una cómoda casa, pero cuando se obtiene todo ello y vienen los hijos con nuevas necesidades, crecen simultáneamente los costes de vida, por tanto, es indispensable seguir un curso de capacitación o post grado para así conseguir un empleo mejor remunerado, pero a la vez, los hijos han crecido y surge la necesidad de una nueva y más amplia casa, un nuevo coche y cuando, al cabo de un tiempo los niños ya no son niños y deben ir a la universidad y seguir el ejemplo de sus “exitosos” padres he ahí donde la espiral o “carrera de ratas” se perfecciona. Pues bien, esto demuestra que la gente trabaja para el dinero, teniéndolo como fin de su existencia.

Pues el dinero en realidad es un medio, no debemos trabajar para él, sino hacer que trabaje para nosotros; a través de activos, inversiones o rentas.

 

            El esquema anteriormente descrito ha creado en nuestras mentes que el crecimiento es hacia arriba y no hacia delante, cuando es sabido que los ojos no los tenemos en la parte superior del cráneo sino adelante; tremenda distorsión que genera en el dependiente (empleado, sostenido, etc.)  el afán de ser jefe, para luego ser jefe del jefe e inmediatamente después jefe del jefe del jefe y así sucesivamente... ¿No es acaso que cuado se adopta la postura de la subida o trepada no es igual que cuando nos arrastramos?

En esta situación aparece la adulación, “el serrucho”, “la argolla” y como decía Nietzsche[2]: “sube, sube y no pienses”. Esto es pues amigos, la más grande aberración a la que ha llegado el ser humano, sólo que vestida con terno, corbata y una tentadora sonrisa.

 

Otro tema que causa particular interés es el de las tarjetas de crédito, que gran difusión han tenido en el mundo entero y que en nuestro mercado han causado gran impacto, sobre todo en aquellos jóvenes que adquieren caché o singular prestigio portándolas, exhibiéndolas en sus billeteras o afrontando una ronda de tragos, que quien sabe qué apremios harán luego para cubrir. Pues éste es su primer y decisivo paso para entrar en el numeroso y selecto grupo de los “es que no me alcanza”, ya que habrán sido condenados a depender de alguna entidad crediticia y a vivir sobregirados siempre, trabajando para pagar sus deudas, viviendo del futuro y a consecuencia de ello, pagando más por lo adquirido, sacrificando el goce del presente y engordando las arcas de todas las entidades financieras que están detrás de todos estos plásticos electromagnéticos... ¡Fabuloso negocio!

 

Finalmente, el ser feliz no depende de cuanto se tenga, si no de disfrutar lo que se tenga, de vivir conforme a ello y de apreciar las cosas simples de la vida, que por toda esta burbuja hedonista y del parecer antes que ser han sido dejadas de lado.

Ello no quiere decir que sea tarde para crear un cambio pues como diría Sábato[3]³: "La vida se escribe en borrador, no nos es dado pasarla en limpio".



[1] ROBERT T. Kiyosaki, nació en Hawai. Proviene de una familia de educadores. Al culminar su carrera universitaria, se  unió al cuerpo de Infantería de Marina y fue a Vietnam como oficial y piloto de helicópteros de guerra. A su regreso inició su carrera de negocios. En 1977 fundó su primera compañía con un éxito impresionante. En 1985 fue cofundador de una compañía internacional de educación, que operaba en siete países, acerca de negocios e inversiones y brindaba asesoría a miles de graduados. Retirado a los cuarenta y siete años de edad, joven y millonario, Robert T. Kiyosaki realiza actualmente inversiones en el mundo inmobiliario y ofrece conferencias a banqueros, inversionistas, hombres de negocios y público en general.

[2] NIETZSCHE, Friedrich. Nace el 15 de octubre de 1844 en Röcken, región de Turingia. Nietzsche recibió influencias de la cultura helénica, en particular de las filosofías de Sócrates, Platón y Aristóteles, también estuvo influenciado por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, por la teoría de la evolución y por su amistad con el compositor alemán Richard Wagner.

[3] SÁBATO, Ernesto. Es uno de los escritores más importantes de la República Argentina. Nació el 24 de junio de 1911 en Rojas, pueblo de alrededor de 5000 habitantes, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Sus padres se llamaban Juana María Ferrari y Francisco Sábato (inmigrantes italianos). De allí se mudó a la capital de la provincia, la ciudad de Plata, donde en el Colegio Nacional de esta ciudad bonaerense realiza sus estudios secundarios. En 1928 ingresa a la Facultad de ciencias Físico-Matemáticas de la Univ. de La Plata, de donde recibe la enseñanza de ilustres profesores. 

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