¿CÓMO SUPERAR LOS ASPECTOS POLÍTICOS DEL TLC?
José-Manuel MARTIN CORONADO
Economista
por la Universidad de Lima (UL).
Asistente
de Cátedra de Métodos Matemáticos de la Economía I y II, UL.
Alumno de Sétimo ciclo de la Facultad de Derecho de la UL.
El Tratado de Libre
Comercio con EE.UU., como cualquier otro, a pesar de ser negociado por el Poder
Ejecutivo, debe ser aprobado por el Congreso y no debe contravenir ninguna
norma local; luego, requiere necesariamente de la aprobación del Congreso
norteamericano en caso no se amplíen las facultades negociadoras del Gobierno
de los EE.UU. Esta última etapa podría acabar con las aspiraciones del TLC con
EE.UU o dejarnos “en sala de espera” al igual que el TLC de EE.UU. con los
países caribeños; sin embargo, es al mismo tiempo un procedimiento necesario
antes de convertirse en un documento de carácter permanente que regirá la
actividad comercial entre ambos países.
No obstante, a puertas de
un año preelectoral, es necesario que los organismos del Estado que puedan
afectar la realización del TLC con EE.UU. sean cautos, técnicos e autónomos en
sus acciones y decisiones y que la clase política anteponga el interés público
a intereses personales, electorales o demagogias. En materia de política
exterior, el Congreso debe involucrarse más para analizar, discutir, modificar,
observar y aprobar acertadamente el tratado; en materia de competencia el
Indecopi debe vigilar que el ingreso de los productos norteamericanos se mantenga
dentro de los parámetros de la libre competencia; en materia Judicial, el Poder
Judicial debe encargarse de otorgar la seguridad jurídica a los importadores de
productos norteamericanos y los inversionistas extranjeros; y en materia de
infraestructura, el Gobierno debe relanzar las concesiones de carreteras,
puertos y aeropuertos, aspectos esenciales para responder correctamente a las
nuevas exigencias del comercio internacional.
Es necesario destacar que
es favorable para el TLC que el Congreso haya decidido prohibir la importación
de ropa usada mediante una ley la cual servirá de principal sustento para
evitar que este aspecto se siga intentando imponer en las negociaciones. Al
mismo tiempo, la inclusión de los juzgados comerciales puede ser favorable para
reducir el riesgo de que en el futuro las empresas norteamericanas se
encuentren en procesos interminables como actualmente se reclaman en las
negociaciones. Por otro lado, el Indecopi aún no tiene el poder suficiente para
hacer efectivas sus sentencias en materia de competencia y es muy probable que
los casos se desvíen al Poder judicial donde terminarán diluyéndose.
El Perú se encuentra casi
a un año de las elecciones presidenciales y de parlamentarios, y el equipo
negociador ya considera el enorme riesgo que ello significa para la aprobación
del TLC. En otras palabras, este período previo se verá inundado por demandas y
ofertas políticas con el objetivo de capturar votos, y sólo aquél político con
metas y convicciones firmes no cambiará al rumbo de propuestas económicas que
más le favorezca en votos. Por el lado de la demanda, se encuentran los gremios
empresariales y de trabajadores, y los consumidores individuales que
necesariamente esperan que el TLC les favorezcan a su plenitud.
En este sentido, la única
alternativa para superar los aspectos políticos del TLC es ofreciendo medidas
técnicas y adecuadas para la solución de los problemas emergentes en los
diversos sectores más sensibles (particularmente, la agricultura) y generando
conciencia en los gremios y agrupaciones que sus reclamos deben ser también
fundados sobre criterios técnicos y no sobre demagogias ni reacciones
ultranacionalistas o miedo al cambio empresarial e inversión necesaria para
reducir los costos fijos.
Considero que las reglas
de juego entre el Estado y los grupos de presión también deben ser claras. Es
decir, de darse favorablemente los aspectos administrativos del TLC, cuando
éste entre en vigencia, el Gobierno debería anunciar prudentemente que sólo
dependerá de los agentes económicos el mayor aprovechamiento de esta nueva
situación comercial y debe ser firme en su decisión de no otorgar ninguna ayuda
adicional no prevista ante cualquier reclamo posterior.
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