OTHERWORLD
Escenografía: Nos encontramos en otra época. La mansión sigue siendo igual en cuanto a fachada, pero el interior no está acomodado para ser un orfanato, sino que es una casa privada. Los jardines están repletos de flores y figuras de jardín. No hay asfalto comunicando la salida del aparcamiento con la salida del jardín. En la zona del aparcamiento tan solo hay unos establos y un coche de caballos reluciente. El interior de la casa está repleta de adornos y alfombras muy caras, así como estatuas y cuadros.
Mujer: ¿Has avanzado mucho en tu proyecto?_ agarrada al brazo de Koimaru en un banco de los jardines.
* * La mujer queda en silencio, aunque algo desilusionada. Su marido se levanta de su lado y comienza a caminar.
Koimaru: Creo que ya he perdido mucho tiempo hoy, estaré en mi laboratorio. Avísame cuando los sirvientes hayan preparado la cena ¿de acuerdo?
* * Koimaru atraviesa el jardín, pasando cerca el pequeño Kisuke, y le acaricia la cabeza al pasar, provocando la sonrisa del niño.
Koimaru: Veamos de nuevo los efectos para ver donde falla.
* * La rata se traga el líquido y se revuelve de dolor, tratando de escapar de la fuerte mano de su amo. Poco después sin embargo, la rata se tranquiliza, y su pelo comienza a desaparecer y caerse al suelo. Del mismo modo, sus ojos comienzan a ser tapados por su propia piel, convirtiéndose en una rata ciega, y su cola comienza a acortarse.
* * Al rato, la rata se ha convertido en un ratoncillo diminuto, casi como recién nacido. De piel rosada, ciego y con una cola diminuta que a penas puede mover.
Koimaru: Vuelves a ser joven pequeña.
* * Pero al poco, la rata comienza a perder peso y a adelgazar frenéticamente.
Koimaru: Y aquí viene la deshidratación que no debería de ocurrir. Además no creo que a una persona le interese pasar a ser tan joven. Tengo que conseguir que rejuvenezca de forma menos exagerada. Y que después pueda seguir con vida_ Koimaru se rasca la barbilla pensativo mientras observa como la rata queda completamente inerte delante suyo_ Maldita sea, cuando consiga la fórmula me haré inmensamente famoso, y mi familia será la primera familia en permanecer joven con el paso de los años, tengo que conseguirlo querida.
* * Koimaru lanza a la rata muerta al suelo, donde un gato gordo que dormitaba en una esquina se acerca olisqueando el cadáver.
Mujer: _entrando en la habitación_ Querido, la cena aún tardará un poco, pero te he traído unas galletas que hemos hecho Kisuke y yo esta mañana_ dejándo un plato sobre la mesa.
* * La mujer no dice una sola palabra más. Coge sin rechistar el plato de las galletas y se dirige a la puerta mientras Koimaru limpia con un trapo desesperadamente el banco de trabajo. Antes de salir por la puerta, ella se detiene y mira de nuevo a su marido.
Mujer: ...
* * Pero decide no decir nada más y sale del laboratorio.
Koimaru: Maldita sea, siempre con lo mismo_ limpiando con fuerza la mesa_ no entiende que yo me tuve que criar en la miseria, y que no quiero que nuestro hijo pase por eso_ sentándose de nuevo en la silla_ tranquilicémonos y sigamos trabajando.
* * Coge la jaula de la mesa para retirarla a un rincón, donde al menos una docena de jaulas se hallan apiladas, y después acerca una nueva jaula con un nuevo animal. Después se acerca a la estantería cercana y saca un libro de biología para leerlo tranquilamente.
* * Tras pasar unas horas después, Koimaru se encuentra mucho más cansado. La vela que lo alumbra está mucho más consumida y la mesa está ahora llena de libros abiertos. Las ratas de la sala están todas dormidas en sus jaulas, y tan solo el ronroneo del gato, dormido en una esquina de la sala, rompe el absoluto silencio. Pero pronto el silencio es roto por algo más.
Sirvienta: ¡Señor! ¡Una emergencia!
* * Koimaru escucha la llamada de la sirvienta desde el almacén y sale tan rápido como puede cerrar la enorme puerta de metal y abrir la puerta secreta de la pared.
Koimaru: ¿Qué sucede?
* * Ambos corren por las escaleras hasta la amplia sala de estar, donde la mujer se halla tumbada en un sillón, respirando con dificultad. A su lado, Kisuke le sujeta.
Kisuke: ¿Mamá? ¿Qué te pasa mamá? _ Con voz quebrada.
* * Koimaru, que se hallaba reconociendo a su esposa y tratando de darle un diagnóstico, al oír nombrar las galletas recuerda el plato de galletas que su mujer le llevó unas horas antes al laboratorio, y como estaban rodeadas de los líquidos de su experimento cuando le ordeno llevárselas.
Koimaru: ¡NO!¡Deja esas galletas!_ quitándole la galleta de la mano al niño_ Iros de aquí los dos.
* * El científico comienza a oler la galleta y a observarla detenidamente. Aparentemente las galletas no parecen estar infestadas. Desesperado, mira a su alrededor alguna forma de comprobar si las galletas son las responsables, hasta que en su mirada se cruza un pequeño canario metido en una jaula, que cuelga del techo.
* * Corriendo se acerca al animal y lo coge con fuerza para obligarle a comer algunas migas...
* * ...Nada... No ocurre nada, y Koimaru suspira aliviado mientras sonríe ligeramente. Parece que si va a poder curar a su mujer si se trata de una enfermedad normal. Vulva a introducir al animal en su jaula y se acerca de nuevo al sofá donde yace la enferma.
Koimaru: Cariño ¿puedes oírme?
* * Al acariciarle la cabeza, comprueba que parte del pelo se ha desprendido con facilidad y cubre ahora la palma de su mano.
Koimaru: ¿Qué ocurre?
* * La cara de su mujer comienza a hora a desfigurarse, y el científico no puede evitar dirigir su mirada con nerviosismo hacia la jaula del canario.
Koimaru: ¡Muerto! ¡Solo hay un poyuelo muerto!_ viendo como la cara de su mujer continúa desfigurándose_ las galletas... Al estar diluido debe haber ralentizado los efectos_ cerrando los ojos para aguantar las lágrimas_ ¡¿Por qué tuvisteis que hacerme galletas?!_ pegándole un fuerte puñetazo al sofá.
* * Amanece un día nublado, y entre la niebla del jardín puede distinguirse una fila de gente caminando lentamente tras una caja que es transportada con cuidado por cuatro personas. Unas banderas atadas a unas altas pértigas ondean en el viento, mientras un niño afligido sujeta fuertemente la mano de su padre, el único consuelo para su continuo llanto.
* * La procesión continúa en silencio, atravesando los caminos que serpentean a través de los huertos de los pueblerinos, que dejan de trabajar observando el funeral en señal de respeto.
* * Koimaru parece estar viviendo un sueño, no cree que algo como esto pueda estar ocurriendo y ni siquiera se da cuenta de la pequeña mano que le aprieta la suya con fuerza, no deja de pensar en como pudo suceder todo eso.
* * Pero entre el llanto de la multitud, y entre el suyo propio, Koimaru consigue al final esbozar una sonrisa que junto con la locura de sus ojos parece algo tenebrosa, mientras observa como entierran el cuerpo de su mujer.
Koimaru: Yo... redimiré mi pecado... te haré volver de nuevo. A partir de ahora trabajaré para ti.
* * De nuevo en el laboratorio, el loco marido, comienza a tirar las jaulas de las ratas con fuerza contra el suelo, dejando que algunas escapen, y pisándolas furioso con los pies.
Koimaru: ¡Ahora necesito presas muertas! ¡Muertas!
* * Recogiendo los cadáveres del suelo desenfrenadamente, los coloca todos en fila encima de la mesa, y comienza a vaciar los líquidos de las probetas para empezar de nuevo.
Kisuke: Papá _ no se había oído su llegada_ tengo miedo, ven conmigo arriba.
* * El niño sale corriendo y Koimaru finalmente se calma.
Koimaru: Pero ¿qué estoy haciendo?
* * Lentamente, el científico sube las escaleras en dirección al cuarto de su joven hijo, y entra, escuchando el llanto del niño sobre la cama.
Koimaru: Hijo... yo..._ sentándose en la cama_ siento mucho... _escuchando los lloros_ yo soy el responsable de la muerte de tu madre.
* * En ese momento dejan de oírse las lágrimas y suspiros del niño, que mira a su padre con ojos llenos de miedo.
* * Desde la cocina, donde trabajan las sirvientas, un enorme grito se escucha desde la habitación del pequeño Kisuke, así como el ruido de cristales . Los trabajadores, asustados al mismo tiempo que sobresaltados, comienzan a correr hacia las escaleras, suben a toda velocidad e irrumpen todos al mismo tiempo en el cuarto.
* * Todos pueden ver la cara del joven Kisuke, salpicada de sangre. El niño no puede articular palabra, ni siquiera moverse. Ha quedado petrificado al ver a su padre suicidarse delante suyo con uno de los cristales de la ventana, salpicando su propia cara con la sangre que salía a presión de su cuello recién cortado.
* * El niño pudo ver como su padre rompía la ventana con una silla, y después cogía un cristal del suelo y comenzaba se le quedaba mirándo. "Lo siento, ahora pagaré por mi culpa" y con un tajo firme, Koimaru acabó con su vida, creyendo que así expiaría sus pecados con la muerte.
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* * En el laboratorio, Koimaru seguía recordando aquella noche.
Koimaru: Pero tranquilo, papá sabrá compensártelo, pequeño Kisuke...
CAPITULO 09: "Doloroso recuerdo"
Koimaru: Querida, la ciencia avanza despacio, pero afortunadamente con paso firme.
Mujer: Pronto será el cumpleaños de nuestro pequeño Kisuke. Pensaba que podríamos organizar una comida en su honor_ mirando al pequeño niño que juega entre las flores.
Koimaru: Claro, me parece bien. Pero encárgate tú. Yo tengo que seguir trabajando y no tengo tiempo para esas minucias.
Mujer: Cariño, creo que trabajas mucho.
Koimaru: Sí, ya lo sé, pero si consigo resultados aceptables, nuestra familia será famosa en todo el país. Cuando eso ocurra, por fin podré dedicaros todo el tiempo que necesitáis.
Mujer: Como quieras.
* * Al entrar en la casa, se dirige a las escaleras y desciende al sótano. Atraviesa una habitación vacía que sirve de almacén para muebles antiguos tapados con sábanas y montones de cajas viejas, y llega a una pared. Empuja uno de los ladrillos de la pared y la pared se abre, mostrando un pasadizo secreto que conduce a una puerta metálica. Koimaru saca la llave de su bolsillo y abre la puerta sin problemas, para entrar así a su laboratorio secreto.
* * Dentro del laboratorio, una gran cantidad de ratas, metidas en jaulas individuales, se agita de forma nerviosa al ver al científico, pero Koimaru las ignora y se dirige a la mesa de trabajo. En la mesa, hay otra jaula con otra rata dentro. El científico la saca y después vuelva un poco del contenido de una probeta en un pequeño tarrito, que obliga a la rata a que beba.
Koimaru: _sin mirarla siquiera_ gracias, déjalas donde puedas.
Mujer: ¿Qué te parece si para el cumpleaños de tu hijo les pedimos a las sirvientas que hagan un pastel con su nombre? Creo que le hará ilusión.
Koimaru: Bien.
Mujer: Creo que a Kisuke le vendría bien tener amigos. ¿Por qué no le llevamos a las fiestas del pueblo o al mercado? Un niño de si edad no debería estar aislado del mundo en una casa como esta en mitad del campo.
Koimaru: Girándose bruscamente y derramando algunas probetas sin querer_ ¡Ya he dicho que no, y siempre vienes con lo mismo! Él es un hijo de buena familia, tiene todo lo que necesita y recibe una educación privada. No pienso consentir que se mezcle con la gente vulgar del pueblo y acabe siendo un niño maleducado y ladrón como lo son todos sus habitantes.
Mujer: Pero...
Koimaru: He dicho que no se hable más.
Mujer: Lo siento.
Koimaru: _Girándose hacia la mesa de trabajo y viendo el plato de las galletas rodeados de líquidos derramados_ ¡Y llévate estas galletas o se echarán a perder, me las comeré después!
Sirvienta: ¡Se trata de la señora! ¡De pronto ha empezado a encontrarse muy mal! ¡Ayúdela usted que es médico!
Koimaru: Apártate, déjala respirar_ empujando al niño.
Kisuke: _comenzando a llorar_ ¿qué le pasa a mamá?.
Sirvienta: _cogiéndole en brazos_ no te preocupes cariño, ya verás como tú papa la salva enseguida. ¡Mira! Si aún quedan galletas de las que hicimos esta mañana para tu papá. Vamos a comernos unas, ya verás que buenas.
Mujer: ...Koi...maru...Cuida de... Kisuke.
Koimaru: Vamos no te despidas aún, parece que la fiebre es la responsable de tus problemas respiratorios, solo tenemos que bajártela con hielo_ acariciándole la cabeza_ ¿Qué es...?
Koimaru: ¡Fuera de aquí! ¡No me molestes nunca cuando trabajo! _ levantando la mano en amenaza.