OTHERWORLD
Yorokobi: Vamos Heiwa, después de tantas reuniones y normas estarás cansado y aburrido, vamos a darnos prisa, está amaneciendo y pronto despertarán los alumnos a los que debemos seguir.
* * Yorokobi y Heiwa corren por el pasillo desde que salieron del despacho de Koimaru. Inumaru les sigue de cerca, vigilando atentamente a Heiwa.
Yorokobi: ¿No me preguntaste que cómo nos divertíamos con tanto tiempo libre y sin nada que hacer? Pues una vez al año me dedico a ir a un sitio que seguramente te divertirá.
* * Una vez en el segundo piso, donde se encuentran los dormitorios, los tres espíritus se paran delante de una puerta.
Yorokobi: Tres, dos, uno...
* * En ese momento salen dos chicos de la habitación. Van vestidos con el uniforme escolar y se dirigen hacia el comedor para el desayuno.
Heiwa: ¿Vamos a seguirles a clase?_ con cara de asco.
* * Siguiendo a los chicos, llegan al comedor. Allí, Heiwa, Yorokobi e Inumaru esperan junto a las ventanas a que sus elegidos terminen su desayuno, y es en ese momento cuando Heiwa se vuelve a fijar en el hombre que permanece de pie junto a la ventana, y que todavía sigue allí desde aquella vez que chocó con él por error.
Heiwa: ¿Quién es ese de ahí?
* * No conforme con esa respuesta, Heiwa continúa mirando al hombre, pero atento de que éste no se de cuenta de que está siendo observado. Mientras tanto Inumaru, aburrido, se ha puesto a jugar con Neko, que rondaba la zona, hasta que su grupo se ponga en marcha de nuevo.
Profesor Aoyama: ¡Venga, es hora de irse a clase, formad filas!
* * Después de decir eso, el profesor se acerca a una mesa. En la mesa están Senshi, Kyaku y Keiko, y al seguir al profesor con la mirada, y ver a sus antiguos amigos, Heiwa clava su mirada en ellos, algo pensativo.
Inumaru: ¿Los echas de menos no?_sonriéndo.
* * Yorokobi comienza a andar apresurada, seguida de Inumaru, pero Heiwa se queda en su sitio pensativo, observando aún a sus antiguos amigos. Inumaru se da cuenta y regresa para coger de la mano al deprimido chico.
Inumaru: Vamos, lo pasaremos bien, confía en mí.
* * Los autobuses esperan fuera como cada mañana, y al ver el autobús en el que se suben sus objetivos, Yorokobi atraviesa las paredes del autobús y se introduce en su maletero lateral. Los otros dos hacen lo mismo.
Heiwa: ¿Por qué tenemos que ir aquí dentro si no pueden vernos?
* * Los autobuses arrancan y comienzan su trayecto diario hacia las clases Salen uno detrás del otro por la carretera que comunica el jardín del orfanato con la carretera pública, y tras eso continúan recto.
* * Dentro del maletero los tres parecen pensativos y no hay mucha conversación pero arriba, donde se encuentran los estudiantes, hay bastante alboroto.
Senshi: Keiko, ¿estás segura que deberías haber venido?
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Inumaru: No escuches lo que dicen o será peor_ lanzando una sonrisa tranquilizadora a Heiwa.
* * Los tres bajan del maletero y observan la vida diaria de todos los estudiantes. Chicos y chicas bajando del autobús, saliendo y entrando del edificio, aparcando sus bicicletas… Y todos ellos ignorando por completo a los tres polizones del autobús. Heiwa no puede evitar mirar hacia donde los chicos que siempre abusaban de él, le esperaban cada mañana, pero esta vez no había nadie. ¿Tendría su muerte algo que ver con que no estuviesen ahí? ¿O simplemente ya no tenían a nadie a quien esperar?
Yorokobi: Mira, ahí están nuestros chicos.
* * Corriendo tras ellos no tardan en alcanzarlos y descubrir que los dos se dirigían al baño de hombres. Esperando en la puerta, no tardan en verlos salir de nuevo y continúan su persecución.
* * Los alumnos salen del baño con gabardinas que tapan todo su cuerpo, y comienzan a alejarse del edificio, con evidente intención de saltarse las clases. Yorokobi los sigue escondiéndose tras las esquinas y objetos a su paso, como un soldado sobre sus víctimas que no espera ser descubierto. Pero Heiwa camina tranquilamente a su lado, sin intención de esconderse de los chicos, y cogiendo de la mano a Inumaru, que camina distraído por la calle.
Heiwa: Yoro, no pueden vernos _ cara de indiferencia.
* * Y siguiendo con lo suyo, caminan unas manzanas tras los jóvenes estudiantes hasta llegar a una amplia plaza llena de gente, delante de un gran edificio.
Heiwa: Un momento...
* * Heiwa sospecha de algo. Mira a su alrededor y contempla a varias personas disfrazadas.
Heiwa: ¿Un Doraemon? ¿Y ese de Pikachu?_ finalmente gira su cabeza hacia una gran pancarta que cuelga sobre la puerta principal del edificio_ ¿¿¿Es un salón del manga??? _ cara de catástrofe_ ¿me has tomado por uno de ellos?
* * Los tres entran saltándose las largas colas de chicos y chicas que esperan con su entrada en la mano, y muchos de ellos disfrazados de sus personajes favoritos.
Heiwa: Vale ya estoy dentro, has ganado. Mira unos pocos comics y nos vamos a casa.
* * Yorokobi entra como una ráfaga al salón, y se lanza sobre uno de los stands que están repletos de comics nuevos y viejos. Comienza a pasar las páginas de uno de ellos con desesperación y con los ojos brillantes de ilusión.
Heiwa: Inumaru ¿vienes fuera a...? _girándose, descubre que el pequeño se encuentra lejos de allí, mirándo como la gente disfrazada sube al escenario por turnos_ estoy rodeado, no hay salida...
* * Se ve a Yorokobi contemplando más comics, y a Heiwa de fondo con cara de aburrido.
Yorokobi: ¿Seguro que no quieres echar un vistazo?
* * Se ve a Yorokobi arrodillándose de emoción ante unos chicos disfrazados que posan para una foto.
Yorokobi: ¿No quieres disfrutar de los disfraces?
* * Se ve a Yorokobi cantando con Inumaru en el karaoke, junto a los participantes reales.
Yorokobi: ¡Vamos Heiwa sube, no pueden verte ni oírte!
* * Heiwa echa un vistazo a su alrededor y distingue a los dos chicos que han estado siguiendo, y que ahora también vas disfrazados. "No se porqué ya no me sorprende". Continúa observando las cosas que hay por allí hasta que su mirada se detiene en unos comics "Será posible" Se acerca a ellos y comienza a mirarlos fijamente "¿Invasores del espacio?, este comic lo leí yo hace mucho tiempo de pequeño"
* * Trata de acercar su mano para cogerlo por inercia, pero la mano atraviesa el papel como si de aire se tratase. "Bueno es igual, tampoco tenía tanto interés" Pero al girarse, sus dos compañeros de viaje están a sus espaldas con cara de sádicos.
Yorokobi: Te lo dije Inumaru.
* * La mano de Yorokobi conduce a la de Heiwa hacia el comic lentamente, y finalmente lo deposita sobre él. El chico se sorprende, ahora puede notar su textura y casi puede oler la tinta de las delicadas hojas de papel. Comienza a pasar las hojas y a recordar como, cuando era niño, su madre le compraba cosas como ésta, y él, corriendo, iba directo a su cuarto para tumbarse en su cama y ponerse a leer, deseando saber como saldría su héroe de la peligrosa situación en que quedó la semana anterior. Una sonrisa se dibuja en la cara de Heiwa, y sus ojos están apunto de soltar una lágrima de nostalgia.
* * De pronto deja de sonreír, cierra el tomo y se gira con cara decidida.
Heiwa: Bueno hemos venido a pasarlo bien ¿no?
* * Y desde ese momento, los tres se dedican a ojear todas las novedades y antigüedades; a mirar las enormes cantidades de figuritas, camisetas, y todo tipo de objetos de sus personajes favoritos; a cantar en el karaoke; a comentar todos los disfraces que se cruzan en su camino; y sobretodo, a empujar las cámaras de los fotógrafos en el momento en que vana lanzar la foto.
* * Finalmente llega de nuevo la noche, y por megafonía se anuncia que las puertas van a cerrar, aunque la mayoría se han ido ya a sus casas dejando tras de sí montones de papeles, plástico y cartones tirados por el suelo, stands vacíos, y una gran cantidad de dinero gastado.
Yorokobi: Es hora de marcharse, me temo.
* * Heiwa se agacha a su altura y le ofrece su espalda para llevarlo a casa. El niño sube a su espalda y no tarda en cerrar los ojos.
Heiwa: ¿No dijiste que no necesitábamos descansar?
CAPITULO 10: "Salón Otaku"
Heiwa: ¿Pero a quién vamos a seguir?
Heiwa: ¿Pero de que se trata?
Yorokobi: Es una sorpresa.
Yorokobi: Créeme, un día como hoy no van a ir a clase, aunque en un principio parezca que si.
Yorokobi: Su nombre es Shogo. Es uno de los nuestros, pero te aconsejo que no trates de hablar con él, acercarte a él o relacionarte con él, ya que será totalmente inútil. Es demasiado solitario.
Heiwa: ¿Qué? No, solo estaba viendo como le van las cosas.
Inumaru: A mi no tienes porque mentirme, soy tu guardaespaldas. No te preocupes, es mucho mejor estar muerto, pronto acabarás olvidándolos.
Heiwa: Oye, no tengo intención de olvidarlos.
Inumaru: Pero acabarás haciéndolo. Con el tiempo, todos se olvidan de sus seres queridos, aunque eso les duela a ellos.
Heiwa: Inumaru...
Yorokobi: Mira ya se van, vamos o los perderemos.
Yorokobi: Es más seguro, aunque podamos atravesar también a los seres vivos, se consume mucho energía haciéndolo, así que es mejor estar separados de ellos.
Inumaru: Ya nos movemos.
Keiko: Sí, no quiero quedarme sola en casa, prefiero salir y distraerme.
Kyaku: Así se habla.
Senshi: ¿Vas a ir hoy a verlo?
Keiko: Sí, voy todos los días.
Senshi: Si quieres hoy podemos acompañarte.
Yorokobi: Sí, tiene razón, hablemos de lo realmente importante. ¿Te gustan los comics?
Heiwa: ¿Y a que viene eso?
Yorokobi: Responde, ¿te gustan?
Heiwa: Bueno pues alguna vez he leído algunos... si, supongo que tienen su gracia.
Yorokobi: Así que eres un otaku.
Heiwa: Bueno, no tanto, no me compares con esa extraña panda de frikis que se pasa el día leyendo y dibujando con la esperanza de ser algún día algunos mangakas.
Inumaru: Jajaja, Yoro, te acaba de describir.
Yorokobi: No, no me ha descrito a mí..._ guardando unos segundos de silencio_ porque yo si que llegué a publicar varios comics de historias cortas_riéndo.
Heiwa: Así que eres uno de ellos.
Yorokobi: En vida gastaba siempre mis ahorros en comprar comics y material para dibujar. Supongo que una de las ventajas de estar muerta es que puedes leerte los comics de otros sin tener que pagarlos.
Heiwa: ¿Tú también puedes tocar objetos?
Yorokobi: Cualquier ser medio decente puede.
Heiwa: Yo no.
Yorokobi: Eso es porque no te esfuerzas y crees que no puedes. Ni siquiera lo has intentado verdad?
Inumaru: Ya hemos llegado.
Yorokobi: Ya lo sé... Gracias por estropear mis ilusiones. Qué pocos comics has leído, pobre de ti.
Heiwa: Nada, nada, entonces sigue con lo tuyo.
Yorokobi: Lo eres. Aunque aún no lo sabes. Ya veras como te lo pasas muy bien ahí dentro.
Heiwa: ¿Crees realmente que voy a entrar?
Yorokobi: Vamos, tu haz lo mismo que yo y pasarás desapercibido. Seguro que hay algo que disfrutas.
Heiwa: No.
Heiwa: No.
Heiwa: Mejor espero abajo.
Inumaru: Sí, ganaste la apuesta.
Yorokobi: Dame tu mano Heiwa_ cogiéndole_ ahora piensa que aún sigues vivo, y por tanto, da por hecho que aún tienes la misma capacidad de tocar las cosas.
Heiwa: Ahora que lo estábamos pasando tan bien. ¿Estás cansado Inumaru? _ viéndo que el niño bosteza.
Inumaru: Sí.
Yorokobi: Sí, pero Koimaru lo tiene acostumbrado a dormir por las noches, estando todo el día despierto solo conseguía desesperarse y aburrirse mucho más. Solo es un niño.