El control de las psicoterapias



 

 Hace tiempo que seguimos los avatares, en Francia, de la propuesta de control estatal de las psicoterapias, excluido expresamente el psicoanálisis, en base a la enmienda Accoyer, hecha por los diputados franceses[1].

  Lamentablemente, nuestros medios, con su facilismo efectista proverbial, meten todo en la misma bolsa y siguen confundiendo a la población. De este modo “Clarín”[2], sección “Opinión” del 12/02/04, dice a secas “regulación del psicoanálisis”, cuando está expresamente excluido de la enmienda votada, por considerarlo el legislador, en Francia, controlado debidamente por sus Asociaciones. Por otro lado los psicoanalistas son allí reconocidos como gente posgraduada intensamente, formada y culta, en general (por quienes no los odian, que para todo hay bandos, y hasta he escuchado el odio de un vicecónsul y de un historiador prestigioso que ironizó con el análisis de perros e hizo el gran elogio de los psicofármacos, siendo Francia el país proporcionalmente más consumidor del mundo, dicen).

  Lo que es importante es que hay un principio de iniciativa local y en eso se basa la nota en cambio muy interesante y a considerar, de Alfredo Kraut (presidente de la comisión de Derecho y Salud de la Asoc. de Abog. de Bs. As, según tenemos entendido), presentado como Profesor de la Facultad de Derecho de la UBA.

  En mi carácter de profesor de la Facultad de Psicología de la U.B.A., aprecio la inquietud del informado colega de Derecho y aprovecho la ocasión para tratar el tema.

  Me cabe el antecedente de haber redactado junto con el Lic. Osvaldo Devries (entonces Presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires) los fundamentos del Anteproyecto de Ley de Ejercicio de la Psicología en Buenos Aires, que fuera aprobado, al fin, en 1984, tras varias dictaduras bajo la llamada Ley Onganía. Dichos fundamentos, aparecen tal cual en la Ley de Jujuy, mientras que en la de acá, si bien muy tomados en cuenta, fueron eliminados, por una costumbre de brevedad de los legisladores locales.

  Fui cogestor también de la Maestría en Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la UBA y formador de Posgrado en varias Escuelas de Psicoanálisis, además de profesor concursado de Lacan en el grado de Psicología, desde 1989. Esto en más de 30 años de práctica. Pero lo que más me asiste es mi condición de paciente, de analizante de largos años y de estudioso continuo del psicoanálisis. Allí, como en Internados, del exquisito Erving Goffman, hice la experiencia desde adentro de la cosa. Y luego la practiqué, con todo el horror de mi acto, al decir de Lacan, que intento recuperar todo el tiempo y convertir en algo placentero, aún más allá del principio del placer y de mí.

  Adelanto las conclusiones, que pasaré a fundamentar: al igual que en Francia, creo que el ejercicio de la psicoterapia de cualquier tipo, no psicoanalítica, debería ser minimamente controlado a breve plazo en Argentina. Con todos los cuidados y consultas del caso.

  El psicoanálisis también debería ser pautado, sobre todo en su titulación. Pero esto requerirá de un largo proceso. Y se trata de un segundo paso. Claro que tendría como condición previa la habilitación como psicoterapeuta.

1)     Lo primero a constatar es la confusión, constante en el medio argentino, de la formación de psicoanalista con la del médico o con la de cualquier psicoterapeuta de cualquier rama. Aprovechada por médicos y psicoterapeutas mal formados e inescrupulosos para bautizarse como psicoanalistas, por el prestigio social de la función, aunque hagan Gestalt, Bioenergética, etc., etc., o nunca se hayan analizado. El saber popular no tiene por qué distinguir los requerimientos de un psicoanalista, pero tiene derecho a exigirlos. ¿Cómo? Es un problema fundamental que dejamos para el final, y debe ser debatido por todos.

2)     En segundo lugar, la psiquiatría, subespecialidad de la clínica médica, tampoco otorga formación psicoanalítica, si bien según los formadores y las instituciones tiene más o menos conocimientos psicoanalíticos teóricos, pero nunca sistemáticos ni que autoricen el ejercicio del mismo de ninguna manera, salvo que hagan la formación pertinente aparte. Su incumbencia es la acción médica, farmacológica, los cuadros mixtos, las psicoterapias no analíticas (con su validación); nunca el psicoanálisis a menos de haberse formado en él aparte.

3)     La carrera de grado de Psicología es la que más materias tiene de psicoanálisis en la Universidad, pero tampoco habilita para ser psicoanalista. Y ni siquiera lo hace la Maestría en Psicoanálisis: sólo habilita para ser investigador o estudioso especializado en el tema. Nadie se recibe allí de psicoanalista y constituye otro grave desliz de nuestra cultura, único en el mundo. En Venezuela, por ejemplo, la práctica de psicoterapia sin varios años acreditados de clínica es penada con la cárcel. Ni qué decir de la sobre exigencia que implica el psicoanálisis, agregada al requisito previo o simultáneo de la práctica clínica (el trípode que mencionaremos).

4)     Tradicionalmente han sido instituciones de Postgrado que requerían títulos universitarios para el ingreso, las que fueron buscadas en Argentina, para ser psicoanalistas por cada postulante. Empezaron por la Asociación Psicoanalítica Internacional, fundada por Freud, siguiendo una tradición mundial y luego se desgranaron en varias ramas, por irrupción del psicoanálisis profano y otras causas. En todas ellas, y esto es internacional, el requisito básico para ser psicoanalista es haber cumplido el trípode de 1) un análisis personal suficiente, en general de varios años e intenso[3] (algunos lo llaman didáctico, y otros pase, después de un análisis pertinente, lo que es lo mismo y que en Kraut se presta a confundir: no hay pase sin didáctico, se llame como se llame), 2) seminarios de postgrado en teoría, clínica y disciplinas de la cultura, desplegados también en varios años, y 3) supervisión clínica de la práctica psicoterapéutica autorizada (formación de grado universitaria, clínica controlada, ética mínima, y vocación) que si bien puede empezar siendo no analítica, se espera que se transforme en analítica, también después de varios años (yo diría unos cuantos).

  Estos puntos básicos, sin embargo, dejan intactos varios problemas. En la misma nota del prof. Kraut se los detecta:

  La antigüedad estimativa de la Medicina (2000 años) y de su subespecialidad la Psiquiatría (unos 200 años, pero heredando los 1800 anteriores de rebote) producen confusión y un fuerte impacto en el imaginario colectivo, que confunde indiscriminadamente médico y psiquiatra con psicoanalista. No tienen nada que ver. Ningún médico, psiquiatra ni psicólogo es automáticamente psicoanalista.

  La formación de psicoanalista es de postgrado, intensiva, específica y basada en el trípode mencionado. Lo dice Freud en ‘el análisis laico’. Y se puede haber sido antes médico, psicólogo, psiquiatra, etc., rara vez autodidacta. Se pasa a ser ex–todo eso si se ejerce el psicoanálisis. No son recomendables disciplinas demasiado alejadas de la psicología y del pathos humano. Hay ex–ingenieros o ex filósofos y otros. Son raras excepciones y sus análisis personales tiene que haber sido muy intensos al respecto, porque hay allí un severo conflicto de vocación. Las carreras cortas (3 o 4 años) tampoco nos parecen recomendables de base: son rodeos que abrevian demasiado y carecen de formación general consistente. Pero todo eso se debe debatir en el seno de las Asociaciones y de un amplio y plural consejo de psicoanalistas de experiencia y prestigio probado, aunque no estén institucionalizados ahora.

  Lamentablemente, ser psicoanalista requiere cierta edad, por muchas razones (yo diría no menos de 30 años) de tiempo de vida y de formación. Se puede ser un genio a esa edad en otras materias: Hertz, cuyos descubrimientos son la base de la telefonía, la radio, etc, murió a los 24 años.  Freud y Lacan, verdaderos genios y base del psicoanálisis, empezaron cerca de los 40.

  El contexto local argentino ha degenerado notablemente en todos los ámbitos. La Medicina es uno de ellos, donde más se lo ve, porque allí llegan los cuerpos en situación de auxilio y no hay tu tía (no es la parienta conocida, sino una sustancia, en árabe). Abrumados por la brevedad que exige la explotación del trabajo posmoderna y monopólica, la tecnología impuesta y comercializada, la presión muchas veces criminal de los laboratorios (véase Sudáfrica, por ejemplo y tantos otros) y su propio stress para sobrevivir, muchos médicos han perdido toda ética y todo juicio clínico. Otros resisten a pie firme. La mala praxis se proyecta allí como un gran problema y la psicología la hereda, aunque con sus problemas específicos.

  Una queridísima amiga, colega, médica psiquiatra, homeópata y psicoterapeuta familiar, y corredora fondista[4] (!), de gran formación y abrumadora experiencia de la vida y ética, me comentaba el otro día que si todo estaba corrupto, por qué no lo iba a estar la psicología. Grave error que hace a la especificidad de nuestro campo, sobre todo cuando es psicoterapia, y luego si es psicoanálisis.

  Nadie aceptaría que un carnicero lo opere, sino un cirujano. Luego los sistemas biológicos del cuerpo se autorregulan o se desintegran, pero no saben nada de eso. La psicología, en cambio, enanca en la conciencia, los prejuicios y la mentalidad colectiva y todos creen ser sus propios psicólogos y saber algo de eso, sin saber casi nada ni querer saber nada de eso, pero creyendo que saben. De ahí su particular problematicidad, su tangencia total hacia la mentalidad colectiva de moda, las sectas psi, la paranoia y todo tipo de futilidades.

  El psicoterapeuta deberá acreditar una formación en la vida y en su rama muy excelente por lo tanto, para no confundirse; probarlo es sumamente complicado, pero no imposible, y prudente. Aclaramos: también se necesitan terapeutas muy locos para ciertos casos y estamos lejísimos del canon adaptativo. Totalmente. Nuestra norma es la utopía, el malestar en la cultura y el travieso Eros. En una civilización del odio (Lacan, Seminario I) no es poca cosa.

  El psicoanalista, además, requiere el trípode del propio análisis, los seminarios y la supervisión, todos de muchos años de postgrado, y además una alta cultura y ética. Y dedicación exclusiva al psicoanálisis como cura. Después puede hacer otra cosa. No hay facilismo allí: ¿alguien se queja de tener que especializarse 20 años en física subatómica, microcirugía neurológica o lo que sea? Es una ley del campo. La fábrica de hacer chorizos pscioanaliticoides Argentina es abominable, llena de “superadas/os” a la moda, jovencitas/os escaneadores rápidos y máscaras inconsistentes. Fuera de eso hay gente seria. No me animo a decir un porcentaje claro (se me ocurre escaso). Los semejantes que busquen a sus semejantes, pueden organizar sus ferias de cualquier índole: asinus asinum fricat, pero sin la careta de Freud o Lacan y su cd. Los que hacen psicoterapias serias, son muy de escuchar y respetar. 

  Después se puede hacer otras cosas, aparte, fuera de la cura. Nadie es psicoanalista tiempo completo: también vive. Pero en la función de la cura, no hay método psicoanalítico yuxtaponible a otros. Lamento disentir con muchos y muy queridas y queridos colegas. El psicoanálisis no es para todos ni es soportable por todos ni ejercible por todos, ni soporta mezcla. Y también es probable que desaparezca de nuestra cultura si no se depura, envuelto en un maremagnum de estupideces y recibiendo el justificado odio o indiferencia de la gente, por no estar a la altura de los creadores y sus dignos seguidores en todo el mundo. Quedará entonces en la literatura y el arte, y en la historia. Por ahora está fuerte. Claro qué de una práctica muy dificultosa, sobre todo en Argentina.

 

Conclusiones

  El grave fallo, decíamos, remedando el proceder del sistema operativo mal diseñado por Bill Gates cuando se cuelga, está en el sistema mismo.

  Quiero decir: el sistema económico actual y la mentalidad colectiva predominante tienden a la corrupción generalizada y lo mortífero disfrazado de facilismo erótico y consumo destructivo. Desde los puntos críticos: derechos humanos, salud, seguridad social, educación, etc., se pide una operación legalizadora, que restituya, repare lo que el sistema produce globalmente, en esas áreas. El Derecho allí representa algo más que a sí mismo. Es todo un síntoma de la cultura. 

  Eso está muy bien. Pero dudamos de que en un sistema parlamentario legislativo altamente corrupto y en un poder judicial desquiciado y también corrupto toda iniciativa de control no lleve a nuevos abusos y a encaramamientos y encames de nuevas o viejas camarillas oportunistas, nepotistas y arbitrarias.

  Esto requeriría una extensa consulta pluralista de sectores y la depuración de legisladores, administradores y jueces corruptos. Pero está bien la iniciativa. Por algún lado hay que empezar. Se tardó casi 30 años en una buena ley de la Psicología. 

  Será más fácil controlar las psicoterapias, como en Francia. Título universitario y aval de asociaciones pertinentes o de currículo comprobable. Titulación y ejercicio que no infrinja las básicas leyes de uso y formación profesional.

  El psicoanálisis requerirá además la unificación virtual en acuerdos mínimos de todas las asociaciones formadoras y estamentos, incluido el universitario y las asociaciones de pacientes y otras pertinentes. Creo que, salvo contadísimas excepciones, el título universitario, preferentemente del área de la Salud, la Educación y la Seguridad Social es un punto de partida de base, para exigir luego el trípode de la extensa formación en items componibles en el camino de cada analista (no por las corporaciones, que pueden desaparecer, cambiar, etc.), exigibles a él mismo, si bien avalados por algún ente formal y una historia comprobable.

  Ya no estamos en la época de Freud, y el psicoanálisis, al menos en Argentina debe poder desbrozarse de mucha impostura. Y debe poder ser controlado en la titulación de psicoanalista, que responde a una formación rigurosa. Luego de eso el ejercicio es  poco controlable y cada análisis una aventura. Y muy difícil regular sanciones, salvo las que hacen a infracción comprobada al Derecho común. Las cuestiones legales que puedan allí presentarse, si se dan, requerirán peritaje profesional múltiple de psicoanalistas idóneos y a su vez controlado y cotejado. Estamos en contra de toda legislación con sentido represivo, sancionador y políticamente correcto al estilo norteamericano. Si con una legislación propiciatoria seria y al mismo tiempo depuradora de impostores y gente mal formada.

  No creemos que se den muchas transgresiones si la formación se controla. Poquísimas, aventuramos. Pero muchos seudopsicoanalistas no podrían invocar ese título. Desaparecerían también los seudoanalizados. Una reducción enorme se daría de los que hoy se auto titulan analistas y de la masa de pacientes. Se redistribuirían en psicoterapias y otras cosas...

  Todo tipo de transacciones e instrumentos que no sean la cura psicoanalítica auténticamente soportada en la palabra (medicación, auscultación, aparatos, negocios, sexo, poder, carrera analítica, etc.) anticipo que quedan fuera del ejercicio, a mi gusto, y deben ser sancionados de alguna manera. Será muy complicado establecerlo, pero de nuevo depende de la formación.

  Empecemos el largo debate. Lamentablemente, es cierto, con controlar las psicoterapias, como en Francia, aquí no basta, porque el ejercicio del psicoanálisis está demasiado corrupto, gracias al desastre económico, político y de ideales de la Argentina, que sigue al del mundo pero con un perfil muy especial, que responde a los chistes sobre nosotros en el mundo. Dommage! diría un francés. Algunos nos quieren bien, por algo será.


[1]  La abundantísima información al respecto, está publicada en Internet, en el sitio www.oedipe.org (en francés), por nuestro colega y amigo Laurent Le Vaguerèse, e incluye una brillante nota suya: “Les libres associations”, que resume el estado actual. Para quien quiera informarse bien y precisamente al respecto recomendamos hacer el esfuerzo de acceder al sitio.

[2]  El periódico de mayor circulación en Argentina

[3] La cuestión del análisis propio, Selbstanalyse, es muy compleja e implica el “autorizarse de él mismo” (no de sí mismo como se traduce mal). O sea, reintegrar lo extraño al Yo hasta el vómito. Tarea casi imposible y poco simpática aunque tenga momentos gozosos. Se sostiene en un buen rapport con el analista, para lo que el pobre sólo tiene la regla fundamental, inteligencia, sensibilida d y una alta cultura, si es posible. Y la ayuda de Eros. Lo demás es a navegar, imprevisible. 

[4] La carrera de analista es como La soledad del corredor de fondo de Allan Sillitoe, más o menos como la vida. Freud, irónicamente, le dice a Groddeck: no esté tan solo,  venga a oir rugir a los leones a nuestra asociación . Nuestra tarea es exquisitamente social (!). No por nada él mismo se apartó de la IPA.

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