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Dirección
Marzo 2008 / Núm. 3
Revista Sequoyah
California USA
Correo
Sequoyah
Colaboradores
Extor H. Martínez
Ramón Estrada Vega
Fany Jaretón
Joaquín Torres Feliciano
Yván Silén
Néstor Barreto
Gustavo Urrea
Malu de Luján
Norma Segades
Juan Carlos Vásquez
Aracelia Maldonado-Greene
Eduardo Colón Peña
Matchornicova
Mario Capasso
Contenido
Nuevas hipótesis sobre el 'Canta'
Catherine Francois y Santiago Auserón
Entrevista a Dolores Oliver
Paula Corroto
La mujer
Inmolación
Derej
Edenes
Fanny G. Jaretón
Carlos López Dzur
Como creador te celaré
Desde hoy el aire canta
Los pordioseros
Cabizbajo
La transmigrada
Gustavo Urrea
La crítica sobre Galdós y 'Fortunata y Jacinta'
Juan Carlos Vásquez
Sombras
Descenso
Arlington
Cansancio de poesía
Parece junio
María Laura Coppié
La mesa
Alicia Márquez
Sin remo
Alicia Cora Fernández
Sin títulos
Milagros Rodríguez
Homenaje a Juan Ramírez Ruiz
Fransiles Gallardo
Pablo Neruda
La carta en el camino
Cartas / Correo
Correo / Gabriela López / Coordinadora
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Enlaces amigos
Logía, sacar al ente de lo oculto
Somos Primos 2008
Revista Bosque de Palabras
Cristina Castello: Periodismo sin máscaras
ViejoBlue Bitácora
Los delirios de Andrés Belén
Cucán Oronoz
La muerte de Nano Ortiz
Leoncio Bourdón Jiménez
La primogenitura
Sequoyah
Sequoyah / Oklahoma Chronicles
Sequoyah's Talking Leaves
Trail Where They Cried
Canto al hermetismo
Poetas errantes
Voz al mundo
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Editorial Antares / Canadá
Index / Spain
Index 2
Index /Berkeley
La Generación del '70
Puerto Rico a la distancia
Heideggerianas
La guerra
Azul y palabras
Cuentos interruptus
Poeta Invitado
Partidas Sediciosas
Lamiae
Tijuana
Las reses
La Carlita
Agar
Tantralia 1
Sambhoga
La Diva
Meditación del ser
El zorro y sus carlangas
La barca de la gloria
Oralidad de los demonios
Teth / Selecciones
Homenaje a Hebe
La mosca muerta y el barbero
Luisa Bottari
Antología social
Conmemorando a Heidegger
Maria Zambrano
Filosofia / Revista
Revista Fractal
Violencia y metafísica
Devoción / Prajnaparamita / Etica
Fany Jaretón
Carlos López Dzur
Biografía
El corazón del monstruo
Memorial Day
Richard Rorty
Parménides de Elea
William Penn
La sangre que se escurre
Memoria del ultraje de Floris
Marcelo la Daga
Crucito el feo
A Sara la princesa
Meditatio mortis
Convocatoria de investigación
Cartas sobre Pepino
Pepiniano sí, etnocentrista no, o Carta Abierta a Eliut González Vélez
Indice / Comevacas y Tiznaos


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Revista Multicultural. Poesía. Teoría.
Narrativa. Bellas Artes. Traducciones.
Catherine François y Santiago Auserón (España)
Nuevas hipótesis sobre el 'Cantar'
La Fundación Ibn Tufayl viene editando obras indispensables, como los valiosos volúmenes de la Biblioteca de Al-Andalus, los estudios almerienses de Jorge Lirola, el fruto del trabajo investigador de la profesora Dolores Oliver en torno a la figura del Cid. Este último libro argumenta una hipótesis arriesgada que sólo por resultar plausible reclama una reinterpretación de la epopeya española y de las raíces de nuestra cultura. Si se confirmase supondría una revolución comparable al descubrimiento de las jarchas.
Heredera del espíritu de su tío abuelo Miguel Asín Palacios, Dolores Oliver sostiene que el Cantar de Mío Cid pudo haber sido escrito por el poeta y jurista árabe Al Waqqasi, originario de Toledo, que ayudó a Rodrigo Díaz de Vivar a gobernar la ciudad de Valencia después de su conquista. El Cid (del árabe sayyid, «jefe de tribu») se habría mostrado al principio muy clemente con los moros valencianos. Con el fin de hacerse aceptar, debió encargar a Al Waqqasi la composición de un panegírico a imitación de las epopeyas árabes preislámicas. Compuesto en lengua árabe, el Cantar podría haber sido transmitido por tradición oral a través de diferentes versiones en árabe y en romance, hasta que Pere Abat lo fijó por escrito en la forma que conocemos.
Las interrogantes que plantea la lectura del Cantar, hasta hoy sin respuestas convincentes, llevaron a Dolores Oliver a apostar por esta tesis, apoyándose en su conocimiento de la lengua y la historiografía árabes. El riguroso estudio al que somete el poema revela que sus lados oscuros pudieran proporcionar la clave que permite esclarecer su origen. Sus expresiones extrañas encuentran explicación si las consideramos como traducciones literales de locuciones árabes. Su métrica irregular, única en el mundo medieval de Occidente, obedecería a una de las formas de la epopeya musulmana. La conducta a veces atípica del Cid, su peculiar manera de luchar, encuentran sentido si se le compara con los héroes árabes. Bajo el texto en romance trasparecen así elementos de una cultura subyacente que conserva en él su voz.
Los autores de las Crónicas alfonsíes que recoge el Cantar, alejados de la influencia árabe e incapaces de entender los tópicos de su cultura, no vacilan en rectificar o silenciar las partes en las que el Cid se aparta del modelo del caballero cristiano. Resulta sugerente la manera en que algunos historiadores árabes de los siglos XI y XII describen los mismos hechos, desfigurando a su vez la imagen valerosa del Cid y la admiración de sus correligionarios. Otros en cambio coinciden con las Crónicas cristianas para realzar las virtudes del Señor que protege sus tierras. En ambos casos, la figura del Campeador se ve modelada siguiendo intereses territoriales que desplazan a segundo término los valores religiosos y culturales.
Rodrigo Díaz de Vivar luchó al lado de los soberanos de Al Andalus contra los almorávides, pero también contra los ejércitos cristianos, a cambio de dinero y fortalezas. Aclamado por los árabes como jefe guerrero y protector de las taifas de Zaragoza y Valencia, admirador de los héroes de la antigua épica árabe, quiso presentarse como uno de ellos ante el pueblo de Valencia, entrar en la leyenda en boca de sus antiguos enemigos. Ésta es la sugestiva hipótesis de un libro con fundamento que, más que enfrentarse a un concepto recalcitrante de grandeza, avanza decididamente hacia nuevos umbrales de comprensión, esbozados en su día por la generación del exilio.
¿Y si las virtudes guerreras y literarias propias de cada lado de la frontera en la España medieval se hubieran intercambiado gracias a la fascinación que provocaban en el otro bando? Nuestro tapiz cultural exigiría una serie de razones añadidas a la razón de las batallas. Razones de poesía y leyenda contarían como hilos en la trama de las identidades peninsulares. Aunque las letras sirvan al poder con sumisión deliberada, portan calladamente la atracción de lo ajeno, tanto más fuerte quizá cuanto mayor es el temor al enemigo. La epopeya española, en este caso, no cantaría la pureza imaginaria de raza o religión, sino cómo la estatua del héroe se yergue a partir del barro de tierras fronterizas.
La pluma que cantó las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, el icono del cristianismo, tenía sangre de infiel. Al menos, así lo asegura la tesis que acaba de presentar la profesora Dolores Oliver, El Cantar de Mío Cid: génesis y autoría árabe, que ha provocado revuelo entre los especialistas. «Soy consciente de que he tirado por la borda el trabajo de muchos investigadores», dice Oliver a Público. No sólo eso: con su argumento sobre los rasgos arabizados del héroe, también ha destruido la imagen del Cid como guerrero castellano, salvapatrias y matamoros.
En el círculo universitario, la tesis de una autoría árabe ha provocado una especial división entre los arabistas, alineados con la teoría de la profesora, y los medievalistas, que defienden la teoría oficial de que los orígenes del Cantar proceden de un castellano -cristiano- con influencias de la épica francesa y germánica. Una confrontación que, por otra parte, ya se vivió en los años 40 del siglo XX, cuando se ratificó que las jarchas, las primeras composiciones literarias en castellano, tenían un origen árabe.
Así, mientras que Juan Martos, director del Departamento de Árabe de la Universidad Complutense de Madrid, señala que el libro de Oliver es "muy revelador y valiente, porque, además, no dice ninguna tontería", para Alberto Montaner, profesor de la Universidad de Zaragoza y quizá uno de los mayores conocedores del Cantar, «la autoría árabe no se sostiene».
Oliver, que comenzó a trabajar en la posible autoría árabe en 1984, ha basado su estudio en los documentos de los tiempos del Cid (entre 1043 y 1099), que retratan una época donde los señores feudales se rodeaban de poetas árabes que, como modernos asesores, montaban los discursos de propaganda política.>P>
«Ese es el género de este poema épico escrito hacia 1095», afirma Oliver, en contra de la teoría defendida por Colin Smith y Menéndez Pidal, quienes afirmaban que el autor fue un juglar que estudió en Francia o Italia y que lo compuso hacia finales del siglo XII y principios del XIII. «Eso es imposible porque los juglares eran analfabetos que contaban historias que habían aprendido por la tradición oral», apostilla Oliver.
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Paula Corroto (España)
Entrevista a Dolores Oliver
«Es un héroe con todos los rasgos de los beduinos», dice la arabista y autora del libro El cantar de Mío Cid: génesis y autoría árabe... La profesora Dolores Oliver siembra la polémica afirmando que Rodrigo Díaz de Vivar fue musulmán, destruyendo la imagen del caballero cristiano y salvapatrias que se creó en el franquismo. «El problema del Cid es que se convirtió en el icono de la derecha» - «Las batallas son la prueba irrefutable de que era un héroe islamizado».
Dolores Oliver (San Sebastián, 1937), doctora en Filología Hispánica desde finales de los años 50 y arabista a partir de los 70, siempre intuyó que el Cantar de Mío Cid, "tenía rasgos árabes". Ahora ha intentado concretar su autoría en el jurista y poeta árabe Abu al-Waqqashi y demostrar que el Cid «fue un guerrero bastante arabizado».
Pregunta: ¿Cómo se han tomado sus compañeros su tesis?
__ He recibido muchos e-mails con gente que se ha quedado convencida de la teoría. También sé que muchos medievalistas han optado por el silencio y que a otros no les ha gustado porque he tirado por tierra un trabajo de investigación de hace años. Es evidente que el ámbito universitario es muy conservador. Las fuentes no siempre están en el latín o el griego. Es como si la cultura árabe nunca hubiera existido.
Pregunta: ¿Cree que existen razones políticas e ideológicaspara negar esta cultura?
__ No sé hasta qué punto. Pero desde luego, de la civilización islámica en España tenemos un desconocimiento total y lo peor es que era precisamente en la zona árabe donde en la época del Cid no había analfabetismo, mientras que en la España cristiana nadie sabía leer ni escribir.
Pregunta: ¿Qué pruebas aporta para manifestar que el autor del ‘Cantar' era árabe?
__ Existen documentos. Además, al-Waqqashi era uno de los poetas más cultos de Toledo en la época del Cid. Se tuvo que marchar a Valencia por razones religiosas y fue él quien redactó las cláusulas de rendición de la ciudad. Yo creo que en ese momento llegaron a un acuerdo y el poeta se ofreció para ayudarle a gobernar y crearle una corte literaria.
Pregunta: ¿Se practicaba el Islam en la Corte del Cid?
__ No había una religión oficial. Pero sí había un respeto al culto islámico.
Afirma que el Cid fue un guerrero ‘arabizado'.
El Cid admiraba a los héroes islámicos y, de hecho, muchos de sus rasgos en las batallas se parecen a los de los beduinos. El Cid fue un demócrata porque trataba a todos por igual. También fue un jefe tribal, como los jefes árabes.
También señala en su libro que la historia ha manipulado al Cid.
Sí, en la Primera Crónica General, que es una prosificación del poema, los cronistas alfonsíes lo manipularon todo. No es cierto que cambiara las mezquitas por iglesias. El régimen castellano sí que conquistaba una ciudad un viernes y el domingo ya estaba lista la misa.
«Las batallas son la prueba irrefutable de que era un héroe islamizado».
Para sus colegas arabistas, la prueba que mejor refrenda la teoría de Oliver son las batallas que se narran en el poema. Según Luis Bernabé, profesor de la Universidad de Alicante, «que las batallas son como las de los héroes islámicos y que se muestra a un Cid arabizado es algo irrefutable». Una de las diferencias con respecto a otros héroes medievales europeos, es que «el Cid es mucho más humano y no hace las proezas de superhéroe que aparecen en La canción de Roland, donde de un espadazo, Roland se carga a 50 personas».
Los medievalistas, por su parte, destruyen estos argumentos al afirmar que en «el Cantar no hay rasgos que denoten que es una traducción del árabe al castellano», como asegura Alberto Montaner. Además, para Guillermo Carnero, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, «la profesora Oliver no ha aportado ninguna prueba que no se conociera ya antes».
Para los arabistas, y mucho más aún para los medievalistas, el argumento más débil de Oliver es el de atribuir la autoría concreta al jurista y poeta Abu Al-Waqqashi. Como afirma Luis Bernabé, «esto sí es bastante provocador. A mí no me cabe duda de que el Cantar salió de un núcleo dónde existía cultura árabe y que fue alguien que lo conoció, pero creo que es arriesgado decir que fue Al- Waqqashi». Para su colega de la Universidad de Córdoba, José Ramírez «es algo muy tentador, pero carece de base».
«El problema del Cid es que se convirtió en el icono de la derecha».
Por supuesto, esta no es la primera vez que la autoría del Cantar de Mío Cid se pone en duda. Desde que se conoció el texto, en el siglo XVIII, surgieron numerosas teorías acerca de su autor. La que más se ha mantenido en el tiempo es la que señala que fue un tal Per Abbat en 1207, según aparece en uno de los explicit del Cantar, aunque «esta teoría se tiene hoy menos en cuenta y a Abbat se le considera sólo un copista», manifiesta Dolores Oliver.
La problemática con el Cid ha surgido porque su figura literaria se suele mezclar con la histórica y viceversa. Según manifiesta el profesor Juan Martos, de la Universidad Complutense de Madrid, «el Cid ha tenido la mala suerte de que fue convertido en el icono de la derecha. Es el símbolo del cristiano contra el infiel y por eso no se lee con objetividad». Desde otra perspectiva, Guillermo Carnero lamenta que La España del Cid, el libro de Ramón Menéndez Pidal, «fuera estudiado en las academias militares durante el franquismo». Tampoco contribuyó Charlton Heston con la película que protagonizó en 1961.
El libro de Dolores Oliver ha propiciado un debate del papel de la influencia de la literatura árabe sobre la castellana en el medievo. Como afirma Luis Bernabé, «simplemente, la sorpresa que ha causado la tesis de Oliver en la universidad demuestra que todavía existe el prejuicio de que lo árabe es algo ajeno a los españoles. Hasta ahora la historia de la literatura es la de la literatura castellana».
Este profesor de la Universidad de Alicante señala que esta tendencia es la que incide en que «todavía nadie haya señalado los elementos árabes o mudéjares que hay en El libro de Buen Amor.
Precisamente, la orientación oficial de la Universidad es la que defienden los profesores Guillermo Carnero y Alberto Montaner. Para el segundo existen muchas dudas sobre la influencia literaria árabe en la literatura hispánica: «Yo no digo que sea imposible, pero una cosa es que existan paralelismos y otra, que haya influencias. Y hay paralelismos con la literatura árabe, pero también con la tradición románica, la germánica e incluso con la eslava». Sin embargo, como ratifica Luis Bernabé, «cada vez hay más voces que hablan de la interconexión cultural entre los dos mundos». El libro de Oliver es un ejemplo.
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Fanny G. Jaretón (Argentina)
La mujer
La mujer descose los remiendos de las medias a desdentadas para zurcir otra vez lo que pareciera desecho, en las lunas donde el resto duerme ella acuna nostalgias, amasa el pan con la levadura de sus lágrimas pero soba, soba y soba el siempre puedo más con las trigales doradas manos del aguardo.
Cazadora de estrellas, sabiendo los deseos de todos y cada uno, atiza con canciones susurradas la oración que la fe del hombre a perdido y amaneces entonces contando soles y dos ojos de luna, que no han dormido... te espera mecedora en la fuerza de la nutriente leche con chocolate que necesitas, para empezar el día con la mermelada de sus caricias dulces sobre tu frente.
La mujer, a veces entristecida por que el canario perdió su fuerza y ya no cantan mas sus plumas desvanecidas, sopla y sopla y sopla, con su último aliento el silbido acústico que trae el alma, desde esos lugares donde las jaulas no existen, y el pajarito revive entre mijos de ternura. Y otra vez desata el cansancio y lo tira al viento con el impacto que el pecho pregona liberadora de lo fatal, para que se haga bumerang en las sienes de lo hombres.
¿Y sabes qué? ... Descubres que es una farsa... gritar por la paz, GRITAR POR LA PAZ... cuando la paz es ese nido que se hace silencio interior, que se hace blanco, que se hace pleno, que te hace grande en la inmensidad de la humilde plegaria, que apenas deja entrever desbordando los labios el amén como un rocío de completitud azul que todo lo envuelve.
Y, al final, desde un principio redondo, desde un álef donde cola y cabeza pegan la misma vuelta, la sabiduría de su vientre permanece y ese útero que alguna vez te dio luz, hoy cuando tú, convertido en hombre, se prestará a ser la ermita sagrada donde contraerá todas las expansiones del impulso fatal de las espadas, cuando tu sable, como un ejército si contamos las envestidas hacia el infinito del número estocaran hasta cansarse, hasta entregar la voz del loco en la derrota de su tiemblo, hasta contener la última letra de la voz en el vocablo herido, en la palabra angustia, en la letra vertical que arde y se hace carbón en la horizontal laguna.
Entonces la mujer al fin, descubre su regazo de leche y miel para que descanses en su nutriente resguardo de encantadora.
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Inmolación
Mi hombre reza en arameo
pide del sol de los midbares
pide que se haga en cuarenta noches
con sus días
pide del milagro
la zarza ardiente de mi garganta que le ll-ama.
Pero en todo re-verso hay and-verso
y entonces es Ahora Dios que me habla por sus ojos
me regaña
me ajusta
me hace temblar.
Con el índice elevado contraigo matrimonio
en su agujero que me tiene premeditado
con placer y alevosía
lo monto en el monte Venus
se me cría el clítoris dentro de sus nalgas
y mis manos flores vencen la delicadeza
de hacernos ríos barro entre los muslos de Loto.
Caen lluvias torrenciales
apocalípticas
anunciando el fin de la bravura
intentan apagar el fuego de otro Ojo
aullidos gritos a la intemperie despoblados de eco
impresionan irrigando con terror
lo bello prometido.
Si el hombre no me hubiera nombrado hombre
y yo no hubiera dichosa dicho mujer a su mujer
y Dios no nos hubiera nombrado como a su semejanza
y nos hubiera explicado con la boa ballena entre la Serpiente sabiente
que el tiempo desdoblado en tres había terminado
para que nos reconociéramos
en el nombre de las bestias
junto a la roja manzana.
«¿En qué cabeza cabe que la boca
no tenga la medida de cualquier fruta?»
Amarte con la compasión moral
donde no existe la vergüenza
porque nos hemos Conocido en Absoluto
Con vino con-sagrado la cruz sobre la frente
que se mantengan lejos los infieles puros
que nadie venga a mancharse las manos con nosotros
que sepan que hemos encontrado el regreso al Paraíso.
Puede ser peligroso para la humanidad dispersa
en Babelecleos sin credos.
Puede ser muy peligroso abrazar el Nirvana.
¿Quién está dispuesto a apretar el gatillo?
Fanny G. Jaretón
Derej
«…No se puede llegar a ninguna parte sin hacer el camino…»: Queima da Fita
Vuelvo la mirada atrás, no por irreverente
sino por la necesidad de construirme
en la raíz donde el pasado acompañó mi destino.
Escucho el sollozo donde el niño zapatea su desencanto.
Tantas tardes ininterrumpidas esperando
por el ocaso de las cosas.
La noche sostiene a las preguntas.
El ave resiste en los peldaños de silencio.
El siroco de las horas atrae toda la soledad.
Irascible me recompongo sobre lo aprendido
Esdrújula que marca los pasos ancestrales.
Las huellas como miradas me acusan.
Peregrina, no intento llegar a ningún lugar.
Sé que mi morada está en tus ojos.
Territorio sabio para tu gesto de cosecha.
Tiempo del Shloshet a Regalim.
Cestas de mimbre y celo. Lo mejor ha sido ofrendado.
El estado del cielo es declinante.
La espera se abandona, repite en un eco
que voltea por sabernos reconocidos.
Recorro el sendero con piernas de fatiga.
Tengo que llegar.
Un paso, sólo un paso.
Las plegarias acompañan este destierro.
Babel en la causa de la confusión.
Háblame en hebreo. Rómpeme como las tablas
que no fueron aceptadas.
Hacéme un nuevo pacto en vos.
Soy esta comprensión diferente
que viene a recibirte.
La pausa es la condición que llega a domesticarme.
Tantos años de desierto en la sed
por saberte. Por saberte navegué cuánto mundo.
Era el destino que creí sueño perdido.
Pero me amarras con tu lazo de cognición.
Sepamos entonces.
Aprendamos del alefh-bet de tu boca.
Cuerpo en la palabra.
El gufh y el shoresh.
Enigmas donde restablecerte.
Fiel como tierno cordero me dispongo.
Que no te tiemble la mano.
Que no te tiemble.
No dudes cuando sabemos que el Amor todo lo puede.
Si vas a matarme que sea con ardor.
Si perdonarme has, sea concebida con la semilla de tu multiplicación.
Canto envuelta en la memoria de mi lengua,
en el regocijo de la esperanza, en la reserva
de entender que el camino empieza por un paso,
paso que se desliza
por la húmeda tierra de tu piel estremecida.
Te llego ávida buscando sangre y aliento en el fuego
de la alquimia donde me reestableces: carne virgen
como antes pura que marca al fin
en este nuevo tiempo el camino donde regresarnos al Origen.
Palabras salvajes
* * *
Edenes
Mujer desnuda de tabúes
que desvestida quedas
arropas con tu naturaleza viva
al hombre muerto por vos.
Lo engolfas y comprimes
encendida en deseo
agitas el apetito
muerdes con ganas la manzana
te agotas en la carcajada promiscua
sin pedir perdón.
Jadeas tres paraísos de eternidades.
Debes enterrar la palabra de fuego.
Dices: «Me es inevitable.
Busco un mundo y otro
para hacer arder lo que me queda de silencio
y rebeldía».
F. G. JARETON
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Carlos López Dzur (Puerto Rico)
Como creador te celaré
Como creador te celaré,
querré que me busque tu mirada.
Por algo hice la córnea
como ventana transparente
y al iris dí policromías para que cumpla
con las demandas y complacencias
de muchas multitudes.
Orgullosamente, sensible
al movimiento de mi boca, tú buscarás
mi beso hasta en el punto ciego
y en el lente cristalino
del fantasma lujurioso y cambiadizo.
Voy a encantar la niña de tus ojos,
tu alma que ríe, tu emoción
que llora y humece
el azul del firmamento.
19-9-1980 / Del libro El Hombre extendido
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Desde hoy el aire canta
Desde hoy el aire canta, silva, anda conmigo,
me susurra secretos, se asoma a mis ventanas.
Será mi amigo; no dirá vendavales
por mucho que sea el Viento, lo comprendo.
También seré un hijo de sol.
Amaré su clorofila, su amor por cada hoja,
su ardor en mi frente, amaré su luz
en todas mis mañanas,
su transparencia que desoculta todo.
Su ausencia será deliciosa, menos tibia en mi noche.
Amaré las lunas que vea. Les diré
el nombre de mis bellas deidades.
Me observarán de hito en hito.
Aprenderé a agradecer, lo había olvidado:
Lo Bueno dura, siglo tras siglo, milenio tras milenio,
y lo que existe vale por su necesario sentido.
CARLOS LOPEZ DZUR
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Conversación con Alfio
Alfio, ¿dónde reclamaste tú el estero, el campo abierto
y la palabra iniciante y la sospecha que lleva a la verdad?
... hoy que más que símbolo, hay sombra
y más que metáfora, cadáveres con el vientre,
abierto y desangrado, ¿dónde volveremos a cosechar
la inmanencia social de algún sentido?
En fin, Alfio, ya no hay nada seguro.
Todo es una abstracción sin el sabor de tiempo,
sin aullidos auténticos. Todo, holocausto de verdugos
por fantasmas de hule y bachata y remeneo.
Están ahí, muerde que muerde, en medio del culto
del Tío Sam / Mamón / y dios de todas las naciones.
Y ninguno lo llama por su nombre, Devorador, Caníbal,
Moloch, el Enemigo, horno de fuego, la ramera
del Albión, rediviva, encizañada por la Vieja Roma,
corregida y aumentada por sus genocidios y políticas
de ultramontanismo e idolatría, némesis y mimetismo.
Al fin llegó, Alfio y de seguro que nadie lo esperaba.
Antes fuíste ente bucólico, casi honesto,
mas hoy todo es la isocronía y el destruccionismo está
a las puertas; invoca los peores peligros simulados
para suprimir enemigos que realmente no existen,
pero incitan tantos miedos extremos, fanatismos.
Hace tiempo que el sujeto histórico fue mordido
por el áspid. Es un cadáver que Heidegger endecha.
2.
¿Quién danza ante tí, Alfio, si ya no hay otra cosa
a qué atenerse, sólo las derviches ucrónicas
de lo Extemporáneo, la catástrofe interior,
sumada a la rapiña y otras pestes negras
y ese dolor en la garganta, porque el silencio ulcera
y la tez enrojece con negras pústulas de sangre coagulada?
Ya no hay un trago dulce, Alfio,
ni sueño lírico-iluminista de salvaciones
ni atibos consoladores que en las noticias
reconstruyan las palabras tan vilmente impregnadas
de chismografía y alardes publicitarios.
Los merolicos quieren plata por todo lo que informan.
Los pensadores no salen de la náusea.
En la recreación mistagógica que nos subsiste,
el tiempo ni es natural ni es orgásmico.
Nada es natural como una zorra. Nada es fruitivo,
sólo venta, onticidad de algo, para que te hipoteques
o cuentes con tu centavería o tu lamento de impotencia
ante el consumo, ante el deseo insatisfecho, frustrado.
No hay lealtad bienventurada a la que llamar
el eterno afecto. Se acabó.
En el presente se golpea con el codo al que no sirve
y se le dice: muere, te cambio, ya me hastías.
Tengo prisa de lo nuevo que ha llegado con mil colores
y mil banderas. ¿Qué eres tú que hablas de amor?
Ama seca que hoy no da leche que podamos beber
como pequeños niños de pobreza, ni regalones
de la era de abundancia prometida.
La Ciudad, carnaval de oropel, ya no es tu vieja aldea
ni mucho menos el campo que soñaste en la Arcadia.
Todo lo que llegó, este futuro aquí, casi en la punta
del capullo, ya que afrentó a tus güevos, es un gigante
(de plenas teratologías, falocrático a veces, y heboide
y puto al rato, feminoide macharrán del hedonismo).
Argón tiene 50 ojos que duermen.
Con la mitad de ellos, subsiste con pupilas
aturdidas y cansadas, se marea, Alfio,
porque ya no hay memorias ni referencias
de lo que fue el pasado ni la vida tranquila.
¡Vida auténtica y humana!
02-04-2005
CARLOS LOPEZ DZUR
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Los pordioseros
La sociedad civil es por encima de todo
una sociedad sin un orden sacralizado:
Ernest Gellman
Tal vez aún no lo has comprendido.
El amor es divino. Encarna con la sospecha de ya
tenerlo todo por gracia del infinito de su esencia.
Se olfatea más allá de los desastres. No como ellos,
los que por el amor dan ceros y se despojan
como tales. Por la energía dan cero.
En la visión protestativa, el pordiosero declara
que el mundo es tan finito. Carece de abundancia.
Entonces no vale que el zorro conjunte los esfuerzos
y observe desde su madriguera el bien determinado,
la comunidad universal de las virtudes,
el bienestar general para los pueblos,
la dignidad que iguala al que trabaja y subsiste.
Ahora que abundan los desesperados
como vitriólico ornato del cinismo, aprovecha
y medita la sospecha que nos desafía.
Házlo como quien compadece o regaña
a los espantapájaros. Deja el lamento.
Sé cantor de optimismo. Con un poco
de amor se llenarán tus manos.
Regresa a las cúspides teórico-metafóricas,
a la empiría de principios de amor y de alegría;
contagia al mundo, con el nuevo renacimiento
que expresa la energía y salta al mundo
como un zorro verdadero: con precisión
de ojos avizores, dúctiles garras, no hirientes,
ágiles movimientos, orgullo de que el monte
se ha abierto para tí y da una tarea.
CARLOS LOPEZ DZUR
20-05-2005
* * *
Cabizbajo
A veces el zorro se desolla.
Cabizbajo. Su escenario concreto se reduce
al cielo filosófico de deseo, finitud y, finalmente,
el hambre bajo la desesperanza desde el ancla
de un abracadabra que con su propia voz
perdió el mensaje, el sentido. Destino.
Se desborda con el gozo ultracrítico,
el encono pordiosero: Divinidad, me abandonaste.
Amor eres espectro y te maldigo
con los plenos nihilismos.
El optimismo no sirve.
Con él no se distingue, ni lo que es
pan o pescado. Voluntad o lenguaje.
Comunidad ni individuo.
El zorro que no tiene consuelo, ¿qué hará?
El zorro que no tiene trabajo: ¿a quién acudirá
cuando enfrente la naturaleza del deseo?
Aquí está el desollado. Sin consuelo. Cabizbajo,
lastrado por la necesidad, en esta nadidad que lo anula.
¿Que lo sostendrá cuando persista, año con año,
su opresión concreta y no pueda reinvindicar lo luminoso?
CARLOS LOPEZ DZUR
13-06-2005
* * *
La transmigrada
La metáfora se renace en la carne:
George Lakoff
No existe significado literal,
ni verdad como correspondencia:
Mark Johnson
Tú eres una zorra de las que a mí me gustan.
Ojos poderosos que observan la distancia
entre el mundo de tu presa y tus ganas de alimento.
Los colmillos comieron a gusto de la fuente primaria
del pensar, no fue carroña, ni sobrajas que los buitres
dejan. Digo, la fuente primaria del sentir y el soñar.
Al territorio de abundancia fuíste y lo llamaste
Tu Alimento, grata carne, imputrecible,
tu experiencia básica, la empiría.
Tus ojos supieron traducirse en la estrategia
de sensorialidad. ¡Qué piernas ágiles, veloces,
tienes en los encuentros y en las despedidas!
Tu oído percibe cómo vibra el alimento vivo
y cuán bajo es el gemido del hambre profunda.
Sin embargo, lo que todavía eres es un continuum,
evolucionario, renacido en la carne, terco para no darse
el olvido porque estás en el cuerpo, no en entelequias,
en toda biología te fundamentas, integrándote
a paisajes, a luchas ajenas, a ganas
de cada cosa que los empeños sean,
ya imaginarios, inconscientes o estructuradores.
Y por eso eres mi zorra favorita.
No estás hecha de literalidad, sino de plena lujuria
y de íntimas sospechas que expulsas con tus puterías.
Antes de conocerte como hoy, fue tan distinto.
Eras una fierecilla aterrada. Te escondías hurañamente.
Eras una metáfora cautiva con una rata entre los dientes
y poco Erlebnis, testigo de tus días.
Hoy es distinto, eres ducha y razonas, aunque vivas
de la carne y de la lucha que a todos sobrevive,
sin garantías de justicia ni dicha.
Hoy si te referencias. Accedes a tus dudas
lo mismo que a tus iras. Te sustraes de la matriz colectiva
de tus imaginarios. Te enderezas y te tuerces
para el idóneo ajuste a lo que tienes dentro,
el salvaje refinado. Te aprecio renacida, metáfora,
diablesa, cuestionadora del control en tu entorno
y de la falsa hermandad con que te enamora
el que se topa contigo, por querer ultrajarte,
bestia hermosa, zorruna sutileza, trasmigrada.
24-06-2005
CARLOS LOPEZ DZUR
* * *

Gustavo Urrea (México)
La crítica sobre Galdós y Fortunata y Jacinta
En esta segunda parte de la encuesta acerca de Don Benito Pérez Galdós y su novela Fortunata y Jacinta, destacaré la significación de la misma en el contexto de la crítica que produjo y los méritos esenciales de toda su obra. Sin duda, tal novela ha sido considerada una cima del realismo literario español. Pérez Galdós estaba consciente de que la misma constituía el mejor banquete para el lector, entendido como su comensal capaz de disfrutar el manjar literario de su novela. Esto es parte de la crítica que Dennis Madrigal, investigador y profesor de la Universidad de Puerto Rico, produjera en su artículo: ‘Ab ovo usque ad mala’: Fortunata y Jacinta como banquete literario. Su interpretación es que hay tres caminos distintos que están fundidos en esta novela: la tradición literaria del clasicismo, el naturalismo y el simbolismo.
Madrigal explica que Pérez Galdós produce una síntesis cimera que se aprovecha de la mitología clásica tal como la tradición del banquete gastronómico romano y el simposium platónico como discusión intelectual en el Olimpo, la influencia naturalista de Émile Zola y el simbolismo de Goya y Cervantes, para reflexionar sobre la situación histórica y desafíos sociopolíticos de España: “De entrada la novela establece una clara equivalencia entre lo intelectual y lo gastronómico […] en la obra galdosiana algunos personajes se dan verdaderos atracones de lecturas, como si el autor intencionalmente nos señalara que el ingerir alimentos y el leer están estrechamente relacionados […] la comida marca las diferencias sociales” (227, 237). Galdós es el Chef literario que invita al lector al opíparo banquete de Fortunata y Jacinta. Cada personaje se releva simbólicamente por lo que come. Por ejemplo, Fortunata entra en acción de la trama al consumir un huevo crudo, tal como sucedía durante los banquetes romanos. Este es un artilugio retórico de la estética galdosiana.
Como un segundo mérito de su obra se destaca la imaginación idealista. Él no es pesimista y, según Toni Dorca, profesor en Macalester College en Saint Paul, Minnesota, el tema de la novela es la libertad y la rebeldía contra las leyes de una sociedad injusta. Es lo que representa las protagonistas. Con la reconciliación entre las dos damas Fortunata y Jacinta «el novelista canario abre la puerta a la ilusión de un mundo mejor […] y en última instancia, sacan a la luz lo mejor que el ser humano guarda dentro de si: generosidad y sacrificio por el lado de Fortunata, solidaridad por el de Jacinta» (205-206). Este autor es quien provee un análisis crítico que relaciona, aunque contrapone, a Pérez Galdós con el pintor y grabador Francisco de Goya, al tiempo que ofrece una lectura carnavalesca de la novela en la que destaca la primacía de la imaginación ideal sobre el realismo de Galdós. Mientras que Goya pintaba con pesimismo a figuras monstruosas y oníricas, símbolos de la razón dormida o del subconsciente, Galdós alude a una posibilidad redentora y optimista como fondo de las realidades polarizadas y duales entre el bien y el mal del ser humano.
Un tercer mérito de la obra galdosiana en Fortunata y Jacinta es la precursión del psicologismo, el naturalismo espiritual y el concepto de intrahistoria. Dorca menciona la utilización por Galdós de “una comunicación fluida e intima entre consciencias” entre los personajes de esta novela (205). Esta es la base de su psicologismo que se refleja en diálogos diversos de la frustrada Jacinta, quien desea ser madre pero es estéril. También se revela en los remordimientos de Fortunata por sus adulterios y su deseo de reconquistar como su marido quien ya es esposo de Jacinta, Juanito Santa Cruz.
Dentro de este mismo esquema, Pérez Galdós es un precursor del concepto de intrahistoria, del que se influiría intensamente Don Miguel de Unamuno. Contrario a la crítica de muchos jóvenes de la generación del ’98 que negaron al novelista canario la capacidad para la creación de caracteres y de penetrar en la psicología de los personajes. La estudiosa Paciencia Ontañón de Lope observa que Don Benito es “un psicólogo empírico, capaz de conocer los altibajos e inestabilidades de personajes y hombres” (219). Su impresionismo psicológico y tratamiento de los problemas humanos “con sus incógnitas, es si no universal, tan universal como las obras de Tolstoi o las de Thomas Mann […] siendo un precursor de las interrogantes unamoniana” (221). Respeto al análisis social y espiritual de la historia Antañón agrega que los conceptos de intrahistoria definida como el ser interno de la nación «ya habían sido ampliamente analizados y usados en las novelas de Galdós» (222).
Antes que Unamuno, Galdós estudió el tema del desdoblamiento de personalidad, el narcisismo y el rechazo del otro por envidia que conducen al suicidio y al asesinato. Este concepto galdosiano se refleja en la novela Abel Sánchez de Unamuno. De modo que si bien hay realismo en la obra de Galdós este es un realismo diluido en lenguaje coloquial matritense, descripción de costumbres, escepticismo y lo que ha sido llamado naturalismo espiritual. En Fortunata y Jacinta, Galdós: “elabora una versión personal del realismo que bautiza con el nombre de naturalismo espiritual” (Dorca, 197). Apartado de la influencia de Zola y su determinismo, en esta novela Dorca observa que:
... el narrador se inmiscuye cada vez menos en la vida de sus criaturas, dejando que éstas cuenten los sucesos desde dentro de si mismas […] la interiorización en la mente de los personajes, lejos de atentar contra la mímesis realista, contribuye efectivamente a una modelación más completa de la misma a la luz de los avances de la psicología […] el perspectivismo se complementa con otros recursos de estirpe cervantina, a saber, la exaltación de la imaginación como guía de la conducta humana. (197)
Se ejemplifica el concepto del naturalismo espiritual con el avance social de Fortunata, exprostituta, al casarse con Max, un joven de la clase alta, quien habilita su vida en sociedad tras educarla en el convento de Las Micaelas.
Un mérito más de Fortunata y Jacinta es el que encuadra la novela en una corriente histórico-social. No había por razones de censura una obra literaria que plasmará desde una perspectiva liberal la historia de una España depauperada, dividida y desorientada por las lucha monárquicas por el poder. Galdós será el maestro y sus libros la fuente que inspirará a los jóvenes de la generación del ’98 durante sus años juveniles, aunque luego le retiraran la admiración inicial. Lo que el novelista provee al escribir Fortunata y Jacinta se enmarca en este esfuerzo educativo galdosiano en el área de lo histórico-social y su modo de exponerlo con técnicas de renovaciones novelescas e influidas por Balzac, Dickens y escritores rusos entre ellos Tolstoi y Dostoievki. El tema de esta novela revela su descontento con el fracaso del ideal revolucionario de 1868, la crítica amarga de las clases sociales, las instituciones que detentan el poder en España y la proclamación del nacimiento de la España moderna, en particular, el comercio en Madrid que lleva la burguesía a la restauración. El nuevo gobierno alfonsista intensifica la mala situación de las clases bajas, la persecución del elemento liberal, anarquista y antimonárquico.
Hay cuatro críticas fundamentales para conocer lo que Pedro Ortiz-Armegol llama la leyenda negra del novelista que está relacionada a la visión peyorativa y desagradecida acerca de Galdós que caracterizará a sus evaluadores posteriores. Él mismo lo acusa de carecer de espíritu científico a pesar de que estallaba en obsesiones anticlericales. También lo acusa de: “festejar en privado los incendios y matanzas provocadas por los anarquistas durante la semana trágica de Barcelona” (45). Aunque este artículo titulado Vida de Galdós sólo pretende ser un resumen de lo que dijeron sus enemigos es sintomático de que Galdós no estuvo exento de ser acusado de mediocridad.
En el extenso artículo Una ruptura generacional: Galdós y Unamuno de la mencionada Antañón de Lope discute la relación de admiración y desprecio que Unamuno sostuvo ante su viejo maestro. Lo critica por la incapacidad de no “penetrar en la psicología de los personajes y que usaba un lenguaje torpe” […] (207). Sin embargo, después de haber recibido consejos teatrales y novelescos de él, lo alude con estas palabras: “[…] de la obra novelesca (de Galdós) se puede extraer alguna psicología elemental y poquísimo complicada, será difícil extraer sociología de ella. No refleja una sociedad, sino una muchedumbre” (207). Además, Madrigal cita a Unamuno cuando dice acerca de Galdós que su obra carece de poesía y que no es “un pensador, no un crítico siquiera” (227).
Por igual, Unamuno es citado por Pedro Ortiz de Armengol en un artículo de Teresa Bordons, profesora mexicana de la Universidad Autónoma de Querétaro, en su estudio galdosiano con referencia al “Simposio del Centenario” de Fortunata y Jacinta, celebrado en la Universidad de Harvard en 1987, en cuya cita Unamuno expresa que “nunca fue admirador entusiasta de Galdós por encontrarlo frío y a-trágico […] le falta la lucha interna, la agonía de los personajes y las ideas” (246). Al estudiar Fortunata y Jacinta cuyo tema básico es la libertad y los vínculos sociales e institucionales del individuo, Bordons cita a Germán Gullón quien crítica a Galdós por carecer de «autoconciencia narrativa […] y la ausencia de un riguroso control intelectual de su labor narrativa» (250). Ella observa que Gullón insiste en lo intenso de las alusiones irónicas que Galdós utiliza para presentar a los personajes de Fortunata y Jacinta.
Similar evaluación sobre el lenguaje corrosivo e irónico de Galdós lo hace Susan Kirkpatrck, profesora de la Universidad de California, La Jolla, al ejemplificar en torno a los exabruptos de Fortunata y las condiciones de la mujer de pueblo, a la que el novelista canario describe con «toda la rudeza, toda la pasión fogosa […] y la grosería que el trato social había disimulado en ella» (149). O sea, Bordons y Kirkpatrck observan que Galdós es capaz de referir a ciertos personajes de un modo al parecer despreciativo y estereotipante particularmente cuando son pueblerinos y los refiere con nombres como éstos: la diabla, la samaritana, la pitusa y Mauricia 'la dura'. Con estos epítetos se refiere a Fortunata y a Mauricia, una mujer alcohólica que conoció la protagonista en las Micaleas. Con el mismo tratamiento irónico alude a los nuevos ricos o los viejos políticos conservadores. Por ejemplo, el Delfín, Juanito, «el joven inteligente», el «señorito» (Juan Santa Cruz), Maxi (el esposo de Fortunata), Doña Lupe (tía de Maxi), «la Santa» (Guillermina), doña Barbarita (Madre de Juanito), etc.
Antañón admite que hay implícita aunque no claramente formulada por Galdós la idea de europeizar a España, propuesta que Joaquín Costa, uno de los ensayistas de la Generación del ’98, desarrollará junto a Ortega y Gasset, educado en Alemania. No obstante, los noventayochistas no dieron crédito a su precursor. Pío Baroja y Valle-Inclán son los miembros de este grupo que dan el más claro rechazo a Galdós. Quizás, el peor de los críticos que lo atacó fue Baroja. Este fue violento en lo personal y lo literario. En lo literario lo descarta ante los escritores europeos: «[…] por falta de sensibilidad crítica […] a veces con grandes perfecciones técnicas, no estén a la altura de un Dickens, de un Tolstoi o de un Dostoyewsky […]. No hay llama. No hay el hervor generoso de un espíritu» […] En lo personal dice que «es un hombre un poco lioso y hasta trapacero» (212). Valle-Inclán es citado por Dennis Madrigal cuando alude a Galdós con el epíteto de «Don Benito el garbancero», tras leer la cantidad excesiva de términos culinarios y menciones de comida en Fortunata y Jacinta (228). Sin embargo, lo injusto de la critica realizada por estos escritores de la generación del ‘98 es que sino fuera por el trabajo de Galdós en cuanto la técnica narrativa y el amplio trasfondo histórico que en su obra les dejó, no hubieran tenido la información sobre los hechos sociopolíticos y costumbristas que sus quehaceres literarios necesitarían ante los rescoldos informativos e inaccesibles a ellos por la aristocracia.
En conclusión, a partir del “Simposio del Centenario” de Fortunata y Jacinta celebrado en la Universidad de Harvard en 1987, comenzó una revolución de la obra galdosiana. Antes se vivió un proceso de menosprecio al autor aún por aquellos que fueron sus primeros lectores y que recibieron su influencia como maestro. Galdós ha tenido la atención de admiradores y críticos europeos y extranjeros que dieron a su muerte su testimonio de admiración y lo integraron a la novelística más creativa realizada en la lengua española. El afán de los noventayochistas después del llamado El Desastre, es decir, la conmoción creada por la Guerra Hispanoamericana de 1898 en la que España perdiera a favor de los Estado Unidos de Norte América sus últimas colonias ultramarinas y su papel hegemónico en Europa, en las nuevas generaciones hubo tal decepción y anhelo renovador que en torno a Galdós y su siglo; el XIX, se creo una leyenda negra. Es un momento para sepultar todo lo viejo, el pasado mismo de España con miras al siglo XX.
Los que propulsaron su menosprecio por Galdós no lo juzgaron siempre con justicia y no agradecieron sus contribuciones. La crítica anteriormente mencionada es un ejemplo de lo que se desmintiera con los estudios posteriores que arrancaron del simposio en la Universidad de Harvard y de los hallazgos documentados por la pluma de investigadores extranjeros. Los nuevos críticos están conscientes de cómo el celo artístico y la incomprensión frivolizaron el alcance y el aporte sustantivo de Galdós a la literatura. Es obvio por el análisis elaborado por los investigadores Dennis Madrigal y Toni Dorca, en particular, que Fortunata y Jacinta, es la novela más lograda y madura de Galdós y que fue para él una de sus más queridas producciones de su quehacer literario por lo que no dudó en referirla como un banquete para sus lectores y una muestra de su genio creador.
26 de noviembre de 2007
Fuentes citadas
Bordons Teresa, Kronik John W, y Turner Harriet S. (eds). Textos y contextos de Galdós. Actas del Simposio Centenario de Fortunata y Jacinta. Nueva Revista de Filología Hispánica. Volume 4, número 1, 1996. Castalia Madrid. 245-250.
Dorca, Toni. «El mundo al revés: una lectura carnavalesca de Fortunata y Jacinta».
Bulletin of Spanish Studies. Volume 84, número 2, 2007. Glasgow, U.K. 193-206.
Kirkpatrick, Susan. “More on the narrator of Fortunata y Jacinta”. Revista de Estudios Hispánicos. Número 9, 1982. 143-180.
Madrigal. Dennis. “‘Ab ovo usque ad mala’: Fortunata y Jacinta como banquete literario. La Torre. Revista general de la Universidad de Puerto Rico. Volume 8, número 30, 1994. 227-237.
Ontañón de Lope, Paciencia. “Una ruptura generacional: Galdós y Unamuno”. Anuario de Letras: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras. Volume 33. 1995. 201-228.
Ortiz-Armegol. Vida de Galdós”. Vuelta. Volume 22, número 257. Barcelona, 1995. 42-46.
* * *
Juan Carlos Vásquez (Venezuela)
Sombras
Alguien mueve los labios para articular
mensajes,
alguien con palabras anormales
sorbe y absorbe multiplicándose
en miles de cabezas que se instauran
en los cuatro costados como flámulas
punzantes.
Dos mil brazos, dos mil piernas,
un rostro.
Todos abren sus labios,
todos remueven sus bocas
bajo fantasmales acosos.
Entre las mas variadas formas
la imposibilidad de librarme
es objeto de elogio.
A traves del tiempo
y el espacio
desde todas partes me siguen.
El bagaje-insecticida,
el desperdicio flexibilizando,
una osamenta que inventa
desesperadamente un presentimiento,
una voz que insiste a toda costa
en llevarme al borde
y que salte.
JFV
ooo--000--ooo
Descenso
Sustancias,
contorsiones,
liturgias en una constelación
de redes.
Desconecto las luces y todo
desaparece.
En la vigilia,
en la voracidad
del desván me examino,
me invento,
me anuncio.
Cuando no viene mas
de la vida salto
y desciendo.
Cuando caigo
siento todo en definirse,
imagino cosas sin nombre
naciendo.
Cuando caigo
todos estamos felices
y no quiero volver.
JUAN CARLOS VASQUEZ
***
Arlington
Desenterrar el vacío,
lanzarse,
sentirse tan cerca
y jamás tocar fondo.
Un caos emerge,
contornos de imposibles
que en ceremonia hicimos.
Anoche estuve allí,
me imagine que sonaba
porque vivo saltando.
No pude abrir la puerta
Observando el techo.
Anoche estuve allí
intoxicando la sangre,
descomponiendo los
años para obtener movimiento
y una fractura recorrió
mi cráneo cuando sacaba
la lengua.
JUAN CARLOS VASQUEZ / Bios en Sequoyah
Setiembre de 2002, New York
* * *
Cansancio de Poesia
No hay en la poesía
ni en mis mecanismos formas,
puedo suponer cosas
pensar en el azar
esperando una sorpresa o un milagro,
decir lo dicho
crear importunando
y aun así no dejara el ciclo
de seguir con su desgaste,
que te puedo decir para dejar
de gritar en el absurdo.
Creo aburrirte susurrando hechos,
agitando moscas,
estoy flaco y floto repitiendo
aun que incendiare las conexiones,
las mismas carceles y yo incursionando.
Y es que observo el mensaje
sobre la planicie
con mi oleada de toques,
yo quisiera haber prolongado
en su cara mi razón
pero los murmullos me colocaron
frente a las antiguas incógnitas
de la superficie.
JUAN CARLOS VASQUEZ
ooo--000--ooo
María Laura Coppie (Argentina)
Parece junio
Sin pena ni gloria
pasó el verano.
Y vos sos lo que se llevó:
mi ilusión, mi paciencia,
el agrio tiempo.
La rutina de la lluvia diaria
y la densa soledad
transpiran las paredes
de mi angosta guarida
que se descascara un poco más
cada día
imitando a mi temple.
Se invitan a pasar tu sombra
y tu silencio,
la oscuridad abismal de tus ojos,
los huecos de tus manos
y del amor.
El frío vacío
duele.
Yo ya no grito
pero tampoco cierro las ventanas.
MARIA LAURA COPPIE / Bios
* * *
Alicia Márquez
La mesa
Mansamente
recibís los platos
y los cubiertos
y el mantel
y las risas.
Mansamente
aguantás el vino derramado
y el grito de
alegría, alegría,
mientras tu lomo absorbe
la torpeza.
Mansamente,
acompañás la cabeza que se apoya,
con cansancio,
en la cuna breve de los brazos.
Tus vetas de madera
escucharon todas las historias
de la casa
una vez,
y otra vez
y de nuevo.
Amo tu oscura mansedumbre
y tu aire de familia,
inconfundible.
ALICIA MARQUEZ
* * *
Alicia Cora Fernández
(Argentina)
Sin remo
Gajo roto, árbol herido.
El remo quebrado flota sin rumbo.
Astilla del corazón a la deriva.
El bote del amparo hace agua.
No hay nadie que lo ayude.
Espíritu viajero, espiando playas lejanas.
Conjunción de cien motivos.
Los días en presencia y los días en ausencia.
Dueto de amor en Sinfonía inconclusa.
La luz de un relámpago ilumina fugazmente
esa playa que esta cada vez más lejos.
ALICIA CORA FERNANDEZ / Bios / en Sequoyah
* * *
Milagros Rodríguez (Argentina)
Textos sin título
La piedra espera el canto de la lluvia
la lluvia, convertir la tierra en barro
el barro, las manos del alfarero
para constatar que el hombre
solo es el sueño de la tierra, del agua
y de unas manos hechas de barro
* * *
La noche extrae del árbol
un tapiz de hojas negras
mientras la pequeña araña
zurce agujeros de luz
Dentro del ojo de las horas
el tiempo es una jaula vacía
la vida un pájaro inasible
hecho casi de aire.
MILAGROS RODRIGUEZ
* * *
Fransiles Gallardo
Homenaje a Juan Ramírez Ruiz:
Uno de los pocos poetas dignos de Chiclayo
Una noche de junio de 1994 el poeta y novel editor Jorge Luis Roncal nos presentó.
Tengo entre mis manos las fotos que evidencian ese encuentro. Están allí para la perennidad y el recuerdo: Rossina Varcárcel, con su cabellera negra y su sonrisa danzarina, Julio Nelson con su bigote recortado y su seriedad de siempre, Jorge Luis Roncal con su incipiente barba y su camisa blanca y el suscrito, que por aquellos años se desempeñaba como profesor de dibujo técnico y promotor cultural y director de la revista IDAT; con el cabello aún oscuro y mi saco de combate a cuadros.
Entre nosotros y entrelazadas las manos; con su cabellera crespa, negra y alborotada; sus lentes de metal, su saco crema y su pantalón marrón: el poeta Juan Ramírez Ruiz.
Detrás de nosotros y sobre una mesa, una enigmática bolsa negra.
Era una noche de poesía. Leíamos, para los alumnos de esa institución.
De rato en rato; Juan Ramírez Ruiz echaba mano a la bolsa negra y sacaba una botella de coca kola, llena con ron Cartavio, con la cual Juan y yo brindábamos, entre poema y poema.
De allí enrumbamos a un bar cercano y las cervezas continuaron; mucho después que Rossina, Jorge Luis y Julio Nelson se marcharan.
Esa noche me contó sus avatares poéticos. De hora Zero, grupo al cual conocía desde Cajamarca y a cuyos integrantes, leíamos ávidamente con nuestro entrañable Bethoven Medina y que nos impulsó a formar el grupo Raíz Cúbica. Habló de la poesía y la amistad con Enrique Verástegui (a quien debo un par de vinos: pagaremos Enrique), de Pimentel, del Palermo. Y de su alejamiento del Grupo.
Eran más de las cuatro de la mañana, cuando el mesero del bar Monarca en Guzmán Blanco nos dijo que estaban cerrando.
La segunda vez que nos encontramos fue en el local de Jorge Luis Roncal del jr. Moquegua; en los apuros, previos a la publicación de mi Ventisca.
Allí me entregó y dedicó sus Armas Molidas "sólo regalo a la gente que va a leerlo", me dijo. Era casi mediodía y Jorge Luis nos llevó a uno de sus clásicos y frecuentados huariques. Él pidió un café. Juan y yo una cerveza cada uno; las que se fueron sumando y sumando hasta llenar la mesa.
Caía la tarde; la inolvidable conversación y los chistes continuaban.
Me pidió que lo acompañara a tomar su carro en Abancay "para el camino, una botita de Cartavio, compadre", me dijo.
Nos sentamos en una flamante banca del remozado y enrejado parque Universitario; al costado de la casona de San Marcos, frente a la Cripta y la ex librería de Mejía Baca y como quien mira al viejo Palermo; nos tomamos esa generosa botella de Ron.
"Mis raíces son norteñas», me dijo, tomando a pico de botella, el añejo ron, «cántate un yaraví».
No se si lo hice bien. Tal vez no vuelva repetirlo más. Salvo pedido expreso de Ricardo Vírhuez.
Recordando las pechadas de mi tierra cajamarquina «Ay qué lejos me lleva el destino» los transeúntes nos miraban asombrados como a hoja que el viento arrebata los lustrabotas nos rodeaban «hay de mí tu no sabes ingrata» abrazados cantando -lo que sufre este fiel corazón» llorando.
Los guachimanes alertados, nos sacaron del parque por escándalo y contra la tranquilidad pública; viéndolo subir en una couster, en la esquina de la avenida Abancay.
Hasta hoy.
* * *
Pablo Neruda (Chile)
La carta en el camino
Adiós, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces
Adorada, me voy a mis combates.
Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tú Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego, mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan Ese hombre
no te quiere, recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.
Amor mío, es de noche.
El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: Te amo.
Para decirte Te amo, cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
¿Quiénes fuimos? ¿Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.
Amor, te espero.
Adiós, amor, te espero.
Amor, amor, te espero.
Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.
PABLO NERUDA
(De Los versos del capitán)
***
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