miércoles, diciembre 17, 2003

Es sólo un atardecer, unos minutos...

El martes aprecié el mejor atardecer de mi vida, no le he podido contar a nadie, es difícil encontrar alguien dispuesto a escuchar, y más si las conversaciones no tienen un resultado cuantificable.
Es muy complicado tratar de describir ese tipo de momentos, quizás porque la naturaleza tiene un lenguaje y código propio y que los citadinos poco entendemos.
Algo que alcancé a sentir, es que moría, que moría muchas veces, que me reencontraba con mis padres; mis padres convertidos en múltiples colores de diferente profundidad. Cada profundidad era un sentimiento necesario para seguir, quise relacionar el paisaje con el lenguaje, pero lo único que logré recordar es una frase de Pierre Restany, " trópico es una palabra que tiene color en sus sílabas".
Sin embargo como todo momento majestuoso, sentía que faltaba algo en el firmamento, no sabía si era un objeto, un sentimiento o un color; eso debía completar el equilibrio de tierra y vida, de cielo y muerte que es un renovar; de padres colores y sentimientos. Sólo vine a saberlo unas 18 horas después cuando vi tres estrellas azules…, una en el pecho y dos más en los lóbulos de sus oídos; eso que faltaba estaba en ella…
Notas de Diseño Gráfico y Comunicación Audiovisual 2.0

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