22.02.2002
"Mujer a Mujer" de diario "La Tercera"
Por Alejandra Sáenz B.
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COLACIONES
SANAS: Aunque pueda creerse que en este escenario los padres sólo
deberían enviarles lechugas a los niños, no es así. Hay varias otras
opciones de colaciones que pueden ser ricas y nutritivas, como los
galletones de avena, los cereales, frutos secos (pasas, manzanas
deshidratadas), nueces, almendras, yogures, frutas y jugos de fruta
natural y los sandwiches de palta, jamón, huevo duro o miel.
Las verduras también son recomendables, pero tal vez no muy atractivas para los niños. La solución es simple: hacerlas entretenidas. A los niños les encantan los colores, las formas, por lo que se puede, por ejemplo, cortar apio y zanahoria con diversos moldes, como los que suelen usarse para hacer galletas. |
La
compra mensual de alimentos en el supermercado no incluye sólo lo necesario
para las comidas de la familia en la casa. Ahora se agregan paquetes pequeños
de papas fritas, ramitas, también chocolates, jugos “de fruta”, dulces y
bebidas, los más recurrentes elementos para mandarles colaciones a los niños
que van al colegio. Esos, precisamente, son el tipo de alimentos que deben ser
evitados a toda costa en la alimentación diaria de los escolares. “Las papas
fritas hay que dejarlas sólo para los cumpleaños”, dice la nutricionista Mónica
Padilla quien se opone férreamente al consumo de este tipo de snacks en los
recreos, ya que son productos ricos en grasas saturadas, en sal, pobres en fibra
y con un casi nulo contenido de nutrientes.
En 1999, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) realizó
un estudio en la Región Metropolitana sobre el nivel nutritivo de las
colaciones en la educación básica de colegios y escuelas. Los resultados
fueron tajantes: el 66% de los menores come papas fritas, chocolates, galletas o
dulces durante los recreos, el 14,5% opta por jugos y bebidas, mientras que sólo
un 6,9% prefiere el yogur y la leche.
Un niño que consume este tipo de alimentos todos los días puede llegar a subir
seis kilos en un año y corre el riesgo de aumentar más las altas cifras de
obesidad de los escolares chilenos: entre un 15 y un 20% de los alumnos de
primero básico es obeso. Hace 10 años era un 7%.
Pero los problemas de estos niños no se quedan solamente en la gordura. La
obesidad, además de ser una enfermedad crónica, es un factor de riesgo para
adquirir otras dolencias que pueden ser aún peores. Los obesos tienen cuatro
veces más probabilidades que una persona con peso normal de sufrir hipertensión,
diabetes, artrosis y enfermedades cardiovasculares.
“La obesidad te puede predisponer a los 12 años a una diabetes tipo 2, que
suele dar después de los 60 años. Imagínate un niño a los 10 ó 12 años con
obesidad, hipertensión y con diabetes; es un enfermo crónico. Si no paramos
esto a tiempo vamos a tener una generación de enfermos”, reflexiona Mónica
Padilla.
Y aunque ya parezca mucho como para hacerles la cruz a las colaciones poco
nutritivas, aún hay más. No sólo afecta en lo físico. Derivado de la
gordura, el aspecto sicológico también es dañado. Los niños se ríen,
discriminan, apartan y fastidian a los obesos por su sola condición de gordos.
“Hay niños que no se quieren sacar la polera cuando van a la piscina. A estos
niños les comienza a bajar su autoestima e incluso tenemos casos de niños que
desarrollaron anorexia, otra enfermedad crónica”, dice la doctora Padilla.
Con este tipo de alimentación se dan casos que pueden parecer bastante
contradictorios. Por ejemplo, los flacos obesos, niños delgados que no tienen
una predisposición genética a engordar, pero que se alimentan de comida
chatarra. Tienen un peso normal, pero al ser evaluados por un nutricionista se
descubre que su desarrollo muscular es bajo y que son sólo grasa. Además, están
los obesos desnutridos, niños que también comen muchas grasas, que tienen
tendencia a engordar, pero que al no ingerir alimentos nutritivos bajan sus
defensas y son susceptibles a contraer resfríos e infecciones mucho más fácilmente
de lo que podría ocurrir en un niño normal.
La nutricionista cuenta que siempre ha estado preocupada por el tema de la
alimentación escolar, pero que quedó aún más impactada luego de asistir a un
simposio en Argentina donde una colega expuso sobre la obesidad preescolar en
las distintas naciones del mundo. Chile estaba en el primer lugar.
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