Aprendiendo a hablar

 

La importancia de la unión con la madre a edades tempranas no se puede considerar nunca exagerada.  Un bebé privado de amor es incapaz de responder luego a las demandas que le exige su propia paternidad con amor y afecto.  Estudios sobre casos de padres que maltratan físicamente a sus bebés demuestran los trágicos efectos de haberse visto privado de su madre a una edad temprana.

 

La confianza de los bebés normales y sanos con un año de edad se debe a la intensidad de los vínculos maternos y, en menor cuantía, de los paternos. Un bebé de un año de edad separado de su madre durante un período largo se convierte en un niño retraído.

 

Las primeras palabras

 

En sentido estricto, la primera infancia acaba con la primera palabra que pronuncia el niño.  En latín, infancia significa incapacidad para hablar.  Al final del primer año el niño produce sus primeros sonidos reconocibles.  Muy a menudo lo que pronuncia es el nombre de una de las figuras más importantes de su mundo social.  Pronuncia palabras como un añadido a sus gestos y a los sonidos inarticulados.  "Gato" puede significar cualquier animal que tenga piel y cuatro patas.  "Mamá" puede ser aplicado a cualquier adulto que se comporte amablemente.  Muy a menudo el significado de las primeras palabras sigue tres fases de evolución: en primer lugar se utilizan específicamente, luego se aplican con criterios muy amplios y finalmente se les confiere el sentido que, por lo general, tiene en el mundo de los adultos.  Conocer lo que un niño piensa cuando expresa una palabra es una cuestión compleja.  Si dice "gato", puede estar diciendo "aquí hay un gato", o "¿dónde está el gato? o "yo quiero un gato".  De hecho, es un error intentar darle un significado preciso a lo que un niño dice a esta edad.  Como ocurre con la comunicación no verbal temprana, su mayor interés consiste en establecer vínculos sociales, de tal forma que los adultos le hablen y reaccionen frente a ellos.  A esta edad el niño intenta ver el efecto que producen las cosas que él dice.

 

La magnitud del proceso de aprendizaje, cuyo primer paso lo constituye el habla, es realmente asombroso.  El número de combinaciones posibles en lengua inglesa es alrededor de 10 es a 20. Noam Chomsky, decano de los psicolingüistas, mantiene que los humanos tienen una capacidad innata para la construcción gramatical que nos ahorra el problema de tener que aprender todas las combinaciones de palabras posibles. De hecho, las estructuras gramaticales que desarrollamos cuando somos pequeños son bastante distintas de la gramática que utilizan los adultos, pero tienen un parecido notable con las de los niños de todas las culturas del mundo. Los niños parece que hablan de acuerdo con reglas gramaticales universales propias. Los estudios realizados con el escaso número de niños que han crecido sin contacto humano y que posteriormente se han demostrado incapaces de aprehender un lenguaje, ha puesto de manifiesto que existe un tiempo crítico óptimo para aprender el lenguaje. Este comienza alrededor de los 12 meses de edad.

 

*Extracto de La Máquina del Cuerpo, por el Dr. Christiaan Barnard. Ediciones Anaya

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