INTOXICACIÓN: COSA DE NIÑOS


El 70 % de las intoxicaciones afecta a menores de 12 años, y la totalidad de los casos se atribuyen a negligencia paterna. Medicamentos, limpiadores, plaguicidas y hasta las colillas de los cigarros son los responsables, y las consecuencias pueden ir desde un ligero malestar gastrointestinal, hasta el daño neurológico severo o incluso la muerte.

Olga Madariaga. De "Mujer a Mujer", diario La Tercera.

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Basta una tableta antidepresiva para causar la muerte de un niño de dos años; una gota de parafina en el pulmón para provocar una gravísima neumonitis química, y un sorbo de limpiador para causar un desagradable trastorno gastrointestinal. Y está de más decirlo, en todos los casos las situaciones se originan por la irresponsabilidad paterna.

Anualmente se producen miles de intoxicaciones caseras y más del 70 % afecta a menores de 12 años. La mitad es producida por la indebida ingesta de medicamentos, y no es difícil adivinar porqué: si el 71 % de los chilenos se automedica, fácil es suponer que los veladores, las cajoneras o el clóset están repletos de calmantes, analgésicos, jarabes, aspirinas, dipironas y desinfectantes, que muchas veces se guardan por años y, lo que es peor, permanecen al alcance de las manos y la curiosidad infantil.

Y en este punto una divertida ley de Murphy cobra vigencia casi trágica: "si lucha para que su hijo se tome una tableta, déjela simplemente en el suelo y se la llevará a la boca al instante". No podría ser de otra manera: el niño pequeño conoce las cosas llevándoselas a la boca, da lo mismo si se trata de un chupete, una araña o una aspirina.

"La gente guarda fármacos para el estrés, el nerviosismo, y para todas las patologías en que se pide el consejo de un familiar o de un vecino. Y como no todos los medicamentos tienen receta, muchos de ellos -principalmente las benzodiazepinas y los antidepresivos- son de fácil acceso. Después, en la lista de los que causan intoxicaciones, se ubican los antinflamatorios no esteroidales, donde se involucran el paracetamol, la aspirina, el piroxicam y todos aquellos fármacos que se utilizan para el tratamiento del dolor.

Con un porcentaje más bajo están los productos para el sistema respiratorio - como los jarabes- y los antibióticos -señala Juan Carlos Ríos, subdirector del Cituc (Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica).

¡No los guarde!
El problema no sólo se reduce al irresponsable almacenamiento de los productos, sino al manejo que se hace de ellos.

"Los remedios no deben guardarse. Una vez que se dejan de usar simplemente deben botarse. Porque una vez abiertos no duran más de 7 o 10 días. Pasado ese plazo, pierden estabilidad, efectividad y fácilmente pueden ser producto de la contaminación" -señala Ríos.

El cloro es uno de los productos para aseo que con más frecuencia causa intoxicaciones. Es barato, se manipula en la cocina y en el baño, para la ropa y la desinfección de los alimentos. Los niños suelen asociarlo con la madre (que lo manipula con frecuencia), y generalmente se almacena bajo el lavaplatos o incluso en el baño. La ventaja es que sólo provoca una irritación del estómago y no consecuencias severas. Pero si se llega a aspirar puede causar una neumonitis química, un cuadro muy complicado que en el 50 por ciento de los casos causa la muerte.

Uno de los problemas más graves se produce con los productos químicos o industriales, puesto que frecuentemente se almacenan en botellas de bebida. Obviamente, los niños no hacen la distinción, por ejemplo, entre una botella de Coca-cola con bebida y una con parafina. Y las consecuencias pueden ser desastrosas, particularmente cuando los químicos son aspirados. Dentro de estos, los grandes responsables son los hidrocarburos (bencina, parafina, petróleo, líquido para frenos, lustramuebles). En este caso, particularmente, nunca debe provocarse el vómito, porque basta -por ejemplo- una gota de parafina, para provocar una neumonitis que compromete todo el pulmón y que incluso puede causar la muerte.

 

• Jarabes: provocan intoxicaciones graves. Basta medio frasco para causar un paro respiratorio.

•  Anticonceptivos: si se ingieren hacia el período de la pubertad, pueden generar desorden hormonal.

• Productos para el aseo: tienen una baja toxicidad, pero pueden provocar dolor abdominal y diarreas. Los más peligrosos son los limpiavidrios que contienen etilenglicol, una sustancia que provoca depresión respiratoria.

•  Plaguicidas organofosforados: pueden causar la muerte o un daño neuronal severo.

•  Veneno para rata: algunos, como los anticoagulantes, provocan sangramiento lento, insuficiencia respiratoria y paro cardiaco.

• Colonias con alcohol: algunas contienen hasta un 80% por ciento de etanol, que puede generar una hipoglicemia.

• Cigarros: basta uno o tres colillas masticadas para causar la muerte de un niño pequeño.

• Talco: si se aspira, puede causar un daño pulmonar severo.

• Semillas: las de almendras, damascos y ciruelos contienen cianuro y pueden provocar severas intoxicaciones.

• Plantas: la dieffenbachia puede provocar una prolongada mudez si sus hojas son masticadas; la gloriosa (que crece en toda la zona costera entre Antofagasta y Concepción) contiene químicos y alcaloides que pueden matar en cuatro horas, con síntomas previos que incluyen convulsiones y pérdida de conciencia. El tejo, cuya presencia es común en los parques públicos, concentra en sus frutos ácido prúsico, que una vez ingerido provoca una rapidísima muerte. La cala y el manto de Eva causan molestas quemaduras en la boca.

 

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