
23.02.2002
Texto: Loreto Novoa M. de "Mujer a Mujer", diario La Tercera

Que el mundo se detenga y sólo importen los dragones, las niñitas que pasean por el bosque con una cesta de comida. Contar cuentos hasta lograr suspender el tiempo. Leer una historia o inventarla con el único propósito de cautivar la atención de niños y de no tan niños. Como se ha hecho por todos los siglos; narración oral que los padres y los hijos de los hijos han ido repitiendo. La Caperucita Roja en mil versiones. Dicen que eso ayuda a entender algo más a la humanidad.
En tiempos violentos y acelerados siempre es buena la quietud de un buen relato.
La sicóloga clínica infantil de la Universidad Católica María Luisa Bernales asegura que contar cuentos beneficia a la familia.
—Una de las ventajas es que se fortalecen los lazos afectivos. Para el niño es muy importante, porque hay una atención especial hacia él, desde el momento en que le dicen: "Te voy a contar un cuento". Hay una individualización y se crean expectativas por la narración, por lo que va a venir —explica la sicóloga.
No es la única virtud. Al preescolar que escucha historias de la boca de sus padres se le abre todo un mundo emocional que, probablemente, no ha tenido posibilidades de haber vivido. Puede conocer la tristeza, alegría o rabia, situaciones que quizá las ha experimentado, pero no las reconoce.
María Luisa Bernales explica que son pequeños que todavía no diferencian fantasía de realidad, entonces, se identifican plenamente con los personajes de los cuentos. A ratos son la princesa y luego el malo.
—Aprenden que las acciones buenas son premiadas y las contrarias, castigadas. O sea, no necesitan vivir las situaciones para saber qué está bien y qué mal. Viendo lo que les pasa a otros, deducen que lo pueden retar o premiar al actuar de determinada manera —agrega.
Lo habitual es que los cuentos infantiles repitan ciertos prototipos, como el temor al abandono de los padres, miedo a quedarse sin alimento, u otras dificultades que pone la vida. De esta manera, el cuento enseñaría a resolver problemas. ¿Qué pasa si hay un terremoto u otro desastre de la naturaleza? ¿Qué pasa si me pierdo? Según la sicóloga, lo importante es que los niños piensen en soluciones, que sientan que ellos tienen el control, porque eso les da seguridad.
—Es como cuando ven películas para mayores con los padres o como cuando veían las imágenes de los aviones metiéndose en las torres gemelas. Entonces, por ejemplo, hubiera sido importante aclararles que mucha gente se salvó gracias a que bajaron por las escaleras y no perdieron la calma. No darles todo hecho, sino que ellos elaboren la manera de como salir de un conflicto —añade.
Respecto de los elementos de terror de los cuentos clásicos, no está claro si afectan fuertemente a los menores. No son recomendables para oídos ansiosos y temerosos. Es bueno que los papás seleccionen antes qué historia le van a contar al hijo. El extremo de omitir relatos, como Hansel y Gretel, sólo contribuye a robarles parte de la cultura infantil, por lo tanto, una buena práctica es leérselos cuando sean un poco más grandes o cuando los padres sean capaces de tranquilizar al niño.
—Ideal es
contar un cuento y después preguntarle al hijo qué le gustó y qué no. Y si
le dio miedo que el lobo se comiera a la Caperucita, es necesario conversar el
tema, explicarle que eso no va a suceder en la realidad; que sepa que los papás
siempre van a estar a su lado para protegerlo. El hijo tiene que entender la
diferencia y saber que se trata sólo de un relato —explica.
Es importante contar cuentos durante toda la etapa preescolar, aunque a los niños
mayores de seis años igual les gusta escuchar historias vinculadas a la
familia, naturaleza o lo que sucede en otros países. María Luisa Bernales
intuye que ahora se cuentan menos historias que antes por el exceso de juegos
electrónicos y de trabajo de los padres. También cree que la mayoría de los
padres lee cuentos en forma intuitiva, no tienen muy claro todos los beneficios
que puede aportar la lectura: no sólo incentiva que aprendan a leer, sino que
con eso aumentan su vocabulario, se concentran mejor y se van a preparar para
entender mejor los textos. Generalmente los menores a los que se les ha leído
mucho son mejores lectores.
—Hay muchos papás que inventan cuentos, entonces, no es sólo leer, sino también relatar. Los niños que desarrollan su fantasía tienen más capacidad de introspección, de mirarse internamente, y mientras más se conocen a sí mismos, mejor se relacionan con el resto. Por otro lado, los padres aprenden a conocer al hijo, con sus temores y fantasías. Contar un cuento es una forma de llegar a él. Y el niño se siente gratificado por tener al papá o a la mamá para él solo.

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