Las reformas militares que se estaban llevando a cabo en la República no debieron de ser muy del gusto de don Joaquín, como tampoco de sus hermanos. Siguiendo a Mª Teresa Suero: Implantado el nuevo régimen, en julio cuando todas las Armas en general y en particular en la de Artillería, reinaba un profundo malestar debido a la fusión de las escalas emprendidas por Azaña, que motivó que entre los artilleros se hablara de pedir el retiro en masa, Pérez Salas era designado jefe del Parque divisionario de Artillería nº 3 de nueva creación en Valencia.[i] El día 15 de julio de 1931, don Joaquín, se desplaza a Madrid para entrevistarse con Azaña, a quien conocía bien, por la constante relación que había tenido con él en los últimos meses de la dictadura. A través de los Diarios de don Manuel conocemos el malestar de los militares, y la entrevista que sostuvo con don Joaquín:
Del mismo asunto me habla también el capitán Merino, artillero. Me dice que podrá ser que los artilleros dejen de ser republicanos. Yo me echo a reír y respondo que si el republicanismo de los artilleros dependía de estar o no fusionados con la escala de reserva, poco valía su República. El comandante Pérez Salas, artillero que viene de Valencia para hablarme de varios asuntos, toca esta cuestión, pero suavemente y con alusiones nada más; yo le tranquilizo respecto de los resultados que para ellos puede tener. Le digo palabras afectuosas y se va contento.
-El
capitán Romero en el congreso me habla del asunto. Romero es impresionable y
ponderativo. Me asegura que el asunto está muy feo. Mi impasibilidad le
desconcierta un poco. Luego resulta que sus noticias provienen de Pérez Salas.
“Ah, Pérez Salas - le digo - yo también lo he visto.
- Bueno
señor ministro, yo no puedo hacer mas que transmitirle lo que sé -
- Yo lo agradezco -[ii]
De esta forma podemos observar que don Joaquín sigue preocupado por las reivindicaciones de los artilleros y movilizándose entre sus compañeros y preocupado por el malestar de estos.
No dejó de tener don Manuel problemas, y soportar pequeñas conspiraciones con los militares. En el mes de septiembre vuelve a citar de nuevo en sus memorias a don Joaquín y comenta:
El comandante de infantería Fuentes, que estuvo en mi gabinete militar, intervino personalmente en los destinos del Arma de Infantería y cometió, según he sabido después, no pocas arbitrariedades. Cuando advertí su conducta decidí separarlo. Se había creído el arbitro de los destinos del Ejercito, y un día que nombré a uno que no le gustaba, se enfadó, y pidió el retiro. Luego anuló su instancia de retiro. Todo esto pasó sin que me enterase hasta después. Lo destiné al Ministerio en un buen puesto, y se enojó mucho, según creo, diciendo que lo había despedido como a, una criada. Comencé a darme cuenta de lo que sucedía porque no se presentó a despedirse.
Pues
ahora este sujeto que ha abusado de mi confianza se ha ido a Valencia y ha
hablado con dos jefes, Pérez Salas y Pacheco, concertando con ellos que
trabajen a la guarnición de Valencia para que haga una demostración colectiva
de desagrado contra el ministro. El motivo de esta intriga es que he vuelto, a
la guarnición de Valencia, a un comandante, Guillen, que fue separado por
enemistad con Fuentes. El general Riquelme me da cuenta de esto. He dispuesto
que se anule el permiso de verano que estaba disfrutando Fuentes, y que se
presente en el Ministerio para ajustarle las cuentas.[iii]
Como se ve, don Joaquín siempre esta metido en pequeños altercados; con razón
sus compañeros de profesión lo calificaban de “loco y original”, según
escribe Julián Zugazagoitia en su obra Guerra y vicisitudes de los españoles.
Como consecuencia de tanto desbarajuste militar, político y social, los militares reaccionarios no tardaron en rebelarse:
El 10 de agosto de 1932, a los dieciséis meses de proclamada la República, el general Sanjurjo, director general de la guardia civil, se sublevó en Sevilla con la guarnición de esta plaza, después de haber inutilizado al gobernador civil... En Madrid, por falta de coordinación de otros comprometidos, el incidente no alcanzó las proporciones de una sublevación. Sanjurjo, fracasada la rebelión intenta huir a Portugal, pero fue detenido en Huelva. Juzgado en Consejo de Guerra sumarísimo, fue condenado a muerte e indultado por el mismo Gobierno de la República que había pretendido derribar... El indulto, no fue agradecido por nadie ni tuvo efectos beneficiosos para el régimen, ya que sus enemigos cobraron mas ánimos al ver en ello una debilidad del Gobierno más que un acto de magnanimidad, que es lo que realmente fue. El general Sanjurjo, indultado, pagó tal beneficio repitiendo el ataque contra la República cuatro años después, provocando la guerra civil, que había de arruinar a España.[iv] No conocemos la opinión de don Joaquín sobre este levantamiento, sin duda como su hermano estaría en contra. Tampoco sabemos si ayudó de alguna forma a sofocarlo.
En palabras de Jesús Pérez Salas, el Ejército se distanciaba cada vez más de la República por causa de las torpezas cometidas con él. Al mismo tiempo y por idénticas causas, se multiplicaban los periódicos y revistas contrarios al Gobierno. El presidente de la República y sus ministros, eran objeto de caricaturas y sátiras de peor gusto. Todo el mundo se atrevía con ellos porque sabían que esas burlas eran muy bien acogidas por las fuerzas armadas.[v] Burlas y caricaturas en las que también participó don Joaquín, de creer, al desprestigiado historiador franquista y también artillero Joaquín Arrarás, cuando escribe esta pequeña semblanza del mismo:
Fue
número uno de la Academia. Sorprende por su memoria prodigiosa y por el dominio
de las Ciencias Exactas. Une a esta capacidad su carácter misterioso y extraño.
Es hombre de ideas raras. Reveses de su fortuna, que comprometió en
especulaciones industriales, complicaron más su carácter, haciéndole
resentido y agrio. En el fondo, era un anarquista que mezclaba un orgullo
aristocrático a un desprecio por la organización social, que estimaba
disparatada. Conspirador con Sánchez Guerra, republicano fervoroso después,
pronto abominó de la República y de sus hombres. Hizo alarde de independencia
al negarse a emitir un dictamen sobre un depósito de explosivos, como le pedía
el general García Caminero para favorecer a unos terroristas. De Azaña y otros
prohombres hacía en el cuarto de Banderas semblanzas crueles. Sin embargo, a
este mismo Azaña, al que despreciaba, se disponía ahora a servir, llevado sin
duda del espíritu de contradicción, innato en él, ya que esta actitud le
enfrentaba con la mayoría de sus compañeros y amigos.[vi]
La crítica dura y ácida de Arrarás, - que siempre alabó a su
“generalísimo” y denigró en lo que pudo a sus enemigos - no la creemos
justa. Como otras muchas que hace en su libro, están llenas de malas
intenciones y odio disimulado, propio de un “vencedor que tiene que
justificar, como sea, su triunfo ilegal”. No se creen ciertas bastantes partes
de la semblanza. Es posible que, como tantos, hiciese caricaturas de Azaña en
algún momento en que se encontrase defraudado por el gobierno republicano. Y de
ser cierto, sería una faceta de don Joaquín desconocida para nosotros, él que
siempre fue considerado como una persona seria y triste, aunque irónica. Pero
no se cree que abominara en ningún momento de la República. Lo que más le dolía
a Arrarás - que fue su jefe y sirvió en uno de sus regimientos - era que el 18
de julio, Pérez Salas, defendiera desde el primer momento a la República que
tanto apreciaba, y que hasta el final de la guerra combatiese contra los
rebeldes. Y así lo deja sentir en su semblanza, cosa que nunca le perdonó.
En el bosquejo, también se hace referencia a algunos aspectos de la vida
de don Joaquín, que no hemos podido comprobar. En primer lugar el que perdiese
parte de su fortuna por invertir en valores industriales, acciones que
posiblemente quebraron al finalizar la Dictadura. Curiosa también la frase de
Arrarás: “En el fondo era un anarquista que mezclaba un orgullo aristocrático
a un desprecio por la organización social, que estimaba disparatada”. Este
podía ser el origen de su prepotencia para con sus iguales, su carácter
antimonárquico y la defensa que siempre hizo de los desamparados y humildes.
Nada tiene de extraño el que se negara a emitir un dictamen sobre un deposito
de explosivos, que muy bien podía ser de los republicanos de izquierdas, aunque
no sepamos las fechas.
El 12 de enero de 1933 tiene lugar el “suceso de Casasviejas” en la provincia de Cádiz y que serviría como detonante para la caída del Gobierno Azaña. El 8 de junio entra en crisis y después de dos cortos gobiernos, se disuelven las Cortes. En las nuevas elecciones del 19 de noviembre, triunfan las candidaturas de centro-derecha dando paso al periodo conocido como el “Bienio Negro” conservador y accede a la presidencia del Gobierno el radical Alejandro Lerroux. Muy poco se sabe de don Joaquín en esta época. En 1934 fue destinado al Regimiento de Artillería Ligera nº 6 de Murcia, sin que se conozcan las causas por las que se realizó dicho traslado.
Mucho más se conoce de su hermano Jesús en este periodo. En enero de
1933 es nombrado jefe superior de la policía de Barcelona, en un periodo muy
conflictivo con los anarquistas. Y en 1934 se le concede el cargo de Comisario
General de los Somatenes de Cataluña (especie de guardia rural y urbana),
dependiente de la Consejería de Gobernación de la Generalitat de Catalunya.
Este mismo año, se produce la llamada “Revolución de Octubre”.
No se cree que don Joaquín interviniese en este movimiento, pero sí su hermano
Jesús, que operaba a las ordenes del Consejero de Gobernación Sr. Dencás.
La revolución fracasó en Cataluña - no así en Asturias que duró
bastantes días - el mismo día 6 que había empezado. El presidente Companys
que había declarado el “Estat Catalá” dentro de la República Española,
fue detenido con muchos de sus Consejeros. Jesús Pérez Salas, Dencás y
algunos más, lograron escapar a través de las alcantarillas, pasar a Francia y
exiliarse en Bélgica. No volvería a España hasta después del triunfo del
Frente Popular. Este es el juicio de Jesús Pérez Salas sobre la “Revolución
de Octubre”, en lo que respecta a los militares y la creación de la U.M.E:
El movimiento de Asturias, verdadero ensayo de lo que podía haber sido una revolución social, con sus inevitables actos de terrorismo, contribuyó también a la unificación de posibles criterios que existían entre la oficialidad del ejército. No es pues de extrañar, que durante el periodo que comprende el final del año 1934 hasta el mes de febrero de 1936, fuese sumamente fácil llegar a formar el bloque que representaba la U.M.E - Unión Militar Española -, de la que formaban parte la mayoría de los oficiales, incluso antiguos simpatizantes de la República, alejados de ella por causa de la política militar que ésta siguió. Únicamente los de espíritu francamente liberal, en su mayor amplitud, se negaron a entrar en la U.M.E, formando más tarde la denominada U.M.R.A - Unión Militar Republicano Antifascista -. Esta organización tuvo por objeto, más que ser rival de la U.M.E, cosa ridícula dado el reducido número de los oficiales que la formaban, dar la impresión a la nación de que la oficialidad del Ejército no estaba únicamente con la U.M.E.[vii] Ninguno de los tres hermanos Pérez Salas: Manuel, Joaquín y Jesús pertenecieron a la U.M.E, sin duda alguna si perteneció el cuarto hermano, Julio, que luchó con los rebeldes. Sin embargo, tanto Miaja como Vicente Rojo - los dos militares más importantes de los republicanos durante la guerra - si estaban afiliados a la U.M.E, contrastes del destino.
En febrero de 1936 se celebraron nuevas elecciones. De nuevo las izquierdas consiguieron el triunfo. Don Manuel Azaña volvía a la Presidencia del Gobierno y dos meses después es nombrado Presidente de la República en sustitución de Alcalá Zamora. Por estas fechas algo antes de que estallara la guerra, don Joaquín fue destinado al Regimiento de Artillería Ligera nº 5 de Valencia, donde mandaría uno de los grupos.[viii] Jesús Pérez Salas regresaba de su exilio en Bélgica. Fue a visitar a sus hermanos Joaquín y Manuel para rápidamente dirigirse a Madrid y visitar a Don Manuel Azaña, comunicándole su impresión y la de sus hermanos, de que el Ejército estaba preparado e intentaba dar un golpe militar:
El 19 de marzo de 1936, fui a Valencia con el fin de visitar a mis hermanos, a quienes hacía dos años que no veía, y para presenciar las “fallas”, que por esa fecha se celebraba todos los años en esa capital. La impresión de mis hermanos, con respecto a la guarnición de Valencia, era la misma que yo tenía respecto de la de Cataluña, - una actitud de reto y sublevación contra la República -.
Después de una breve estancia en Valencia salí para Madrid, a donde llegué el 22 de marzo. En la capital de la República pude comprobar que existía el mismo ambiente en su guarnición que en las de Barcelona y Valencia, quizás más agudizado, sin duda a causa de la acumulación de poderosos elementos conspiradores, entre los que destacaban por su actividad los generales Goded y Franco.
Con
el único deseo de saludar al Presidente del Consejo de Ministros, Sr. Azaña,
fui a visitarle a su despacho oficial... Don Manuel conocía mucho
a mi hermano Joaquín, con quien había tenido constante relación en los
últimos meses de la Dictadura y primeros de la República, sintiendo por él
profundo afecto. Su opinión, por consiguiente había de pesar en el ánimo del
Sr. Azaña. Le expresé mi forma de ver la situación y el verdadero peligro que
existía para la República, debido a que el Ejército se hallaba unido y
dispuesto, muchos de ellos equivocadamente, a echarse a la calle. Que, para eso,
sólo esperaban los dirigentes que se produjera un motivo en que fundamentar su
actitud y que si este era de orden sentimental sería para ellos mucho mejor que
político; pero que si la causa sentimental no surgía, acudirían al socorrido
tópico de la alteración del orden público, lo mismo que lo hicieron en el año
1923 para proclamar la Dictadura. Pronunciadas estas palabras, a las que asintió
el Sr. Azaña, me preguntó qué medidas podían tomarse, a mi juicio, para
evitar el levantamiento del Ejército y para contrarrestar el triunfo de éste
si llegara a producirse.
Propuse al Sr. Azaña la creación del Cuerpo de Seguridad y Asalto, dándole una plantilla fija de oficialidad... Ello tenia por objeto cambiar la oficialidad dudosa en ese cuerpo, sin que el ejército, o mas exactamente, los generales directores del movimiento de rebelión que se gestaba, pudiesen encontrar pretexto alguno para llevar adelante rápidamente sus planes. En el cuerpo de Seguridad se podía dar entrada a los capitanes y tenientes de confianza que estaban diseminados en los regimientos, donde su eficacia era nula, dado su poco número y escasa graduación. Los jefes adictos podían ser empleados para contrarrestar la propaganda fascista en los cuerpos. Muchos de ellos, con su prestigio entre la oficialidad, lo consiguieron. El 19 de julio se comprobó tal aserto, pues hubo regimientos que no salieron a la calle por la oposición decidida de algunos de esos jefes.[ix]
Estos largos párrafos, demuestran, que los hermanos Pérez
Salas estaban al corriente de que se produciría un golpe militar contra la República.
Le comunicaron sus temores al Presidente Azaña e incluso en palabras de Jesús,
le indicaron la forma de evitar si no aminorar los efectos del golpe. No
obstante, don Manuel acogió bien su idea y sus actos posteriores parecieron
indicar que no se olvidó de ella. Sin embargo, poco después fue nombrado
Presidente de la República y fue encargado de formar gobierno el Sr. Casares
Quiroga y contra lo que se esperaba, no adoptó las medidas necesarias. Los
hermanos Pérez Salas sabían que los militares se rebelarían, no podían hacer
mas y esperaron a que se produjese el “golpe”. Estaban preparados para
defender la República. De los cinco hermanos sólo uno de ellos Julio, se unió
a los rebeldes.
[i] SUERO ROCA Mª Teresa. Un general de la República. Joaquín Pérez Salas. Rev. “Tiempos de Historia” nº 37. Pág. 107.
[ii] AZAÑA DÍAZ Manuel. Memorias políticas y de guerra. T.1º. Pág. 41. Ed. Crítica.
[iii] AZAÑA DÍAZ Manuel. Memorias políticas y de guerra. T.1º. Pág. 170. Ed. Crítica.
[iv] PÉREZ SALAS Jesús. Guerra en España (1936-1939) Pág. 53-54. Imp. Grafos. México DF.
[v] IDEM. Pág. 55.
[vi] ARRARAS Joaquín. Historia de la cruzada española. T. Nº 34. Pág. 475. Ediciones españolas, S.A.
[vii] PÉREZ SALAS Jesús. Guerra en España (1936-1939). Pág. 73. Imp. Grafos. México DF.
[viii] SUERO ROCA Mª Teresa. Un general de la República. Joaquín Pérez Salas. Rev. “Tiempo de Historia” nº 37. Pág. 107.
[ix]PÉREZ SALAS Jesús. Guerra en España (1936-1939). Pág. 74-75. Imp. Grafos. México DF