LOS PRIMEROS MESES DE 1937: JEFE DEL SECTOR DE CÓRDOBA
Después de las pérdidas de Bujalance, Montoro, Lopera, Porcuna etc., una calma relativa se estableció en el frente cordobés. El 4 de enero toma posesión del sector el coronel José Villalba Rubio. El frente se había estabilizado, pero el número de hombres y de material cada vez era menor, ya que eran desplazados a otros frentes como el de Madrid, donde eran más necesarios. Dicho de otra forma, era un frente a la defensiva, con escasos medios y muy vulnerable. Circunstancia que daría lugar a la pérdida de Málaga y a la ofensiva de Queipo de Llano sobre Pozoblanco en marzo de 1937.
En palabras del historiador franquista, Joaquín Arrarás, esta era la situación del frente andaluz desde el principio de la guerra:
Es difícil imaginar, y mucho más definir,
el ingenio que los nacionales hubieron de poner en práctica para triunfar en
estas operaciones de Andalucía. Resulta fantástico este periodo de los
movimientos de reconquista y consolidación de Andalucía. Solamente cuando las
columnas mandadas por Yagüe saltaron sobre el Guadiana y subieron al valle del
Tajo, los rojos preocupados seriamente por la suerte de Madrid, cedieron en sus
impulsos sobre el Sur, y sacaron fuerzas y mandos de la zona de Córdoba a fin
de llevarlos al sector de Talavera, donde el gobierno de Madrid comprendió que
se estaba formando la tormenta. Salió Miaja de la provincia de Jaén y dejó
allí a Hernández Sarabia. Pérez Salas quedó en Pozoblanco, vigilando una
oportunidad, para atacar a fondo, lo hubiera hecho - como lo hizo meses más
tarde - pero el ministro de la guerra reclamaba para Talavera el mayor número
de hombres y la máxima cifra de material, con lo que resultó que los frentes
bolcheviques de Andalucía quedaron momentáneamente algo desnutridos y tuvieron
que resignarse a una defensa estricta. En ello encontró un merecido alivio el
general Queipo de Llano, y ya no hubo operaciones de especial significación en
el sur hasta que cerca de la primavera se puso en marcha el grande y espléndido
plan de la Batalla de Málaga.[i]
Es curioso el lenguaje de Arrarás, cuando llama bolcheviques a los soldados y milicianos de los frentes republicanos de Andalucía en los primeros meses de la guerra, cuando la mayoría de ellos eran anarquistas y socialistas, y raramente comunistas. País Rusia, con el que no se tenían relaciones diplomáticas desde 1918, y que se restablecerían casi dos meses después de empezar la guerra. Para Martínez Bande, ésta era la situación del Ejercito del Sur en estas fechas, y en especial del sector de Córdoba:
Con el final del primer año de la guerra se
aprecia el considerable crecimiento de las fuerzas armadas en ambos bandos. Bien
que se siga adoleciendo de defectos orgánicos.
Así por lo que se refiere a las milicias
rojas, continúan sin estructurarse en Brigadas Mixtas, aunque se vaya camino de
ello. Y en cuanto a las fuerzas del general Queipo de Llano, no existen por
debajo de la 2ª División más unidades que las columnas débiles y de
efectivos y mandos circunstanciales.
En el ejército rojo de Andalucía se ha creado un nuevo sector: el de Almería, desgajado del de Granada, manteniéndose éste y los de Málaga y Córdoba. Los cuarteles generales se encuentran en Málaga, Almería, Iznalloz y Andújar.
Un estado de las fuerzas del 11 de enero detalla
cada uno.
El sector de Córdoba se divide en los subsectores de Arjonilla, Marmolejo y Pozoblanco, figurando como independientes las fuerzas que sitian el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y contándose con reservas en Linares y Andújar. En total, hay aquí 10.259 hombres con 15 piezas de artillería. El 3 de enero es nombrado jefe del sector el coronel Villalba Rubio, quedando el coronel Hernández Sarabia de comandante general de artillería del Ejército del Sur; pero al ser designado, además, Villalba para el mando del sector de Málaga - conforme veremos pronto - el 16 de enero, se designa a Pérez Salas interinamente “encargado de despacho” del Ejército del Sur, formula que le otorga, en la practica, su jefatura.
El subsector de Pozoblanco contaba en estas fechas con 178 jefes y oficiales, 269 suboficiales y 4.386 individuos de tropa, con 2.806 fusiles, 13 ametralladoras, tres cañones de 75 y tres de 105.[ii] Como se puede observar, bastantes más hombres que fusiles. Caso bastante normal en el ejército republicano, donde, en los primeros días de la defensa de Madrid, los soldados tenían que esperar a que cayese un compañero para poder empuñar su fusil y seguir combatiendo.
Siguiendo a Francisco Moreno Gómez, estos serían los pequeños encuentros entre ambos ejércitos al comenzar el año:
En el mes de enero, tras el gran desastre de
Montoro-Porcuna, se impuso la calma en el frente cordobés. Con todo, el día 8,
una pequeña columna republicana con dos blindados y reforzada después por 10
camiones atacó Porcuna; pero fue rechazada y capturado un blindado, cuyo
conductor era francés, perteneciente a la XIV Brigada Internacional. El día 11
fueron también los internacionales los que, por parte de la sierra, se
aproximaron a Pedro Abad, atacando de manera infructuosa. Y el día 22, desde
Adamuz igualmente partió un pequeño ataque hacia la zona de Pedro Abad-
Bujalance sin consecuencias.
La primera operación de cierta consistencia que se planeó en zona gubernamental en 1937 tuvo lugar el 23 de enero, cuando los batallones de milicias, maltrechos en diciembre y ahora en vías de militarización y organización regresaron al frente. El día citado se llevó a cabo un ataque republicano en tres direcciones: a) desde Alcaudete en dirección a Almedinilla, llegando a ocupar la posición de Sileras, hasta que los contuvieron fuerzas franquistas salidas de Priego; b) desde Adamuz en dirección a Villafranca, intentando envolver las posiciones avanzadas enemigas; pero fueron contenidos, aunque a duras penas por la guarnición de Villafranca, auxiliada después por Regulares enviados desde Córdoba; y c) en el frente de Porcuna-Lopera se filtró por la carretera entre ambas localidades una pequeña columna gubernamental, a la que hizo retroceder fuerza enemiga salida de Bujalance.
Esta operación combinada por tres puntos
estuvo dirigida por el comandante Joaquín Pérez Salas que, desde el 23 de
enero precisamente se hizo cargo del sector de Córdoba y del despacho de la
jefatura de este ejército.[iii]
Muy poco se conoce de esta ofensiva que don Joaquín inició el 23 de enero. Sin embargo, sí consta el testimonio del lado nacionalista, interpretado por Bernabé Copado en su obra “Con la Columna Redondo” y referido al ataque republicano a Lopera:
Durante todo el día 23 estuvieron cayendo
proyectiles en las avanzadillas y en el interior del pueblo. El ataque de
fusilería y de ametralladoras comenzó a media mañana por el lado del Cerro de
San Cristóbal; y antes, al hacer la descubierta la caballería de Lopera, le
habían hecho tres muertos por el lado que mira a Porcuna.
Se corrieron los rojos por la carretera de
Lopera a Porcuna, ocuparon los olivares que están a un kilómetro del pueblo y
desde allí hostilizaban las avanzadillas del Requeté y barrían algunas calles
del pueblo. El Requeté aguantó con heroísmo sublime la acometida.
Al comenzar el ataque, el tiempo, aún
cuando propio de invierno, estaba templado; y fue curioso ver a algunos
internacionales venidos de las regiones frías y cubiertas de nieve del Norte,
lanzarse contra nuestras trincheras, desnudos de cintura arriba. ¿Qué harían
los desdichados el mes de agosto?.
El tiempo se desencadenó en aguaceros
continuos, y éste fue otro enemigo con el que dentro de las trincheras tuvieron
que luchar los nuestros.
En el primer día de ataque tuvimos cinco heridos del Requeté. El teniente coronel fue a Lopera y al anochecer cesó el ataque. Se reanudó al día siguiente pero con menos intensidad.[iv]
Como se puede comprobar, los republicanos no se conformaron con la pérdida de Lopera. La operación planeada por don Joaquín no tuvo feliz resultado y sin embargo volvió - como se verá más adelante - a intentarlo dos veces más.
Según Ricardo de la Cierva, don Joaquín actuó también contra los sitiados del Santuario de la Virgen de la Cabeza. Tomando y volviendo a perder el Cerro de los Madroños el 27 de enero:
El general Martínez Monje, jefe del sector del Ejército del Sur y el teniente coronel Pérez Salas, jefe del sector desde el 23 de enero, desencadenan el 27 de enero un asalto contra el Cerro de los Madroños, posición de enlace entre el Santuario y Lugar Nuevo, y lo ocupan, pero son desalojados de nuevo por un contraataque de los guardias civiles con bombas de mano, “el enemigo tira bien y mucho” dice el parte de los asaltantes. El 28 y el 31 se repiten los asaltos, que ahora se concentran sobre el Palacio de Lugar Nuevo[v]. El día 29 cesaría en el mando Martínez Monje.
En
el libro “El Santuario y su gesta. Historia gráfica”, se hace referencia a
este ataque. El plan republicano pretendía conquistar primero Lugar Nuevo. El
27 por la tarde el mando rojo había dicho: “mañana a las cuatro y media, comienza lo de Lugar Nuevo, llueva
nieve o relampaguee”.
Pero la verdadera realidad de aquellos ataques que duraron desde el 27 al 31 de enero, la refleja con más claridad el capitán Cortés en su diario de operaciones:
Abiertas las compuertas del pantano de la Lancha, para incrementar la crecida natural del Jándula por las lluvias, los rojos lograron que su nivel subiese por encima del puente, para incomunicar el Lugar Nuevo; además cruzaron con fuego de ametralladoras el camino que hubieran tenido que recorrer los socorros que se hubiesen querido enviar desde el Santuario, e iniciaron a las tres y media de la madrugada una diversión sobre este con nutrido fuego de fusilería, ametralladoras y bombas de mano, para fijar a sus defensores en los parapetos y comenzar después de haber batido sus fachadas S y E con 125 cañonazos, que causaron grandes destrozos en el edificio, visible a simple vista desde el Santuario.[vi]
Si es del todo exacto lo que escribe el
capitán Cortés, es muy probable, que los autores de los cañonazos fuesen los
artilleros de don Joaquín; aunque en la obra no se cite ni a él ni a Monje. No
era Pérez Salas, partidario de distraer fuerzas en el sitio del Santuario, ya
que eran más necesarias en otros lugares. De este hecho, se conoce una anécdota
que Antonio Cordón relata en sus memorias, cuando fue destinado a finales de
febrero de 1937 al Frente Sur. Su cargo era el de jefe de EM del sector de Córdoba,
y al presentarse a don Joaquín, jefe del sector, comenta la situación del
Santuario:
Y al hablarle yo de la amenaza que teníamos
a nuestra espalda con carácter permanente, el Santuario, y mi deseo de que me
acompañase él a ver esa posición, ya que Menéndez no podía hacerlo dijo:
- Veo que, como todo el qué llega aquí,
tienes la manía de acabar con la Virgen de la Cabeza. Mira - añadió
bromeando, y más de una vez había de repetírmelo, siempre en broma
naturalmente -, no hay más que un procedimiento para eso. Hacer un retrato mío
de tamaño natural, presentárselo a los sitiados del Santuario y estos
escaparan con el alma que lleva el diablo.
- ¿Y por qué no has empleado ya el
sistema? - le pregunté.
- Por modestia - replicó muy serio.
Creía Pérez Salas que la amenaza principal
del enemigo estaba dirigida contra Pozoblanco, aunque hubiese otra secundaria
contra Andújar.
El día 1 de mayo de 1937, Antonio Cordón y Martínez Cartón, acabarían con la heroíca resistencia de los defensores del Santuario. El mismo día, Cordón le comunicó la noticia a don Joaquín:
Volví a Andújar con el coronel (Morales), quien siguió viaje a Jaén. Lo primero que hice al entrar en el cuartel general fue ponerme en comunicación con Pérez Salas, que seguía en Pozoblanco. Había llegado la hora de devolverle la broma que en varias ocasiones me había gastado sobre el tema del Santuario. Como por mi cargo hacía con frecuencia, le pregunté si había alguna novedad. Me dijo que no, y luego hablamos unos momentos de cosas sin importancia. De pronto, y como si se tratase de una cosa más de tal carácter, le dije:
- Ah, se me olvidaba decirte que, como hoy es primero de mayo, para celebrarlo, hemos tomado la Virgen de la Cabeza.
Siguiendo lo que él creía broma, me
contestó que uno de aquellos días, pensaba ir a veranear al Cabezo, y continuó:
- ¿Y qué?, ¿Habéis tenido mucho que
hacer para tomarlo?
- Nada - repliqué -. Siguiendo tu consejo,
pusimos de madrugada tu retrato, y los sitiados en cuanto lo vieron levantaron
bandera blanca. Pero - proseguí tomando un tono serio -, bromas aparte, te doy
mi palabra de que hemos tomado el Santuario; acabo de llegar de allí.
Quedó unos momentos en silencio y luego con
patente sinceridad y alegría me felicitó efusivamente.[vii]
Muy curiosa la anécdota que Cordón relata sobre don Joaquín. En ella nos da a conocer un aspecto poco conocido de él, su carácter bromista en bastantes ocasiones cuando siempre se le ha considerado como una persona seria y callada. De la misma opinión es, Joaquín Arrarás, del bando contrario cuando dice de Pérez Salas que durante la República: De Azaña y de otros prohombres hacía en el cuarto de Banderas semblanzas ingeniosas y crueles. Sin embargo, a este Azaña, al que despreciaba, se disponía ahora a servir, llevado sin duda por el espíritu de contradicción, innato en él, ya que esta actitud le enfrentaba con la mayoría de sus compañeros y amigos.[viii] Creemos que Arrarás, por espíritu de venganza de “vencedor” se excede en su juicio con don Joaquín.
Al iniciarse el mes de febrero, Queipo de Llano, provoca la ofensiva de Málaga. El día 4 de febrero, don Joaquín, ordena que se efectúen reconocimientos ofensivos en todo el frente andaluz; logra desalojar de algunos puntos a los nacionalistas, y este éxito le impulsa a lanzarse al ataque, aunque para ello necesita reservas, con objeto de ayudar a Málaga.[ix] Los reconocimientos ofensivos actúan sobre la línea Villafranca- Montoro-Villa del Rió-Lopera y Porcuna. También atacaron por Zamoranos y Fuente Tójar al sur de la provincia de Córdoba, apoderándose de las posiciones de “El Piojo” y “Las Cabezas” perdidas poco después en contraataque enemigo. El reconocimiento ofensivo se transformó en ataque en toda regla el 5 de febrero, cuando se supo que Queipo de Llano avanzaba incontenible hacia Málaga.[x] Al mando directo de las brigadas 16 (Martínez Cartón) y 20 (de López Mejías) actúa sobre Lopera y Porcuna, conquista Cerro Lechuga y Villafranca y se acerca a Montoro y Villa del Río, donde tiene que frenar su avance.[xi] La acción se prolongo hasta el día 10 poniendo en verdadero aprieto a las guarniciones franquistas de Villafranca, Montoro y Villa del Río. La verdad es que no llegó a entrar en estos pueblos, pero si presionaron sobre ellos muy peligrosamente. La acción sobre Montoro, en la que se llegó a las primeras casas, fue obra de la 4ª compañía del Batallón Pozoblanco al mando del capitán Garrido.[xii] No es cierto que tomase Villafranca; el batallón del mismo nombre junto con algunas secciones del Batallón Pedroches, se situó en “La Clavellina” y en el Cerro de “Las lechuzas” con su comisario al frente el poeta Pedro Garfias. Arengados por su comisario, sin embargo, solo consiguieron entrar en las primeras casa de la población.
Siguiendo con el relato del historiador militar Martínez Bande:
Estos ataques continúan con más o menos
intensidad en las jornadas siguientes, y el 8 se llevan además a cabo sobre
Valsequillo (subsector norte de Córdoba), Quéntar, Pinos Puente y
Tozar-Limones (sector de Granada). En la opinión
de este historiador, la ofensiva preparada por don Joaquín, tenía los
siguientes objetivos: una orden de Pérez
Salas del día 7 dispone para la jornada siguiente una ofensiva general en los
sectores de Córdoba y Granada; en el primero se ataca la línea de Villa del Río-
Lopera- Porcuna-Valenzuela, y en el, segundo se ocupará, por sorpresa, Alcalá
la Real, presionándose a la vez sobre Limones, Tozar, Pinos Puente y Moclín, y
ocupándose, más al Sur, Beas y Quéntar.[xiii]
Sin embargo, el ataque preparado y realizado por don Joaquín, debido en gran parte a la falta de medios y a la fuerte resistencia que presentaron las guarniciones nacionalistas, no alcanzó objetivos de importancia. También la ofensiva fracasa al reducirse a embestidas aisladas y sin conexión, que languidecen rápidamente.[xiv]Tampoco hizo desistir a Queipo de Llano de su avance contra Málaga - que era el principal objetivo -. La ciudad marítima fue ocupada el 8 de febrero, mientras la población civil huía a lo largo de la costa hasta llegar a Almería. En la desordenada evacuación. La población indefensa fue bombardeada y ametrallada por la aviación y los barcos de guerra franquistas. Fue sin duda la evacuación, más trágica de la guerra civil española, que recuerda las grandes matanzas y genocidios de la Historia. Nunca se podrá saber el número de fallecidos, que algunos historiadores fijan como mínimo en 5.000 personas.[xv]
Este es el testimonio de B. Copado, sobre la ofensiva que preparó don Joaquín, en su ofensiva a Lopera, visto bajo el punto de vista nacionalista:
Amanece el día 3 y la calma de los días
anteriores se ve turbada de manera violentísima. Varias columnas habían
comenzado a atacar al mismo tiempo, tratando de cerrar por completo el cerco de
la ciudad de Málaga.
El enemigo concibió el plan de atacar todo
nuestro frente y retardar al menos de esta suerte la caída de la ciudad. Trajo
para esto de Albacete grandes contingentes de Milicianos y una Brigada
internacional con la decisión de romper nuestras líneas por Lopera o Villa del
Río.
Amaneció el 4 y con él comenzó el ataque del enemigo, ataque el más duro que hasta ahora ha sostenido el Requeté por su duración. El enemigo había tomado posiciones en las lomas de “Canta Viejos”, “El Tebal”, “Cortijo Coronado” y en los olivares de Mendoza; esto por el lado del Cerro de San Cristóbal y Carretera de Andújar-Arjonilla y lado de Villa del Río.
Por el lado de Porcuna el ataque fue aun más
fuerte y encarnizado. La artillería con nueve piezas comenzó a rayar el alba a
disparar contra las avanzadillas y con el pueblo; estallaban con fragor
impresionante por todas partes los proyectiles; el elemento civil se acogió a
los refugios y las fuerzas todas se desplazaron a las avanzadillas.
Al mismo tiempo que en Lopera atacó el
enemigo en toda la línea, Villafranca, Montoro, Villa del Río y Porcuna. Hasta
entrada la noche no terminó el ataque.[xvi]
Copado da a conocer en su obra la visita que Franco hizo a Bujalance el día 5 de febrero: Entrada la mañana de este día tuvimos una visita muy grata en Bujalance: El General Franco se presentó sin avisar; estuvo unos minutos con nosotros; saludó afectuosamente al Teniente Coronel Redondo. Le preguntó por el estado de las fuerzas y dirigiéndose al Coronel le dijo que estando Redondo no tuviese preocupación de ninguna clase.[xvii] Posiblemente, Franco vigilaba la actuación de Queipo de Llano en su ofensiva contra Málaga, para impedir que se llevara todos los méritos. El día 9 de febrero, Franco llegaba a Málaga.
Continúa Copado con el relato de los
acontecimientos de esta campaña:
El día 5 tuvo las mismas características
que el anterior. Continuó el ataque general en todo el frente, con intensidad
salvaje en Lopera. El caer de los proyectiles y el tabletear de las
ametralladoras fue ensordecedor durante todo el día; el número de muertos y
heridos fue crecidísimo; y el de los contrarios incontable.
Terminó el día y amaneció el seis.
Furiosos los rojos por no poder lograr la realización de sus proyectos de
romper el frente, arreciaron por la parte que ellos conocían ser más difícil
de defender y más vulnerable por la artillería, por Lopera. Los proyectiles caídos
este día en las avanzadillas y en el pueblo se acercaron al millar.
El día 7 amaneció más tranquilo para los
defensores de Lopera. La artillería roja sólo disparaba con tres piezas y no
muy intensamente. La infantería intentó con valor y furia asaltar nuestras
avanzadillas y fue rechazada de manera enérgica, de tal manera que tuvo que
retirarse con innumerables bajas. El día 7 también intensificaron el ataque
por el sector de Villa del Río, donde fueron enérgicamente rechazados.[xviii]
El ataque a Lopera debió de ser muy fuerte, lo refleja Copado en su obra dando los nombres y apellidos de las bajas - muertos y heridos - que tuvo la columna. Pero como todos los escritores nacionalistas tiende a exagerar las bajas del enemigo.
La caída de Málaga enfureció a los que
estaban en el frente rojo de Lopera; no habían logrado distraer fuerzas;
intentarían ahora en un supremo esfuerzo romper la línea y tomar al menos
Porcuna y Lopera para levantar la moral de los suyos tan decaída por el
descalabro sufrido.
El alborear del día 9 fue trágico, doce cañones
enemigos juntaron sus fuegos y comenzaron a batir de manera salvaje y certera
todas las avanzadillas del frente de Lopera juntamente con el pueblo... El campo
ha quedado completamente lleno de embudos y sembrado además de proyectiles sin
explotar. Faltaban municiones en Lopera y en Porcuna. Y punto menos que
imposible el llegar a ambos pueblos. Lopera estaba incomunicada con Bujalance
por la carretera directa que tenía volado un puente. Por Villa del Río era difícil
pasar, pues el trozo de carretera general, antes de tomar el ramal de Lopera,
estaba barrido por las ametralladoras enemigas.
A Porcuna no se podía llegar, pues los internacionales según las impresiones que se tenían, se comenzaban a correr hacia la carretera de Cañete de las Torres. Sin embargo, las municiones llegaron a Lopera y Porcuna.
El día 10 fue miércoles de ceniza; continuó
el ataque contra Lopera, pero con mayor intensidad y con furia más horrible
contra Porcuna.
El ataque de artillería fue seguramente por su intensidad, aun cuando no por su duración, el más intenso y horrible de todos estos ataques, durante tres horas estuvieron constantemente en el aire cinco proyectiles. Hubo muchas bajas y heroísmo sin limites.
Pero fue tal el descalabro que tanto en
Lopera como en Porcuna recibieron, que se alejaron de nuestras líneas. Y el día
11 amaneció tranquilo en todo el sector, excepto en Villa del Río y en Montoro,
donde continuaron hostilizando, aun cuando no con mucha intensidad.[xix]
Hasta aquí, el largo extracto del que podríamos llamar “diario” de esta pequeña ofensiva relatada por Copado. Desde luego, en esta ocasión, los republicanos no sufrieron ningún descalabro en ese sector. Simplemente, perdida Málaga, la ofensiva no tenía razón de ser, unido a esto la falta de materiales y de reservas, se impuso la retirada a sus posiciones y finalizaron los ataques.
Muy poco se “movió” el frente cordobés en la última quincena del mes de febrero y los primeros días de marzo. Una tregua no pactada - de descanso y recuperación de ambos bandos - se impuso en ambos bandos. En la opinión de Moreno Gómez:
El día 15 de febrero se produjo una
descubierta franquista desde Villa del Río que sorprendió y causó algunos
muertos entre los republicanos. Estos contraatacaron en los días siguientes,
consiguiendo una partida de guardias de Asalto cruzar el Guadalquivir y rescatar
a varios obreros de Montoro. Fueron pequeñas escaramuzas gubernamentales a
costa de muchas bajas, según fuentes nacionalistas. Finalmente, en toda la zona
campiñesa del frente de Córdoba se impuso una tregua tensa, preludio de la
gran batalla de Pozoblanco, que enseguida se desencadenaría por la zona de la
Sierra.[xx]
Realmente eran pequeñas acciones guerrilleras, que se fueron ampliando en el
transcurso del año.
[i] ARRARAS Joaquín. Historia de la cruzada española. Vol. 7º. T. 32. Pág. 480. Ed. Españolas, S.A.
[ii] MARTINEZ BANDE J.M. La campaña de Andalucía. Pág. 134. Ed. San Martín.
[iii] MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Pág. 515. Ed. Alpuerto, S.A.
[iv] COPADO Bernabé. Con la columna Redondo. Pág. 254-255. Imp. de la Gaviria. 1937.
[v] DE LA CIERVA Ricardo. Historia general de la guerra de España. Pág. 488. Ed. Fénix. S.L.
[vi] AGUADO SANCHEZ F. El Santuario y su gesta. Historia gráfica. Pág. 65. De. Comisión histórica de la Dirección General de la guardia civil.
[vii] CORDON Antonio. Trayectoria. Memorias de un militar republicano. Pág. 256 y 284. Ed. Crítica.
[viii] ARRARAS Joaquín. Historia de la cruzada española. V. 8º. T. 23. Pág. 475. Ed. Españolas S.A.
[ix] SUERO ROCA Mª Teresa. Un general de la república. Joaquín Pérez Salas. Rev. Tiempo de Historia. Nº 74. Pág. 108.
[x] MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Pág. 515. Ed. Alpuerto, S.A.
[xi] SUERO RACA Mª Teresa. Un general de la República. Joaquín Pérez Salas. Rev. Tiempo de Historia. Nº 74. Pág. 108.
[xii] MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Pág. 516. Ed. Alpuerto, S.A.
[xiii] MARTINEZ BANDE J.M. La campaña de Andalucía. Pág. 172. Ed. San Martín.
[xiv] IDEM: Pág. 172.
[xv] MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Pág. 516.
[xvi] COPADO Bernabé. Con la columna Redondo. Pág. 260. Imp. De la Gaviria. 1937.
[xvii] IDEM. Pág. 261.
[xviii] IBIDEM. Pág. 263 a 265.
[xix] COPADO Bernabé. Con la columna Redondo. Pág. 266 a 269. Imp. De la Gaviria. 1937.
[xx] MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Pág. 516. Ed. Alpuerto, S.A.
La vida profesional de don Joaquín, se desarrolla en gran parte en Valencia. Su trayectoria
Nacido en Sevilla en 1886, ingresó en 1905 en la Academia de Artillería; al abandonarla en 1910 con el
n las famosas Ordenanzas de Carlos III”.