PERSONAJES POPULARES DE PREGONERO

Autor: José de la Cruz García Mora

Gracias por su visita


  El viejo tenía la piel  
  marcada por latigazos  
  y la miseria de ayer  
  seguía saliéndole al paso  
 

Alí Primera

 

Introducción

Arcángel

Italo

Eutimio

Patas Hinchadas

Juan Ramón

Runche

Jesus

Richard

Liberato

Eva

La Hija de Eva

Etanislado

Pacomio

Nicolás

Cebillo

Cerro de Oro

Manana

Argenis

Churico

Guillo

Pequila

Cucaracho

Plácido

Belén

   

 


Introducción

 

Personajes Populares de Pregonero, antes que una gélida e inerte apología de adulancias inexpresivas o de exaltaciones abúlicas y banaes, es un tímido opúsculo de poema o sonetos esencialmente descriptivos y acentos cotidianos, nacidos bajo el amparo y el calor vivo y espontáneo de los recuerdos inmediatos. El mismo está estimulado por el creciente deseo de formular una sincera convocatoria, en aras de rescatar los aspectos integrales de los valores humanos populares de la localidad de Pregonero, Municipio Uribante. El objetivo fundamental de estas páginas afectivas y llenas de esperanza, entre otras cosas, pretende ofrecer un sencillo homenaje a los hombres y mujeres que se han enraizado, por diversos motivos, en el profundo cariño de la conciencia popular del gentilicio uribantino.

En el devenir de los últimos años, muchos de ellos, con su adusta presencia pueblerina, preñada de multifacéticas manifestaciones y posibilidades, han rubricado un típico y avezado submundo de libérrimas fantasías y enigmáticos extravíos, como si le quisieran encajar una sucesión de ágiles punzadas a los rígidos esquemas y estereotipos de la gente que los rodea, mientras que los otros saludan ingenuamente su quimérica estatura de hombres populares, para enarbolar el estandarte de la humildad, a fin de adentrarse con mayor ímpetu en la querencia de la población.

Cada uno de ellos, por razones obvias, estrena espectáculos públicos que de manera momentánea diluyen las múltiples preocupaciones de los espectadores, arrancando jirones de alegría al minuto que pasa y llenando el vacío de las horas de quietud con inesperadas vivencias divertidas y pletóricas de inquietud.

Unos, deambulan despreocupados por los inescrutables vericuetos de su hermético ámbito psicológico y social, cargando a horcajadas sobre los hombros el pesado estigma de su humana condición de hombres felices y aloquinados, bajo cuya sombra descansa un tortuoso proemio de fábulas en fuga, como si quisieran escrutar todos los recodos del camino, para llenarlos con su presencia. Otros, personajes normales, por su extracción humilde y por el estímulo que emana de su preciado señorío, ya se han ganado el aprecio colectivo, o la morisqueta afectuosa y cordial de parte de los vecinos y circunstantes. Ahora aguzan su íntimo perfil para aflorar por encima de las fuerzas del silencio y la quietud pueblerino, imbuidos por el firme propósito de alcanzar un momento perdurable en el corazón de los gongéneres y coterráneos.

No hay duda que la mayoría de estos altivos "personajes típicos y populares" constituyen, al menos, un pequeño aporte en la definición del patrimonio nativo y del acervo humano de nuestra idiosincrasia, como pueblo latente y dinámico, aunque su inevitable realidad sociohistórica, muchas veces, se pretende obviar ante los ojos de la historia, como si el ausente paradigma que ellos alimentan, acaso estuviera destinado a sufragar estelas de silencio. Por esta razón, aquí se juntan sus diversas inquietudes, para caminar el sendero que conduce al exógeno extralímite de su vida huraña y taciturna, buscando revivir un retazo de su mundo en albedrío.

Este homenajes es mas que un testimonio y más que una reafirmación de fé. A todas luces, es el encuentro con los hombres de afecto colectivo y carisma subitáneo, confundidos en el paisaje y la palabra rauda y fecunda que armoniza sus ímpetus triviales. Además, es la presencia serena de su crecido criso en tentativa.

Una cosa resulta cierta. Aquí nunca se tuvo la peregrina idea de zaherir la condición humana de las personas descritas. Antes mas bien, se busca resaltar sus cualidades y/o defectos, en aras de que su picaresco emblema o plausible recuerdo, no muera ignorado en la noche del tiempo, como hasta ahora ha sucedido con otros hombres de idénticas alegorías, algunos de los cuales yacen anclados en el túnel del olvido. Ese inmenso caudal de inquietas travesuras y secretas confidencias, tal vez por la dinámica impuesta por el trajin derivado del acontecer cotidiano, a veces, queda suspendido en el aire, como buscando un hálito de vida, para apuntalar una huella perenne y justa.

Nacidos todos ellos bajo la realidad coetánea de estos tiempos y moldeados además por los frecuentes altibajos de su espacio vital, aquí se agrupan de pronto, sin invitación previa y sin dilemáticas contradicciones mutuas, para preservar su identidad en un coro de voces sencillas.

Realmente, la idea de describir sus hábitos y conductas características, más que todo, intenta rescatar la perdida fantasía, donde se resume un anecdotario variado, vasto y muy rico. el mismo, por cierto, muchísimas veces, funge como solaz a los innumerables transeúntes que se detienen en cualquier esquina, para observar sus pícaros extravíos o su ardua lucha por la superviviencia, por el pan y el suntento diario.

Unos viven de la caridad pública y otros de su inconmensurable capacidad de sacrificio. Pero todos ellos transitan por estas páginas del recuerdo, como una vez fueron y como siempre serán...

José de la Cruz García Mora

Pregonero, Estado Táchira, Venezuela

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Arcángel

Arcángel amenazaba con vomitarse si no se le regalaba un cigarrillo

Arcángel es un hombre vagabundo,

se pasea las calles silenciosas,

con sus muletas viejas, temblorosas,

donde sostiene su visión del mundo.

 

Le roba sus numeres un segundo

y trajina sus penas dolorosas,

con su paso senil, vida sin rosas

de la fatal verdad de lo errabundo.

 

Arcangel es un hombre muy sencillo,

se detiene a pedir un "cicarrillo"

para seguir retando su destino.

 

Camina por las calles, solitario,

con su ropa de simple proletario

sucia de tierra y polvo del camino

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Italo

a Italo le gustaba caminar todo el día por las calles de Pregonero

Italo es fiel amigo del camino.

A todos lado llega el caminante,

con rapidez, con paso trashumante

y su filosofía de ladino.

 

De cédula carece y pergamino

para identificarse en un instante.

Pero tiene el camnio por delante

y por detrás le sigue su destino.

 

Es un hombre feliz e inteligente

y ante la sobriedad de tanta gente

hace regios alardes de locura.

 

Porque sagacidad le sobra un pco,

con su filosofía de buen loco

viviendo su lúcida cordura

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Eutimio

Eutimio corría despavorido cuando alguién lo invitaba a barrer

Eutimio lleva rumbo al cementerio.

Allí duerme la noche constelada,

en cama libre, tierra mojada,

donde reposa el don de su criterio.

 

Es mendigo de pan, sin refrigerio,

de barba larga, sucia, descuidada.

Hombre valiente, no le teme a nada

y nunca cobijó ningún misterio.

 

Este señor huraño nunca roba.

Sólo le teme a una simple escoba,

porque barrer es crimen y castigo.

 

Ese su sucio cuerpo maloliente

es su presentación ante la gente,

la misma que lo deja sin abrigo.


Patas Hinchadas

Patas Hinchadas se hacía el dormido en las aceras y agarraba las partes íntimas de las damas

Patas Hinchadas vive sus hilachas.

En las aceras duerme, sus malicias,

esperando las horas más propicias

para el goce de las mejores rachas.

 

Ladino y taciturno, con sus fachas,

estrena todo un mundo de delicias.

Es un ladrón de impúdicas caricias

en los muslos de niñas y muchachas.

 

Es el terror moral de las mujeres

y vive sumergido entre placeres,

haciendo más ardiente su lujruria.

 

Esa pasión furtiva de sus manos

estrena sexos íntimos y arcanos

y no oyes los insultos o la furia

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Juan Ramón

Juan Ramón usaba vestimenta militar y arma de madera, decía que tenía mucho ganado

Es Juan Ramón un hombre de riquezas

y militar con rango de teniente,

hacendado y feliz terrateniente,

con ganado por miles de cabezas.

 

Este señor con hábiles proezas

recoge una moneda prestamente,

sin apoyar la mano, solamente,

con su sola boca y sus destrezas.

 

Su desfile de portes tan marciales

y su vestir, anuncian los caudales

de gran señor y rico propietario.

 

Es militar de gorra con visera,

usa fusil, pertrecho de madera,

comiendo su chimó de proletario.


Runche

Runche sólo tenía los dedos índice y meñique, con ellos pedía un palo de miche de dos dedos de alto, le gustaba cantar

Runche, cantor de penas y alegrías,

empuña su gaganta tan sonora,

en un canto de noche sin aurora

y trino de juglar de melodías.

 

En estos campos siembra poesías

y la tierra su voz le condecora,

con ese timbre lírico que llora

en ebrias y vibrantes elegías.

 

En su sombrero lleva serenatas,

ebrios cantos y cálidas sonatas

para cambiar su voz de gran tenor

 

por un trago de ron callejonero.

Luego, sigue con aires de jilguero

estrenando su lírica meno

Al Inicior


Jesus

Jesús Sufría del Síndrome de Down, le gustaba simular que hablaba por los micrófonos

Jesús, el gorilon, es un bohemio

y locutor sagaz de los eventos.

Pero Jesús jámas le teme a cuentos

cuando brota su labia sin proemio.

 

En el deporte no ganó su premio

u con su voz anima los eventos.

Hoy nos regala toscos pensamientos

y pasea por las calles sin apremio.

 

Esas palabras simples y complejas

son el aliento grave de sus quejas

al reclamar a Dios por esa vida

 

de simple trashumante del camino,

cuando ve su mongólico destino

preparando maletas de partida

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Richard

Richard sufría de Síndrome de Down, paseaba por las calles simulando ser chofer de una gándola, enamorado

Richard, el conductor de las gandolas

va poblando de voces estos valles

Él conduce sus autos por las calles

y no respeta turnos ni las colas.

 

Es bailarín de fiestas y rockolas.

Él no goza los íntimos detalles

de las cinturas núbiles y talles,

alegre con su ritmo, muy a solas.

 

Toda la noche baila sin descanso

y muy temprano salue un poco manso

a recorrer las calles y avenidas

 

con su criterio de chofer errante

y sus destreza mágica al volante

en visita a sus tórtolas, queridas

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Liberato

Liberato perseguía a quiens lo llamaran por su nombre "Mi nombre me lo dio diocito", decía

Liberato es un hombre de criterio

y nos pide su céntuplo respeto,

para pasar la vida bien repleto,

con grave dignidad del hombre serio.

 

Él se cobra muy caro el improperio

al holgazán fnático indiscreto

que le grita detrás del parapeto

su nombre: ¡Liberato!, con misterio.

 

A muerte tiene celos de su nombre

y vibra muy rabioso, como un hombre

que lanza con sus férvidos enojos

 

una lluvia de piedras y castigos,

a todos los malditos enemigos

que zahieren sus íntimos despojos.

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Eva

Eva era pordiosera y pedía de puerta en puerta, muy devota a la religión

Eva, señora y madre sin quimera,

de sueños proletarios y pobreza,

eleva sus plegarias cuando reza

con su devota fe de rezandera.

 

No pediría pan si ella tuviera

-en vez de toda el hambre- la riqueza,

para condecorar con entereza

su pródiga virtud de pordiosera.

 

Ella callada va por cada puerta

y con voz herida y casi muerta

pide ropa, comida y otras cosas.

 

Al regreso, cansada del derroche,

con lentitud, al paso de la noche,

resume tantas penas dolorosas

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La hija de Eva

Luzmila, hija de Eva, era muy coqueta e ingenua

Ella, la niña y la mujer en risas,

con ingenuos donarires de doncella,

saluda la bonda se siente bella

y nos regala cándidas sonrisas.

 

Su rostro vibra en hábitos y brisas

y su mirada luce cual estrella.

-no se su nombre- pero flor es ella

y a todas las demás deja sumisas.

 

Es hija de la lluvia o la mañana,

de la entrega furtiva y ya lejana

de una secreta noche confidente.

 

Con su mamá muy tímida camina

por estas calles, donde apergamina

el dejo del espíritu creciente.

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Etanislao

Etanislao, hombre dominuto, contaba unos cuentos interminables

Etanislao baja de la aldea

y puebla de fábulas y sueños

el corazón de viejos y pequeños

y alegre por las calles se pasea.

 

Esos relatos siempre colorea

entre gigantes mímicas y empeños

y los oyentes ya se sienten dueños

de las historia líricas que crea.

 

Su lenta voz saluda las montañas

cuando termina todas las hazañas

y la trama del cuento que nos trae

 

y luego se despide del oyente,

regresando feliz y muy sonriente

apenas ese sol muriente cae.

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Pacomio

Pacomio, simulaba tener una bodega, gritaba a los cuantro vientos el nombre de sus deudores: hombre ricos

Pacomio fue regente de bodega

con criterio de rico comeciante.

Pero, de pronto, cambia su semblante

el súbito recuerdo que le llega.

 

En ese desvarío nunca niega

de sus arcas vacías el faltante

y pide, con su grito reclamante,

dinero sin cobrar de vieja entrega.

 

Él, como contador en inventario,

recita como en cuentas de rosario

a todos sus deudores y morosos.

 

Ese largo desfile de usureros

descubre la verdad de los dineros

de "dones y señores" respetuosos.

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Nicolás

Nicolás gusta del cine, es muy servicial y amistosos, enamorado

A nicolas el "conenizo Tina"

es la frase feliz que lo define

y su fervor silente por el cine

le marca cada día la rutina.

 

Toma miche, bebida clandestina,

como trago de ron que le destine

nuevo timbre de voz y se le afine

el piropo gozón por la vecina.

 

Lleva su cuco de chimó consigo

y brinda la paleta como amigo

entre gustos y risas estridentes.

 

El don de su numen es muy sencillo

abriendo la bondad de su bolsillo

en brisas y en ensueños confidentes.

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Cebillo

Cebillo hacía cucos para Chimo, vivía en la Loma y la gente lo molestaba diciéndole que era copeyano

Cebillo da la vida sin reparo

y se declara "adeco" de los viejos.

Pero su don de vínculos añejos

no puede soportar ningún descaro.

 

Su proletario don no tiene paro

y talla su producto sin complejos:

un cuco pa'chicmó nos da consejos

de la marca mejor y menos caro.

 

Este señor anuncia por las calles

el fruto de labor y sus detalles.

Pero si tu le juegas una broma

 

y le dices: "Cebillo, copeyano",

gritando lo contrario, grito llano

se regresa camino de la loma.

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Cerro de oro

Andaba con un costal lleno de piedras, diciendo que era oro de sus minas

Cerro de oro sustenta la fortuna

en el oro que brota de sus minas:

pedruzcos y papel, arenas finas,

oro cochano son por don de luna.

 

Es hombre de caudal y regia cuna,

migrante de repúblicas vecinas.

En este pueblo va por las esquinas

con su metal dorado: su fortuna.

 

El oro lo reparte cada día,

para no ver jamás la pobrería

sufrir su derrotero de miseria.

 

El mundo ya conoce su causal,

cada nación recibe su quintal

y reza su vital empresa seria

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Manana

mecánico, amistoso, tenía dificultades para pronunciar

Manana la mecánica profesa

y su total espíritu dedica

a reparar el auto y nos explica

el mínimo detalle que lo apresa.

 

Ese cuerpo de grasa tan espera,

resumen de virutd, nobleza rica,

debajo del motor identifica

el mal y su alegría nos expresa.

 

La fama de su músculo vital

es torre de marfil, descomunal

que roba los suspiros femeninos.

 

Toda labor muy presto la realiza

cuando su cuerpo rápido desliza

debabjo de costosos autos finos.

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Argenis

Mecánico, enamorado, quiere tener un "guri cargado de cambure, cambure"

Argenis es un hombre de trabajo.

En un taller mecánico labora

y de su ser, el mérito le aflora

como la fuente mana desde abajo.

 

Del tronco familiar es caro gajo

y su trabajo rápido devora,

no sabe de retraso ni demora,

ni de vulgar maldad o desparjajo.

 

Sólo quiere comprar y que le dure

un Guri, cuya carga de "cambure"

aplaste con su peso de gandola

 

esa falsa virtud de quien hiriente

le pide con deleite que le cuente

el íntimo detalle que acrisola.

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Churico

Bebedor impenitente, pequeño de estatura, pasea ebrio por las calles

Churico, bebedor impenitente,

camina por la calle cual borracho,

saluda muy feliz, y sin empacho

ignora los reproches de la gente.

 

Sigue su trajion y de repente

sube desde Calvario hasta Capacho.

Su roja piel y frágil carapacho

se tambalea y crece su relente.

 

Su espíritu bohermio, su deseo

se conjuga con ese bamboleo

de su paso cansino e inseguro

 

que lo lleva solícito y aprisa,

pidiendo con su clásica sonrisa

una copa de miche claro y puro.

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Guillo

Caminaba inclinado, servicial, errante, pagó muchas culpas ajenas

Guillo recorre todos los recodos

con su paso simiesco e inclinado,

como si su relente del pasado

acudiera mostrando nuevos modos.

 

En un hombre normal y para todos

el paso de los años ha dejado

-mas que ese prontuario desgastado-

un vínculo final en sus apodos.

 

Alguna vez, debajo de la luna,

abrigando bochinche sin fortuna,

se robó las gallinas del sancocho

 

y por ello, la faz del ladronzuelo,

en la cárcel injusta del desvelo

supo de su dolor y su trasnocho.

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Pequila

trabajador incansable (limpiaboas, cotufero, pastelero, etc) para llevar el sustento al hogar. Se llama Trino

Pequila, con virtud de tesonero,

trabaja cada día con afán,

lucha por la comida u por su pan

con ímpetu vital y con esmero.

 

Alguna vez fungió de cartelero

y no tuvo temor del que dirán

y las gentes del pueblo no podrán

olvidar esa voz de pregonero.

 

Es un excelso ejemplo de virtudes,

de lucha noble y limpias actitudes

traajando muy duro y sin descanso.

 

Ahora conocemos sus tesón

y su esfuerzo viril y corazón

abrigando tímido remanso.

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Cucaracho

Rezaba por encargo en el cementerio y en los velorios

Cucaracho, señor devoto y justo,

ejerce su labor con fe sincera

eleva su plegaria mañanera

y prosgiue rezando muy a gusto.

 

Con su relente tímido y vetusto,

sentado en la necrópolis espera,

añorando una luz en su quimera

de rezandero místico y adusto.

 

Dice sus oraciones por encargo

y con acento grave y en letargo

termina esos rosarios y se queda

 

con su breve mirada indiferente

y la mano tendida y diligente

esperando de pago una moneda.

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Plácido

fue ganadero y perdió el juicio, hacia alarde de su riqueza

Plácido va descalso y muy callado

por el oscuro túnel del destino,

retando los barriales del camino

con su sucio calzón arremangado.

 

Su sombrero raído y arrugado

le cubre la cabeza en desatino

y su desconocido pergamino

asegura su rol ensimismado.

 

Fue dueño de ganado y de fortuna

y por esos estragos de la luna

ahora vive burdos extravíos

 

Como si su criterio campechano

emergiera con vínculo serrano

aguzando su crítico desvío.

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Belen

casi no sale de su casa, andar pausado, muy alto, pacífico, músico y artesano

Belen, el avezado solitario,

vive su propio mundo de locura,

cultiva con adornos su figura

y oculta su vital anecdotario.

 

Estrena su perfil estrafalario,

sin el ansia veloz de la premura.

Alguna vez pasea su estatura

y retorna sin decir un comentario.

 

Muy pocas veces sale de sus predios

y en esos esporádicos asedios

se deja ver en todo su esplendor

 

y con su vestimenta llamativa,

despierta la chismética nativa

que juzga su lunático fulgor

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LAGUNA DE GARCIA LA REVOLUCION DE LOS CHACAROS PERSONAJES POPULARES DE PREGONERO
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