Gracias por su visita
| El viejo tenía la piel | ||
| marcada por latigazos | ||
| y la miseria de ayer | ||
| seguía saliéndole al paso | ||
Alí Primera |
Personajes Populares de
Pregonero, antes que una gélida e inerte apología de
adulancias inexpresivas o de exaltaciones abúlicas y banaes, es
un tímido opúsculo de poema o sonetos esencialmente
descriptivos y acentos cotidianos, nacidos bajo el amparo y el
calor vivo y espontáneo de los recuerdos inmediatos. El mismo
está estimulado por el creciente deseo de formular una sincera
convocatoria, en aras de rescatar los aspectos integrales de los
valores humanos populares de la localidad de Pregonero, Municipio
Uribante. El objetivo fundamental de estas páginas afectivas y
llenas de esperanza, entre otras cosas, pretende ofrecer un
sencillo homenaje a los hombres y mujeres que se han enraizado,
por diversos motivos, en el profundo cariño de la conciencia
popular del gentilicio uribantino.
En el devenir de los últimos años, muchos de ellos, con su adusta presencia pueblerina, preñada de multifacéticas manifestaciones y posibilidades, han rubricado un típico y avezado submundo de libérrimas fantasías y enigmáticos extravíos, como si le quisieran encajar una sucesión de ágiles punzadas a los rígidos esquemas y estereotipos de la gente que los rodea, mientras que los otros saludan ingenuamente su quimérica estatura de hombres populares, para enarbolar el estandarte de la humildad, a fin de adentrarse con mayor ímpetu en la querencia de la población.
Cada uno de ellos, por razones obvias, estrena espectáculos públicos que de manera momentánea diluyen las múltiples preocupaciones de los espectadores, arrancando jirones de alegría al minuto que pasa y llenando el vacío de las horas de quietud con inesperadas vivencias divertidas y pletóricas de inquietud.
Unos, deambulan despreocupados por los inescrutables vericuetos de su hermético ámbito psicológico y social, cargando a horcajadas sobre los hombros el pesado estigma de su humana condición de hombres felices y aloquinados, bajo cuya sombra descansa un tortuoso proemio de fábulas en fuga, como si quisieran escrutar todos los recodos del camino, para llenarlos con su presencia. Otros, personajes normales, por su extracción humilde y por el estímulo que emana de su preciado señorío, ya se han ganado el aprecio colectivo, o la morisqueta afectuosa y cordial de parte de los vecinos y circunstantes. Ahora aguzan su íntimo perfil para aflorar por encima de las fuerzas del silencio y la quietud pueblerino, imbuidos por el firme propósito de alcanzar un momento perdurable en el corazón de los gongéneres y coterráneos.
No hay duda que la mayoría de estos altivos "personajes típicos y populares" constituyen, al menos, un pequeño aporte en la definición del patrimonio nativo y del acervo humano de nuestra idiosincrasia, como pueblo latente y dinámico, aunque su inevitable realidad sociohistórica, muchas veces, se pretende obviar ante los ojos de la historia, como si el ausente paradigma que ellos alimentan, acaso estuviera destinado a sufragar estelas de silencio. Por esta razón, aquí se juntan sus diversas inquietudes, para caminar el sendero que conduce al exógeno extralímite de su vida huraña y taciturna, buscando revivir un retazo de su mundo en albedrío.
Este homenajes es mas que un testimonio y más que una reafirmación de fé. A todas luces, es el encuentro con los hombres de afecto colectivo y carisma subitáneo, confundidos en el paisaje y la palabra rauda y fecunda que armoniza sus ímpetus triviales. Además, es la presencia serena de su crecido criso en tentativa.
Una cosa resulta cierta. Aquí nunca se tuvo la peregrina idea de zaherir la condición humana de las personas descritas. Antes mas bien, se busca resaltar sus cualidades y/o defectos, en aras de que su picaresco emblema o plausible recuerdo, no muera ignorado en la noche del tiempo, como hasta ahora ha sucedido con otros hombres de idénticas alegorías, algunos de los cuales yacen anclados en el túnel del olvido. Ese inmenso caudal de inquietas travesuras y secretas confidencias, tal vez por la dinámica impuesta por el trajin derivado del acontecer cotidiano, a veces, queda suspendido en el aire, como buscando un hálito de vida, para apuntalar una huella perenne y justa.
Nacidos todos ellos bajo la realidad coetánea de estos tiempos y moldeados además por los frecuentes altibajos de su espacio vital, aquí se agrupan de pronto, sin invitación previa y sin dilemáticas contradicciones mutuas, para preservar su identidad en un coro de voces sencillas.
Realmente, la idea de describir sus hábitos y conductas características, más que todo, intenta rescatar la perdida fantasía, donde se resume un anecdotario variado, vasto y muy rico. el mismo, por cierto, muchísimas veces, funge como solaz a los innumerables transeúntes que se detienen en cualquier esquina, para observar sus pícaros extravíos o su ardua lucha por la superviviencia, por el pan y el suntento diario.
Unos viven de la caridad pública y otros de su inconmensurable capacidad de sacrificio. Pero todos ellos transitan por estas páginas del recuerdo, como una vez fueron y como siempre serán...
José de la Cruz García Mora
Pregonero, Estado Táchira, Venezuela
Arcángel es un hombre vagabundo,
se pasea las calles silenciosas,
con sus muletas viejas, temblorosas,
donde sostiene su visión del mundo.
Le roba sus numeres un segundo
y trajina sus penas dolorosas,
con su paso senil, vida sin rosas
de la fatal verdad de lo errabundo.
Arcangel es un hombre muy sencillo,
se detiene a pedir un "cicarrillo"
para seguir retando su destino.
Camina por las calles, solitario,
con su ropa de simple proletario
sucia de tierra y polvo del camino
Italo es fiel amigo del camino.
A todos lado llega el caminante,
con rapidez, con paso trashumante
y su filosofía de ladino.
De cédula carece y pergamino
para identificarse en un instante.
Pero tiene el camnio por delante
y por detrás le sigue su destino.
Es un hombre feliz e inteligente
y ante la sobriedad de tanta gente
hace regios alardes de locura.
Porque sagacidad le sobra un pco,
con su filosofía de buen loco
viviendo su lúcida cordura
Eutimio lleva rumbo al cementerio.
Allí duerme la noche constelada,
en cama libre, tierra mojada,
donde reposa el don de su criterio.
Es mendigo de pan, sin refrigerio,
de barba larga, sucia, descuidada.
Hombre valiente, no le teme a nada
y nunca cobijó ningún misterio.
Este señor huraño nunca roba.
Sólo le teme a una simple escoba,
porque barrer es crimen y castigo.
Ese su sucio cuerpo maloliente
es su presentación ante la gente,
la misma que lo deja sin abrigo.
Patas Hinchadas vive sus hilachas.
En las aceras duerme, sus malicias,
esperando las horas más propicias
para el goce de las mejores rachas.
Ladino y taciturno, con sus fachas,
estrena todo un mundo de delicias.
Es un ladrón de impúdicas caricias
en los muslos de niñas y muchachas.
Es el terror moral de las mujeres
y vive sumergido entre placeres,
haciendo más ardiente su lujruria.
Esa pasión furtiva de sus manos
estrena sexos íntimos y arcanos
y no oyes los insultos o la furia
Es Juan Ramón un hombre de riquezas
y militar con rango de teniente,
hacendado y feliz terrateniente,
con ganado por miles de cabezas.
Este señor con hábiles proezas
recoge una moneda prestamente,
sin apoyar la mano, solamente,
con su sola boca y sus destrezas.
Su desfile de portes tan marciales
y su vestir, anuncian los caudales
de gran señor y rico propietario.
Es militar de gorra con visera,
usa fusil, pertrecho de madera,
comiendo su chimó de proletario.
Runche, cantor de penas y alegrías,
empuña su gaganta tan sonora,
en un canto de noche sin aurora
y trino de juglar de melodías.
En estos campos siembra poesías
y la tierra su voz le condecora,
con ese timbre lírico que llora
en ebrias y vibrantes elegías.
En su sombrero lleva serenatas,
ebrios cantos y cálidas sonatas
para cambiar su voz de gran tenor
por un trago de ron callejonero.
Luego, sigue con aires de jilguero
estrenando su lírica meno
Jesús, el gorilon, es un bohemio
y locutor sagaz de los eventos.
Pero Jesús jámas le teme a cuentos
cuando brota su labia sin proemio.
En el deporte no ganó su premio
u con su voz anima los eventos.
Hoy nos regala toscos pensamientos
y pasea por las calles sin apremio.
Esas palabras simples y complejas
son el aliento grave de sus quejas
al reclamar a Dios por esa vida
de simple trashumante del camino,
cuando ve su mongólico destino
preparando maletas de partida
Richard, el conductor de las gandolas
va poblando de voces estos valles
Él conduce sus autos por las calles
y no respeta turnos ni las colas.
Es bailarín de fiestas y rockolas.
Él no goza los íntimos detalles
de las cinturas núbiles y talles,
alegre con su ritmo, muy a solas.
Toda la noche baila sin descanso
y muy temprano salue un poco manso
a recorrer las calles y avenidas
con su criterio de chofer errante
y sus destreza mágica al volante
en visita a sus tórtolas, queridas
Liberato es un hombre de criterio
y nos pide su céntuplo respeto,
para pasar la vida bien repleto,
con grave dignidad del hombre serio.
Él se cobra muy caro el improperio
al holgazán fnático indiscreto
que le grita detrás del parapeto
su nombre: ¡Liberato!, con misterio.
A muerte tiene celos de su nombre
y vibra muy rabioso, como un hombre
que lanza con sus férvidos enojos
una lluvia de piedras y castigos,
a todos los malditos enemigos
que zahieren sus íntimos despojos.
Eva, señora y madre sin quimera,
de sueños proletarios y pobreza,
eleva sus plegarias cuando reza
con su devota fe de rezandera.
No pediría pan si ella tuviera
-en vez de toda el hambre- la riqueza,
para condecorar con entereza
su pródiga virtud de pordiosera.
Ella callada va por cada puerta
y con voz herida y casi muerta
pide ropa, comida y otras cosas.
Al regreso, cansada del derroche,
con lentitud, al paso de la noche,
resume tantas penas dolorosas
Ella, la niña y la mujer en risas,
con ingenuos donarires de doncella,
saluda la bonda se siente bella
y nos regala cándidas sonrisas.
Su rostro vibra en hábitos y brisas
y su mirada luce cual estrella.
-no se su nombre- pero flor es ella
y a todas las demás deja sumisas.
Es hija de la lluvia o la mañana,
de la entrega furtiva y ya lejana
de una secreta noche confidente.
Con su mamá muy tímida camina
por estas calles, donde apergamina
el dejo del espíritu creciente.
Etanislao baja de la aldea
y puebla de fábulas y sueños
el corazón de viejos y pequeños
y alegre por las calles se pasea.
Esos relatos siempre colorea
entre gigantes mímicas y empeños
y los oyentes ya se sienten dueños
de las historia líricas que crea.
Su lenta voz saluda las montañas
cuando termina todas las hazañas
y la trama del cuento que nos trae
y luego se despide del oyente,
regresando feliz y muy sonriente
apenas ese sol muriente cae.
Pacomio fue regente de bodega
con criterio de rico comeciante.
Pero, de pronto, cambia su semblante
el súbito recuerdo que le llega.
En ese desvarío nunca niega
de sus arcas vacías el faltante
y pide, con su grito reclamante,
dinero sin cobrar de vieja entrega.
Él, como contador en inventario,
recita como en cuentas de rosario
a todos sus deudores y morosos.
Ese largo desfile de usureros
descubre la verdad de los dineros
de "dones y señores" respetuosos.
A nicolas el "conenizo Tina"
es la frase feliz que lo define
y su fervor silente por el cine
le marca cada día la rutina.
Toma miche, bebida clandestina,
como trago de ron que le destine
nuevo timbre de voz y se le afine
el piropo gozón por la vecina.
Lleva su cuco de chimó consigo
y brinda la paleta como amigo
entre gustos y risas estridentes.
El don de su numen es muy sencillo
abriendo la bondad de su bolsillo
en brisas y en ensueños confidentes.
Cebillo da la vida sin reparo
y se declara "adeco" de los viejos.
Pero su don de vínculos añejos
no puede soportar ningún descaro.
Su proletario don no tiene paro
y talla su producto sin complejos:
un cuco pa'chicmó nos da consejos
de la marca mejor y menos caro.
Este señor anuncia por las calles
el fruto de labor y sus detalles.
Pero si tu le juegas una broma
y le dices: "Cebillo, copeyano",
gritando lo contrario, grito llano
se regresa camino de la loma.
Cerro de oro sustenta la fortuna
en el oro que brota de sus minas:
pedruzcos y papel, arenas finas,
oro cochano son por don de luna.
Es hombre de caudal y regia cuna,
migrante de repúblicas vecinas.
En este pueblo va por las esquinas
con su metal dorado: su fortuna.
El oro lo reparte cada día,
para no ver jamás la pobrería
sufrir su derrotero de miseria.
El mundo ya conoce su causal,
cada nación recibe su quintal
y reza su vital empresa seria
Manana la mecánica profesa
y su total espíritu dedica
a reparar el auto y nos explica
el mínimo detalle que lo apresa.
Ese cuerpo de grasa tan espera,
resumen de virutd, nobleza rica,
debajo del motor identifica
el mal y su alegría nos expresa.
La fama de su músculo vital
es torre de marfil, descomunal
que roba los suspiros femeninos.
Toda labor muy presto la realiza
cuando su cuerpo rápido desliza
debabjo de costosos autos finos.
Argenis es un hombre de trabajo.
En un taller mecánico labora
y de su ser, el mérito le aflora
como la fuente mana desde abajo.
Del tronco familiar es caro gajo
y su trabajo rápido devora,
no sabe de retraso ni demora,
ni de vulgar maldad o desparjajo.
Sólo quiere comprar y que le dure
un Guri, cuya carga de "cambure"
aplaste con su peso de gandola
esa falsa virtud de quien hiriente
le pide con deleite que le cuente
el íntimo detalle que acrisola.
Churico, bebedor impenitente,
camina por la calle cual borracho,
saluda muy feliz, y sin empacho
ignora los reproches de la gente.
Sigue su trajion y de repente
sube desde Calvario hasta Capacho.
Su roja piel y frágil carapacho
se tambalea y crece su relente.
Su espíritu bohermio, su deseo
se conjuga con ese bamboleo
de su paso cansino e inseguro
que lo lleva solícito y aprisa,
pidiendo con su clásica sonrisa
una copa de miche claro y puro.
Guillo recorre todos los recodos
con su paso simiesco e inclinado,
como si su relente del pasado
acudiera mostrando nuevos modos.
En un hombre normal y para todos
el paso de los años ha dejado
-mas que ese prontuario desgastado-
un vínculo final en sus apodos.
Alguna vez, debajo de la luna,
abrigando bochinche sin fortuna,
se robó las gallinas del sancocho
y por ello, la faz del ladronzuelo,
en la cárcel injusta del desvelo
supo de su dolor y su trasnocho.
Pequila, con virtud de tesonero,
trabaja cada día con afán,
lucha por la comida u por su pan
con ímpetu vital y con esmero.
Alguna vez fungió de cartelero
y no tuvo temor del que dirán
y las gentes del pueblo no podrán
olvidar esa voz de pregonero.
Es un excelso ejemplo de virtudes,
de lucha noble y limpias actitudes
traajando muy duro y sin descanso.
Ahora conocemos sus tesón
y su esfuerzo viril y corazón
abrigando tímido remanso.
Cucaracho, señor devoto y justo,
ejerce su labor con fe sincera
eleva su plegaria mañanera
y prosgiue rezando muy a gusto.
Con su relente tímido y vetusto,
sentado en la necrópolis espera,
añorando una luz en su quimera
de rezandero místico y adusto.
Dice sus oraciones por encargo
y con acento grave y en letargo
termina esos rosarios y se queda
con su breve mirada indiferente
y la mano tendida y diligente
esperando de pago una moneda.
Plácido va descalso y muy callado
por el oscuro túnel del destino,
retando los barriales del camino
con su sucio calzón arremangado.
Su sombrero raído y arrugado
le cubre la cabeza en desatino
y su desconocido pergamino
asegura su rol ensimismado.
Fue dueño de ganado y de fortuna
y por esos estragos de la luna
ahora vive burdos extravíos
Como si su criterio campechano
emergiera con vínculo serrano
aguzando su crítico desvío.
Belen, el avezado solitario,
vive su propio mundo de locura,
cultiva con adornos su figura
y oculta su vital anecdotario.
Estrena su perfil estrafalario,
sin el ansia veloz de la premura.
Alguna vez pasea su estatura
y retorna sin decir un comentario.
Muy pocas veces sale de sus predios
y en esos esporádicos asedios
se deja ver en todo su esplendor
y con su vestimenta llamativa,
despierta la chismética nativa
que juzga su lunático fulgor
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