
La Madre Caridad, por medio de la oración, resolvía todos los problemas que se le presentaban. Tenía una gran devoción a la Virgen Santísima y especial predilección a San José, de quien recibió muchos favores. Entre ellos la adquisición de la casa de formación en Suiza.
Como iban surgiendo muchas vocaciones se necesitaba una casa para formar alas futuras misioneras. Entonces el padre Herbrand viajó a Suiza en 1908, para conseguir un lugar apropiado a este fin. Esto no era fácil pero contaba con la ayuda de San José, puesto que tanto la Madre Caridad como las Hermanas y el mismo padre Reinaldo habían puesto esta empresa bajo su protección.
En una de sus correrías llegó a Tubach, donde era párroco un sacerdote cuya fama de santidad era conocida en todas partes. Lo primero que el padre Herbrand vio en el pueblo fue una casa blanca en cuyo mirador se levantaba una estatua de San José e inmediatamente pensó: "Esta es la casa donde se van a preparar las futuras franciscanas de la Madre Caridad". El P. Herbrand manifestó al virtuoso sacerdote la empresa que tenía entre manos; éste le dijo que él estaba tratando de comprar esa casa para atender a numerosos enfermos que acudían allí, pero que con gusto renunciaría a su propósito con el fin de que pudiera adquirirla para las futuras misioneras que irían a Colombia. El padre Herbrand agradeció al párroco su generosidad y la promesa que le hizo de seguir ayudándole. Sintió inmensa alegría al ver que se realizaba el propósito de su viaje y al mismo tiempo estaba afligido porque no tenía el dinero para comprar esa casa.
Pero de inmediato San José le hizo sentir su ayuda, cuando providencialmente un amigo le obsequió 10.000 francos suizos que era el valor exacto que necesitaba para cubrir el valor de la compra.
Otro suceso milagroso se narra en la crónica. Durante la guerra de los Mil Días, el padre Herbrand, quien era entonces también capellán del ejército, se contagió del tifo que lo hubiera podido llevar al sepulcro. la Madre Caridad sabia que los médicos lo habían desahuciado, y el señor obispo y los sacerdotes alemanes compañeros del destierro, lo asistían en los últimos momentos. Entonces la Madre Caridad, recordando que también el P. Herbrand era gran devoto de San José, quiso arrancarle un milagro a Dios por intercesión de este Santo y prometió que durante toda la vida, ella y su Congregación rezarían las oraciones de los siete dolores y gozos de San José.
Parece que a Dios le agradó la promesa, porque inmediatamente comenzó la mejoría del padre, quien sobrevivió muchos años para guiar y apoyar a la Madre Caridad en la consolidación de su joven Congregación.
Estos hechos nos manifiestan claramente cómo la devoción de la Madre Caridad a San José, fue confirmada con la ayuda milagrosa de Dios por medio de tan insigne protector.