
Esta mujer excepcional, cuya vida podría ocupar muchas páginas y que simplemente se llama "La Madre Caridad", tuvo unos dones y carismas de Dios verdaderamente asombrosos que dieron a su Instituto el sello de su espiritualidad. Miremos algunos aspectos notables.
En Dios y con Dios
De San Francisco de Asís se dijo que "era el hombre hecho oración"; algo semejante se podría decir de la Madre Caridad. Ella vivió en una atmósfera impregnada de la presencia de Dios; sus trabajos, el gobierno de su Congregación, en fin todo lo hizo en una comunicación continua con el Señor. Con su profundo espíritu de oración alcanzó de Dios innumerables gracias y favores singulares a lo largo de toda su vida.
Amor y Donación
Parece que su nombre fuera el eco de esta virtud que practicó en grado admirable y que no se cansaba de recomendar a sus religiosas. Ella, como San Pablo, podía decir: "La caridad todo lo soporta, todo lo perdona, todo lo tolera, no toma en cuenta el mal". Cuántos ejemplos y lecciones de caridad heroica se encuentran a lo largo de su existencia porque esta virtud constituyó ciertamente la esencia de su vida.
Sencillez y Humildad
Es propio de las personas humildes que cuanto más alto llegan en el desempeño de la misión que Dios les confía, más reconocen su propia debilidad e incapacidad y todo lo atribuyen a la gracia y a la misericordia de Dios. Así fue la vida de la Madre Caridad; ella nunca hablaba de sus sacrificios, ni de sus trabajos ni de sus éxitos; siempre rechazaba la alabanza y jamás se atribuía el mérito de las grandiosas obras que realizaba. A veces fue calumniada, pero no quería consuelo, sino que con ánimo generoso perdonaba las ofensas.
María en su Vida
Desde niña conocía muchos santuarios en los que se honra de manera especial a la Madre Dios; las peregrinaciones que hacía a esos lugares iban arraigando su devoción a la Virgen Maria. Fueron numerosos los consejos que dio a las maestras para que, como educadoras, inculcaran en las niñas el amor a la Santísima Virgen.
Durante su vida pero especialmente cuando la enfermedad y la ceguera le impidieron leer, desgranó miles de veces las cuentas de su rosario, honrando con esta devoción a la Madre de Dios. Sin alardes ni pretensiones, la Madre Caridad iba plasmando la imagen de Jesús y de María en su propia alma.