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Literatura
Hispanoamericana
del Siglo XX:

FRANCISCO URQUIZO
(1891-1969)
El general Francisco L. Urquizo,
nació en San Pedro de las Colonias, Coahuila, y es llamado con
justicia el "NOVELISTA DEL
SOLDADO"
Alternando sus deberes militares con
el hábil manejo de la pluma, con la cual ha trazado con vívidos
rasgos la gran mayoría de los episodios y sucesos revolucionarios
en los cuales participó activamente, el general tiene como
novelista no menos de veinte obras.
Dueño de un estilo vigoroso pero
ameno, con sabor de anécdota, todas las obras están impregnadas
del amor a la patria, a la Revolución y a los humildes que
militaron en ella en un gesto de suprema rebeldía. Su prosa es
sencilla y sin rebuscamientos, tiene el sabroso sabor campirano y
popular.
En "TROPA VIEJA",
desfila por sus páginas la vida cuartelera de principio de siglo,
preludio a la Revolución, con todas sus lacras y crueldades. El
soldado de leva, sufrido y sin esperanzas, es el héroe principal de
la jornada y su vida dura, resignada, amarga, es relatada a vivos
trazos, perfectamente enmarcada dentro de la época y costumbres que
lo produjeron.
Pintorescamente va dibujando la mano
del autor los distintos sucesos que marcaron la vida de Espiridión
Sifuentes, el humilde mozo de hacienda que de la noche a la mañana
se ve uniformado y sujeto a la rígida disciplina del porfirismo.
Luego su pluma se vuelve violenta para darnos una clara idea de los
primeros combates revolucionarios y alcanza proporciones de tragedia
para narrarnos el infierno de fuego y tremendas pasiones que se
desatan en la "Toma de Torreón" y la "Decena
Trágica", para concluir, en un ambiente mezclado a partes
iguales de pesimismo y esperanza.
"TROPA VIEJA"
de FRANCISCO L. URQUIZO
-Fragmento-
...Estábamos los seis alineados
enfrente al cabo. No paraba de hablar como si fuera un fonógrafo;
siempre lo mismo, lo mismo. Sabía lo que nos estaba enseñando de
memoria; ¡cuántas veces lo había dicho a tardes y mañanas a los
reclutas primerizos! A veces paraba de hablar; nos corregía las
posturas a patadas o a guantadas; cuando no le entendíamos se ponía
hecho una furia y nos ponía del asco...
IV
El primer día de mi vida de
soldado, fue malo; los demás fueron peores. Fui conociendo todo
aquello en medio de golpes y de regañadas; los pobres reclutas teníamos
siempre encima a los cabos, a los sargentos y a los oficiales; malas
palabras siempre guantadas y cintarazos por el menor motivo. Parecía
como si quisieran amansarnos o curtirnos a malas pasadas; ya ni
fuerza nos hacían las malas palabras, apenas los golpes lograban
lastimarnos el cuerpo; con el tiempo, seguro que tampoco los golpes
nos harían ya daño en fuerza de la costumbre de recibirlos a cada
momento.
Fui conociendo aquella vida por lo
que veía y por lo que me contaban; siempre era lo mismo, siempre
había sido así y así seguiría siendo quién sabe hasta cuándo.
Desde el tiempo de Santa Anna, me decían, había habido siempre
leva y golpes y malas pasadas. El recluta sufría cuando llegaba y
seguía sufriendo cuando era soldado hasta que lograba ascender a
cabo; allí comenzaba a desquitarse, con los de abajo, de los golpes
que antes recibió, aporreando a los nuevos o a los antiguos compañeros.
De sargento era peor; más se le subía y más duro era; si llegaba
a ser oficial, era como si hubiera llegado hasta la gloria.
Había muchos que le agarraban cariño
a aquella vida; se les olvidaba o se acostumbraban a todo aquello;
cumplían dócilmente los cinco años de su enganche y en lugar de
salir escapados para su tierra, volvían a reengancharse; otros se
daban de alta en los cuerpos rurales o en los batallones de
"carnitas" de los Estados, o aunque fuera, se metían de
policía en los pueblos; los seguía jalando el máuser y la vida de
militar. ¡Qué bien dice el dicho que todos semos hijos de la mala
vida!
Muchos que parecía tener un rencor
muy hondo, decían en sus malos ratos:
-Cuando yo llegue a ascender a cabo,
qué gusto me voy a dar agarrándome a golpes con el cabo López.
Y ascendían, llegaban a ponerse en
las mangas la cinta colorada; todos los que seguían de soldado creían
que iban a tener la ocasión de ver un pleito bueno y de gozar
viendo cómo el compañero ascendido iba a desquitarse con el cabo López,
y nada; de allí para adelante eran muy amigos. Eran ya de la misma
camada; eran ya otros muy diferentes de cuando eran soldados rasos.
Lo mismo eran los sargentos y los oficiales. Una escalera en la que
el de más arriba, pisaba al de más abajo.

EJERCICIO DE COMPRENSION Y APRECIACION
1.-¿Cómo era la vida del soldado de principio
de siglo?
2.-¿Cómo describe el ascenso en la carrera
militar?
3.-A los que les gustaba la vida militar, a que
se dedicaban al concluir su servicio?

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