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Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
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AMIGOS POETAS: ADOLFO M. VACCARO |
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Nuestro Bien
Estoy
recreando huellas, licuando ruindades, procurando vislumbrar el
cercano sur consignado. El ser me desplaza en cabriolas jugando
esperanza, saltando miserias, buscando aquel tejo que firmamentos
promete. Número que en caminos envuelve los pies, pujando un devenir
que el bien se merece.
Recuerdo, a veces, palabras de adrede y juramentado olvido. Viciada propuesta que tiñe despojos, y la apostasía emboza antiguos emblemas de renuencia déspota. Algunos son hijos que, avizorando trayectorias patriarcales, consumaron sus ganancias obtenidas del mismo pueblo desvalido, auspiciando en hoz de falacia milenaria, la falange apátrida que rémora futuros. Mi puño transita páginas en blanco, inventando signos que poco interrogan. Y es cuando te encuentro. Embeleso
tierno, pleno de pujanza que en
quiescente espera visualiza el alma. Y sin
confundirnos, inquieta luciérnaga, la
voluntad está firme como la conciencia. De nadie
desdeña la luz que acomete en la
tersa noche de un candor sin brete. Muchas
veces, solamente tu murmullo alimenta mi alborada, detenida en la
resolana de las similitudes. Y continúo escribiendo. Sin buscarme en
masiva trascendencia, enalteciendo el espíritu batallador de nostalgia
quijotesca. Molinos de esperanza que habitan su desierto de cencerros,
adormeciendo el efímero latido, radicular simiente. Ilusión
de brisa, oronda
fragua embebida, no
confundas advertencia por lección
bien aprendida. Deja en
penumbra tu abrazo, manantial
de azucena, nada será
cumplido y todo
valdrá la pena. 1989-1999 (Ingerir con pizza y champagne)
Había una vez un individuo lleno de
aspiraciones, que conoció en su mocedad a esa mujer que tanto había
deseado en su ideal, e hizo lo imposible para conquistarla, prometiéndole
lo que jamás ningún otro caballero podría ofrecerle. Y la mujer le
creyó, lo admiró y luego, como suele ocurrir en estos casos, lo
aceptó.
El
noviazgo fue breve, casándose el 8 de Julio en una iglesia repleta de
invitados, donde Dios fue testigo de su juramento y de aquellas
promesas que lo involucraban de por vida.
A
partir de ese momento, comenzó a organizar su nueva existencia,
teniendo como prioridad alcanzar la felicidad de la manera que fuera.
Había
trabajado en un importante proyecto que le brindó, con el tiempo, la
posibilidad de acceder al más alto rango. Con la intención de
fortalecer su poder, colocó amigos convenientes y a dos de sus hijos
mayores en el directorio, para así tener la mayoría en la toma de
decisiones.
Un
buen día, al ver que había alcanzado el éxito absoluto, se le
ocurrió separarse de su esposa para aprovechar la libertad, que lo
tentaba a realizar caprichos y emprendimientos fuera de toda ética y
medida. Contrató al más hábil de sus abogados, inició el divorcio
vincular y así obtuvo la mejor mitad de los bienes gananciales.
Mientras
tanto, la mujer comenzó a desesperarse, dado que se vio obligada a
reducir su vivienda, recibiendo por alimentos sólo una magra suma de
dinero.
Tuvo
que salir a trabajar de doméstica, al tiempo que sus tres hijos
mayores, de los ocho que habían quedado en su custodia, trataban de
ganarse la vida como podían. Uno se hizo ladrón; otro, expendedor de
drogas, y el tercero mendigaba por las calles de los barrios más
acomodados.
Cansada
de pasar tantas penurias y viendo con dolor que la realidad la
superaba, resolvió, dejando atrás sus temores, ir a ver a su ex
marido para pedirle una mayor cantidad de dinero que le permitiera
solventar las mínimas necesidades de los hijos que habían quedado a
su custodia.
Cuando
se apersonó en la empresa le comunicaron que el presidente había
viajado hacia Inglaterra con su hija y el resto del directorio, por
razones de negocios. Y como a su otro hijo nunca más lo había vuelto
a ver, dado que había fenecido en un presunto atentado, retornó perturbada a su casa,
reviviendo el dolor de la irreparable pérdida y pensando en aquellas
contradicciones que hoy tenía que afrontar por causa de ese señor
con el que había edificado una familia.
Al
leer un periódico del día anterior, pudo observar que se habían
publicado varias fotografías del padre de sus hijos, jugando al golf,
bailando en un salón lujoso con una hermosa señorita y haciendo
sociales con personajes influyentes, para fortalecer su poder y su
imagen. Un arrebato de furia incontenible invadió todo su cuerpo.
Cierta
tarde, conociendo el horario de regreso de ese hombre, lo esperó
sentada en el aeropuerto. Cuando lo vio salir sonriente de la aduana,
acompañado de su hija y del resto de su comitiva, ella se le acercó
algo encolerizada e, increpándolo, le propuso la necesidad de hablar
urgentemente con él. Sin dignarse a responder, a empellones, el
hombre la introdujo en la limusina y llevándola a su pobre casa, la
ultrajó, golpeó a los jóvenes y abusó de las casi adolescentes niñas.
La
justicia, como corresponde en estos casos, lo exoneró de culpa y
cargo, dadas las influencias que solía tener para estas
circunstancias.
Hoy
las cosas continúan peor para esta madre y sus ocho hijos, resentidos
y enfermos.
¡Ah!
Me olvidaba de algo meramente anecdótico...
Ella
se llama “Argentina”. “Si
uno es sujeto, me pregunto: ¿ante quién o entre quienes?” Adolfo M. Vaccaro
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