- La derecha y la izquierda Argentina
- Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
- 30/09/2003.
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- Vuelven a
un primer plano las antinomias setentistas: derecha o izquierda. Afortunadamente
aún no se habla de ultras.
Tan tajantemente se descarta una
convivencia con pragmatismo entre ambas tendencias en el país, que
alternativamente, cuando una de las fracciones llega al poder, rápidamente se
ocupa de desnaturalizar y destruir, junto con lo malo, lo hecho de bueno por la
otra.
Los militares siempre han sido vistos en
Argentina como arietes del pensamiento "derechoso". Es
por ello que, sistemáticamente, un gobierno con tendencia de izquierda
descabezará una cúpula de generales al comienzo de un mandato.
- En la otra vereda los
sindicatos; o para ser más precisos: los sindicalistas prestos a
recoger los beneficios de un gobierno populista, son ellos los primeros en
recibir los embates de un gobierno de derecha con el fin de quebrar la hegemonía
de una oposición que detiene al país con huelgas a cada rato. Como estos
ejemplos, muchos más.
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Tanto la derecha como la izquierda
Argentina son pintorescas. Este perenne debate tiene más de revanchas y
resentimientos que de estrategias para el desarrollo. Ninguna de las dos
corrientes piensa una nación de convivencia
sentada en bases sobre las cuales no debiera haber marchas y contra marchas que
tanto retrasan el bienestar de la gente.
En el mundo de hoy es preciso que la
izquierda Argentina admita la libre empresa y el dinamismo vertiginoso que
requiere el capital para elegir donde radicarse.
Es una verdad insoslayable que el
bienestar de la gente depende de una tecnología que, para el estado ruinoso en
que se encuentra Argentina, sólo se incorpora con inversiones de capital.
- Guste o no, no hay empleo sin inversión.
Guste o no, el capital ha desequilibrado de entre los tres factores de la producción
y los restantes dependen de él. Aspirar a un debate ideológico en igualdad de
condiciones, es quedarse hablando solo.
- Una frase muy
conocida de Henry Ford es: " Estados Unidos se hizo poderoso por dos
palabras que se convirtieron en el emblema de la libre empresa estadounidense:
¡Está despedido!".
- Ford aseguraba
que la movilidad del empleo había favorecido la convivencia social y calificado
la mano de obra. Tan mal no les fue.
- En su concepción, era
el estado quien debía lidiar con los mayores niveles de desempleo que se dan en
los ciclos de depresión económica. Si esa carga era trasferida por el estado,
se ocasionaba la quiebra de las empresas y una más profunda y prolongada
recesión económica. Este principio adquirió relieve en la década del 30 con
las teorías económicas de John Maynard Keynes.
- En Argentina, que vive una
depresión aún más profunda que la del 30, las leyes multan duplicando las
indemnizaciones a las empresas que despidan personal -aún por razones
económicas-, existe lo que se da en llamar " la industria del juicio
", se grava con altos impuestos al empleo y son inexistentes los programas
de entrenamiento de mano de obra. Resultaría lógico para Henry Ford, que las
empresas sean reacias a contratar personal y que por casi dos décadas los
índices de desocupación no hayan descendido de 15%.
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- En otro orden, es preciso comprender
que hay valores que son inherentes a la persona humana, como el cuidado de la
dignidad.
El tema con la dignidad es un aspecto
crucial que tiene a su vez que ver con la paz social. Y es ahí donde debe
aparecer el estado como ente regulador toda vez que se impersonalicen las
tendencias corporativas del capital. Pero la intervención del estado no debería
compensar con asistencialismo directo estas desviaciones e injusticias, si no,
con la aplicación de las leyes que penalizan ese tipo de prácticas. Por ejemplo:
perseguir la evasión tributaria y recaudar
debidamente los impuestos, devolviéndolos con equidad a los habitantes en
mejoras a los servicios de salud, educación y justicia de los sectores
medios y bajos de la sociedad.
El asistencialismo directo a través
de subsidios como los actuales planes Jefes y Jefas de Familia o los Planes
Trabajar, deberían ser transitorios y verdaderamente justificados. Este tipo de
subsidios le pone matices al ejercicio de la política y afecta seriamente la
transparencia de la democracia. La mejor
asistencia que puede proveer un estado es favorecer, a través de sus políticas,
un nivel de empleo que cuide la dignidad de los ciudadanos, única manera eficaz
de garantizar un salario suficiente.
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Sabedores que se dicen, los que
enarbolan banderas de izquierda, de las necesidades del pueblo, sería una
conjunción impecable que un gobierno de ese signo facilite la inversión de
capital y el dinamismo en el empleo y que, con genuina recaudación, asegure la
equidad social a través de políticas activas y eficaces de parte del estado.
Sabedores que se dicen, los que
enarbolan banderas de derecha, de las necesidades empresarias, sería una
conjunción impecable que un gobierno de ese signo facilite la equidad social,
puesto que con ella se logra la paz, se mejora la educación y la salud, lo que
a la vez redunda en una mejora del producto y el consumo.
Es risueño ver como ambos extremos
pueden unirse favoreciendo el progreso. Es penoso que la mezquindad enceguezca
los propósitos.
- Esta cíclica tendencia de la
Argentina resulta ser como el juego de la perinola, según sea el signo del
gobierno -derecha o izquierda- toma todo y a la vez quita todo, para que luego,
el hastío de la gente produzca un cambio de signo y el nuevo gobierno lance la
perinola a su favor y deshaga tanto lo bueno como lo malo del anterior.
No es casual que esto ocurra en períodos
de entre cinco y diez años siendo que esta antinomia se da internamente en el
hoy único partido político del país, el Justicialismo.
Lo increíblemente insólito es que las bases para el progreso en equidad social
se encuentran desde 1853 en nuestra Constitución Nacional, instituto al que
rara vez acudimos.