MARCELO D. FERRER

Cartas a mi país

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Los seis meses de Kirchner. 
El Neocomunismo.
(Análisis. Texto completo 23/11/2003)
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
 
El por qué de andar, todavía, entre ideologismos

          La asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación construyó un halo de esperanza que se refleja en las encuestas. El derrotero institucional del país de las últimas décadas ensombreció, para la gente, todos los horizontes.

          A la cruenta confrontación setentista de los extremos, le siguió la argentina alfonsinista de los ochenta; una etapa de transición a la democracia, cuyo fracaso en lo económico, dejó al país carente de definiciones refundacionales. 

          A continuación del fracaso de centro-izquierda, tuvo su turno lo que se denominó "el neoliberalismo de los noventa". La Argentina parecía, luego de décadas, captar la sintonía del mundo desarrollado. Sin embargo, el vedetismo de Ménem y la impune corrupción, sesgaron la opinión pública hacia una abominación de aquellas conductas que defenestró también las políticas.
         

         Un De la Rua sin tacha pareció ser la alternativa a tanto descaro. El yerro de sus decisiones, sumado a la dispersión de la autoridad, nos condujeron a un nuevo fracaso.  

         El sálvese quien pueda comenzó en los primeros meses de 2001. El quiebre del sistema financiero, el default, la posterior pesificación asimétrica y su consecuente aumento de la pobreza, quebró el delicado ejido social que por décadas mantiene latente una confrontación ideológica, que posterga la definición del perfil de nación que queremos.
      

         Kirchner asumió una Argentina contrariada, reivindicativa... resentida. En estos seis meses de su gobierno la confrontación se ha agudizado. Las actitudes y decisiones presidenciales parcializan la disputa y profundizan el resentimiento sectorizando a la población. 

        Las formas vandálicas de la protesta social, el agobio que causa la inseguridad y la ausencia del estado poniendo límites a ambas cosas, exacerban los ánimos de la fracción que todavía apuesta por la paz y la convivencia.
       

        Se ve al gobierno personalizado en la figura de un Kirchner con sed de reivindicaciones que a veces lindan con la prepotencia. ¿Por cuanto tiempo permanecerá en dominio de la tensión que genera?
       

        Lejos de subestimar la capacidad del presidente, lo imagino conciente y conduciendo un proceso por él planificado.    
 

Veamos:     
       Desde finales del siglo XX las ideologías parecen estar en vías de extinción, el mundo se asemeja más a un contrato de adhesión. Sin embargo, la resistencia existe y se niega a sucumbir ante la indiferencia. Estar o no estar en el mundo firmando ese contrato de adhesión, configura todo un dilema. Recrear un espacio de supervivencia fuera de él parece ser el desafío.
    

      Ahora bien, ¿cómo se conjugan las reivindicaciones ideológicas y el auspicio del resentimiento social?
 

Neocomunismo   

      Las señales del gobierno hacia la construcción de un "neocomunismo" resultan evidentes. Baste con mencionar el sin número de actitudes en favor de los movimientos de izquierda de nuestro país y el acercamiento a líderes como: Morales (Bolivia), Castro (Cuba), Tabaré (Uruguay) y Chaves (Venezuela). Esta tendencia resulta tener ribetes que se extienden por el sur de nuestro continente. Hemos visto como en Ecuador el pueblo ha elegido Presidente a un émulo del venezolano Chávez, a su vez discípulo de Fidel Castro. Y Bolivia parece seguir el mismo camino, a juzgar por las revueltas y disturbios recientes.

     La Palabra "neocomunismo" puede resultarle desproporcionada, fuera de tiempo o lugar. Ruego no llegue usted a los extremos de los términos asociando a la teoría económica de Carlos Marx, los desvíos criminales de quienes las llevaron a la práctica. Pero a su tiempo, comprenderá, por qué es preciso resucitar esas teorías si es que buscamos interpretar el momento que vive nuestro país.
 

Un poco de geopolítica mundial
 

    El fracaso del comunismo se debió, entre tantas otras razones, a la manera cerrada en que concibió la economía, al cercenamiento de las libertades individuales y a la abolición del derecho a la propiedad. China es el primer exponente de ese "neocomunismo" que concibe una economía capitalista hacia fuera, con una fuerte austeridad administrada por el estado y horizontal distribución del producto hacia dentro. Junto a ello, un esquema cada vez más relajado de las libertades individuales. En breve, China se encaminará hacia el reconocimiento del derecho a la propiedad. El cambio hacia la democracia, seguramente, demorará algún tiempo más. (Ver: Teoría del hormiguero). El acercamiento de Argentina a China ha comenzado.

     El mundo globalizado que hoy es conducido hegemónicamente por EEUU, admitirá, pronto, un segundo polo de poder económico, el de China. El posicionamiento Norteamericano en el Golfo lleva como objetivo la futura competencia comercial con este gigante que tiene la ventaja comparativa de poner muy cerca de cero el costo del factor trabajo y que ha hecho enormes avances tecnológicos. El país del norte, cercado por el sistema consumista que sustenta y que le impide la disminución de sus estándares salariales; e imposibilitado también de acotar la renta de un capital que lo trasformó en el líder del mundo; se ve obligado a ejercer el dominio sobre los hidrocarburos y a liderar, a su vez, toda tecnología futura que lo suplante.
 
La evolución de las ideas


    Cuando Kirchner habla de que sustenta una economía capitalista, dice verdad; sólo, que ese capitalismo lo concibe de puertas hacia fuera. De puertas hacia dentro concibe la austeridad y la horizontalidad en la distribución del producto a través de un sistema tutelado por el estado. Implantar un sistema económico exitoso y lindante con el comunismo, resulta toda una reivindicación ideológica.

    Pero aún no respondemos la pregunta: ¿cómo se conjugan las reivindicaciones ideológicas y el auspicio del resentimiento social?

    La década de los noventa consolidó entre los argentinos su propensión al consumo y las simpatías por emular, al menos en algo, el vértigo capitalista del primer mundo. " El plan " considera que es indispensable quebrar esa ficción en una sociedad que ostenta elevadísimos guarismos de pobreza y marginación. La amenaza piquetera, como herramienta de gobierno, lleva consigo dos objetivos: el primero es forzar la conciencia de los argentinos hacia la necesidad de mejorar la distribución del ingreso como medio de garantizar una convivencia pacífica. La segunda: resulta ser una amenaza directa para el capital instalado y por instalarse en el país. Este amedrentamiento tiende a un cambio de la mentalidad empresaria. Resulta preciso a los objetivos, que el empresariado argentino posea una mentalidad capitalista de fronteras hacia fuera y otra inversamente distinta que admita la tutela del estado de fronteras hacia dentro.

      El movimiento piquetero es funcional a esos objetivos sin necesidad de que sea conducido políticamente por el gobierno, basta, sólo, con dejarlo actuar.

Las dudas. Premisas:

·         Es claro que el movimiento piquetero persigue objetivos que van más allá de la mera limosna estatal.
·         El movimiento piquetero posee objetivos políticos no del todo definidos por sus líderes que, en general, persiguen reivindicaciones de corto espectro; el modelo "K" tiene más largo alcance.
·         La construcción de un frente de unidad entre las distintas tendencias piqueteras choca con los extremos del denominado: comunismo marxista, que persiste en el afán de instaurar ideologías perimidas en el mundo. 
·         En el movimiento piquetero se expande exponencialmente el resentimiento con signos de mayor violencia hacia el resto de la sociedad organizada. 
 

Conclusión
       
    Estos seis meses de Kirchner han sido todo un posicionamiento de frente a las ideologías que desde siempre abrazó e incluso aplicó en la provincia de Santa Cruz redistribuyendo el producido de las regalías petrolíferas en una fenomenal burocracia estatal.
    
    El fenómeno piquetero es todavía anárquico. Resulta pues todo un ejercicio de habilidades mantener el equilibrio entre sus diversas demandas. Para peor, algunos dirigentes buscan una identidad propia y otros, excesivamente ideologizados, sustentan la violencia como forma de instaurar sus políticas.

    ¿Podrá Kirchner encausar esta dispersión en pos de sus objetivos?
    ¿Tienen las políticas de Kirchner un continuador?
    Antes de lo inevitable, ¿aparecerá el jefe de estado de un país decidido por la democracia?

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