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MARCELO D. FERRER Cartas a mi país |
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El riesgo de desairar a la
izquierda
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
10/03/2004.
El
tradicional doble discurso de los políticos argentinos es ya un clásico.
Aunque muero de ganas por reescribir aquí lo ya dicho en otras
columnas respecto a los males que acarrea el ejercicio de la política
en mi país, sólo me remitiré a citar esos artículos: "
Dos
naciones ", " La
derecha y la izquierda Argentina ", " Sino
de pobreza y hambre ", " ¿Hay
democracia en Argentina? ", etc.
Ayer 9 de marzo, luego
de que el presidente afirmara que: "podemos vivir sin el
FMI" o "no vamos a pagar deuda a costa del sufrimiento del
pueblo argentino", se cumplió con el pago. Estas bravatas
marquetineras del presidente con las cuales aspira sumar
crecimiento en las encuestas, pueden convertirse en un boomerang. Ayer
mismo, mientras el país entero y la prensa internacional se
encontraban en vilo ante la posibilidad del no pago y nuevo
default para la Argentina, la izquierda recalcitrante fue desairada en
plena calle.
En Argentina se mantienen
latentes las antinomias ideológicas, aunque, para ser precisos, y en
vista de los resultados de las elecciones de los últimos veinte años,
la izquierda drástica de nuestro país nunca sumó más de 3% de los votos.
La otra izquierda, la moderada y próxima al centro, sin duda es
mucho más popular. Esa minoría marxista, violenta y con claras
manifestaciones antidemocráticas, descree sin embargo de este
presidente, aún cuando les haya auspiciado la presentación de Fidel
Castro en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad
de Buenos Aires o él mismo se precie de ser amigo del presidente de
Venezuela.
El sector moderado del país
-la mayoría de la población- se encuentra harto de las
antinomias; ya no quiere escuchar demagogia y descreen cuando
desde el poder se busca descaradamente el aplauso facilero. Algunas actitudes
extremas del presidente, al mejor estilo Robin Hood, causan temor
entre los moderados y enfervorizan a los ultras. Finalmente, ambos
sectores se decepcionan.
Este presidente que desde el
comienzo de su gestión se ha propuesto polarizar a la población con
reivindicaciones setentistas y ha abominado de las economías
liberales y de sus representantes en el país y en el exterior, ha
construido su poder entre los sectores de izquierda y moderados
expectantes, a partir de un discurso altivo, a veces
descalificador y agresivo, y otras, abiertamente beligerante. Hay,
en la historia del país, más de un ejemplo de pérdida abrupta de
poder -y consecuente ingobernabilidad- por la generación de
expectativas insustentables que terminan en desaires. Por el bien de
la Argentina, esperamos que este no sea otro caso.
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