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Algunas reglas (elementales) para el progreso
(03/07/2004)
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
 
 
Democracia, libertad y educación.
 
La libertad, sobre todas las cosas, es creatividad. Todo límite a la libertad retrasa el progreso. 
No es libre quien no conoce, puesto que permanece preso en su ignorancia. 
Si la democracia no prioriza la educación, no hace culto a la libertad. 
Son mezquinos los intereses del ignorante porque su visión sólo alcanza al límite de sus necesidades. 
La sabiduría que proporciona la inteligencia aplicada al conocimiento no hace distingo de clase social, también es mezquino el poder cuando es ignorante. 
Una nación es libre cuanto más libres sean los ciudadanos que la componen. 
Si la libertad se ejerce con sabiduría, existe la conciencia. Si hay conciencia, hay solidaridad.
La justicia: salvaguarda de las instituciones
 
Es, por la inacción de la justicia o por su acción cómplice, que se socavan las instituciones de la democracia. 
La democracia es una gran hipocresía cuando no hay una nítida división de poderes. 
Si los jueces de la nación subrogan el imperio de la ley a los inferiores intereses de la coyuntura política de turno, se subvierten los más elementales valores de la ética, para que la anarquía haga metástasis en las instituciones de la República.
 
La ortodoxia en lo económico, es la regla
 
Más allá de las técnicas económicas que al crear ficciones temporarias fomentan la propensión de una sociedad hacia el bienestar, la base de todo progreso sustentable, es la ortodoxia. El sentido común nos indica que: por cuanto más tiempo se aleja un gobierno de la ortodoxia económica, más grande es la brecha entre ricos y pobres; más profundo es el desgobierno y la ignorancia que el desgobierno provoca.
 
Derecha e izquierda
 
Resulta una mezquindad de extremos polarizar el pensamiento político en derecha o izquierda; es, simplemente, una manera de segmentar a la sociedad para que la burguesía dirigente,de uno u otro bando, usufructúe los beneficios del mantener a la sociedad rehén de una ideología, sin vocación real de mejorarla. 
El camino al bienestar es inequívoco; reside en el manejo austero de los recursos y una priorización inteligente del gasto. 
Las políticas deben estar dirigidas a objetivos de largo alcance, bendecidos por el conseso mayoritario de la ciudadanía. El progreso sustentable está en la continuidad de esas políticas y su corrección para mejorarlas.
Una norma jurídica que no persiga en sus fundamentos el bien común, es ignorante, y obedece a la mezquina visión de los ignorantes; cualquiera sea el signo de sus diatribas.
 
Hipocresía y especulación
 
Hay una delgada línea que divide la subjetividad y la objetividad en la toma de decisiones. La vanidad de los gobernantes, tantas veces, hace que sus decisiones tiendan más hacia la mejora de su autoestima, que al bien común. En origen, estos sujetos, luchan más por su notoriedad que por el afán patriótico que debiera impulsarlos. Se valen de la especulación y la hipocresía para el logro de sus propósitos. Especulación porque se aprovechan de la necesidad y la ignorancia de sus gobernados; hipocresía, porque aspiran, engañando a los demás, engañsrase a sí mismos.
 
La irracionalidad de las masas
 
El pensamiento masificado es ineficaz. El consenso, luego del razonamiento, es productivo. 
La necesidad de segmentar a la sociedad siempre será útil a algún fin espurio. 
La sociedad, para su organización, requiere de líderes. No líderes vanidosos, absolutos, obcecados o necios que ponen a salvaguarda su ignorancia agitando la ignorancia de las masas; líderes esclarecidos y despojados de mezquindad.
 
Ganadores y vencidos
 
No hay beneficios perdurables mientras haya ganadores y vencidos; en el marco de una sociedad democrática, siempre habrá espacio para que los vencidos expandan su resentimiento. El consenso es la clave para un progreso en paz. El disenso es valioso y enriquecedor mientras no lo ciegue la necedad que hay en la ignorancia y la mezquindad que la ignorancia provoca.
 
Voluntarismo, idoneidad y patriotismo
 
La voluntad de hacer ligada a la idoneidad y a un interés puro en beneficio de la sociedad, son los atributos indispensables para liderar. La ausencia de alguno de estos atributos hace a los líderes imperfectos.

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