OCHO PREMISAS DE LA ENCRUCIJADA ECONÓMICA ARGENTINA
Marcelo D. Ferrer (*)
Julio de 2005.
Argentina requiere reformas estructurales, no hacerlas en
momentos de expansión de la economía mundial, de la que se
beneficia nuestra economía doméstica, implicará un serio
riesgo cuando este ciclo llegue a su fin.
Si bien el superávit primario configura un paso de
significativa madurez, no hay que descuidar que este hecho se
logra por haberse desplegado todo un arsenal de instrumentos de
recaudación, que han llevado la presión tributaria a un límite.
La encrucijada principal es que gran parte de ese superávit se
logra por aplicación de retenciones a la exportación, cuya
eficacia, depende de un dólar sobrevaluado. Pero sostener el dólar
en los niveles actuales implica lidiar con la inflación. La
inflación a su vez licua el poder de compra del salario; esto
moviliza los reclamos sectoriales configurando un círculo
ruinoso que ya hemos sufrido los argentinos en los ochenta.
Estas ocho premisas que entrego son una enunciación,
simplemente; pero que ponen de resalto un rumbo equivoco, cuya
ficción, de no hacerse las reformas estructurales necesarias,
terminará cuando el ciclo de la economía mundial se revierta y
el precio de las materias básicas de exportación decaiga.
1) El superávit primario es insuficiente para cubrir los
servicios y amortización de la deuda pública.
2) La colocación de nueva deuda en un contexto de incertidumbre
es traumática. Aún continúa el descrédito
argentino en el mundo. Ante la expectativa de una desaceleración
de la economía mundial por el incremento de las tasas de interés,
podrían retornar esas colocaciones a guarismos similares
previos al default de 2001. La retórica de desendeudamiento con
el Fondo Monetario Internacional es inapropiada e inconveniente
frente a las necesidades de financiamiento a tasas coherentes
con el presupuesto.
3) La emisión de títulos ajustados por CER y una inflación no
fácil de controlar, compromete el presupuesto en diferentes
maneras: por un lado, la especulación alarga la oferta de
divisas ejerciendo presión sobre la competitividad del sector
externo y el financiamiento del presupuesto a través de
retenciones a la exportación; por otro, renueva la
incertidumbre internacional acerca de un probable nuevo default,
encareciendo el financiamiento o negándolo de plano.
4) La oferta de divisas es más que proporcional respecto de los
índices de monetización de la economía (incluyendo la inflación
transcurrida). Obligada la autoridad económica a mantener un dólar
en torno a los tres pesos a fin de convalidar las altas
retenciones a las exportaciones, la economía se balancea entre
inflación y banda cambiaria. Da inicio así una espiral a través
de la cual, la inflación futura, propende a un equilibrio
(emisión-monetización) que jamás se logra. (Causa no
exclusiva de la reaparición de la inflación).
5) El equilibrio del presupuesto a través del aumento de los
recursos no es posible. La presión tributaria está al límite;
la elasticidad de los recursos tributarios se supedita al
crecimiento de la economía y a la eficacia administrativa de la
AFIP. A su vez, el crecimiento de la economía, acabado que será
el colchón de la devaluación, dependerá de la inversión,
seriamente afectada por la incertidumbre de un discurso
excesivamente reivindicativo y revisionista. Por otro lado, la
eficacia administrativa de la AFIP, debe adecuarse a la delicada
situación de la cadena de pagos.
6) El gasto público aumenta más que proporcionalmente respecto
de los recursos, y es inelástico debido a las ansias hegemónicas
de la política, la retórica ideológica del gobierno, los
exacerbados ánimos de la sociedad y a los índices de pobreza;
más por lo anterior que por esto último.
7) Las presiones sociales y el proselitismo gubernamental
presionan sobre los salarios y, en general, sobre el presupuesto
en su conjunto. La inflación incidirá negativamente en el
control del gasto público por los mayores costos que acarrea y
por las tensiones sociales que genera. Ante la
imposibilidad de readecuar la estructura del estado (no se hizo
cuando correspondía -antes de la devaluación- y no se hará
ahora por razones ideológicas), cabe esperar la reaparición
del déficit en las cuentas primarias en futuro cercano.
8) La falta de incentivos para la inversión, la persecución
empresarial, un clima social hostil y en crecimiento, la
usurpación de fábricas y tierras, la inseguridad jurídica y
tributaria, los altos impuestos al empleo y la creciente
movilización sindical, la carencia de planes gubernamentales de
mediano plazo, y, en general, las expectativas; estrangulan la
oferta de bienes y el clima de negocios. La estrechez del crédito
y la voracidad estatal por acaparar el poco existente, afectan
todavía más la inversión, sumando limitaciones a la oferta de
bienes y servicios. (Causa no exclusiva de la reaparición de la
inflación).