|
Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
¡Ámenme, no los voy a defraudar!
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Hay un discurso
esquizoide sazonado de glamour agridulce en la pareja presidencial.
Evocativos y victimizados, favorecidos pero denunciantes,
amenazadores y magnánimos; esta sociedad matrimonial pro-poder; y a
la vez, descarnadamente solitaria, moldea los ánimos de una nación
desarticulada, que se hunde cada día en el desconcierto de no saber
quienes son los unos y los otros de hoy; y a la expectativa por
develar quienes serán los unos y los otros de mañana. Ese discurso amor-odio se
refleja con crudeza en la sociedad, que es depositaria de la
esquizofrenia de sus gobernados.
Pero hay un mensaje subliminal todavía mas preocupante, y
tan determinativo como lo era el pulgar de Nerón: a favor nuestro
la unción; en contra nuestro, los leones.
Esa gula de poder que no mezquina dignidad propia ni ajena;
ni medios o recursos, no es nueva. Sobrados ejemplos con sus
resultados hay en el mundo, y los hubo también en nuestro país. No
se equivoca Elisa Carrió cuando habla de fascismo; sumaría a esa
definición de Carrió cierto condimento de demencia mesiánica que
trasvasa las fronteras de nuestro país, y se asimila a la de otros
líderes de esta parte del continente.
La vía de acceso a estas desviaciones del ego y ubicuidad de
los gobernantes, que los lleva a actitudes absolutistas contra
cualquier oposición, es una sociedad ya enferma y a la vez expectante
para el tiempo de su arribo.
Enferma por la inequidad que representa el hambre y la carencia de
oportunidades y justicia; y expectante, por el
advenimiento del milagrero que termine con su oprobio. Estas
sociedades, además de su redención, buscan sanción; y aún cuando
el enemigo mute según el ánimo y el oportunismo de sus
gobernantes, saben que: “ellos”, los que quieren robarles el
futuro, están ahí, señalados
por su mesías.
No hay progreso posible en una sociedad sin equilibrio; mucho peor si el fogonero de las reivindicaciones forzadas, es un demagogo.