|
Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
Señales
que anticipan una nueva crisis en Argentina
08/10/2005
Marcelo
D. Ferrer
La
Plata, Buenos Aires, Argentina.
¿Cuándo
se homogenizan ideologías desbocadas con recursos económicos rumbo
a la escasez? La respuesta es: en crisis.
Luego
de que la devaluación trasfiriera enorme cantidad de recursos y
riquezas al estado, los gobiernos se han dedicado a gastar o
repartir esos recursos sin prever que la situación de bienestar es
transitoria. Desde antes de 2001 es imprescindible una adecuación
de la estructura del estado al menor tamaño de nuestra economía;
una reforma política que tanto fortalezca los partidos como a las
instituciones y haga más transparente el ejercicio de la
democracia; una reforma tributaria; una reforma financiera que de
confiabilidad al sistema; una reforma laboral que permita la
movilidad y la adecuación de la mano de obra a las nuevas tecnologías;
un sistema de inclusión de los sectores marginados de la sociedad;
etc. Amén de la necesaria prioridad que debiera dársele a la
educación como política de estado de corto, mediano y largo plazo.
Otras cuestiones, que son también prioritarias: salud, justicia y
seguridad, en alguna medida dependen de aquellas otras reformas.
Somos
de la creencia que la negociación de la deuda, si bien tuvo
beneficios económicos notables, acarreará -acarrea ya- pérdida de
oportunidades de inversión, que sin ser notorias para la simple
apreciación, afectan el desarrollo de nuestra economía hacia el
futuro. La elegibilidad de los países por parte de los
inversionistas depende en gran medida de la previsibilidad de las
políticas de estado de largo aliento, y de que esas políticas se
sostengan entre las sucesivas alternancias gubernamentales; una
cuestión que en nuestro país no se cumple, más sí, un agudo movimiento
pendular entre ciclos de diferente signo. Incluso, han dejado de ser
previsibles los partidos políticos dándose dentro de ellos
alternancias diametralmente opuestas.
Casi
cuatro años lleva insumida la negociación de la deuda y aún
no se ha dado cabal final a la cuestión. Sin bien hay una propuesta
con mayoritaria aceptación, existe un remanente cuyo volumen iguala
casi, el default de Rusia. Pero quizá la cuestión más
relevante en el manejo de la situación haya sido la
"diplomacia de la imposición" y cierta jactación y
soberbia sobre los -vencidos(?)- bonistas-inversores, de
los cuales siempre dependeremos. Una prueba más -entre otras tantas-
de la miopía de nuestros estadistas.
En
otro orden, no podemos pasar por alto la "ideología de la
reivindicación" -no interesa si de centro izquierda, izquierda
o marxista- puesto que ese discurso inmoderado a venido a apresurar
los ánimos de una sociedad ciertamente desigualitaria. La
batalla por una más equitativa redistribución del ingreso no
será nunca ganada por la fuerza; es preciso para ello desarrollar
políticas de estado, que al lograr consenso, se fortifiquen a lo
largo de los años. El desenvolvimiento del capital es excesivamente
corporativo e individualista a la vez, en un mundo tan carente como
el actual, siempre encontrará oportunidades si es obligado a
emigrar.
El
excesivo poder otorgado a los sindicatos por un Ministerio de
Trabajo que incumple sus funciones; la entidad que han adquirido los
"piqueteros"; cierto grado de garantismo judicial al
crimen; violaciones al derecho de la propiedad y cierta zona
liberada a la usurpación de empresas; el manoseo tarifario que se
hace con las empresas privatizadas, sumado a ello el acercamiento a
líderes como Chávez; son cuestiones que afectan la
previsibilidad, hoy, de nuestro país, y que obedecen a ese
discurso de la "ideología de la reivindicación" al que
nos referíamos. Es contradictoria la acción del gobierno si por un
lado alienta la ideología de la reivindicación y por el otro sale
a demandar inversiones.
Pero
nuestro país no es una isla. La población Argentina puede no tener
claro cómo alcanzar el bienestar driblando de un extremo
al otro, pero sabe que esa es su meta. Un país inserto en el mundo
más por la calidad de sus ciudadanos que por su economía, buscará
siempre un lugar expectante en él.
Hoy,
el contexto económico del mundo nos favorece. Bajas tasas de interés
y altos precios de la materias primas básicas de exportación
(comodities) son la combinación ideal para un país en vías de
desarrollo. Pero esto no se sostendrá de manera indefinida; es más,
el proceso ha iniciado su reversión.
La
crisis del petróleo, los desastres climáticos, la guerra; pero
sustancialmente la situación de la mayor economía mundial (EEUU),
están emitiendo señales de que la economía mundial va rumbo a su
desaceleración. Esto afectará nuestra economía, puesto que la
base del superávit primario, del que tanto nos jactamos, depende de
las imposiciones a la exportación; y, en igual medida, una
restricción de la liquidez mundial por causa de la desaceleración
de la economía, afectará nuestras necesidades de financiamiento,
seriamente dañadas por la torpe salida del default y la demorada
negociación con el FMI..
Dicho
esto, y a modo de síntesis, detallo seguidamente algunas de las
premisas que podrían presumir el adelantamiento de una nueva
crisis, en la medida de que no se tomen acciones a la brevedad.
Premisas
políticas de la crisis:
·
Dos años de discursos reivindicativos
y aliento a las pujas redistributivas del Ingreso.
·
Poder político y económico
a sectores no moderados del ámbito laboral y social.
·
Promesas electorales de difícil
cumplimiento, pero de extrema necesidad.
·
Desatino político en las
relaciones con los entes financieros internacionales.
·
Injerencia política en los
entes descentralizados e independientes como el Banco Central.
·
Exitismo fiscal respecto de
un superávit relativizado a la bonanza internacional.
·
Fatiga de la población ante
la falta de respuestas de la democracia.
·
Soledad en el ejercicio del
poder por haber exacerbado y denigrado a la oposición.
·
Soledad en lo institucional
por haber manoseado los estamentos de la democracia.
·
Manoseo de la justicia; único
resguardo del estado de derecho.
·
Etc.
Premisas
económicas de la crisis:
·
La estructura del estado es
más que proporcional al tamaño de la economía.
·
La necesidad de adecuar la
estructura del estado embiste con la ideología gubernamental.
·
La puja redistributiva del
ingreso, el exceso de gasto y emisión y la estrechez en la oferta
de bienes, harán persistente la inflación.
·
La inflación licuará el
diferencial de precios relativos que posibilitó el superávit
primario luego de la devaluación.
·
La espiral inflacionaria, de
no detenerse, hará más desigualitaria a la sociedad exacerbando
las reivindicaciones.
·
La inexistencia de un clima
de negocios aleja las inversiones.
·
La economía mundial va
rumbo a una paulatina desaceleración. Esto afecta el financiamiento
y el precio de nuestras materias exportables.
·
Etc.
Básicamente,
resulta inconsistente el ánimo acelerado de las
reivindicaciones con la escasez de recursos para promoverla. El
exitismo político tras su afán electoralista embestirá con la
realidad pasado el 23 de octubre.
(Se
autoriza su difusión)