Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
La panfletería estuvo a cargo de dos diarios oficialistas,
Clarín y Página 12; el pago del tren chárter “expreso
del ALBA”, el estadio “Ciudad de Mar del Plata”, viáticos y
estadía; al igual que el cursado de invitaciones a artistas y al
cocalero Evo Morales, del gobierno.
La presencia de Luis D´Elía, Hebe de Bonafini y el diputado
periodista Miguel Bonasso –todos conspicuos miembros e ideólogos
oficialistas-; y la asistencia de miles de piqueteros que viajaron
más modestamente que su jefe D´Elía, no admite prueba en
contrario: este repudio auspiciado por el gobierno de Kirchner es
una advertencia al presidente de los Estados Unidos.
Queda al descubierto el doble
discurso de K
Desde el inicio de su gestión avienta a movimientos de izquierda
con mensajes de exclusión. Cada vez que el presidente se refiere
a “ellos” y pide la ayuda de “ustedes”, y abona demagógicamente
su mensaje con consignas antifondo, enarbola su costado
antiimperialista. “Jueguito para la hinchada” -declaman los
que pretenden enmarcar sus consignas.
En la otra orilla, frente a George Bush, se muestra ambiguo y
subestimante respecto de Hugo Chávez –a quien dice manejar- o
sobre su simpatía con Evo Morales. Esto, y su actitud de pago
puntual al FMI y el victimizarse ante la ortodoxia del organismo;
o el envío de tropas a Haití, ha sido lo que sostuvo la
prudencia del gobierno norteamericano; claro está, hasta la
cumbre de Mar del Plata.
Su
imagen desalineada al llegar a la ciudad turística, el mezclarse
entre la gente al mejor estilo de los populismos fascistas y
el auspiciar el repudio a la presencia de George Bush, muestran
ya, no una velada actitud, sino un abierto desafío a los planes
norteamericanos en la región. Coincidentemente, igual informalidad
adoptó el presidente de Venezuela.
La
actitud Argentina liderando las oposiciones al ALCA se enmarcan
también en ese desafío que forzará al gobierno de la primera
potencia del mundo a rever su política respecto de
Argentina.
Es
claro que la cumbre de Mar del Plata variará todo el tablero de
la región. A la ya preocupante presencia en Sud América de Hugo
Chávez, Evo Morales, las FARC y la tensa situación política en
Ecuador y Perú, se suma ahora una actitud inequívoca de
Argentina en igual orientación.
Es de
esperar que de la reunión de George Bush y Néstor Kirchner no
surjan más que declamaciones sin trascendencia; a menos, claro,
de que nuestro presidente K utilice como estrategia la amenaza, y
que el presidente americano claudique ante ella. ¿Usted qué
cree?