Lavagna,
un modesto Secretario de Hacienda
24/11/2005
Marcelo
D. Ferrer (*)
No es menor la responsabilidad de la Secretaría de Hacienda
dentro de la estructura del Ministerio de Economía; entre sus
atribuciones se encuentra la de coordinar las políticas de
administración presupuestaria. Igual importancia tiene la
Secretaría de Ingresos Públicos. Ambas responsables del
superávit fiscal. No es un hecho menor el superávit
fiscal porque no ha sido práctica común en la Argentina
del último siglo. Será esto, a nuestro entender, lo más
rescatable de Roberto Lavagna en su paso por el Ministerio de
Economía y Producción. Aunque será su anquilosada y retrógrada
manera de conducir la política económica, lo que más se
recuerde.
Dirá Kirchner que Lavagna era una herencia de Duhalde y procurará convencer
al país de que echarlo, es parte del saldo que le resta a la
vieja política. Por su lado, Lavagna, estará aliviado de irse ante la inminencia de
adoptar medidas económicas drásticas que no contarán
con el aplauso fácil de los sectores sociales más rezagados -y
de ningún otro sector tampoco-, máxime, cuando se ha
desperdiciado tanto tiempo y sacrificio.
En días más comenzará una historia nueva. Quizá un capítulo
más de la historia de siempre y con final incierto, cuyo autor:
"José Improvisación del Dalequeva", nos viene
martirizando desde hace tanto, tanto tiempo.
Su sucesor -¿Julio De Vido?-, se hará cargo del siguiente
inventario:
-
Un superávit fiscal compuesto
del producto de impuestos distorsivos que se recaudan
fomentando la economía informal, erosionando el salario
real, desincentivando la inversión y engrosando el gasto
cuasifiscal. Esto último por los mecanismos de absorción monetaria utilizados por
el Banco Central.
-
Un cronograma de
exigencias financieras ante organismos multilaterales -FMI
entre ellos-, a los que debe sumarse los compromisos de
la deuda externa e interna, frente a una posible situación
de iliquidez de los mercados financieros internacionales y
al desprestigio argentino por su desafortunada política
exterior.
-
Una situación social en
creciente inestabilidad por el oprobio que provoca el desempleo,
el aliento de las reivindicaciones de castas, las promesas
mesiánicas incumplidas y la existencia de utópicas
alternativas a la democracia que son alentadas por el
gobierno.
-
Un sistema tributario anárquico,
contrario al federalismo, regresivo, de engorroso trámite
administrativo y fiscalización, que ha entorpecido el
funcionamiento dinámico de la economía con su incidencia
en los medios de pago de las empresas.
-
Un régimen politizado de
asistencia social cuya trama sustenta la continuidad
política del gobierno, pero atenta con los sistemas de
reentrenamiento laboral, de cuya eficacia, depende la
reinserción.
-
27 mil millones de dólares
en reservas capaz de erosionarse rápidamente ante el
aislamiento internacional, si se pretendiera hacer frete con
ellas a la obligaciones externas. A su vez, cierta
volatilidad en los mercados fuertemente impulsados por la
especulación que se hace con ciertos títulos que ajustan
por inflación.
(Es posible que encuentre varias cosas mas; como
abrir una caja de Pandora.) Nota del autor.
Quien asuma, de imitar la inacción de Lavagna, se condenará al
fracaso. Si decidiera adoptar las medidas que hacen
falta, ante lo desbocado de la situación social, requerirá un
fuerte apoyo político que a su vez necesitará de un fuerte
sinceramiento ante la sociedad y un diálogo franco con la
oposición.
A menos, claro, que la alternativa sea el autoritarismo; en cuyo
caso, "José Improvisación Deldalequeva", impondría
un final aún más incierto a nuestra historia.