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La inflación no es el problema (parte II)

01/12/2005

por Marcelo D. Ferrer

 

Intentamos explicar en la primera entrega que la escalada de precios obedece a causas estructurales de nuestra economía, y a ciertos componentes sociales, entre ellos, las pujas desmesuradas por la redistribución del ingreso.

 

Es una simplificación centrar la problemática de los precios en la especulación empresaria; sin negar de plano que cierta extensión de la utilidad se logra ante la mayor demanda existente y la escasa propensión a realizar inversiones, obligando el equilibrio a través de los precios.

 

El por qué no se invierte no tiene como respuesta que nuestro empresariado es retrógrado o que ha resuelto extender sus márgenes a través de la especulación; no ocurre lo mismo en otros países en los que también invierten nuestros empresarios. La diferencia reside en las expectativas. Son múltiples las causas que alejan la inversión. Propongo la lectura de este comentario: "Quién gana y quién pierde"

 

El problema estructural de oferta y demanda de bienes se agrava por la mayor conveniencia empresaria de exportar su producción ante las ventajas comparativas que brinda la distorsión de precios relativos que ocasiona un dólar sobrevaluado. A la vez, el mismo dólar sobrevaluado hace inconveniente la importación de los bienes faltantes en nuestra economía, no contribuyendo a solucionar la problemática.

 

Si la producción de bienes no es suficiente para atender la demanda interna, es ilógico ampliar para esa producción los mercados externos. Es claro que las políticas debieran estar dirigidas a satisfacer las necesidades internas y a favorecer la exportación de los excedentes, si los hubiera. A ello contribuye la elegibilidad de un territorio por parte de la inversión, desde donde, tendrá ventajas comparativas para incursionar en los mercados externos.

 

Ocurre que tal contradicción se da en nuestro país por una necesidad fiscal; es decir: el dólar sobrevaluado no lo es para mejorar la competitividad externa de nuestra economía, sino para justificar la recaudación a través de las retenciones. No es racional exportar lo que no se produce o es indispensable para satisfacer las necesidades internas.

 

Hacer economía implica tener cierta precisión sobre los stocks y actuar en consecuencia alentando o desalentando las actividades internas, externas y la inversión selectiva, según sean los sectores más competitivos, teniendo en cuenta la idoneidad de la mano de obra y demás recursos primarios disponibles.

 

Quiero decir: incentivar la competencia sobrevaluando el tipo de cambio es para un economista, como para un pintor del renacimiento utilizar una brocha gorda. Hay instrumentos más eficaces y puntuales que permiten cierta selectividad que dinamizan mejor a la economía en su conjunto.

 

Antes de hacer lo que corresponda a fin de darle eficacia a nuestra economía, se prioriza el discurso político, justificando y financiando a cualquier costo, el desmanejo de las cuentas públicas.

 

En otro orden, si existen carteles, oligopolios o monopolios, una manera de quebrar tales hegemonías es permitiendo la importación; para ello, la escala arancelaria no basta, es preciso mejorar el diferencial de precios que impone la actual paridad cambiaria.

 

Modificar la paridad cambiaria requiere de tareas previas puesto que de tal paridad depende, como dijimos, la recaudación del estado. Es por ello que solucionar el problema estructural que enfrentamos obligaría la redimensión del estado al tamaño posible de nuestra economía, que no es otro que aquel que permite un genuino superávit, que al tiempo vigorice fuertemente la iniciativa privada, dé certezas -de mediano plazo al menos- sobre los lineamientos económicos y más seguridad jurídica.

 

Queremos dejar de resalto que es indispensable un superávit genuino que sea suficiente para atender las exigencias financieras, dado el terrible deterioro de la imagen Argentina en el exterior y las enemistades que hemos sabido conseguir.

 

¿Qué ocurriría si se dejara descender paulatinamente el tipo de cambio?

 

Si al mismo tiempo que se permitiera el reacomodamiento racional del tipo de cambio se hicieran los ajustes al gasto público que permitieran disminuir los impuestos distorsivos (retenciones a las exportaciones) y, se proveyera a un sistema de seguridad social más eficaz con reentrenamiento de la mano de obra y reinserción social, la situación se iría encausando paulatinamente hacia un equilibrio.

 

Además, la menor intervención del Banco Central en el sistema cambiario permitiría a la entidad mayor margen de maniobra monetaria.  

 

A la vez, el salario real iría aumentando dado que la paulatina eliminación de las ventajas comparativas por la distorsión que proviene de un tipo de cambio sobrevaluado, harían que gran parte de la oferta de bienes que ahora se realiza en el exterior se vuelque al mercado interno; sumado a ello, el plus de bienes provenientes de la importación. Esto presionaría sobre los precios; aunque su reducción sea, probablemente, menos que proporcional a la de la baja del tipo de cambio, como consecuencia de la actual disparidad entre la oferta y la demanda.

 

Si el salario real aumenta o, tan sólo, detiene su deterioro al frenarse la espiral inflacionaria, se eliminarían al menos algunas de las tensiones sociales que hoy enfrentamos. 

 

Pero hay que dejar en claro que la mejora real del salario sólo es posible cuando la productividad y la escasez la induce.  Con la actual ineficacia de la mano de obra y la nula existencia de programas de reentrenamiento, sumado a ello los altos índices de desocupación, la recomposición del salario real se hace traumática y con fórceps, como ocurre en la actualidad.

 

En otro orden, un tipo de cambio más cercano a la realidad, facilitaría la recomposición del capital de trabajo de las empresas, mejorando su eficacia productiva y la modernidad tecnológica.

 

Punto de inflexión

 

Luego de lograr la recomposición de las reservas mediante un esquema subsidiado de las exportaciones (a través de tipo de cambio) a costa de la depresión de los salarios, encontrándose cerca del tope la infraestructura productiva y habiendo recrudecido las luchas por la recomposición del salario, ha llegado el momento de repensar el esquema.

 

Síntesis: es preciso dejar caer el tipo de cambio, eliminar los gastos improductivos del estado, eliminar paulatinamente las retenciones a los exportadores y las trabas al empleo, facilitar la importación de determinados bienes, propender a un sistema de seguro social más eficaz que incluya el reentrenamiento de la mano de obra y por consiguiente, la reinserción social. Esto, para comenzar.

 

Nota del autor: ha sido intención poner este mensaje sin tecnicismos y evitando puntualidades para una mejor comprensión del lector no experto.

(Se autoriza su difusióncon mención de la procedencia)


(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.

 
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