|
MARCELO D. FERRER Cartas a mi país |
|
SINO DE
POBREZA Y HAMBRE.
Un
año ha pasado del divorcio de la sociedad con su clase dirigente. En
pocos meses, estaremos nuevamente en elecciones y nada ha cambiado:
los mismos corruptos candidatos y los mismos corruptos sistemas de
emisión de sufragio. Nada importa de la muerte absurda por desnutrición, ni a los unos, ni a los otros. Nos congraciamos más con "Malandra Callejero" que con la bendición del progreso honesto. Los de dentro del palacio repiten a cada instante una frase de elevado intelecto: "Dale que va!", mientras los de afuera sólo atinan a un: "algo sucederá!". Y todo sigue igual. No hubo reforma política ni disminución de gastos espurios, sólo una devaluación que ha puesto a la mitad de la población en la indigencia y que ha permitido que esa casta mafiosa continué dentro del palacio pagando con la muerte de los desnutridos sus excesos. ¿Es que estaremos hechos de la misma mediocridad que intentamos cambiar?
La subestimación hacia los de afuera del palacio es tan grande y tan
mansa y consecuente su aceptación, que hasta puede ser verdad que
nada habrá de cambiar.
Las víctimas no dejan de votar a sus victimarios, estos les han
comprado su dignidad por 150 miserables Lecops y los mantienen presos
de su indulgencia. ¿Da lo mismo un sufragio de quien ha perdido la
dignidad y su nacionalismo... respecto de ese sufragio que emite
quien paga sus impuestos y tiene en este país sus más íntimos
intereses? ¿Acaso no es el sufragio lo que conduce los destinos de la
democracia? ¿Alguien les ha enseñado a conducir a quienes cambian
sus votos por unas chapas o por una sidra o por un pan dulce o por 150
miserables Lecops? La
pobreza y la venta de dignidades es funcional a las mafias que nos
gobiernan, mientras los impresentables de siempre sigan en el
gobierno, jamás se erradicará el hambre... jamás se educará al
soberano.
|