|
Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
De la mano de una pobreza normalizada, Latinoamérica cambia a un ritmo vertiginoso. Aquí, en nuestro terruño sureño, se vuelve admisible casi todo; y a casi todo nos vamos adaptando en la medida que se igualan las condiciones de vida hacia abajo y se agradece no estar aún peor.
El cambio, sin embargo, se da con resentimiento de clases. Los mismos dirigentes que profundizan la pobreza haciéndola funcional a sus fines y a su ineptitud, explican a sus victimas que sus victimarios son los otros. Y no se trata de que los otros son las multinacionales o los George Soros; los otros, ahora, son aquellos que perduran en su empleo, tienen una simple casa y un auto, o a duras penas lograron comprarse una TV de 29". Los otros estamos a la vuelta de la esquina del resentimiento de los millones de marginados latinoamericanos. Una lucha de pobres contra pobres.
Si se cumpliera lo que creemos acontecerá en la economía mundial a partir de 2007 ( ver notas ), la pobreza latinoamericana crecería a niveles insostenibles para la paz social. Mas de la mitad de los habitantes de esta parte del continente vive en condiciones de pobreza; algo mas del veinte por ciento son indigentes.
El hombre se adapta al medio y en ese adaptarse, gana y pierde. Sin embargo, en medio de los procesos que conllevan el cambio, transcurrimos con una sensación de normalidad que es producto de la facilidad (gimnasia cotidiana) que hemos logrado en pos del adaptarnos y continuar adaptándonos.
Es tan así que, como ejemplo, convivir con la inseguridad Argentina nos ha llenado de tics: al subir a nuestro automóvil, al entrar a nuestra casa, al sacar la billetera en la fila del cine, al deambular simplemente por la acera o al no salir si ya ha obscurecido. Cambios que nos transformaron en completos desconocidos para el nosotros mismos de apenas unas décadas atrás.
Tal vez parezca normal para nosotros que no baste el trabajo de un solo integrante de la familia tipo para su manutención y que haga falta el esfuerzo de tres; que un jubilado sobreviva a te con leche; que en los semáforos sean cada vez más lo mendigos y los jóvenes limpiaparabrisas; que los políticos se corrompan o se borocoteen indiferentemente; que existan encapuchados armados cortándonos el paso; que desde su atril un presidente promueva el resentimiento de los unos contra los otros; que un funcionario queme comisarías e invada propiedades; etc.. Así, acostumbrándonos a todo eso y a más, quizá un día nos ocurra lo que a Szpilman y deambulemos por las calles esquivando osamentas.
La percepción es que se van anudando las circunstancias de manera tal de conducir nuestros destinos a un descarnado desenlace.
Allá arriba, sobre el oeste, está Bolivia. Ni qué decir de las circunstancias que arrastran a ese pequeño país, tal vez, a su destino más trágico. Pero lo que acontezca en Bolivia incidirá en Argentina y también en Brasil por la posible emigración de sus habitantes.
Venezuela: que no deja de reclamar protagonismo a través de su líder personalista, ahora aliado de Irán, pareciera desear consumirse entre los excrementos reaccionarios de sus desvaríos. Aún teniendo a su favor la escalada del precio del petróleo, en Venezuela se multiplican los pobres. Los venezolanos, más tarde o más temprano, deberán repensarse otra vez nación.
Pero también está Perú que ha creído en la redención de un corrupto, tal vez, porque los que gobernaron después (de Alan García), fueron peores. Eso no cambiará el destino del Perú y sus habitantes que se abandonan impávidos a las enmarañadas garras del fracaso reiterativo.
Brasil y los sin tierra y las fabelas y los escándalos de corrupción. Colombia y el kiosquito mundial de la droga; mezcla de terrorismo y ambición; violencia y sumisión. Paraguay con su ancestral y normalizada corrupción. Y: Argentina; tan sorprendente como persistente en su decadencia.
Hemos fallado los latinoamericanos en la educación, fundamentalmente, y persistimos en la misma falla. ¿A qué puede aspirar un individuo que no se instruye en el mundo globalizado y tecnificado de hoy? Difícilmente pueda libertarse de su dependencia sin medios idóneos. Igual es con las naciones; tanta verborragia para poner de resalto la opresión de los poderosos siendo que el más descarnado opresor, tan intangible como real es la ignorancia, y esa opresión, la alienta la inacción de los gobernantes.
Nosotros, Argentinos, presenciamos hipnotizados la hipocresía de nuestro presidente frente a un atril. Hay miedo y hay inconveniencia para decir en la voz del periodismo; y hay inacción y genuflexión en la justicia para actuar en el marco de la ley. Por otra parte, los representantes votados por el pueblo eluden su representación y acuerdan con el gobierno; como los Radicales K, defraudando el previo acuerdo con quienes los eligieron para un rol opositor.
Tan bochornoso es el uso espectacular que se hace de los derechos humanos, que resultan más o menos humanos los derechos si los actos genocidas vienen de derecha o izquierda. Sin embargo, se presume que no hay atropello a los derechos humanos cuando el estado hace omisión de los centenares que pernoctan en las calles o mueren de infecciones hospitalarias por la desinversión en salud pública. También cuando es enteramente cierto que se podría asfaltar las rutas con los huesos de los fallecidos allí, debido a la ausencia absoluta de manutención. ¿No hay genocidio cuando un funcionario -o varias decenas- descumplen sus funciones y miles de personas mueren estúpidamente cada año? Porque un funcionario corrupto, inepto o negligente, también mata; para muestra basta Cromagnon, los micros de doble altura, el riachuelo y la mugre en los hospitales dependientes del estado. Pero agreguemos la desnutrición, el estado caótico de las escuelas, el abandono de los jubilados, el atraso de años para que se haga justicia, la policía inepta que mata, las cárceles infrahumanas, los correccionales incorregibles, el CEAMSE, los atropellos al derecho de la propiedad que también mata; y tantas, tantas más cosas.
En Argentina no hay debate de ideas ni siquiera en el gabinete de ministros. Un intuitivo de mediocre intelectualidad, Néstor Kirchner, toma las decisiones a suerte o verdad. Nuestros intelectuales, profesionales y técnicos deslumbran al mundo; pero, una única persona en la soledad de su despacho o en su lecho matrimonial, decide nuestros destinos.
Me pregunto qué forma tendrá la redención latinoamericana y la de mi país.
Por ahora, las piras que se encienden a lo largo de esta parte del continente, sólo sirven para incinerar ilusiones.
(Se
autoriza su difusión con mención de la fuente)
(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.