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CUENTO Y RELATO |
| Moheli Paula era el completo silencio; un silencio jamás incómodo; una abstracción gnóstica e intuitiva. En los silencios de Paula comprendí que el poder que alumbra el entendimiento tiene como interlocutor la pausa. |
| El
reflejo del maestre Los vahos de París enviciaban el aire de la campiña. Acostumbrado al incienso de su clausura y al perfume de azares de los patios vaticanos después, esos olores nauseabundos que se intensificaban, lo consternaban. Había fetidez en el pecado. París era un claustro de almas libertinas, un gran circo de morbidez sub humana. |
| El
pasajero Así soy y a eso contribuyen también mis silencios. Al igual de los que se hacen en el transcurso de un viaje corto en compañía de desconocidos, porque lo circunstancial, convierte en efímeras las palabras. |
| Lienzo virgen Un azul profundo se expande sobre mi cabeza adonde mi vista no la alcanza. Entonces imagino mi propio ojo y sus formas convexas percibiendo el infinito. |
| El
bosque de naranjos “¡La Renga!” -Gritó el Moncho y huyó para su casa. Los demás nos quedamos inmóviles a medida que la tétrica ojeriza de la vieja avanzaba al bamboleo... |
| El
diputado Cuatro hombres entran a un café, el primero es retacón, de cabeza cuadrada y pelo de carpincho, tiene gesto de capataz de estancia... |
| Karmas
y sortilegios La lluvia tiene la vehemencia del invierno cuando se aproxima. Es mediodía. Por momentos la calle es arrollo furioso que transporta todo aquello que antes fue de manos desaprensivas. |
| Bifurcaciones
Es
tan viva y persistente su mirada! ¡Es tan profundo el misterio que
desencadenó! Que
a menudo, gobierna mis actos. |
| Sin aviso Llegaron por mar desde España y eran sobrevivientes de la guerra civil. Manolito decía que de milagro; como aquella otra vez... de la que le había contado su padre... |
| Quedar
en alguien
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Vulgarcito de
canillita a campeón |
| La
Parra Odiaba tanto a esa parra, que cuando la notó mustia y con síntomas de enfermedad, se alegró. |
| La merienda Cada domingo subíamos al tranvía tras una espera de cuarto de hora. Teníamos por delante un recorrido de cincuenta minutos, a lo menos. |
| El árbol de ceniza Por años la había visto llegar por el sendero que ahora era camino. Ella misma lo había adornado con las flores de estación que cultivaba en los fondos de su casa. El camino, haciendo algunos contoneos, conducía al roble. |
| La desquiciada Dolores subió lentamente las escaleras que conducían al desván y se paró frente a él. Habían pasado 30 años y seguía imperturbable. Se aproximó con manifiesto respeto, metió su mano entre el polvo y las telarañas del cajón del péndulo y un alivio recorrió su cuerpo; aun estaba allí. |
| Crónica de una
noche de niebla Desde el mediodía en la radio y la TV sólo se hablaba del clima. La confluencia de una elevadísima humedad ambiente con un frente de aire helado proveniente del sureste, preanunciaba la más espesa niebla de la que se tuviera registro. |
| Un
límite cerca del infinito Taylor miró la cifra que tenía ante sí (10.496.000.000.000) y la imagen de Wolfensohn contándole aquella anécdota de su abuelo en Wall Streat se construyó en su mente; "Quizá exista el infinito o tal vez sea el infinito una de las tantas respuestas que tiene la incomprensión |
| El
vestido de canesú Como cada 12 de enero, había retirado toda la ropa del placard y la había puesto en prolijos montones sobre la cama. Algunas prendas -la mayoría-, sin siquiera una postura, lucían inmaculadas sobre la colcha bien planchada. |
| Apagar
el respirador Al ver en la vereda de enfrente que un hombre gordo llevaba un celular hasta su oreja, cruzó la calle y se dirigió hacia él. El gordo ya había comenzado a hablar; así que, sin que le importara interrumpirlo, le dijo: |
| El
hombre intrascendente Intentaré relatar con justeza las acciones decisivas de un hombre intrascendente. Si me acompaña con su imaginación, de entre el tedio de la rutina y la marginación, se revelará la épica de la intrascendencia. |
| Tras
los setos En los suburbios de su campo visual, un amarillo despintado tras los muros, asomaba desafiando al tiempo. Siempre pasaba frente a él y siempre lo místico superando su curiosidad para que ignorara que existiese. |
| Clara TUVE UN SUEÑO y al despertar lo recordé con nitidez: un hombre alto de rasgos marcados con un sombrero de ala corta sobre un zaino de visibles bríos. Junto a él, una joven de tez blanca y pelo rojizo; |
| Paradigmas EL río siempre tuvo un encanto especial. Suelo venir aquí por las tardes; me distrae ver pasar a la gente e inventarles historias. Ahora sólo me quedo sentado observando. Hasta no hace mucho lo recorría haciendo footing por kilómetros, |
| Las
dunas tienen la palabra La imperiosa adolescencia como néctar a colibrí, descorrió el velo a mi inocencia... Ayer, por la noche, en las dunas..., frente a lenguas danzantes de fuego y a través de mis dedos, labios y todo lo anatómicamente preparado para hurgar y penetrar. ¡Por amor! Sin miedo a condena. ¡Con inocencia! Guiado en su experiencia. |
| ¿Nadie
muere en las vísperas? Saltó de nalgas sobre la tapa de la valija y arrastró los cierres a cada lado hasta que logró juntarlos entre sus piernas. |
| Remolinos
en la oscuridad El invierno arrojaba lanzas. La lluvia se arremolinaba en las ventanas y caía como baldes de agua helada. El viento jugaba a mecer los focos del alumbrado, y con sus luces, danzaban almas. |
| Difícil
que viva Tintinearon unas monedas mientras sus dedos y ojos escarbaban ansiosos dentro de la bolsa: -No alcanza! -Susurraron sus labios morados-. Igual elevó la dignidad hasta su frente, y acomodando mugrientas matas de cabello cobrizo, continuó. |
| Los
ángeles no saben que son ángeles Aún cuando había perdido contacto con su cuerpo, poseía la conciencia. Le sobrevenían imágenes del accidente; ellas traían consigo registros de dolor. |
| El fundamentalista
que dudaba Detrás del abeto, Abú abrazaba al recién nacido con ternura desbordada. Acercó su boca al oído derecho del niño y como es tradición dijo la fórmula de invitación a la oración (azdâ n). |
| El
eco de mi voz Levantó la vista por encima de un plato de comida para espiarla cuando entró al restaurante en compañía de una anciana. Rogó que se sentara donde pudiera observarla y su deseo se cumplió. |
| Las
variantes del mal gusto La burda burla molió su tolerancia. Con serena parcimonia, echó a andar su cojera hacia el centro de la sala; mientras, los sonsos mordían entre los labios sus risas malsanas. |
| Rebelión A las 6.00 am. sonó la chicharra del despertador, desde ese momento tendría cinco minutos para desperezarse, rascarse y retozar. Se tapó la cabeza con las frazadas. |
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