Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER

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CUENTO Y RELATO

Moheli
Paula era el completo silencio; un silencio jamás incómodo; una abstracción gnóstica e intuitiva.  En los silencios de Paula comprendí que el poder que alumbra el entendimiento tiene como interlocutor la pausa.
El reflejo del maestre
Los vahos de París enviciaban el aire de la campiña. Acostumbrado al incienso de su clausura y al perfume de azares de los patios vaticanos después, esos olores nauseabundos que se intensificaban, lo consternaban. Había fetidez en el pecado. París era un claustro de almas libertinas, un gran circo de morbidez sub humana.
El pasajero
Así soy y a eso contribuyen también mis silencios. Al igual de los que se hacen en el transcurso de un viaje corto en compañía de desconocidos, porque lo circunstancial, convierte en efímeras las palabras.
Lienzo virgen
Un azul profundo se expande sobre mi cabeza adonde mi vista no la alcanza. Entonces imagino mi propio ojo y sus formas convexas percibiendo el infinito.
El bosque de naranjos
“¡La Renga!” -Gritó el Moncho y huyó para su casa. Los demás nos quedamos inmóviles  a medida que la tétrica ojeriza de la vieja avanzaba al bamboleo...
El diputado
Cuatro hombres entran a un café, el primero es retacón, de cabeza cuadrada y pelo de carpincho, tiene gesto de capataz de estancia...
Karmas y sortilegios
La lluvia tiene la vehemencia del invierno cuando se aproxima. Es mediodía. Por momentos la calle es arrollo furioso que transporta todo aquello que antes fue de manos desaprensivas.
Bifurcaciones

Es tan viva y persistente su mirada! ¡Es tan profundo el misterio que desencadenó!  Que a menudo, gobierna mis actos.

Sin aviso
Llegaron por mar desde España y eran sobrevivientes de la guerra civil. Manolito decía que de milagro; como aquella otra vez... de la que le había contado su padre...
Quedar en alguien
"Si cierras tus ojos para no abrirlos jamás,
se terminarán en el mundo los atardeceres, los ríos y las montañas,
la sonrisa en mi cara y la alegría en mi alma... ".

Vulgarcito de canillita a campeón
Vulgarcito envidiaba a Carlitos porque era el dueño de la pelota. Carlitos siempre iba impecable: medias tres cuartos blancas inmaculadas, pantaloncitos cortos (blancos inmaculados), y su clásica camiseta de River Plate

La Parra
Odiaba tanto a esa parra, que cuando la notó mustia y con síntomas de enfermedad, se alegró.
La merienda
Cada domingo subíamos al tranvía tras una espera de cuarto de hora. Teníamos por delante un recorrido de cincuenta minutos, a lo menos.
El árbol de ceniza
Por años la había visto llegar por el sendero que ahora era camino. Ella misma lo había adornado con las flores de estación que cultivaba en los fondos de su casa. El camino, haciendo algunos contoneos, conducía al roble.
La desquiciada
Dolores subió lentamente las escaleras que conducían al desván y se paró frente a él. Habían pasado 30 años y seguía imperturbable. Se aproximó con manifiesto respeto, metió su mano entre el polvo y las telarañas del cajón del péndulo y un alivio recorrió su cuerpo; aun estaba allí.
Crónica de una noche de niebla
Desde el mediodía en la radio y la TV sólo se hablaba del clima. La confluencia de una elevadísima humedad ambiente con un frente de aire helado proveniente del sureste, preanunciaba la más espesa niebla de la que se tuviera registro.
Un límite cerca del infinito
Taylor miró la cifra que tenía ante sí  (10.496.000.000.000)  y la imagen de Wolfensohn contándole aquella anécdota de su abuelo en Wall Streat se construyó en su mente; "Quizá exista el infinito o tal vez sea  el infinito una de las tantas respuestas que tiene la incomprensión
El vestido de canesú
Como cada 12 de enero, había retirado toda la ropa del placard y la había puesto en prolijos montones sobre la cama. Algunas prendas -la mayoría-, sin siquiera una postura, lucían inmaculadas sobre la colcha bien planchada.
Apagar el respirador
Al ver en la vereda de enfrente que un hombre gordo llevaba un celular hasta su oreja, cruzó la calle y se dirigió hacia él. El gordo ya había comenzado a hablar; así que, sin que le importara interrumpirlo, le dijo:
El hombre intrascendente
Intentaré relatar con justeza las acciones decisivas de un hombre intrascendente. Si me acompaña con su imaginación, de entre el tedio de la rutina y la marginación,  se revelará la épica de la intrascendencia.
Tras los setos
En los suburbios de su campo visual, un amarillo despintado tras los muros, asomaba desafiando al tiempo. Siempre pasaba frente a él y siempre lo místico superando su curiosidad para que ignorara que existiese.
Clara
TUVE UN SUEÑO y al despertar lo recordé con nitidez: un hombre alto de rasgos marcados con un sombrero de ala corta sobre un zaino de visibles bríos. Junto a él, una joven de tez blanca y pelo rojizo;
Paradigmas
EL río siempre tuvo un encanto especial. Suelo venir aquí por las tardes; me distrae ver pasar a la gente e inventarles historias. Ahora sólo me quedo sentado observando. Hasta no hace mucho lo recorría haciendo footing por kilómetros,
Las dunas tienen la palabra
La imperiosa adolescencia como néctar a colibrí, descorrió el velo a mi inocencia... Ayer, por la noche, en las dunas..., frente a lenguas danzantes de fuego y a través de mis dedos, labios y todo lo anatómicamente preparado para hurgar y penetrar. ¡Por amor! Sin miedo a condena. ¡Con inocencia! Guiado en su experiencia.
¿Nadie muere en las vísperas?
Saltó de nalgas sobre la tapa de la valija y arrastró los cierres a cada lado hasta que logró juntarlos entre sus piernas.
Remolinos en la oscuridad
El invierno arrojaba lanzas. La lluvia se arremolinaba en las ventanas y caía como baldes de agua helada. El viento jugaba a mecer los focos del alumbrado, y con sus luces, danzaban almas
Difícil que viva
Tintinearon unas monedas mientras sus dedos y ojos escarbaban ansiosos dentro de la bolsa:  -No alcanza!  -Susurraron sus labios morados-. Igual elevó la dignidad hasta su frente, y acomodando mugrientas matas de cabello cobrizo, continuó.
Los ángeles no saben que son ángeles
Aún cuando había perdido contacto con su cuerpo, poseía la conciencia.  Le sobrevenían imágenes del accidente; ellas traían consigo registros de dolor. 
El fundamentalista que dudaba
Detrás del abeto, Abú abrazaba al recién nacido con ternura desbordada. Acercó su boca al oído derecho del niño y como es tradición dijo la fórmula de invitación a la oración (azdâ n). "Dios es grande. Confieso que no hay Dios sino el Dios. Confieso que Muhammad es el enviado de Dios. Venid a la oración. Venid a la bendición. Dios es grande.". Repitió la fórmula en el oído izquierdo de la criatura, pero añadiendo: "la oración está a punto de comenzar". Finalizó con el rito.
El eco de mi voz
Levantó la vista por encima de un plato de comida para espiarla cuando entró al restaurante en compañía de una anciana. Rogó que se sentara donde pudiera observarla y su deseo se cumplió. 
Las variantes del mal gusto
La burda burla molió su tolerancia. Con serena parcimonia, echó a andar su cojera hacia el centro de la sala; mientras, los sonsos mordían entre los labios sus risas malsanas.
Rebelión
A las 6.00 am. sonó la chicharra del despertador, desde ese momento tendría cinco minutos para desperezarse, rascarse y retozar. Se tapó la cabeza con las frazadas.


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FUENTE: Marcelo D. Ferrer, http://www.marcelodferrer.com.ar
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