Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER

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Un límite cerca del infinito
 (Relato)
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina
        Taylor miró la cifra que tenía ante sí  (10.496.000.000.000)  y la imagen de Wolfensohn contándole aquella anécdota de su abuelo en Wall Streat se construyó en su mente; "Quizá exista el infinito o tal vez sea  el infinito una de las tantas respuestas que tiene la incomprensión. Nuestra efímera existencia está ceñida a los límites...".

 Recordó esa frase que el abuelo de Wolfensohn había acuñado en la década del 30 cuando impregnado de enorme racionalidad, había vendido todos sus valores antes de la gran debacle. Y en esta mezquina puja por acaparar riqueza: ¿cual es el límite? -Se preguntó-. Pensativo fue cerrando la pesada tapa de la carpeta que contenía el informe sin dejar de observar la cifra que por primera vez veía seguida de todos sus ceros. Eran pasadas las 23 y el agobio se agudizaba desde las 19. En una esquina sobre su escritorio estaba la foto que le había traído un asistente por esa hora, la tomó y la observó de nuevo por unos momentos: una fila de ataúdes envueltos en banderas de barras parecía prolongarse... ¿al infinito? ¿o simplemente se perdían por la parte anterior de un transporte destinado a los muertos? Los ocho féretros eran apenas una representación de los casi 700 que habían pasado desapercibidamente ante la opinión pública. Dejó la foto, se puso de pie, y caminó hacia el enorme ventanal del ala este de su oficina; la avenida Pennsylvania se abría frente a él con su cause incesante de automóviles... no muy lejos, el centro del poder; más allá, las murallas de acero y cristal donde laboriosamente, 24 horas al día, se consolidaba la utopía del absoluto dominio. Millares de seres retroalimentaban la conciencia de la nación con un código genético que parecía tender a la perfección... la perfección. Le dio un escalofrío al recordar los límites. De inmediato reconoció las señales del temor; incompresible temor -pensó-. La respuesta se construyó rápido en su ágil mente: el temor era una sensación individual, como eran individuales sus pensamientos sumidos en el agobio... tan individuales como los muertos. Escindido de lo que él sentía representar dentro del esquema gubernamental de la nación más poderosa, había pensado como un simple hombre, y los hombres, son proclives al miedo.      

Apenas pasaban las 9 cuando llegó a la oficina. Sobre su mesa de trabajo estaba aún la foto de los ataúdes tal y como  la había dejado la noche anterior -un real descuido-. El personal de limpieza tenía orden de no tocar papel alguno de su escritorio, con lo cual, todo permanecía siempre como él lo dejaba. Una pila de diarios junto a una taza de café y dos escones estaba sobre una mesita contigua; el servicio de cochera daba aviso cuanto Taylor entraba al ascensor y de inmediato llevaban a su oficina un café con dos escones, como él quería. Todos los diarios hacían referencia a la guerra.  The New York Times, tal y como le habían anticipado, había publicado en su portada la foto que una empleada de sobrecargo había tomado con su cámara digital. La foto era un atentado a la conciencia; en realidad, era un atentado a la conciencia que se esperaba no se tuviera. En todos los ámbitos del staff gubernamental se percibía la perdida del consenso hacia la guerra, esto estropeaba la ya estropeada campaña presidencial. Aunque era de esperarse que el candidato de la oposición fuera prudente, para el habitante común era una imagen tan morbosa de la realidad, que hería de muerte las aspiraciones. Taylor se preguntaba cómo luego de haberse reconocido la inexistencia de armamento químico en Irak, las naciones del mundo no exigían que las fuerzas de la coalición se retiraran de allí e indemnizaran a ese país por las atrocidades cometidas... En silencio era sabido que el mundo observaba y alargaba su cuota de resentimiento. Sin duda la estrategia para comenzar esa guerra no había sido buena; una asignatura que resolvería Kerry de llegar a la Casa Blanca... -se dijo-.

La otra noticia era el aumento de la tasa de interés, necesario aumento dado el alto déficit presupuestario y el modo en que el déficit acotaba el crecimiento. Repasó los diarios por otros veinte minutos. 9.45 recibiría a la directora interina del FMI por una cuestión latinoamericana. Latinoamérica era un enorme bolsón de pobreza, tan desacreditada en la consideración mundial, que se ubicaba en un tercer plano de las prioridades de estado; pero no había que descuidar ningún símbolo que pudiera transformarse en mal ejemplo. Sorbió lo que quedaba del café y dejó el último de los diarios sobre una pila desacomodada. Repasó el informe de economía: 10,496 trillones de dólares; el crecimiento del PBI era escaso... la inversión en Irak acrecentó el déficit y esto acotó la actividad interna, pero el control de la OPEP para consolidar la supremacía era una prioridad que lo justificaba... lo justificaba todo; luego le seguiría China... Un nuevo escalofrío recordó las señales del temor. Se retrotrajo a los pensamientos de ayer atribuidos al agobio: la imagen y la sabia actitud del viejo Wolfensohn para retirarse a tiempo volvieron a su mente, pero se tranquilizó.... quizá, el limite, se encuentre cercano al infinito.

Referencias:
FMI: Fondo Monetario Internacional.
PBI.: Producto Bruto Inerno.
OPEP: Organización de los paises exportadores de petróleo.  (Bagdad, 1960). Son fundadores: Kuwait, Arabia Saudita, Irak, Iran y Venezuela.
10.496 trillones americanos es el PBI estimado de los Estados Unidos para 2003.
Taylor: Alude al actual Subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, con oficinas en el 1500 Pennsylvania avenue.
Wolfensohn: Alude al actual Presidente del Banco Mundial.
Nota del autor: la historia es ficción y en nada representa la opinión y el pensamiento de las personas aludidas.

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