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Nota
del autor. En la esquina de avenida 7 y 51, en La Plata, justo frente a la legislatura de la Provincia de Buenos Aires, hay un bar que se llama “EL Parlamento”; algunas tardes recalábamos allí con amigos aún cuando no era, ni es, un lugar de mi preferencia. Lo que sigue ocurrió verdaderamente y es por eso que tanto el lunfardo como las palabras obscenas las expongo como las recuerdo, ya que el léxico es, en alguna medida, revelador de ciertas facetas de la personalidad. Los sucesos se remontan a la década de los noventa, una docena de años después de restablecerse la democracia luego de la penosa dictadura que culminara en 1983. Por aquellos años -y para el tiempo de este texto también-, una gran mayoría de quienes acceden y accedieron a escaños parlamentarios, son punteros barriales de dudosa reputación, al servicio de algún caudillo zonal, con escasa o nula idoneidad y, también, con paupérrima conciencia del deber que implica ser elegidos por el ciudadano elector, aún cuando éste los vote incautamente dentro de listas denominadas “sábana”, que en la generalidad, son encabezadas por “notables”, que se prestan interesadamente al engaño. Fue nota en un diario platense que un diputado, que había accedido a tan magna representación como premio por haber abierto y cerrado la puerta de un local partidario de Tolosa -donde se asienta la villa “El Churrasco” que se menciona en el relato- durante los años de la dictadura militar, había pasado su tiempo parlamentario deambulando por los pasillos con un único proyecto bajo el brazo, cuyo propósito era: instituir “El día provincial del tilo”. Para información del lector, por si no lo sabía, el tilo fue el árbol que simbolizó a la ciudad de La Plata hasta que paulatinamente fueron reemplazados por plátanos y fresnos. A colación de esta mención del tilo, se me hace recuerdo su aroma característico cuando era entrada la primavera, o el aún hoy respirable perfume a eucalipto de la zona del bosque. He aquí entonces el relato de un hecho que presencié, que pone de resalto la media general de idoneidad y conciencia de nuestros hacedores políticos, cuyas consecuentes y obsecuentes actitudes, aún hoy, padecemos.
El diputado Marcelo
D. Ferrer La
Plata, Buenos Aires, Argentina. Cuatro hombres entran a un café, el primero es retacón, de cabeza cuadrada y pelo de carpincho, tiene gesto de capataz de estancia; los tres restantes, con actitud timorata, parecen acompañar. Ni bien se sientan suena el celular del retacón; el resto dirige sus ojos, entre expectantes y respetuosos, a las manos del que manipula el telefonito. --¿Hola? Se, se, sese... Te dije que no hicieras caso de eso. Escuchá Mambertti escuchá... ¡Esperaa! ¡Esperaa! ¿Que hiciste qué? Mirá que sos boludo Mambertti eh, siempre una de más vos. ¡Qué cagada che! Bue..., bue..., no te preocupes, el turro ese se la tiene merecida. Si se te pone jodida, me llamás. Chau. ¡Pero qué boludo este Mambertti che! -La moza, que ya se había acercado a la mesa, permanece callada a la espera de las órdenes. --A este lo van a meter en cana1 por boludo, y un día; ¡un día! voy a hacer que lo dejen en cafúa2 por un buen rato. ¡En fin! ¡Pobre Mambertti! tiene de vicio la delincuencia. ¡Chee! ¿Qué van a tomar? ¡Pero que linda que soos morocha! Cada día más linda vos. ¿Cultivan pimpollos en el fondo de este boliche? La chica hace una mueca y se pone seria de nuevo. De vuelta suena el celular. --¿Hola? Se, se, sese. ¡Naa! Okay. Decile a Álvarez que en un ratín estoy por allí –al retacón se le pone morado el rostro y le brota la irá-, que no lo apriete hasta que llegue yo. A ese... le voy hacer cortar bulones con el culo; por traidor. ¡Fijate vos che! –comenta a los de la mesa- lo dejo a cargo mientras me ocupo de la función y quiere ser jefe; el hijo de puta se quiere mandar solo. Lo único que falta que después me quiera cagar el escaño. La chica cambia su pierna de apoyo con gesto de fastidio y amaga a irse. --¡Esperá preciosuuraa! ¡Si todavía no te pedimos! El de cabeza cuadrada mira a los otros tres que tienen expresión de nada. Con gesto de malhumor manda café para todos. --Para mí cortadito –dice uno de los otros. --¿Americanos? –pregunta la moza-. --De vuelta el retacón mira la cara de los demás y de vuelta decide él. --Si, trae americanos; y para aquel un cor-ta-di-to. ¡Ah! –justo cuando la moza se iba- trae un par de medialunas saladas, che, porque las dulces se me quedan como una bola en el estómago. ¿Ustedes quieren che? --Una –dice el que está sentado frete a él. Los demás niegan con sus cabezas. --Que sean tres, ...tonces. ¡Felipe! –dice imperativamente el retacón dirigiéndose a uno de los otros- ¿Cómo anda tu vieja? ¿Sigue jodida de las gambas? La chicharra del celular interrumpe a Felipe que iba a contestar. El retacón levanta una mano y le hace un gesto de que espere. --¿Hola? ¡Otra vez vos Mambertti! ¿Ya están ahí? ¡Lo parió Mambertti, flor de cagada te habrás mandado para que vayan tan rápido! ¿A ver? Esperá un segundo –pone su dedo gordo tapando el diminuto micrófono del aparato- ¡Qué cagada! –comenta pensativo mirando para el suelo- ¡Ya lo fueron a buscar! ¡¡Pero qué boludo che!! ¿Hola? ¿Mambertti? No te calentés. No me nombres. Escondé el teléfono, que no te lo pesquen. Dejá dicho a alguien a qué dependencia te llevan; que después me llamen, hablo con el Cabezón, y vemos que podemos hacer. Che..., Mambertti, respetá los códigos ¿si? Vos sabés que te va a ir peor si no respetás ¿no? ¡Bancatelá loco! ¿Okay? –El retacón corta la llamada y vuelve a la conversación como si nada. --Felipe, me decías de tu vieja... --Anda bien,.siempre con artritis... viste. --Tenés que ir pensando en una silla con ruedas porque si se te cae al piso te las vas a ver en figuritas. --Si... –Dice Felipe bajando la cabeza. --¡Y bue..., qué le vas a hacer, está vieja está. Salúdamela ¿si? Cualquier día de estos me aparezco para que me cocine ravioles con tuco; le sale rico el tuco a tu vieja. La moza se acerca con una bandeja a la altura de su pecho, espera a que se den cuenta de su presencia, y recién después comienza a repartir las jarritas de café. --El cortadito es para aquel maricón –dice el retacón con una risotada y todos le festejan la broma. Finalmente la moza pone el platito con las medialunas en el centro de la mesa y se va. Los cuatro miran fijo el plato y alguno que otro hace ruido con la boca. --¡Agarren chee! --No, gracias. –Contestan dos al unísono. Suena el celular. --Si, el diputado Palma al habla... ¿cómo le va señora? ¿A dónde lo llevaron? ¡Ajá! ¿Estaba manso? Bueno. Llévele algo de ropa porque seguro se queda a pasar la noche. Dígale que se calle, que no hable, muevo las tabas3, y lo sacamos en un pedo. Hasta luego. El retacón corta, pone cara seria, fuerza la vista para recordar un número de teléfono, se bebe todo el café de un sorbo y teclea el número mientras mastica la medialuna que se puso entera en la boca. Los tres restantes permanecen callados. --¿Ministerio? –con voz gangosa de boca llena- ¡Hoola linda! ¿Habla la más pachocha de las secretarias? Aquí Palma. ¿Me comunicás con el Ministro? –Luego de unos instantes- Hoola Cho-li-to, que hacé... ¿todo bien? ¿Si? Yo también. Gracias. Mirá Cholo, ¿lo tenés al Mambertti? Si, el puntero del Churrasco. Mirá, la cosa es así: anda con problemas policiales y es un tipo al que le hemos pedido un montón de favores, viste. Mejor le resolvemos el asunto, ¿no te parece? Lo llevaron a la quinta; yo conozco al taquero4 de ahí, pero mejor si lo hablan de parte tuya. Okay, lo dejo en tus manos. Otra cosa Cholito, me están debiendo unos pesos y estoy justo por hacer una inversión importante; le quiero comprar una casita al Jorge, sabés. En el laburito que le conseguimos le pagan una morondanga; ¡pero está bien para el pendejo eh, no me quejo eh! Si la cosa sigue viento en popa como va, irá mejorando. Ajá, ojalá. Okay. Después pasa uno de mis asistentes y retira el sobre. ¿Todo bien vos chee? ¡Aah! ¿Está el Cabezón con vos? saludame al atorrante ese, ¿si? Un abrazo. –El retacón se queda moviendo la cuadrada cabeza como bamboleando su ego y vuelve después a la normalidad. --¿Otro cafecito che? –Pregunta a sus acompañantes sin ver que no han terminado el anterior y metiéndose la otra medialuna en la boca. --¡Nooo, gracias! –contestan los tres. --Entonces vámonos a la mierda que tengo cosas que hacer, no puedo prolongar el ocio. ¿Nos juntamos mañana? Me pasan a buscar por el Congreso y la seguimos. --Bueno. --Está bien. --Como vos digas. --Fermín, ponelo en la cuenta por favor –le dice a un anciano de detrás de una registradora. --¿S áben que a mi nena la más chiquita le regalaron un perrito? Un cachorro cualunque viste, un ladrador –larga una risotada estridente-, ¿lo queré Felipe? --Noo, mi señora me mata... --Dale Felipe, ¿acaso no sos un tipo sensible vos? Aunque sea para que nos cuide el ateneo viste. 1 Cana: caer preso por la acción policial. 2 Cafúa: cárcel. 3 Tabas: la taba es un juego criollo a partir de un hueso de vaca. Mover las tabas es un modismo que significa entrar en acción. 4 Taquero: dícese del comisario de una seccional policial que recibe parte sustancial de lo que recauda la dependencia por cohecho y por dejar hacer sin reprimir el delito.
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