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Y CURIOSOS
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Algunas
apreciaciones particulares sobre la expresión en letras
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos
Aires, Argentina.
Todo en el universo se mueve a un ritmo. Las sensaciones que percibe
nuestro organismo están en línea con ese ritmo. Es tan así, que
cuando algo va a contratiempo, resulta una agresión. La buena escritura
posee un ritmo que penetra sin previo anuncio; simplemente, se funde en
el pensamiento y es asimilada e ilustrada por imágenes que se crean en
la mente instigadas por el instinto y las experiencias. Todo pensamiento
siempre vendrá ligado a una imagen. El lenguaje a utilizar no tiene que ver estrictamente con el vocabulario. Juegan en un texto de valía las construcciones gramaticales, los términos y modismos de la lengua y las descripciones metafóricas pasibles de ser razonadas -con análisis mediante o no- y asociadas a las emociones.
Algunas tendencias exacerban la comprensión del lector para el hallazgo
del mensaje que liberará sus emociones. Muchas veces, estos textos,
admiten tantas variantes como vivencias y experiencias se le puedan
asociar, dependiendo del nivel de apertura intelectual y de la imaginación
del lector. De la calidad e intelectualidad de estos textos depende su
contundencia. Un texto que debe ser desgranado por el lector con algún
grado de esfuerzo, debe poseer un contenido que guarde relación con sus
expectativas y la atención dedicada.
Resulta muy fácil, a veces, escribir incoherentes acertijos de difícil
entendimiento usufructuando el crédito de que todo lo escrito posee un
valor. Algunas veces, tales elucubraciones nacen en la intrincada mente
del autor o en su ineptitud artística, siendo más adecuados para el
estudio de la psiquiatría que para el análisis literario. El resultado
de su lectura es un hueco de incomprensión y el descarte.
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