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Carta
a mis futuros lectores
Por: Poncho Lucho Clemente
(Antes de que nazca)
Hola, soy un escritor nonato
o... quizá... algo nato, no puedo precisarlo. Es que ignoro en cuanto
tiempo se gesta un escritor. También ignoro cuándo es que al fin nació.
Lo cierto es que me han salido algunos textos.
Evidentemente el nacimiento
de un escritor es bien diferente al nacimiento de cualquier otra cosa.
Resulta ser que el útero desde donde crece, es un lugar en extremo
contaminante... despiadado. Apenas uno asoma sus primeras letras, se
desata una antropofagia que le devora hasta las comas. Lo más grave es
cuando a un embrión de escritor lo infecta la incoherencia. Es en
extremo contagiosa la incoherencia y pulula tanto o más que ese estilo
que se llama... ¿como era? ¡Ah! cualquier cosa.
Antes de nacer, los embriones de escritor, se miran unos a otros mientras
crecen como guachos. A veces se miran tanto que hasta se copian.
Aunque... después de nacer se rumorea que también ¡eh!
Mientras otros embriones de la naturaleza siguen las instrucciones de la
genética, un embrión de escritor crece siguiendo las instrucciones del
algún exegeta que le dice con benevolencia por donde se forma o
desforma la lengua. Siempre están los que creen saberlo todo y
mal interpretan y no le harían el menor caso ni al mismísimo
Garcilazo. Algunos, de tanto leerse a sí mismos, terminan en un caldo
de métricas, repitiendo siempre lo mismo con diferentes letras.
¡Garcilazo!
Pero lo
que en verdad creo hace la diferencia, es cuando un embrión crece
obedeciendo su conciencia, con la humildad del que no sabe tanto y
espera pocas cosas a cambio.
Me han dicho que cuando un escritor al fin nace, las cosas se le ponen
peor. Parece que después lo gobierna su editor. El arte no siempre va
de la mano con el negocio y decir "cojo" no resulta lo
mismo que decir "rengo", o decir "me vengo" no es
igual que decir "allá voy"; o... ¡bue! para que abundar.
Definitivamente me parece que un escritor al fin nace cuando su mensaje
se transforma en arte y le cambia el semblante a quien por casualidad, o
no, lo leyó. Para nada creo que lo hace la crítica de la
comercialización, puesto que ese es un negocio y la creación, no.
Con todo, eme aquí; -como decía Bette Davis mientras pestañaba con
sus ojos incomparables- todo un embrión de poeta nonato o nato a medias
-a juzgar por los textos que me salieron- pero con la misma ilusión
que tenía el de la Vega, sólo que él alumbró y no dejará nunca de
hacerlo.
Atte:
YO.
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