- El
acento poético
Por: Fernando
Luis Pérez Poza (*)
- Pontevedra,
España.
Aunque el verso libre rechaza la normativa poética tradicional,
es preciso señalar que sin organización rítmica el poema no
puede existir. Si no fuese así, cualquier escrito, hasta el
manual de instrucciones de un vehículo sería una composición poética,
lo cual no quiere decir que tratado adecuadamente no pueda serlo.
El verso libre en la mayoría de los casos no recurre a la métrica
ni a la rima u otros recursos tradicionales para conseguir el
ritmo. ¿Cómo componer entonces esa música que parece que
desprenden algunos poemas cuando los leemos? Pues a través de un
sistema más difícil de dominar que el tradicional: las
acentuaciones ocultas.
Esto no es algo nuevo, sino que ya en la poesía griega y latina
se recurría a ello, aunque con una sensible diferencia, pues
ellos poseían sílabas largas y breves, lo que hace casi
imposible la traslación de sus esquemas acentúales a la lengua
castellana pese a que haya habido algunos autores que realizaran
denodados esfuerzos en ese sentido. Esto ha conducido a que
existan diversos métodos de analizar las acentuaciones. Yo
utilizo el sistema que me ha parecido más cómodo.
La versificación en nuestra lengua, por lo tanto, se basa en el
ritmo intensivo o acentual, no en el cuantitativo (Antonio Quilis).
Es evidente que toda palabra aislada, sacada fuera del contexto en
que se halla, lleva una determinada carga acentual en una sílaba
llamada tónica, por contraposición a las demás que son átonas.
Así por ejemplo, en el sustantivo "gato" la sílaba tónica
es "ga", lo que podríamos representar gráficamente
"óo", donde cada "o" representa una sílaba y
el acento indica aquella sobre la que recae ese papel de tónica,
es decir, el golpe de voz fuerte cuando la pronunciamos,
independientemente de que se acentúe o no gráficamente.
La diferentes acentuaciones que se pueden dar, utilizando una
terminología clásica que por lo tanto no coincide exactamente
con la griega y la latina, son:
-
Troqueo o trocaico: "casa", que
representaremos "óo"
-
Dáctilo: "árboles" , que representaremos
"óoo"
-
Yámbico: "avión", que representaremos
"oó"
-
Anapéstico: "estación", que
representaremos " ooó"
-
Anfibráquico: "estrofa", que
representaremos "oóo"
A través de utilización o combinación de estos
acentos que se ocultan en cada palabra podemos llegar a tejer el alma rítmica
del verso, de diversas formas, en función también de lo que queramos
expresar. Mi opinión es que se pueden y se deben mezclar los ritmos,
usar en un verso uno y luego otro en otro, o distintos en el mismo
verso. La experimentación y la lectura de otros autores es fundamental
para ir formando uno su propio sentido del ritmo.
Mi recomendación es que cuando a partir de ahora leas un poema de algún
autor consagrado te fijes en el esquema rítmico de los acentos que
utiliza y lo imites hasta que te impregnes de su música. Si lo haces
con todos los autores cuyos libros caen en tus manos esas músicas pasarán,
sin que te des cuenta, a formar parte de ti y se incorporarán de una
manera natural a tu poesía, contribuyendo a construir tu propia voz
original.
(*) Fernando Luis Pérez Poza,
nació el 25 de febrero de 1958, en la ciudad gallega
de Pontevedra (España). Por la rama paterna desciende de una familia
en la que destaca su abuelo Rogelio Pérez "Roxerius",
escritor, poeta, inspector de primera enseñanza y político
nacionalista gallego, quien junto a su primo hermano, el poeta
vanguardista gallego Manoel-Antonio, formó parte de la generación
literaria "Nós" de tanta trascendencia para la literatura
gallega. Es el menor de cinco hermanos.
Es autor de varios libros de poemas: "En
la espiral del Sur", "Poemas de la Red", "Rosas de
Sal", "Lengua de Trapo", "Camino de la Luz",
"El laberinto de las letras" y, numerosos relatos cortos.
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