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¡ NO A LA GUERRA!
Escrito con motivo de la invasión de IRAK por fuerzas de EEUU.
Cuando el motivo sea humano
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
 
El hombre es sólo un objeto más del universo en su imagen individualista y cercana.
El progreso consciente de su inteligencia, luego de razonar el conocimiento,
se potencia a partir de su comportamiento social.
           
El peregrinaje de la raza humana es cruento. En el camino van quedando civilizaciones que a juicio de los líderes del momento son un contrapeso en la marcha con rumbo equívoco a la supremacía.
La existencia de un imperio dominante trasunta la insana vanidad de la civilización humana desde el origen de sus tiempos. 
La vanidad requiere que el poder sea mostrado aún cuando hasta el más ignorante y sensible y descartable ser del mundo no desarrollado pueda notar que los motivos son el producto de un imperialismo insano.
No toda la riqueza es un valor agregado. 
Gran parte de la riqueza que acumulan las naciones poderosas del mundo son sustraídas de las naciones más débiles sumergiendo a éstas en la miseria y el hambre. El petróleo y la hegemonía política de una zona del hemisferio es el caso de este peregrinaje de la humanidad de 2003.  
La supremacía de los unos sobre los otros, sin que importe el modo, jamás contribuyó a la paz y jamás lo hará. Es una falacia justificar la acumulación de poder y riquezas como un medio para garantizar la paz. A la larga, todo imperio sucumbe por la hipocresía que hay en sus fundamentos.
La contradicción en esos fundamentos: hacer la guerra para consolidar la paz o inmolar la vida humana para el desarrollo de la humanidad; son el producto de la sinrazón de quienes, enfermos de poder y absurda vanidad terrenal, creen ser dueños de los hilos que conducen los destinos del hombre sobre la faz de la tierra.
Tal soberbia subvierte también el valor de la vida humana y los lleva a pensar que algunas vidas pueden ser descartables dándole aún más relieve a la división planetaria en un primer, segundo o tercer mundo.
Todo interés para cuyo logro se desestime la vida en cualquiera de sus formas, sólo se condice con la más contradictoria conducta de los seres humanos, la sinrazón.
Cada persona en este planeta es la síntesis de millares de generaciones humanas. Las diferencias sólo existen en los limites impuestos por el primitivismo actual de la conciencia humana. La visión actual del mundo, el universo y de las cosas en general posee una distorsión impuesta por esa misma ignorancia.
La cumbre de la civilización se alcanzará cuando la principal motivación sea la persona humana. 

Marcelo D. Ferrer, marzo 1 de 2003.

 

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