- Placeres
- Marcelo
D. Ferrer
- La Plata,
Buenos Aires, Argentina.
Me has
tocado mujer.
Y mujer que
eres en mi lecho,
desde tus
dedos de ti me has hecho.
Con mi
palma te he recorrido toda,
con mi
palma y mi piel lo he hecho...
desde mi
palma y mi piel y con mis huesos,
desde mis
huesos purificados en tu fuego
y mi boca
encadenada a la miel de tus senos,
me has
hecho...
Guardo tus
ojos que gozan
y me buscan
en la penumbra de mi sombra,
guardo los
susurros bañados de tu sudor salado
que en la
misma penumbra me nombran.
Y quedo en
tu cuerpo contraído entre tus brazos ...
y
pertenezco a tus viseras y pertenezco a tus labios...
me tienes
unido a tus entrañas y temblando,
tu me
tienes sujeto a tu alma y sometido a tus encantos...
No me dejes
ahora ni me abandones tan luego, mujer,
que a un
tiempo es más bueno,
que a un
tiempo es supremo...
Como dos náufragos
de los mares del éxtasis,
henos aquí
exhaustos pero abrazados,
elevando
plegarias al amor consumado,
temblando y
jadeando en un lugar sin formas,
en un
instante perpetuado por el gozo de lo gozado.
Sobreviene
la calma en el torbellino de miembros enredados...
Sobreviene
la calma en esos océanos salados
de nuestros
sudores mezclados.
Sigues
presa de unas manos que todo tocan,
y te buscan
a tientas en penumbras ya sin sombras.
Me has
tocado mujer y mi alma ha gozado
y mi cuerpo
tiembla
y mi boca aún
busca tu boca...
Vengo desde
ti y ya no soy quien era.
Soy la
sensibilidad en las yemas de tus dedos,
la agonía
de unos huesos que extrañan tus huesos,
la miel en
los labios de la mujer que aún me nombra.