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DEL DOGMA AL PSICÓPATA
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Me ataba el pudor...
crujiente cáscara bajo la cual padecía:
pasión y cobardía, devoción e hipocresía.
La contemplé desnuda...
prohibida,
en pecado concebida...
excitadamente maldecida.
Profana tú mi trémula carne,
pero evita el alma condenarme.
Instintos repugnantes
que me harán luego lacerarme.
Seguía fresca, tendida ...
blasfema !
Tentando la carne temblorosa que quema.
Luego de tocarle -apenas-,
junté valor para salvar condena...
y empuñando mi daga cual apocalíptico jinete,
le corté el cuello, pecho y vientre
hasta verle inerte.
He dejado otro demonio tieso
que en su pecaminoso lecho
turbó mi alma por unos pesos.
Salvé mi cuerpo
y el espíritu de incautos muertos,
para que vague en el infierno
hasta la redención de los cuerpos.
La tentación no lacera
mi legado de inquisición suprema
sierva es mi daga contra toda blasfema.
Largas cabelleras y delicados pliegues,
cuidadas manos y aromas que queman...
urden engaños bajo sedosos paños,
donde habita el demonio
en peregrinación terrena.
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