-
- Oscuridad matizada de sombras,
- espesos días de retórica...
- me ha soltado la mano la cordura
- para hundirme en el barro la
locura.
-
- Invoco una grieta entre
tanto despojo
- que atice la hoguera de mis
ahogos...
- silencios con rumores de viejos
trastornos
- que no han sido sepultados del
todo.
-
- Repetitivos coros invaden mis
sienes
- tamborileando en mis pómulos,
- No hay escape ni sordera de
conciencia,
- se arremolinan voraces al asecho de
mi carne
- cada cobarde blasfema que hendió
en mi una pena.
-
- Y aunque suelte los lazos con la
realidad
- y busque afanosamente hundirme en
la vaciedad,
- igual me asolan los fantasmas
urdientes
- de osamentas pasadas,
- devolviendo a mi mente la razón
emancipada.
-
- No hay escape que me divorcie de mi
entraña,
- la llevo como una verdad
revelada...
- solo la muerte me dará calma.
-
- ¿Y si la muerte no me
redimiera
- de tanta pena amontonada
- y condenado siguiera por los siglos
de los siglos
- hasta que se conjugue el todo con
la nada?
- Cruel designio el tener el
alma encadenada...
-
- Oh esta ignorancia seudo humana
- de primitiva conciencia sin
respuestas claras,
- me apuré a nacer
- antes
- de que la autosuficiencia
- fuera inventada.