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Desengaño
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
La pena se hizo visible en sus ojos.
Como una pálida luz que engendra sombras,
así, de sombras! ... se llenó su entorno.
Desató el fino lazo que sostenía su coraje,
buscó deshacer los pliegues de la verdad
y endurecer de indiferencia sus antojos,
imitar al ruiseñor que abrumado y solo,
igual eleva su tono...
Cada respuesta hirió hasta la muerte su aplomo.
El aire completó sus pulmones
y enrojeció sus pómulos,
soltó la voz y espetó su enojo.
--Maldita la madre y el anciano de su padre!
Antes de que caiga esta tarde,
será la inerte imagen de un pasado olvidable.
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